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lunes, septiembre 30, 2013

Westgate o el posible fin de una forma de hacer diplomacia

Foto de strupler
El ataque al centro comercial Westgate, en Nairobi, trae olores de la Guerra Fría, la interminable lucha de Bush contra el terror y discursos paternalistas sobre África. Pero en realidad oculta el debate sobre la pobreza y sus consecuencias sociales; locales y globales.

En el momento de escribir estas líneas Westgate ya está evacuado y las labores de las fuerzas de seguridad keniatas consisten, esencialmente, en las tareas de recuento de heridos y fallecidos. 175 y 67 respectivamente. Es el primero de los días de luto oficial declarados por el presidente Kenyatta. El día después de que éste dijera que Al-Shabaab, milicia somalí que se ha hecho acreedora del ataque, no podrá romper los estrechos lazos de la comunidad intercultural de Kenia. Interesante comentario para quien está siendo investigado por la Corte Penal Internacional por promover y liderar los enfrentamientos étnicos que se sucedieron a las elecciones de 2008, y que en las elecciones de 2013 también azuzó a unas comunidades contra otras.

jueves, febrero 28, 2013

Elecciones en Kenia: la política formal contra la real

Con este artículo comienzo mi colaboración con la web El Europeo.


Foto de Demosh
Samuel Kivuitu era el responsable de la Comisión Electoral Keniata en 2007. Pocos días antes de las elecciones presidenciales que se encargaba de coordinar afirmó que éstas se celebrarían en un ambiente de calma y que la transición política se realizaría de manera suave y ordenada. Sin embargo la realidad le tenía reservada una sorpresa tanto a él como a toda la comunidad internacional, a quienes la violencia política desatada tras el conflicto electoral entre Odinga y Kibaki les pilló a contrapié.

Desde diciembre de 2007 hasta febrero de 2008 murieron 1.200 personas y cientos de miles expulsadas de sus hogares en el conflicto resultante de las elecciones presidenciales. Kibaki se autoproclamó ganador por un margen muy estrecho. Odinga respondió acusándole de fraude electoral, y las milicias en las calles obtuvieron la orden de estrechar el cerco sobre su rival.

Fueron varias semanas de conflicto abierto por todo el país que se saldó con una solución de coalición: Kibaki fue nombrado Presidente y se creó la figura de Primer Ministro para Odinga. Paralelamente se inició un proceso de reforma constitucional que pretendía situar a Kenia como un país referente en la política moderna de África Subsahariana.

La Constitución aprobada en 2010 establece una división territorial del país en 47 regiones, con su gobernador particular y su propio parlamento. Además, introduce la novedad de los debates presidenciales obligatorios en periodo electoral, y otras medidas dinamizadoras de la democracia, como las consultas populares o la transparencia en la información.

De esta manera llegamos al periodo electoral en el que Kenia se encuentra inmersa. Por primera vez en la historia ha habido un debate presidencial televisado con hasta ocho candidatos (siete hombres y una mujer) a presidir el país.

Las elecciones, cuya primera ronda presidencial será el 4 de marzo, se celebran en el 50º aniversario de la independencia. La formalidad de la campaña, su occidentalización, ha hecho que multitud de medios de comunicación internacionales se vanaglorien del éxito de reconversión de la democracia keniata. Voces que han sido potenciadas con la participación de Barack Obama en la campaña del que fue país de nacimiento de su padre.

El ensimismamiento de estos medios contrasta con las voces que desde el terreno están realizando diversas organizaciones de la sociedad civil. La política formal, edulcorada por la Constitución de 2010, hace vivir la ficción de que se trata de unas elecciones estandarizadas, donde el debate de las ideas prevalece sobre cualquier otro. Sin embargo, un pequeño seguimiento de la campaña permite demostrarnos que nada ha cambiado en Nairobi.

En 2007, como ahora, la política keniata estaba dominada por el debate identitario de carácter étnico. La etnia ha sido la herramienta social utilizada para facilitar o limitar el acceso a la tierra o a las oportunidades políticas y está en la base de la desigualdad social keniata. Los dos candidatos más fuertes, el Primer Ministro Odinga y el recién llegado a la política, Keniata, vienen de familias políticas fuertes, protagonistas del proceso de independencia. Ambos tienen una fuerte identidad étnica (Luo y Kikuyu respectivamente) que explotan políticamente y que movilizan frente a un ataque político. Keniata, además, está acusado por la Corte Penal Internacional de crímenes durante el conflicto de 2007.

En Kenia, a pesar de la estandarización de la política formal, continua existiendo un debate fuera de los focos que tiene a la identidad como eje fundamental. Los motivos que provocaron el conflicto en 2007 siguen abiertos. En 2012 se relataron hasta 400 muertes por violencia política. El paro juvenil es muy elevado, y los indicadores de pobreza no mejoran. Todo esto, unido al alto nivel de corrupción de las estructuras del Estado, hace que se augure un posible escenario de violencia si la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, programada para abril, se resuelve por un margen muy corto de votos o si se percibe poca transparencia en el proceso electoral. Y sin olvidar que las elecciones en cualquiera de las 47 regiones también puede servir de mecha.

Los jóvenes profesionales keniatas, aquellos que podrían estar trabajando fuera del país en cualquier ciudad global, están furiosos con esos partidos políticos etnificados que continúan un debate que no aporta soluciones a las desigualdades sociales del país. Ven como imprescindible un cambio en las élites políticas del país. Pero el líder anticorrupción John Githongo ya lo advirtió: “El nuevo mundo está naciendo, pero el viejo aún no ha muerto”.

miércoles, enero 30, 2013

Reproducir Afganistán en Mali


Foto CC de jedalani
El pasado día 12 de Enero de 2013 fuerzas militares de la República Francesa atacaron desde las bases de Chad, por tierra y por aire, a las fuerzas rebeldes de Azawad. Hace casi un año, se lo contábamos aquí, tropas tuareg y de dos grupos islámicos de la zona habían iniciado un ataque desde la frontera con Libia que había llegado a expulsar al ejército de Mali de la parte norte del país. Finalmente, el 6 de abril, se declaró la independencia de Azawad, no reconocida por ningún organismo internacional ni ningún otro Estado.

