jueves, septiembre 22, 2016
Arde Congo, arde Etiopía… ¿dónde está la nueva política?
martes, noviembre 12, 2013
La cooperación catalana y la emergencia en Filipinas
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| Foto de G. Willians |
viernes, marzo 22, 2013
El acceso al agua y al saneamiento en África Subsahariana
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| Foto de Rémi Kaupp |
viernes, junio 29, 2012
El fin de la cooperación catalana
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| Foto de Perrimoon |
PD. Puedes seguir el debate sobre la cooperación catalana desde Twitter, a través de la etiqueta #MasNoPaga.
viernes, junio 22, 2012
La cooperación de Japón en África Subsahariana
lunes, noviembre 07, 2011
Curso de formación. África Subsahariana. Especificidades culturales y desarrollo
domingo, agosto 28, 2011
Cooperación con los países árabes

sábado, julio 09, 2011
Metodología de investigación en cooperación para el desarrollo, de VV.AA.

miércoles, junio 01, 2011
Seminario África Subsahariana. Especificidades culturales y desarrollo

lunes, julio 05, 2010
Cumbres de poder
miércoles, diciembre 02, 2009
El léxico del cooperante
Hacer de Coco, o Grover es algo que detesto, pero ha llegado la hora de decirlo, aunque nos tengamos que poner un poco pedantes. Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, el verbo cooperar consiste en "obrar juntamente con otro u otros para un mismo fin". El diccionario, por tanto, no atribuye ningún tipo de bondad al hecho de cooperar. Este es un error muy común en quienes se acercan por primera vez al mundo de las relaciones internacionales -donde la palabra cooperación es de uso habitual. El error consiste en atribuir a la palabra cooperación una categoría moral de bondad y, por tanto, hacerla deseable. También es común entender cualquier actividad del Norte relacionada con países del Sur como cooperación, y por tanto intrínsecamente buena. Errores éstos que cada vez es más necesario saber evitar.miércoles, abril 22, 2009
El filamento de la resistencia
Quienes primero tomaron la palabra fueron los representantes de gobiernos africanos. Había delegaciones de Senegal, Mauritania, Angola, Cabo Verde, Etiopía, Guinea Ecuatorial, Mali y Namibia. En la lista de países invitados destacaba sobretodo la persistente voluntad del gobierno de España de contar para absolutamente todo con Guinea Ecuatorial. Los intereses económicos de la ex-metrópoli en el país dirigido por el dictador Obiang priman sobre cualquier debate posible. Y los dirigentes ecuatoguineanos, sabedores de ello, actúan con cierta prepotencia y notable cinismo a la hora de pasearse por los salones de los actos a los que han sido invitados. Ya fue notable el tremendo gasto de EXPO Zaragoza 2008 para que este grupo de dictadores tuviera un pequeño tenderete en la feria del agua celebrada el año pasado, pero la invitación de éstos a debatir asuntos de verdadero calado no hace más que mostrar que los tiempos en los que se exigía respeto por los Derechos Humanos pasaron hace tanto como remordimientos por haber abandonado a la ciudadanía ecuatoguineana.
En conjunto, los países africanos actuaron en bloque aunque sin estar coordinados por nadie. De ellos, no cabe duda, se esperaba la más ácida crítica hacia un sistema de cooperación al desarrollo que prima la visibilidad de un pozo -el 46% de los proyectos de la AECID en agua son para pozos, es decir para proyectos de poco o nulo calado- frente a la tremendamente importante labor de asistir en la gobernabilidad del agua. Es decir, que prima la foto con el niño bebiendo agua al trabajo de calado y menos visible. Sin embargo los africanos no asistieron a esta llamada. Todo lo contrario. De sus presentaciones sólo se desprendió una exigencia: más dinero. ¿Para qué? Para lo que sea, faltaría más, pero el único problema existente es el de la financiación. Los países africanos sólo presentaban cifras de posibilidades de negocio en temas de agua. Es decir, lo que falta es financiación y lejos de solicitarla de entidades públicas financiadoras los modelos que están dispuestos a aplicar -y que aplican- son los modelos comerciales de explotación de los servicios. Es decir: que el más pobre se pague todo su agua y el que no pueda, que se busque la vida.
Paradigmática pareció la situación en Cabo Verde. Un país con poca precipitación en términos generales que tiene una pequeña reserva de agua subterránea. La solución técnica que se ha buscado han sido las desaladoras. Como todo el mundo sabe, este sistema encarece el metro cúbico de agua, pero aparentemente en Cabo Verde no hay más a donde agarrarse. La cosa podría funcionar tirando a bien si no fuera porque el gobierno caboverdiano se plantea que el agua cara -la de las desaladoras- ha de ser destinada a consumo humano mientras que el agua subterránea -sensiblemente más barata- habrá de ser consumida por la agricultura. Así, los ciudadanos caboverdianos pagan unos 5$ por metro cúbico de agua. ¿Saben Uds. cuánto pagan por su agua? Con impuestos y todo mi última factura me ha salido por 2,5€ por metro cúbico. Calculen.
En definitiva, la propuesta de los países africanos viene por el camino de la inversión privada y el traspaso de los costos a los ciudadanos, tengan el estatus económico que tengan. Estas propuestas además son engañosas. En la mayoría de países africanos, la red de suministro de aguas -esa por la que los caboverdianos pagan 1,7€ más que un ciudadano de Barcelona en términos corrientes- no abastece a una importante cantidad de la población debido a que la infraestructura está creada sólo en los núcleos urbanos que pertenecieron a los agentes colonizadores y, por tanto, el agua que llega a la mayoría de la población lo hace sobre todo por transportistas privados que suben el precio del agua a tanto como les interese a partir de esos 5$.
Mientras, nos pasamos la vida aquí en Occidente reclamando una gestión pública del agua. Anunciando que las privatizaciones en África no harán sino ridiculizar el papel de los gobiernos nacionales, que empeorarán cualquier otro servicio, que endeudarán aún más al país, que condenarán a varias generaciones a no salir del ciclo de la pobreza. Y todo por una absurda manía del Occidente capitalista de ver a la compañía privada como más eficaz y eficiente que un gobierno africano. En definitiva, quienes escribimos, penamos o trabajamos en temas de agua, lo hacemos siempre con el convencimiento de que la resistencia hacia lo privado en África nos enlaza con esas visiones no occidentales de la gestión y permite que el desarrollo de los países subsaharianos sea más real y más autocentrado que si el liberalismo campara por doquier. Y sin embargo, los gobiernos africanos no hacen más que solicitar este liberalismo. ¡Más madera, que es la guerra! Crítica hacia el sistema neoliberal que nos da de comer, ninguna. Propuestas innovadoras, en el tintero. Y análisis profundos, los justos. Esto es un problema de dineros, ¿qué se había pensado Ud.?
Del resto de ponentes cabe destacar la tozudez del sistema de Naciones Unidas en cuanto a seguir sosteniendo que sólo y exclusivamente la Gestión Integral de los Recursos Hídricos -si alguien la conoce, que me la presente que aún no tengo el gusto- podrá salvarnos del cataclismo. En promocionar esto llevan ya casi 20 años y han conseguido algo milagroso: que todos los asistentes miren para otro lado cuando se la menciona. Todos a la vez, oigan. También de Naciones Unidas, del departamento de UN-DESA en particular, destacó la tibieza por un lado y el desconocimiento total y absoluto de los asuntos del agua por otro cuando se mencionó la reclamación internacional del Derecho Humano al agua. La postura de UN-DESA en esta mesa no fue otra que el afirmar que los Derechos Humanos no sirven para nada, y que conseguir declarar el agua -y el saneamiento- como un Derecho Humano no evitaría las pérdidas de vidas humanas. Se nota que en Nueva York les ponen garrafas embotelladas, claro.
martes, marzo 31, 2009
El spam del desarrollo
Correo spam. O correo basura. Esa es la carpeta que todos tenemos en nuestro gestor de correo electrónico. Ahí van todos aquellos correos electrónicos que vienen de agentes publicitarios de dudosa moral. Aunque también ocurre que, en ocasiones, recibamos algún correo "sí deseado" -como la resolución de una beca de colaboración- en la carpeta spam, dándonos cuenta justo al borrarlo del error del gestor de correo -y por tanto teniendo que preguntar al pétreo cátedro por una resolución que finalmente no es positiva.Aún así, lo más común es que recibamos correo spam en la bandeja de entrada. Un correo no deseado que anuncia algún producto o que pretende hacerte responder tus datos personales y que el gestor de correo no ha identificado como tal. Ejemplo de este tipo de correo es aquel que me llegó una vez ofreciéndome un aparato para el alargamiento del pene que, tras su lectura, me suscitó dos preguntas. 1ª ¿cómo habían encontrado mi dirección? Sobre todo porque yo no había publicitado en ningún sitio la misma. Y 2ª ¿cómo lo habían sabido?
Esta lectura de correo spam que se me cuela en la bandeja de entrada es ya una afición. Hace un año me encontré con una serie de correos que, camuflados por un nombre que aparentaba ser anglo-africano, me informaban de la necesidad de sacar del país nigeriano una cantidad ingente de dinero por culpa de la maldita persecución política a la que se veía sometido quien me enviaba el correo. El pobre señor me pedía con mucha educación mi número de cuenta para poder realizarme un ingreso -del que yo me quedaría cierto porcentaje- y así poder ponerlo a salvo de los malvados gestores políticos del país. No sé cómo acabó la historia porque el educado señor nunca volvió a escribirme.