Desde entonces la población malí ha sobrevivido como ha podido a la inseguridad alimentaria, a la inexistencia de una Administración pública descabezada por un Golpe de Estado militar y a la espera de que los actores internacionales decidieran intervenir de una manera u otra. La manera escogida ha sido la de una intervención militar unilateral, retrotrayéndonos a los momentos más estelares de 2001. Hemos escuchado a François Hollande –la última esperanza blanca europea para el Estado de Bienestar- decir que Francia permanecerá –intervendrá- Mali hasta que las tropas islamistas hayan sido derrotadas. Y hemos escuchado a David Cameron –la esperanza y ejemplo de la Europa liberal- afirmando que está en peligro “nuestro modo de vida”. El terrorismo ha vuelto a constituirse como el leitmotiv oficial de la política exterior de los estados occidentales. George Bush Jr., te esperamos impacientes.

Cuando en 2012 se escenificó la inoperancia del gobierno militar malí para hacer frente al reto secesionista de Azawad las reservas –económicas y militares- de los países de la OTAN estaban bajo mínimos tras la intervención de Libia –origen de estas tempestades. Todas las miradas apuntaban a una intervención delegada realizada a través de los países que forman la CEDEAO (ECOWAS). Una intervención africana para un conflicto africano. El problema es que los más de diez años de programa de formación y cooperación militar de los países de la Unión Europea y EEUU con los países del Sahel no habían terminado de dar frutos. Se necesitaba una formación más adecuada y, por tanto, tiempo para llevarla a cabo. Naciones Unidas, en un informe de hace pocos meses, ya hablaba de una posible fecha de intervención conjunta africana: Septiembre de 2013.

Sin embargo a comienzos de Enero de este año los movimientos islamistas realizaron movimientos de acercamiento a Konna, desde donde la llegada a Bamako, la capital, era franca. Esto precipitó la decisión francesa que ha provocado la creación de un Afganistán a poco más de 6.000 km de París –y 4.900 de Madrid. Porque esto, la creación de un problema militar de difícil solución y el enquistamiento de la situación en la región, está fuera de toda duda.

Si alguien piensa que las tropas islamistas no van a llamar a la acción internacional de sus bases, igual que se realizó en Afganistán o en otros tantos lugares, no conoce la voluntad de Al-Qaeda por invertir esfuerzos en el frente de África del Norte. La expulsión de estas fuerzas sólo puede suponer su instalación, y consecuente desestabilización, de otro país. Puede que los países occidentales no estén en guerra contra el Islam, pero a fe que lo parece. Se han pasado diez años secuestrando, torturando, asesinando, bombardeando, invadiendo y ocupando países de mayoría musulmana (Afganistán, Iraq, Libia, Pakistán, Somalia). Más leña al fuego que se encargan de avivar constantemente las fuerzas islamistas.

Cuando nos centramos en los porqués de la intervención francesa es muy tentador fijarse en sus intereses económicos en la región. Francia interviene porque es la que más tiene que perder con la pérdida de Mali. Sus empresas tienen los contratos más jugosos de extracción de uranio. Pero además no se puede olvidar que París tiene el gatillo fácil. En nombre de la razón, la protección de nuestro modo de vida o de la democracia global, Francia ha intervenido en África tanto como ha querido desde el final de la Guerra Fría. Estos antecedentes de defensa de sus intereses económicos –o de sus empresas- en el continente conforman una explicación completamente coherente. China ya les está haciendo mucho daño con su guerra comercial –y silenciosa- en África Subsahariana. Demasiado como para perder piezas por el camino. El intervencionismo francés es común a las diferentes fuerzas de gobierno, traspasa colores, genera intereses económicos en las empresas cercanas al Eliseo e intereses militares entre los altos mandos del ejército de la República.

El Reino Unido o Estados Unidos no van a dejar sola a París. A pesar de los gritos desesperados de algunos políticosfranceses que antes se denominaban pacifistas y contrarios a la intervención, el resto de países de la Unión Europea a duras pena tiene suficiente con aguantar la crisis económica y los continuos ataques al Euro. Londres, a través del apoyo logístico aéreo, y sobre todo Washington también están jugando sus cartas. Obama ha firmado un pacto de última hora con Níger para poder operar desde este país con los famosos drones. Si yo fuera líder de Boko Haram iría dándome por aludido.

Tendremos por tanto una intervención francesa que poco a poco se irá retirando –nunca del todo, pues es un territorio demasiado extenso- a favor de una posible fuerza de ocupación africana –se habla de tropas de Burkina y, en especial de Nigeria- que necesitará tiempo para terminar de formarse y hacerse con el control operativo de las instrucciones dictadas por el Eliseo. Y alrededor de esta intervención terrestre, una operación más quirúrgica de asesinato selectivo organizada por el Pentágono a través de las operaciones no tripuladas.

La intervención iniciada por Hollande complica la solución del puzle de Mali al internacionalizar el conflicto en sí mismo. Frente a una posible solución negociada y arraigada en el control que sobre el territorio tienen las fuerzas tuareg –que podrían haberse transformado en aliadas de Bamako a través de mecanismos de reconstrucción del Estado malí y de la ingeniería constitucional desde la base- París ha impuesto la visión guerra contra el terror, un escenario donde los movimientos islamistas se mueven mejor que nadie y donde consiguen más ventajas al mantener el fuego de su lucha encendido. A partir de ahora todo lo que haga Francia, la Unión Europea o las propias Naciones Unidas será interpretado por los movimientos islamistas como una afrenta más al Islam o una derrota de los valores occidentales, sirviendo la intervención de Francia como amplificador del discurso y, por tanto, escondiendo el resto de sus complejidades.

La ruta de la democracia interna, que permitiera a los malienses controlar sus recursos minerales y económicos, no se contempla. Ellos son sólo víctimas de los movimientos de estos dos actores globales.

viernes, diciembre 28, 2012

Etiopía, Egipto y las guerras por el Nilo


Foto CC de S J Pinkney
Siempre tan citado que ya se ha convertido en un lugar común. El que años después fuera Secretario General de Naciones Unidas, y por entonces Ministro de Asuntos Exteriores de la República Árabe de Egipto, Boutros Boutros-Ghali afirmó a finales de los 80 que la próxima guerra que se libraría en la región sería una guerra por el agua. Desde entonces las guerras y los conflictos no se han parado y esta máxima adorna las pizarras de los grandes estrategas y pensadores de opinión, a la espera de que la guerra por el agua se produzca y así poder desempolvar la manida frase. No hay nada como esperar a poder llevar razón.
Pero la historia de esta frase va más allá de la premonición perpetrada por un aparentemente avezado político egipcio. No, lo que Boutros-Ghali estaba haciendo no era un análisis en prospectiva, sino una declaración de intenciones por parte del gobierno al que entonces representaba.

La cuenca del Nilo es compartida por nueve países africanos: Egipto, Sudán (del Norte), Etiopía, Kenia, Uganda, Ruanda, República Democrática del Congo (RDC), Tanzania y Burundi. Su gran caudal hace que sea de gran importancia para la supervivencia económica y vital de cientos de miles de personas a lo largo de todo su curso. Sin embargo, no todos pueden utilizar sus aguas.

Un acuerdo firmado entre las diferentes administraciones coloniales británicas de la cuenca del Nilo reconocía a la administración británica de El Cairo la facultad de decidir en exclusiva sobre sus aguas. Y un tratado firmado entre Egipto y Sudán, repartiéndose entre ellos toda el agua que llevara el Nilo. El primero firmado en 1929, el segundo en 1957. Bajo estos dos paraguas legales, Egipto se ha considerado dueño histórico de las aguas del Nilo y ha amenazado militarmente durante décadas la construcción de cualquier obra que afectara al caudal. A su fuerza legal se añadían dos fuerzas más, la diplomática –utilizada para bloquear cualquier intento de financiación internacional de obras hidráulicas Nilo arriba- y la militar –constituyéndose en el ejército dominante de la zona tras los acuerdos con Washington.

Esta situación de conflicto se intentó reconducir hacia la cooperación entre todos los países de la cuenca. Se creó la Iniciativa de la Cuenca del Nilo (Nile Basin Initiative), un mecanismo de negociación entre los nueve estados ribereños para renegociar el uso del caudal y dirimir cualquier conflicto sobre los diferentes proyectos de construcción planificados. La iniciativa se llevaba presentando durante más de una década como el paradigma de la cooperación multilateral sobre cuencas, y sin embargo su fracaso era estrepitoso. Cansados de toparse contra el muro egipcio, que seguía ejerciendo su influencia diplomática y exhibiendo su poderío militar, seis de los nueve países de la cuenca decidieron constituir un mecanismo paralelo, el Acuerdo Marco de Cooperación (Cooperation Framework Agreement), a través del cual se repartirían de una manera equitativa los usos del caudal del Nilo y se debatirían los proyectos que afectaran al caudal de otros estados ribereños. Se trataba de la rebelión de Kenia, Uganda, Ruanda, Tanzania, Burundi y Etiopía, encabezada por esta última y a la que probablemente se añada en un futuro la RDC.

De este modo Etiopía reventaba el statu quo de la cuenca, ofreciéndose a liderar el cambio que los otros países reclamaban. Addis Abeba ha sido capaz de generar un cambio en la hegemonía de esta región a través del modelo económico y político del difunto Meles Zenawi. Un modelo económico que combina la fuerte Inversión Extranjera Directa (IED) de facilidades fiscales a la inversión y un redireccionamiento de ésta hacia los sectores que más le interesan al Estado. Y un modelo político que hace caso omiso de los llamamientos al respeto de los Derechos Humanos, que continua con los desplazamientos forzosos de poblaciones afectadas por obras hidráulicas o ventas de tierra y que, con mayor relevancia internacional tras las elecciones de 2005, acalla la oposición a través de la represión política y el exilio.

Al calor de la “guerra contra el terror”, Etiopía se ha convertido en eje de la política de Washington en el Cuerno de África, interviniendo directamente en Somalia y comprometiendo fuerzas de paz etíopes para el caso de una intervención entre Sudán y Sudán del Sur o para el conflicto de la RDC. Todo esto ha convertido a Etiopía en el país que mayor AOD recibe del África Subsahariana, segundo en todo el mundo, a establecer planes para convertirse en un país de renta media hacia mediados de la próxima década o a poseer un ejército con una mayor capacidad de despliegue.

La fortaleza de Etiopía, tanto militar como diplomática y financiera, le ha permitido anunciar la inminente construcción de una presa en el Nilo Azul. La denominada presa del Renacimiento, situada casi en la frontera con Sudán del Norte, será construida por empresa italiana que ya realizó el proyecto de la presa del río Om –con desplazamiento forzoso y mal compensado de población autóctona. El anuncio de esta construcción se realizó a mediados del año 2011, aprovechando el momento de debilidad política interna de Egipto.
Sin embargo El Cairo, aun mermado, pudo reaccionar ganando tiempo y solicitando la creación de un comité de expertos –una parte egipcios, otra parte etíopes y otra parte independiente- que diriman si la presa del Renacimiento afectaría a los caudales medioambientales y productivos del Nilo a su paso por Egipto. Fuera de toda duda, se calcula que dichos caudales tardarían de 3 a 5 años en recuperarse del impacto de la presa, pero la duda está en qué pasará más allá, cuando la construcción ya sea un hecho y la dependencia de El Cairo de las aguas del Nilo sea un arma controlada por Addis Abeba.

Meles Zenawi, antes de su fallecimiento en agosto de este año, ya advirtió que con informe positivo o negativo de la comisión de expertos –que ha de resolver su discusión en los próximos meses- la presa del Renacimiento se realizará de todas maneras. Etiopía considera el proyecto fundamental para su desarrollo, en tanto en cuanto es una obra encaminada a la generación de energía eléctrica, y no parece que el sucesor de Zenawi, Hailemariam Dessalgn, vaya a hacerse a un lado ante las batallas que le plantee Egipto.

Sea como sea, el proyecto de la presa del Renacimiento constata el hecho del cambio de hegemonía en la región a favor de Etiopía. El apoyo externo, pero también la transición interna tras la muerte de Zenawi –pausada, a pesar de contar con unos índices inflacionarios muy elevados y un elevado descontento de la población- han permitido robarle terreno a Egipto tanto en el terreno militar como en el diplomático. El Cairo, por su parte, realiza esfuerzos diplomáticos para que la Comunidad Internacional interprete la construcción unilateral de la presa como una agresión a los intereses vitales de Egipto y, por tanto, pueda consentir la respuesta militar ante el proyecto. La debilidad de Morsi, la necesidad de encontrar cohesión social en el Egipto de las protestas –qué mejor que buscar un buen enemigo-, y la vinculación de la construcción de la presa con la afectación de los intereses más vitales de cada egipcio –el agua-, pueden terminar probando antes de tiempo la capacidad militar de Etiopía para responder al reto de su hegemonía regional. Sería el tiempo de desempolvar –por fin- la maldita frase de Boutros-Ghali y comenzar a tomarse en serio los cientos de conflictos abiertos por las privatizaciones salvajes del agua a lo largo y ancho de todo el mundo. Sería el tiempo de las guerras por el agua.

sábado, julio 14, 2012

Bibliografía sobre Estados, conflictos y gobernabilidad en África Subsahariana

Foto Gadl
El pasado jueves 12 de Julio tuve la oportunidad de participar como profesor en el curso Realidades del África Negra organizado por el Centro de Estudios Africanos de Barcelona dentro de los Cursos de Verano de la Universitat de Girona. 