Hoy he recibido una novedad dentro de estos correos basura. Si en el anterior se utilizaba la política africana y los miedos-penas que de ella se desprenden en los clichés habituales sobre África, en el correo de hoy me llega la extraordinaria noticia de haber sido ganador de un premio de 400.000$ americanos de uso común. ¿Y por qué? ¿Por contar con una cuenta de correo? No, en absoluto, no sirve tener sólo una cuenta de correo. He ganado por tener precisamente esa cuenta de correo y no otra.
Lo novedoso del mismo no es haber sido premiado con tal cantidad de dinero -de hecho no es la primera vez que me toca, aunque las otras veces siempre se me ha pasado la fecha de cobro. Lo novedoso consiste en que esta vez me ha llegado firmado por Mr. Thompson Powell, Claims Processing Agent del mismísimo Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. El PNUD, nada más y nada menos, el programa encargado del desarrollo mundial y la más alta representación de Naciones Unidas en los países en desarrollo. Casi nada, vamos.
Este hecho me ha hecho reflexionar. Será que el PNUD ha desistido. Por fin ha admitido públicamente que la agenda internacional del desarrollo no sirve de nada. Que en realidad, como decía el fallecido profesor Claude Ake, a ningún actor internacional le interesa realmente que el desarrollo -y con él la democracia según Ake- tenga cabida en las políticas internacionales. O, dicho de una manera más vulgar pero también más directa, que la cooperación internacional dice sí al desarrollo de África, pero no al de los africanos y las africanas. Quizás, y sigo conjeturando, el PNUD se ha dado cuenta de que la gran mayoría de los flujos de la Ayuda Oficial al Desarrollo y de la cooperación termina revirtiendo en las sociedades más ricas en lugar de mejorar la vida en las más pobres. Y, también quizás, habrá pensado que, puestos a malgastar el dinero en un sin fin de proyectos tratando de enseñar a esos pobrecitos negros cómo es que se vive en civilización pagando a las sociedades occidentales, pues mejor será repartirlo directamente entre los ciudadanos del mundo -que somos los de aquí, los que tenemos correo electrónico y filtro spam.
A continuación les reproduzco el correo electrónico con el importe total del premio. Yo, siguiendo el consejo de mi asesor fiscal, no voy a cobrarlo. Me saldría a devolver en la declaración del año siguiente, y no hay nada que fastidie más a un liberal que tener que pagar impuestos. Pero reproduzco el correo pensando en que, quizás a Uds., queridos lectores, queridas lectoras, no les importe pagar a Hacienda -que somos todos- y cobrar el importe del premio. Si hace falta, les firmo una autorización.
Corporate Headquarters,91 Station Road,
West Drayton, Middlesex UB7 7LT, United Kingdom.
Ref: OXLP/08-001/KL
Batch: 322056Q
The UNITED NATION DEVELOPMENT PROGRAM would like to notify you that your
email address just won the sum of $400,000 (Four hundred thousand USD).
The email address was selected randomly from over 20,000 internet websites around
the World.well your e-mail address have be chosen as one of this year jackpot winner
among seven (7) others. contact Mr. Thompson Powell via Email with the below
information for claim: who is by duty going to guild you with your claim process.
1.FULL NAME................2.ADDRESS.
3.COUNTRY..................4.
5.AGE......................6.
7.TELEPHONE................
******************************
NAME: Mr. Thompson Powell.
Email: unitednation_
Claims Processing Agent,
Verifications/Logistic Department.
******************************
Warm Regards,
Weylin Morton.
(Online Announcer UNDP).
http://www.undp.org
lunes, septiembre 08, 2008
El dia del cooperante
8 de Septiembre, el día del cooperante. Todo el mundo tiene un día ¿verdad? Y el que no lo tiene, algo habrá hecho. O no, claro. El caso es conmemorar a alguien cada día. Y hoy, que es 8 de Septiembre, se conmemora, se entrevista y se aplaude al cooperante –y no cooperanta, que no existe. Esa es una profesión, la de los y las cooperantes, que consiste en irse lejos de donde vivieron sus acomodadas vidas para ayudar a unos absolutos desconocidos a desarrollarse. Bonito ¿verdad?
La profesión es, por tanto, algo propio de los occidentales. O, cuanto menos, de aquellos que poseen un nivel de vida mínimo y que estiman que es necesario ayudar a todo el mundo a mejorar el suyo –que por supuesto, es más bajo. Una profesión unidireccional, claro. Y esto que se dice no deja de tener cierta polémica.