Tal y como me comprometí con los asistentes al curso, aquí tenéis una pequeña bibliografía sobre la temática de la sesión: Estado-Nación africano y Conflictos y gobernabilidad en África Subsahariana.










Estados africanos.

  • Álvarez Feans, Aloia. (2010) Nigeira. Las brechas de un petroestado. Catarata, Madrid.
  • Bayart, J.F. (1999). El Estado en África. Bellaterra, Barcelona.
  • Chabal & Daloz (2001). África camina. El desorden como instrumento político. Bellaterra, Barcelona.
  • Chabal, Patrick (1993). Power in Africa. Palgrave McMillan.
  • Clapham, Christopher (2005). Africa and the International System. Cambridge University Press, Cambridge.
  • Ellis & ter Har (2005). Mundos de poder. Bellaterra, Barcelona.
  • Ferguson, James. (2006). Global Shadows. Duke University Press, London.
  • Grovogui, Siba N'Zatioula. (1996). Sovereigns, Quasi Sovereigns and Africans. Minnesota University Press.
  • Iniesta, Ferran. (2001) El planeta negro. Catarata, Madrid.
  • Iniesta, Ferran. (2010) El pensamiento tradicional africano. Catarata, Madrid.
  • Jackson, Robert H. (1993). Quasi-states: sovereignity, international relations and the Third World. Cambridge University Press, Cambridge.
  • Shaw, Martin (2000), Theory of the Global State. Cambridge University Press, Cambridge.
  • Strange, Susan (2003). La retirada del Estado. Icaria, Barcelona.


Conflictos y gobernabilidad.

  • Castel, A. & Sendín, J.C. (2009). Imaginar África. Catarata, Madrid.
  • Duffield, M. (2004) Las nuevas guerras en el mundo global. Catarata, Madrid.
  • Echart, E. & Santamaría A. (coords). (2006) África en el horizonte. Catarata, Madrid.
  • Kaldor, M. (2001) Las nuevas guerras. Tusquets, Barcelona.
  • Kaldor, M. (2010) El poder y la fuerza. Tusquets, Barcelona.
  • Mateos, Oscar (ed) (2009) Paz y seguridad en África Subsahariana. Catarata, Madrid.
  • Peñas, Francisco Javier (ed) (2000) África en el Sistema Internacional. Catarata, Madrid.
  • Ruiz-Giménez Arrieta, Itziar (ed) (2012) Más allá de la barbarie y la codicia. Bellaterra, Barcelona.
  • Ruiz-Giménez Arrieta, Itziar. (2004) Las buenas intenciones. Icaria, Barcelona.
  • Tomàs, Jordi (ed) (2010). Secesionismo en África, Catarata, Madrid.

Son obras, todas ellas, muy relacionadas entre sí y por tanto aunque hayamos separado la bibliografía en las dos temáticas de cada sesión, en cada una de ellas se encontrarán elementos que van más allá de su compartimento bibliográfico.

Me he abstenido de referenciar artículos científicos por hacerlo más breve, pero si alguien necesita una mayor referencia de artículos sobre estas temáticas, sólo ha de consultarme.


lunes, mayo 07, 2012

Sobre sentencias, conflictos y procesos de paz



Foto de Ragnar1984
La semana pasada el Tribunal Especial para Sierra Leona consideró culpable al ex-Presidente de Liberia, Charles Taylor, de crímenes de guerra. Su condena se conocerá el próximo día 30 de mayo, pero en cualquier caso Taylor se sumará a la extrañamente pequeña lista de Jefes de Estado condenados por crímenes de guerra. La lista la componen Karl Dönitz y él. Slobo no pudo añadirse a la lista porque falleció en la cárcel durante el juicio.

Taylor, además, será seguramente encarcelado en Reino Unido, mientras que otros condenados por el mismo Tribunal cumplen sus condenas en territorio africano. Chema Caballero insinúa en su excelente artículo que este trato de favor es el pago por los servicios prestados para la diplomacia occidental.

La condena de Taylor es una buena noticia porque con ella se da un mensaje claro a todos los criminales de guerra pasados, presentes y futuros: tus crímenes tendrán consecuencia… si pierdes la guerra.

El modelo hegemónico de construcción de paz en el sur viene siempre acompañado de dos herramientas fatales para el restablecimiento de la justicia y la compensación a las víctimas. Se trata de las mesas abiertas de negociación y de la reinserción gratuita de los combatientes. 

Por mesas abiertas de negociación nos referimos al principio de intervención occidental en los países del sur que pretende sentarse a negociar con criminales sin tener en cuenta esa condición. Habitualmente las negociaciones ofrecen una ventana de legitimidad a criminales que sólo descansan su poder en la violencia ejercida contra las personas. Esta legitimidad de interlocución se transforma en legitimidad política cuando las mesas de negociación terminan por repartir ministerios en supuestos gobiernos de concentración nacional que más tarde se encargarán de realizar las primeras elecciones constituyentes y los primeros textos fundacionales del nuevo país postconflicto.

A las mesas no se accede por prestigio personal, sino por cantidad de violencia ejercida. Esto provoca que pequeños líderes/criminales se dispongan a aumentar su nivel de violencia en los albores de un proceso de paz liderado por organismos internacionales. Es decir, se contribuye al ejercicio de la violencia, a su aumento, y se le propone un pacto de legitimidad que incluye la ecuación “cese de la violencia = recompensa política”. Son los réditos por la paz que obtienen los grandes jefes de la violencia.

La otra herramienta que se utiliza, la reinserción de los continentes, aunque en esencia es positiva, su habitual mala utilización provoca la continuidad del conflicto. Se trata de desmovilizar a las tropas o a los ejecutores de la violencia, hasta ahí bien. Habitualmente su desmovilización –su entrega de las armas- viene recompensada con un escaso importe en metálico y un breve cursillo de reinserción en la sociedad. El ex-combatiente, frecuentemente joven que lleva mucho tiempo de su vida involucrado en el conflicto y por tanto carece de formación profesional e incluso de hábitos sociales al uso, termina por quedarse indefenso entre la sociedad y con el recurso fácil al delito debido a que su único conocimiento es el de las armas.

En ocasiones se promueve la creación de tribunales tradicionales de compensación y de reparación. Como las Gacacas (pronunciado “Gachacha”) de Ruanda. Pero en muchos otros casos, y como tan bien apunta Chema Izquierdo en su blog, los criminales conviven con las víctimas en un acuerdo tácito de paz.