Pero no es una profesión nueva. No, no lo es. Es cierto que ahora se ha hecho de la palabra cooperante algo profesionable. Se lo explicamos. Con los diferentes caminos recorridos por el concepto de Desarrollo –que es un señor con chaqueta y corbata que se pasea por doquier lo llaman menos cuando es tremendamente necesario, al contrario que la señora muerte- se ha pasado de una cooperación ahora calificada de técnica, ejercida por profesionales de reconocido prestigio en sus países –ingenieros, médicos, enfermeras- que acudían a solventar los problemas diarios de la vida en un país del Tercer Mundo –de este bonito nombre otro día hablamos, si quieren. Y de esta concepción de Desarrollo y de Cooperación, se movieron los que piensan en estas cosas a otra en donde para poder cooperar, había que saber otras muchas cosas. Tantas que, hoy día, ya no hace falta saber de nada técnico, sólo de cooperación para poder ser cooperante. Parece lógico ¿verdad? Será por eso que el Señor Kurtz desconfía tanto de esto. Porque suena demasiado lógico.
El cooperante se mueve en un mundo –para los académicos diremos que en un régimen internacional- llamado de la Cooperación al Desarrollo. Así, con mayúsculas, sus dos oes y su acento. Este mundo, como tal, nace tras la Segunda Guerra Mundial –vamos, como todo, no les descubro nada nuevo- y es pensado por EE.UU.
Al acabar la contienda en Europa, Alemania, Francia, Reino Unido y otro sinfín de países están en la más absoluta ruina. Sus infraestructuras, así como sus mínimas condiciones de vida, han sido hechas añicos por los bombardeos y los saqueos propios del conflicto. EE.UU., único contendiente que no ha sufrido pérdidas en su territorio, se encuentra ante la tesitura de tener que decidir el futuro del continente hermano. Muchos de sus políticos piden la cabeza de Alemania, causante de las dos Guerras Mundiales -¿por qué será que los causantes siempre son los que pierden?- y trazan un plan para mantener a Alemania sumida en la hambruna y en la pobreza. Si la industria alemana no se rehace, si no les dejan tener ni ejército ni posibilidad de fabricar una pistola si quiera, pensaban estos estadounidenses, se evitaría la Tercera Guerra Mundial –por supuesto, también perpetrada por alemanes.
Frente a estos, otro grupo de norteamericanos observaron que quizás mantener a tantas personas juntas y con hambre no era la situación más ideal pensando en una paz duradera. Además, había que tener en cuenta que, unos muchachos y muchachas de origen germano con hambre podían ser muy bien engañados por los nuevos malos: los rusos.
De manera que se inventaron un concepto: la solidaridad internacional. O bueno, se lo adueñaron, porque el Internacionalismo estaba oculto tras los cascotes de los edificios derruidos. Con este ideal de solidaridad internacional surgió el Plan Marshall en honor al nombre del Senador norteamericano que firmó el papel redactado por otros. El plan consistía en regalar dinero a los europeos para la reconstrucción de sus países con una condición: que todo lo que necesitaran, lo compraran a los señores de corbata norteamericanos.
Cuando Europa se reconstruyó y, al tiempo, perdió sus colonias, había que idear un sistema que permitiera seguir siendo dueños de la tierra aunque fueran otros quienes firmaran los cheques. Bueno, era casi hasta mejor ¿no? De manera que surgió el régimen de Cooperación al Desarrollo tal y como lo conocemos hoy. Era, básicamente, retomar el Plan Marshall pero con una insignificante diferencia. A saber, en lugar de regalar el dinero, como se hacía con los hermanos europeos, a los nuevos Estados se les dejaba a préstamo. Para que asumieran que ahora eran independientes y tenían que vivir según sus posibilidades. Se acabó eso de llevar la colada a casa de mamá todos los viernes. Tanto tiempo a la sopa boba no podía ser bueno para nadie.
Así, a grandísimos rasgos, nos encontramos con un juego de “yo te presto tanto, de lo cual te regalo este poco, para que tú hagas lo que yo te digo que te va bien aquí –tú fíate, anda, ¿no ves lo bien que me va?- y me compras a mí todo el material, que lo tengo a buen precio”.
Y en esas andamos, más o menos, aún a pesar de las idas y venidas del señor Desarrollo, que lleva la corbata un tanto mal anudada debido al ajetreo al que le hemos sometido. Que si ahora prima el comercio, que si ahora la democracia, que si las teorías económicas neoliberales, que si los derechos humanos, que si las oportunidades de cada persona… Así no hay quien viva, oiga. Pero ¿se ha parado a pensar por qué cooperamos?