Estos tres elementos –el juicio contra Charles Taylor, las mesas abiertas y las reinserciones tan mal hechas- son claras pistas del sistema político internacional que tenemos hoy día. Mientras a los criminales de guerra vencidos de países del sur podemos encausarlos y condenarlos, a los criminales de guerra vencidos de países del norte los colocamos en consejos de administración o como enviados especiales para Oriente Próximo. Por supuesto, si eres un criminal de guerra vencedor los tribunales los verás desde lejos, por televisión, y sólo recibirás apoyos políticos –Kabila lo sabe muy bien. Y si eres un criminal de guerra vencedor del norte, siempre podrás presentarte a la relección.

lunes, abril 16, 2012

Decidir sobre Somalia sin los somalíes


Este texto formó parte de mi colaboración boletín del mes de marzo de 2012 del CEA.

En la misma mansión del West End de Londres donde la entonces Rhodesia, actual Zimbabue, negoció en 1979 su independencia del Reino Unido, el actual Primer Ministro David Cameron lideró la Conferencia de Londres sobre Somalia el pasado día 23 de febrero. La reunión pretendía ser un punto de inflexión en la gestión del conflicto somalí ahora que cuestiones como la piratería y la hambruna han vuelto a situar a Somalia en la agenda mediática internacional. Sin embargo cualquiera que vea el comunicado final y lea las crónicas de quienes asistieron se sentirá profundamente decepcionado con los resultados, a pesar de las sonrisas y las posturas de éxito que todos los mensajes oficiales transmitieron.

La Conferencia tuvo su prólogo con la decisión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 22 de febrero de pasar de 12.000 a 17.731 los efectivos militares de la misión militar para Somalia, AMISOM, y el bloqueo al comercio del carbón somalí, a través del cual se financia parte de Al-Shabaab. Esta decisión no hizo más que reforzar las temáticas sobre las que estaba planificado el encuentro: (i) seguridad y terrorismo; (ii) el futuro del Gobierno Federal de Transición; (iii) la AMISOM; y (iv) la piratería en el Índico.

La Comunidad Internacional, a pesar de la situación humanitaria que atraviesa Somalia, está volcada en resolver sus propios dilemas de seguridad en la región. El camino a seguir lo marcó la Secretaria de Estado de la Administración Obama, Hillary Clinton, al afirmar antes de la conferencia que Estados Unidos no negociaría con Al-Shabaab. Precisamente la relación de Al-Shabaab y Estados Unidos es la que ha conseguido cambiar el mapa político de Somalia en los últimos años.

Con la decisión de los servicios de inteligencia de la Administración Bush, en 2006, de convertir a los señores de la guerra en agentes antiterroristas en Somalia, se quebró el frágil pacto en los Tribunales Islámicos. Este nuevo orden, auspiciado por el fracaso norteamericano en su segunda intervención directa en el país, tuvo como consecuencia la inclusión de Al-Shabaab en la lista de organizaciones terroristas internacionales de Washington y la consiguiente retirada de fondos de ayuda –actualmente éstos son una octava parte de los de 2008. Además, la prohibición de realizar negocios con entidades somalíes ha llevado casi al cierre en diciembre de 2011 del actual sistema de envío de remesas, la hawala, poniendo en peligro los casi 100 millones de dólares que los somalíes de la diáspora envían a sus familiares cada año.

Tras el fracaso norteamericano de las intervenciones a través de los señores de la guerra somalíes, la nueva estrategia de Washington consistió en la extroversión militar del conflicto, implicando a Etiopía y Kenia. La inclusión de estos dos actores regionales ha hecho más fuerte a Al-Shabaab. Su discurso se ha dotado de una legitimidad de defensa del territorio frente a las potencias enemigas y ya se habla de una alianza con diferentes centros de Al-Qaeda. Aún a pesar de que su fuerza militar es débil, Al-Shabaab está preparando una ofensiva y aumentando sus bases de militancia entre los jóvenes somalíes.

Sin embargo el foco de la Conferencia no giró en torno a las causas globales de la situación actual en Somalia. Exclusivamente se centró en actores locales. Respecto al Gobierno Federal de Transición, cuyo mandato está actualmente prorrogado por un año, se determinó que ha fracasado en la consecución de todos sus objetivos, incluido el de aumentar su representatividad entre los diferentes clanes. Se decidió por tanto que en agosto de este año finalizará su mandato, tal y como estaba previsto, y se dará paso entonces a la celebración de una Asamblea Nacional con pretendida representatividad territorial. Todas las decisiones a este respecto fueron aplazadas para la reunión de Estambul, en junio de este año.

La preocupación del premier británico David Cameron pasaba por negociar soluciones a los problemas de la piratería en el Índico. Para el Reino Unido, contar con libertad de paso por esta zona es de máxima prioridad. Sin embargo las soluciones planteadas pasaron por un incremento de los fondos destinados a la lucha contra la piratería de manera local. Especialmente a través de Putland, dejando de lado el hecho de que varios centros de poder de este negocio se sitúan fuera de territorio somalí –se habla de Nairobi, Suez y hasta de la propia Londres. 

Las conclusiones de la Conferencia no podrían haber sido más decepcionantes. De hecho, unos días antes de la celebración se filtró un borrador de comunicado tan vacío de contenido que se esperaba hubiera sido cambiado tras la celebración de la misma. Finalmente el comunicado filtrado y el final fueron casi idénticos, constatando el fracaso de la Comunidad Internacional y de los agentes somalíes implicados en este proceso.

Resulta significativo que la Conferencia apenas tratara de cuestiones humanitarias, pero que dijera haber escuchado la voz de los somalíes. Más aún cuando seis meses después de la declaración de Somalia como estado de hambruna por Naciones Unidas se calcula en 325.000 niños y niñas los que sufren desnutrición aguda. Según datos de Oxfam 2,3 millones de personas necesitan acceso a ayuda humanitaria, encontrándose el 31% en situación crítica. Y sin embargo los países donantes continúan anclados en utilizar la ayuda humanitaria como una herramienta de seguridad más a su alcance. Obviando criterios humanitarios, presionan a las organizaciones humanitarias para que se garantice el acceso de las poblaciones “liberadas” de Al-Shabaab. Es decir, se quiere utilizar la ayuda humanitaria como un dividendo de la paz para que la población se enfrente a dicha organización, en lugar de atajar el desvío que el Gobierno Federal de Transición ha hecho de la misma –calculado en torno al 11% del total.

La Conferencia, por mucho que se vanaglorie de ello en su comunicado final, no ha escuchado las voces de los somalíes que sufren el conflicto. La fuerte y movilizada sociedad civil somalí no ha tenido acceso ni representación en esta reunión y sus soluciones a la violencia no están siendo escuchadas en ningún foro de importancia. La Comunidad Internacional, en connivencia con los autores de la violencia local, está promocionando la extensión de una receta para la paz que básicamente obliga a la creación de una estructura estatal sostenida por los represores de antaño y los de hoy día. Una receta que además prevé la implicación de actores privados internacionales en la reconstrucción de la nueva Somalia, siempre con cargo a la deuda estatal del país y, por tanto, siempre perpetuando las asimetrías de poder y las injusticias que perpetúan la situación de conflicto. 

Mientras el enfoque de este tipo de acuerdos para la paz continúe siendo el de perpetuar los modelos de paz liberal, centrados en promocionar los actores de la violencia local sin incidir en las redes globales implicadas en el conflicto, la situación no revertirá y la construcción de unas verdaderas bases para la paz en Somalia estarán cada día más lejos.



Enlaces de interés:



| González Aimé, E. (Coord.) (2011) Dinámicas políticas en torno al Cuerno de África. Revista Académica de Relaciones Internacionales. 

| Ruiz-Giménez, Itziar (2012). Más allá de la barbarie y la codicia. Ediciones Bellaterra. Barcelona.

| Challaghy, T. Kassimir, R. & Lantham, R. (Eds.) (2001) Intervention and Transnationalism in Africa: Global-Local Networks of Power. Cambridge University Press. Cambridge.

| Harper, Mary (2012). Getting Somalia Wrong. Zed Books. London.

miércoles, marzo 28, 2012

El asfixiante verano maliense



Foto de Alfred Weidinger
Pasa muy por encima de las hojas de los periódicos. Las redacciones de telediarios ni siquiera desean oír hablar de ellos. Los politólogos o expertos en la zona, junto con las ONGD, ponen el grito en el cielo. Pero da igual. Sea como sea, hacerse con los motivos de un Golpe de Estado es complicado. Son muchas las razones y, sobretodo, son muchos –tantos- los Golpe de Estado en África Subsahariana que se puede tender a analizar la repetición y obviar los efectos graves del Golpe de ahora. Podemos, incluso, asumir entre líneas que los Golpes de Estado son inevitables en la zona.

Y es cierto que la manera en cómo se ejerce el poder en África Subsahariana tiene, como en todos los lugares del planeta, una raíz histórica. Se reproducen los momentos autoritarios porque hubo momentos autoritarios en el pasado reciente. Y decir esto no es hablar de determinismo histórico, es comprender la política como un proceso que está vivo, pero que viene de un pasado determinado.

En Malí, sin embargo, parecía que no existía este pasado de romper con la democracia. Sin embargo la semana pasada comenzó un Golpe de Estado que aún está por acabar. En enero de 2012 tropas tuareg del Movimiento Nacional de Liberación Alzawad (MNLA) comenzaron una ofensiva al norte del país. La oportunidad de dicho despliegue la propició la llegada de arsenales y combatientes procedente de la Libia de Gadafi. El difunto líder libio se servía de combatientes nómadas frente a los rebeldes apoyados por la OTAN –bajo bandera de Naciones Unidas. Una vez finalizada la defensa de Gadafi, los líderes del MNLA pusieron sus ojos en la posibilidad de oponerse al ejército de Malí. Junto a ellos, otros actores que ya estaban en armas por la zona. Al-Qaeda del Magreb Islámico, la organización famosa por el secuestro de blancos –esos intocables- en la región, a los que se les añadió otra facción controlada sorprendentemente por el hombre fuerte del gobierno de Bamako en la negociación de los rescates, que se ha hecho con el control de una parte del ejército.

Frente a ellos, Amadou Toumani Touré, presidente maliense con fama de amable y bonachón. Su posición fue firme, a la vez que responsable. Ningún maliense tomará las armas contra otro maliense. Mientras que el ejército le exigía armas para combatir la rebelión tuareg, Toumani recurría a las organizaciones internacionales, la CEDEAO y la UA, para intentar negociar con los rebeldes. También intentó recurrir a la potencia colonial, Francia, que ve cómo se le caen diversos naipes africanos justo en mitad del proceso electoral. Pero las negociaciones no terminan de fructificar y mientras la rebelión tuareg, armada hasta los dientes, asedia y masacra a las tropas del mal armado ejército de Malí.

En este panorama una manifestación de soldados rasos por las calles de Bamako termina ocupando la televisión pública, derivando pocas horas después en el actual Golpe de Estado. Un Golpe sin organización, realizado por soldados sin formación que una vez que están en la silla presidencial no están teniendo la capacidad de organizar la resistencia a la rebelión. A pesar de las llamadas a altos oficiales del ejército por parte de los golpistas para que se les unan, lo cierto es que está habiendo una negativa entre gran parte de éstos. Como consecuencia el país se encuentra sin Administración central, con una rebelión de varias fuerzas en el norte del país y un enemigo más mortífero que está asomando, pero que está por venir.

Desde hace un par de meses se viene advirtiendo de que el Sahel sufrirá una hambruna durante este año similar a la del año pasado de Somalia. Las alarmas venían acompañadas de un llamamiento a la acción rápida de los países donantes y una coordinación con el gobierno de Bamako. Ahora que Malí está pendiente de los acontecimientos del Golpe militar, el país se puede encontrar con la falta de ayuda internacional para luchar contra la hambruna que viene.

La responsabilidad de los propios malienses sobre el Golpe de Estado, en especial en la figura de un presidente en parte confundido entre la ética de las responsabilidades –procurar armas suficientes para no masacrar a los soldados rasos mientras se intenta negociar- y la ética de las convicciones –evitar una Guerra Civil- no debe ocultarnos las responsabilidades de unos líderes europeos que ni siquiera han mencionado el Golpe de Estado. Ya correrán a hacerse la foto cuando haya que ofrecer ayuda alimentaria de emergencia. Europa y EEUU intervinieron en Libia para garantizar la defensa de sus intereses y bajo el paraguas humanitario del Consejo de Seguridad. La regionalización del conflicto de Libia se ha producido y las tropas de la OTAN que intervinieron sobrevolando Libia y permitiendo el flujo de armas hacia los rebeldes son directamente responsables de que hoy en Malí se viva el verano más asfixiante tras la primavera más caliente.

viernes, febrero 24, 2012

Conflicto y gobernabilidad en África Subshariana

El pasado miércoles 15 de mayo di una charla sobre Conflicto y gobernabilidad en África Subsahariana en el Centro Cultural Teresa Pàmies - Centro Cívico Urgell de Barcelona, dentro del ciclo sobre Política y economía africanas. La experiencia, a mi juicio, fue enriquecedora. 