¿Por qué el Estado de España gasta al año un total de 5.744 millones de Euros al año en Ayuda Oficial al Desarrollo cuando es un hecho que en España el 24% de los niños y niñas son pobres? ¿Qué hace que el Estado, cualquier Estado, invierta tanto dinero fuera de sus fronteras mientras sigue teniendo problemas graves –los mismos por los que ayuda fuera de sus fronteras- en su propia sociedad?
Uno, que es muy de Génesis, aunque no haya leído la novela, siempre se va a los orígenes de las cosas, allá donde parece haberlos, para tratar de encontrar explicación a los problemas de hoy mismo. Los de mañana, ya se verán.
Si hablamos de un régimen de Cooperación al Desarrollo surgido de la descolonización, nos encontramos en la tesitura de tener que echar un ojo a la colonización –esa gran desconocida- para ver qué dinámicas se sucedían entonces y se asemejan a las de ahora. Y, si hacemos esto, no podemos sino arrancar con una mano las tres imágenes clásicas de la colonización: la del militar conquistador, la del administrador que va a hacer carrera y la del misionero que salva almas.
Pongamos por caso, sólo supongamos, que estos tres individuos que campaban a sus anchas por los límites de la colonización, aún se reproducen por el mundo de hoy aunque camuflados en sus uniformes. ¿Quién sería quién?
El militar podríamos pensar que es fácil. Un militar es un militar aunque lo vistan de seda, y hoy podemos seguir viendo misiones de pacificación o reconstrucción que, en sus más casos, no hacen sino encubrir una invasión deliberada de tropas extranjeras. Sin embargo, ¿qué me dicen de la seguridad privada? ¿No es cada día más importante como negocio?
El administrador, claro está, sigue ahí. Ya no dirige centralmente las decisiones del territorio colonizado, ni tiene la prepotencia de pasearse en elefante o de construirse apartados barrios residenciales sobre los vestigios de una civilización más antigua que él, como hacían los ingleses en India. Pero la figura sigue estando ahí, en la imagen del administrador de Naciones Unidas, del burócrata de la Organización Internacional de turno, del diplomático de un país, todos ellos situados en sus puestos conforme al escalafón. Los lugares más peligrosos o más incómodos, como siempre, para quienes quieren hacer carrera. Los cómodos, bonitos y elegantes, para quienes ya la hicieron.
Y el misionero. ¡Qué haríamos del misionero! Siempre dispuesto a salvar el mundo con su fe cristiana. Culpabilizando al militar por su nefasto entendimiento de la sociedad de acogida. Criticando al administrador por su mala política. Teniendo, él solo, que resolver los problemas causados por los demás. Sabiendo que sólo y exclusivamente él conoce las mentalidades colonizadas. Las interpreta y, gracias a ello, puede hacerles ver su error, conducirle a la fe verdadera, que bien puede llamarse Cristo que Desarrollo, me temo. Cooperante y Misionero son dos instituciones sin las cuales no es posible entender el encuentro colonial.
Por eso el Señor Kurtz se pregunta, ¿para cuándo el Día del Administrador? ¿Para cuándo el del soldado? Precioso día se ha quedado hoy, sí.
jueves, junio 05, 2008
La crisis alimentaria
Así podría empezar el texto final que salga de la reunión que estos días está teniendo lugar en la sede de la FAO, en Roma. Una FAO que a cada momento que pasa la tengo más inquina. El juego de estas cumbres es, básicamente, el de mostrar la preocupación de todos por el asunto. El Secretario General de Naciones Unidas, Sr. Ban Ki-moon, ha recordado a los representantes de los Estados miembros que perder la oportunidad de buscar soluciones en esta reunión equivaldría a condenar a muerte a millones de personas. Siendo en Roma no puede decirse sino Alea Jacta Est, porque de soluciones, la cumbre no andará sobrada.
El mercado alimentario mundial está subiendo los precios de los productos hasta en un 50% desde Agosto del año pasado. Esta subida hace que en Occidente hablemos ya de crisis, mientras que en los países pobres esto se llama sencillamente no comer. Muchos han señalado que el aumento del precio de los alimentos está relacionado con los biocombustibles. A comienzos de la crisis alimentaria, en el citado Agosto de 2007, los biocombustibles eran los reyes de la culpabilidad. El razonamiento era lógico. Un producto –los alimentos- habían sido desarrollados para que sirvieran para otra cosa. El cambio de valor de uso, en aumento, de este producto hace que aumente la necesidad del mismo y, por lo tanto, su precio de mercado. Ahora que los cereales sirven para algo más que para alimentarse, mientras no se aumente la producción, el precio seguirá subiendo. El Mercado es el Mercado y las cosas están así, dicen.