Hay una frase atribuida a Albert Einstein que dice así: Uno no ha entendido bien las cosas hasta que no es capaz de explicárselo a su abuela. Y algo de esto tuvo la charla, pues me tocó salir de los clásico círculos africanistas o de cooperación en los que debates estas cosas y explicar la situación de los conflictos en África a un público no experimentado que, casi por definición, es el que más a mano tiene la cuchilla para acabar con tus argumentos. Me lo pasé muy bien, en definitiva, delante de un grupo de unas 50 personas de muy diferentes edades y conocimientos sobre el continente. 

Y parece que la charla resultó interesante para aquellos que se pasaron por allí. Eso me transmitieron las personas que se acercaron al acabar y eso es lo que he leído en las dos crónicas que me han enviado sobre la charla. 

- África: conflicto y gobernabilidad. Escrita por los compañeros de la campaña Derecho a la salud en África, de Farmacéuticos Mundi y Médicos Mundi. (también versión en catalán).

- Llegaron los "dueños" de la paz, escrita por Carlos Bajo, compañero del CEA y responsable del blog Aprender sobre África.

Dejo aquí colgados sendos enlaces con la presentación que hice, tanto en catalán como en castellano, por si pudieran ser de utilidad.



También os dejo algo de bibliografía sobre lo que conté en la charla. Espero que os sea de utilidad.

África en el sistema internacionalFrancisco Javier Peñas Esteban (ed.).



Más allá de la barbarie y la codiciaItziar Ruiz-Giménez (ed.)

Y, por último, os dejo dos enlaces a dos documentos que mencioné durante la charla.

Aid, Growth and Peace: A Comparative Analysis, de Astri Surhke & Julia Buckmaster en el que hablan del desarrollo humano y los procesos de reconstrucción postbélica.

Root Causes of African Underdevelopment, de Sambit Bhattacharyya et. al. en el que comparan la incidencia de la malaria o la esclavitud en el subdesarrollo de África.

viernes, febrero 03, 2012

Ciclo de conferencias Política y Economía Africana

Programa del ciclo de conferencias
Durante todo el mes de febrero tendrán lugar en el Centro Cívico Urgell de Barcelona el ciclo de conferencias sobre política y economía africana. Está organizado por el propio centro, perteneciente al Ayuntamiento de Barcelona, e impartido por miembros del Centro de Estudios Africanos (CEA).

Las conferencias versarán sobre descolonización, economía, el Estado-Nación y los conflictos y gobernabilidad en África Subsahariana. La conferencia sobre este último tema, conflictos y gobernabilidad, correrá a mi cargo la tarde del 15 de febrero, en lo que será mi reestreno en la actividad formativa después de una pequeña experiencia en temas de cooperación y derecho humano al agua hace ya unos años.

Por supuesto, os invito a todos a asistir a todas y cada una de las conferencias, e incluso a la proyección de la película La pesadilla de Darwin, que también está incluida en el ciclo.

Qué: Ciclo de conferencias política y economía africana: de la descolonización a la actualidad.
Cuándo: miércoles 8, miércoles 15, miércoles 22, martes 28 y miércoles 29 de febrero de 2012, a las 19:00.
Dónde: Centre Cívic Urgell, c/ Compte Urgell 145, Barcelona [mapa]
Más información: info@ccurgell.cat y 93 453 64 80.

martes, marzo 29, 2011

Cinco preguntas sobre Libia

Desde que la coalición de Estados occidentales, liderada por Francia y EEUU, comenzó la intervención en Libia has sido varias las incógnitas que me han planteado diversos amigos sobre el conflicto. Este es un humilde intento por contestar algunas de ellas.


Una de las cosas que han llamado la atención han sido la cantidad y el tipo de arsenal militar del que disfrutan los miembros de la resistencia. Para entender esto debemos primeramente observar quiénes constituyen la resistencia.

El clima de protestas y rebeliones que respira el mundo árabe tras la caída de Túnez y Egipto, sumado a la voluntad de Gadafi de reprimir violentamente cualquier manifestación en su contra, provocó que cierta parte del ejército libio abandonase su disciplina militar y se sublevara. Esto explicaría una parte del arsenal con que cuenta la milicia y las imágines de ésta siendo aleccionada e instruida por personas de uniforme.

Pero además se ha de contar con que Libia era una de las puertas de entrada del tráfico de armas para los conflictos africanos. Un informe del Grupo de Investigación e Información sobre la Paz y la Seguridad (GRIP) con sede en Bruselas informaba en 2008 de que las armas empleadas en conflictos como el de la República Democrática del Congo señalaba a Libia como una de las plataformas del tráfico ilegal de armas. De ahí que la primera resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Libia, 1970 (2011), fuera en el camino de endurecer las medidas para evitar el tráfico ilegal de armas y, por tanto, limitar los arsenales oficiales y rebeldes.


La bandera que enarbolan los rebeldes y que tan ampliamente han difundido los medios de comunicación occidentales como bandera monárquica es, en realidad, la primera bandera del país. Libia fue el primer país en obtener la independencia tras la Segunda Guerra Mundial, cuando los aliados la liberaron de su periodo colonial italiano y pasó a establecerse una monarquía. En 1969 Gadafi da el golpe de Estado por el que se alza con el poder y no es hasta 1975 cuando decide cambiar la bandera del país por la que hasta hoy es la bandera oficial. Al llegar al poder Gadafi se intenta reinventar a sí mismo como uno de los líderes del socialismo no alineado. Escribe un texto que bautiza como Libro Verde reproduciendo los pasos de Mao Tse Tung y su Libro Rojo. Uno de sus principales idearios era la consecución de una unidad árabe, idea muy popular en esos años y sobre la que se imponía un color como símbolo : el verde. El mismo del que coloreó la nueva y, hasta hoy, oficial bandera de Liba.


Cuando estalla una guerra en la que interviene un país occidental todo el mundo corre a ver las cuentas corrientes de dicho país para explicar los motivos. Que las guerras son movimientos de los poderosos para acaparar más riqueza o más poder que le conduzca a la riqueza es algo que ya está inventado, como la pólvora. Por eso que en el caso de Libia miremos las cuentas corrientes y no veamos nada claro a primera vista desorienta un poco.

EEUU y Francia lideran la coalición militar y han guiado al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en la resolución 1973 (2011) que permita el uso de la fuerza. Y sin embargo ninguno de ellos tiene intereses económicos aparentemente comprometidos con la estabilidad del país.