El mismo Presidente de Brasil, Lula, anteriormente conocido como la gran esperanza blanca para las izquierdas mundiales, y hoy decididamente debilitado como valor moral, suscribió en 2004 la Alianza contra el Hambre –por cierto, junto con el Sr. Rodríguez Zapatero, el gobierno de Chile y el de Francia- en un intento por trasladar su programa político hacia lo internacional. Él había salido elegido un tiempo antes como Presidente de Brasil con un programa que llevaba el compromiso de lograr “que todos los niños brasileños puedan desayunar cada día”. Algo tremendamente loable, pero que desde que llegó no ha tomado en serio si nos atenemos a los resultados. Está bien eso de pedir lo imposible, pero es trágico si no lo logras. Lula ha llegado a Roma con la intención de defender la bondad de los biocombustibles. Brasil es uno de los países que más está invirtiendo en esta tecnología –en términos relativos, claro-, y si de la Cumbre saliera un compromiso para aparcar su implantación vería su modelo energético seriamente tocado, Más aún cuando el gobierno boliviano de Evo Morales le cerró la puerta de abastecimiento de gas en 2006 en la nacionalización más contenida que se ha podido ver en los últimos 40 años.
Lula no se encontrará con una gran fuerza por lastrar el desarrollo de los biocombustibles. La realidad es que la Cumbre no está funcionando en el sentido de poner a los Estados miembros en un mismo nivel de análisis. O quizás sí.
Quizás sí porque todos saben bien a dónde señalar, pero poco o nada pueden o quieren hacer. Hace poco tiempo escuchábamos la noticia de que la cadena de supermercados más grande de Estados Unidos había anunciado que limitaría la compra de arroz a cuatro sacos por persona. No sé qué cantidad de arroz se consume en Estados Unidos, pero para mí cuatro sacos me resulta bastante arroz. La medida, extraordinaria para un mercado de libre comercio donde uno compra todo lo que quiere y puede, impactó en el mundo. La crisis alimentaria era tal, se decía, que hasta en los Estados Unidos estaban empezando a racionar el arroz. No importaba que el responsable de agricultura del Gobierno de Bush saliera en una rueda de prensa diciendo que a él le registraran, que según sus cuentas había arroz más que de sobra para abastecer todos los Estados Unidos de Norteamérica.
Con esta anécdota ilustramos a uno de los primeros causantes de la crisis alimentaria: la especulación. Pensemos que Wall-Mart, que así se llamaban los almacenes, habían comprado una gran cantidad de arroz hará, por lo menos, dos meses antes de anunciar el racionamiento. En el tiempo que va desde que compraron el arroz hasta que lo pusieron a la venta, el precio del arroz en el mercado internacional ha subido estrepitosamente y Wall-Mart se encuentra que, aún sin haber obtenido beneficios por ese arroz barato, está comprando arroz caro. Una solución sería la de subir el precio final del arroz barato y que el consumidor asumiera los esfuerzos. Más beneficios para Wall-Mart. Pero si tus márgenes de beneficio están estrictamente controlados, no te queda otra que deshacerte lo más rápido posible del arroz barato. Lo racionas, anuncias el razonamiento, la gente acude en masa a comprar arroz por si se acaba y te preguntan si los niños de 8 años también pueden comprar 4 sacos: ya tienes el almacén vacío del arroz barato.
Junto a la especulación, encontramos el I+D. Los transgénicos vienen siendo reclamados como la solución para todo. Es el camino que nos traerá más y mejores alimentos. Algo parecido a lo que era la Revolución Verde de hace unas décadas y que, por desgracia, trae los mismos problemas. Con los transgénicos pasa que la variedad de cultivos se pierde en función de las características genéticas que ha decidido la industria. Si ésta fuera sabia e infalible, no pasaría nada. Pero la experiencia nos demuestra que la industria es una creación humana, sin divinidades de por medio, y por lo tanto se equivoca en tanto en sus análisis como el mejor de los humanos. Así que no se le puede dejar encargada de la selección genética y la globalización de una semilla en contra de otra. Además, convirtiendo la semilla en un producto industrial, lo que consigue la implantación de transgénicos es situar a los agricultores en un plano de dependencia aún mayor. Ya no sólo les hacen falta inversiones para lograr la maquinaria y aumentar sus beneficios, sino que además han de pagar una semilla-industrial mucho más cara que la natural por llevar un valor añadido que antes no llevaba.
¿Qué queda entonces? ¿Qué queda cuando las soluciones más novedosas como los biocombustibles y los transgénicos no ofrecen nada definitivo? … En efecto, queda el viejo y omnipresente comercio. El gran Capital. Es obvio que los Estados miembros en la Cumbre no van a estar de acuerdo en cambiar la situación del comercio agrícola mundial. Que se mueran millones de personas no es suficiente para echar a perder años de brillantes modelos económicos. Pero, me temo, aunque lo hicieran esa tampoco sería la solución. Al menos en los términos que se están planteando las cosas.
El comercio internacional está estructurado de manera que se promocione el libre intercambio, sin aranceles ni limitaciones. Los productos industriales, las materias primas, todo puede ir y venir de un lado al otro de la frontera sin, en general, restricción arancelaria ninguna. Este simpático orden comercial viene a cuento por la voluntad de creer en el libre comercio, en la no intromisión del Estado –ese ente- en la sabia voluntad del Mercado. Sin embargo, desde los mismos foros en donde se promueve el librecambismo, surgen propuestas para financiar a los agricultores de los países ricos y limitar la entrada de los productos agrícolas de los países pobres. Los más adinerados del planeta defienden su industria agrícola a pesar de que se muestran claramente en inferioridad frente a los productos agrícolas de los más pobres. Producir un litro de leche en Galicia sale extremadamente más caro que
producirlo en Etiopía; la lógica de mercado nos diría que el lechero gallego ha de desaparecer y Etiopía habría de desarrollar una industria láctea de tal calibre que sería capaz de vender leche a Galicia. Así todos se repartirían riqueza, pues la división internacional del trabajo organizaría el mundo entre ricos productores de chips en Estados Unidos, ricos pescadores gallegos y riquísimos productores de leche etíopes. Lástima que la realidad venga a reventar el modelo de nuevo.
La propuesta internacional frente a los aranceles y las subvenciones que los ricos dan a su agricultura es el mercado libre y la división internacional del trabajo. Que los ricos supriman las medidas que lastran la incorporación de los pobres al mercado internacional, impidiéndoles desarrollar su ventaja comparativa y, por lo tanto, impidiéndoles salir de la miseria de sus vidas ¿verdad? Esto es lo que se propone en Roma estos días de lluvioso Junio. Esto, y no otra cosa, sería considerado un éxito a nivel mundial, una victoria para los países pobres.
Sin embargo si nos paramos a analizarlo con un poco de calma –y ya sé que el post está quedando un poco largo- veremos que no es así. ¿De verdad alguien piensa que un etíope se puede hacer igual de rico que Bill Gates vendiendo leche a todo el mundo? La historia de la economía internacional nos demuestra que los países ricos han podido serlo protegiendo sus mercados. Los aranceles han sido fundamentales desde Enrique VIII y su política lanera. Ningún país se ha hecho rico vendiendo sus productos agrícolas. Ningún país que venda sus productos agrícolas va a dejar de sufrir hambrunas –en especial porque si su agricultura está orientada a la exportación cultivará en demasía un producto, como el café, con el que es imposible subsistir y del que no es dueño de los precios que le pagan. Las hambrunas se acabaron en Europa el día que comenzó a florecer una industria fuerte. La industria hacía más productivos los campos al desarrollar tecnologías. La industria hacía que el flujo monetario de un país fuera mayor y que, por lo tanto, la gente pudiera comprar más productos agrícolas.
Es extraño que la Cumbre de Roma, auspiciada por FAO, para tratar de solventar la crisis alimentaria tenga más que ver con la industria de los países pobres que con la agricultura. Sí, es una solución que no finiquita la grave situación que hoy día encontramos –para eso hay otras alternativas- pero, si ya el Banco Mundial está diciendo que la crisis durará hasta 2015, urge una preocupación por estos problemas y no un análisis tan simplista como que los problemas del comercio agrícola se solucionen con… más comercio.
[Para más referencias, no sean tímidos y consulten con el correo electrónico del blog. Si son tímidos pueden preguntarle al Sr. Hang mediante la lectura de Retirar la escalera. La estrategia del desarrollo en perspectiva histórica. Catarata, 2004.]
viernes, mayo 23, 2008
Un barquito de cáscara de nuez
No han cesado los ecos del secuestro del barco vasco en la costa de Somalia cuando nos llegan noticias de un nuevo secuestro de occidentales, esta vez cooperantes italianos, en el mismo país. Las explicaciones de los Mass Media son siempre tan simplistas que el análisis se reduce a calificar a los secuestradores como piratas y reclamar a los gobiernos el envío del apoyo militar necesario para que situaciones como estas no se vuelvan a repetir. La imagen del secuestrador es la del tipo desordenado, gobernado por un ansia de salir de la pobreza y un estigma de vida violenta. La lógica, entonces, es la de la piedad, porque son tan pobres, y la indignación, porque son tan salvajes.Pero nadie se para a leer qué significan todos estos secuestros. Ni siquiera se para a pensar que el secuestro de las dos cooperantes españolas y una argentina a comienzos de este año quizás tenga algo que ver con el secuestro del pesquero vasco. Más allá de la nacionalidad de los secuestradores, dato irremediablemente señalado con la más mínima excusa.