El principal socio comercial de Libia es Italia. Ya se ha movido por la web un vídeo de Berlusconi besando la mano de Gadafi y el Parlamento italiano, el día que votó el apoyo a la intervención, notó la ausencia del Primer Ministro italiano, que se ausentó inexcusablemente. Con la caída del régimen, es el país europeo que más tiene que perder.

La ausencia de Gadafi abriría a otros actores la negociación de contratos en materia de energía. Los franceses ya han perdido concursos de concesiones estatales libias frente a los italianos, y un cambio en el poder libio quizás haría inclinar la balanza a su favor.

EEUU no se suministra con petróleo libio, aunque sí China –y de ahí se explica su predisposición a vetar la intervención. Sin embargo los primeras voces a favor de la exclusión aérea –término que implica el ejercicio de la fuera aérea- vinieron del grupo de asesores del presidente George W. Bush, los conocidos como halcones, que planearon la invasión de Iraq en 2003. Interpretar que si EEUU gana el acceso al petróleo libio China lo pierde es hacer un falso juego de suma cero.

En realidad, la salida de Gadafi permitiría a EEUU abrir una nueva fuente de petróleo, si bien no con un peso muy importante, sí con un peso relativo muy necesario en su política de diversificación del suministro. Además, no hay que olvidar que la península arábiga, de donde procede la mayor parte de su petróleo, está también envuelta en un clima de rebelión democrática que puede no favorecerle. China podría consentir –como ha hecho- a cambio de asegurarse seguir manteniendo sus cuotas de suministro o poder participar más en otras regiones. Y es así como obtenemos un juego win-win que permite el voto favorable de uno y la abstención del otro en el Consejo de Seguridad.

Pero aquí no acaba la cosa. Tras Túnez y Egipto, Libia podía haber caído o, al menos, desestabilizarse. Es muy probable que Francia no tenga más intereses en Libia que los de asegurarse algún contrato, pero lo que sí es seguro es que la clave en la estructura político-económica francesa tiene un nombre: Argelia. La desestabilización libia podría dar alas a una ya de por sí soliviantada rebelión argelina de consecuencias impredecibles, con actores islamistas contrarios al comercio con Francia y unas inversiones energéticas europeas ya comprometidas. Demasiado que perder explica el liderazgo francés en la intervención –junto con otras cuestiones de carácter interno que no nos detendremos a explicar.


Gadafi promocionó en el pasado intervenciones terroristas contra intereses occidentales. También financió a todo tipo de guerrillas que se levantaban contra gobiernos cómodos a los ojos de Europa y Estados Unidos. Así fue como, poco a poco, con el continuo pasar del fracaso de los movimientos revolucionarios mundiales, el país se quedó aislado de la política internacional del centro del sistema. Incluso en 1986 EEUU realizó un bombardeo sobre el país con el fin de atacar los intereses de Gadafi.

Desde el 11S la estrategia de occidente con respecto a Libia cambió. Se le requirió como vigía de occidente en los campos de entrenamiento yihaddistas en el Sahara y como Estado tapón frente a la inmigración africana hacia Europa. Además de ser suministrador de petróleo para el continente, Tony Blair llegó a proponer en la cumbre de la UE de 2002, en Sevilla, la construcción de campos de internamiento en suelo libio con la finalidad de enviar allí a los demandantes de asilo político en territorio europeo hasta que se resolviera su expediente.

Los motivos del nuevo bombardeo a Libia sólo se explican, por tanto, si se tiene en cuenta el contexto internacional del momento. Cuando las revueltas de Túnez y Egipto estaban en su punto álgido, especialmente esta última, los países occidentales comenzaron a acusar las presiones de la sociedad civil internacional que les demandaban un mayor compromiso con la democracia global y las revueltas pacíficas. Los tiempos entre el final de la revolución en Egipto y el comienzo en Libia –y sus similitudes de protesta pacífica- coincidieron y los discursos de apoyo a la democracia egipcia se interpretaron como un apoyo a las protestas libias. Los países occidentales han sido, por tanto, esclavos de sus palabras, demostrando que, por cínico que nos parezcan los discursos, muchas veces estos tienen su importancia y obligan a los Estados a seguir una línea política y no otra.


Defender los Derechos Humanos a bombazos es una actividad que recuerda mucho al Ministerio de la Paz de 1984. Sin embargo, en ocasiones, tomar este camino es irremediable. Una vez que, como bloque de Estados, te has posicionado a favor de la caída de un dictador alegando que viola los Derechos Humanos y que, además, en dicho país ha surgido una resistencia armada que es interpretada como democratizadora del país, te quedan pocas escapatorias para no intervenir militarmente. Itziar Ruíz-Giménez lo explica muy bien en su libro La historia de la intervención humanitaria. Durante los años 90 se estableció la norma de intervenir militarmente a favor de la defensa de los Derechos Humanos. Es cierto que dicha norma se quebró tras la salida de Somalia, pero los Estados occidentales quedaron colgados de ese discurso intervencionista y rompedor con el régimen de soberanía estatal.

Eso sí, como hicieron en el caso de Kosovo, las potencias occidentales han procurado dejar bien claros dónde están sus límites. En la resolución del Consejo de Seguridad se habla tan sólo de mantener una zona de exclusión aérea, lo que deja a una intervención terrestre fuera de todo programa –salvo operaciones especiales puntuales. Es una guerra legal –no como Kosovo- que trata de evitar la violación de Derechos Humanos en Libia. Es, por tanto, una intervención humanitaria.

Que sea humanitaria no significa que sea buena, ojo. Una guerra es una guerra, se sabe cómo comienza y no cómo acaba. Se sabe contra quién se hace, pero no contra quién se acabará. Se saben los objetivos iniciales, militares y políticos, pero no se sabe qué atacar cuando éstos se acaban y el dictador sigue resistiendo. Y, por supuesto, se sabe que causará daños a la población civil, pero se les llama daños colaterales.

miércoles, marzo 02, 2011

Construcción de paz postbélica y construcción de estado en las Relaciones Internacionales

Ya está disponible el nuevo número de la Revista Académica de Relaciones Internacionales, editada por el departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid.

En esta ocasión la edición corre a cargo de los expertos en conflictos y construcción de paz Raquel Ferrao y Oscar Mateos.

El presente número cuenta con artículos sobre la Paz Liberal, la apropiación local en la construcción de paz posconflicto, las relaciones de género en situaciones de paz posconflicto o los casos del Congo y de Irán.

Además, en las secciones habituales se pueden encontrar artículos sobre Haití o reseñas de libros clásicos de las relaciones internacionales y temas más novedosos, como la gobernabilidad del SIDA.