Analizando el secuestro pesquero podemos observar que el gobierno español se decidió por pagar el secuestro. Qué hacer, sino, ante tal cúmulo de salvajismo acumulado. No se puede negociar con quien no entiende los términos de la negociación, de la ley y de la vida civilizada.
Por eso no se negocia con ellos, los secuestradores, ni se negocia allí donde ha habido el secuestro, Somalia. Las conversaciones mantenidas por los representantes del gobierno español tuvieron lugar en un céntrico hotel londinense de cinco estrellas. Como interlocutores, en el otro lado de la mesa, no estaban esos paradigmas de salvajes, sino el sumun de la civilización occidental: el equipo de abogados de uno de los bufetes más prestigiosos del Reino Unido. Al final la cosa no parecía tan rudimentaria ¿no? Y la escenificación de la escena seguro que no difería demasiado de la negociación de cualquier acuerdo compensación económica. “Miré, estas son nuestras tarifas”; “Pues es que con estas no me cuadra el presupuesto por culpa del capítulo quinto ¿no tienen precio amigo?”.
Somalia fue un país que tuvo la mala suerte de caer víctima de una guerra cruzada. La primera, originaria, creó el conflicto civil que masacró a la población y dio paso a la otra, el conflicto global. Como éste, Somalia no logró salir de ninguna de las dos y ahí se quedó, abandonada en mitad del océano sin nadie que negociara con sus secuestradores con un Hornimans en la mano derecha y el meñique levantado.
La guerra local dejó Somalia dividida en distintos grupos dirigidos por Señores de la Guerra y, cuando las tropas de la ONU se retiraron ante su incapacidad en el arte de la paz, al auxilio de éstos acudieron los otros elementos del régimen internacional: la delincuencia organizada. Proporcionándoles ayuda militar, los conglomerados de empresas y particulares obtienen a cambio un beneficio de los crímenes cometidos por estos ejércitos en miniatura.
Convertida en la oveja negra del sistema internacional, Somalia pasa por ser el único territorio de importancia en el mundo que no está controlado –en la medida de lo posible- por una entidad estatal. Sí existen figuras más o menos administrativas, como Somaliland, que a pesar de no contar con el reconocimiento internacional, tratan de ejercer las labores mínimas de un Estado y considerar su desarrollo político en el marco de unas fronteras políticas bien definidas. El resto del territorio queda abierto a la especulación y a la delincuencia, con una guerra civil de por medio y la paradigmática calificación de Estado Fallido.
Siendo una Tierra de Nadie, todo allí se puede obtener. Bien lo saben los pescadores vascos que allí faenaban cuando fueron secuestrados. Los caladeros de Somalia son unos de los más esquilmados del Océano Índico y reciben visitas de embarcaciones de todas partes del mundo que, sin pagar derechos de pesca por no haber Estado con quien firmar el Tratado, llenan su hucha lo antes posible sin importar leyes o normativas nacionales con el fin de subsanar la crisis de su mercado.
Somalia aparece como la respuesta a muchas de las situaciones de crisis que se viven hoy día. Es un lugar del común de las políticas internacionales que expresa el abandono al que, deliberadamente, se le ha sometido por parte de la Comunidad Internacional. Y de manera sistemática, a esta tierra por la que en su día se peleaba Mussolini para hacer de Italia un Imperio, se la reprocha su incapacidad para poner fin a la violencia.
A la población somalí se la criminaliza, culpabilizándola de su pobreza por culpa de una guerra de la que se la hace responsable. El Desarrollo, esa piedra filosofal, no se puede dar sin esa cosa que llaman Seguridad y a la que ahora parece que el pobre ha de encomendar su vida. Si eres pobre, el mundo no podrá soportarte porque el rico pensará que quieres tener lo que él tiene, que lo ansías y deseas con tal fuerza que arriesgarás lo poco que tengas con tal de agarrarlo con tus manos.
Ahora resulta que el pobre no es pobre porque haya ricos. Ni que existan, como bien decía Vázquez Montalbán, Países subdesarrollados porque existen Países subdesarrollantes. No. Ahora el pobre es pobre porque no tiene las condiciones de seguridad necesarias para poder dejar de ser pobre. Y cambia el objeto de la cooperación al desarrollo. Y la pacificación de las zonas a desarrollar se convierte en el foco principal del sistema internacional.
Sobre la base, trasciende una visión liberal de la Historia. Donde todos los Estados pueden alcanzar el mismo nivel de desarrollo –suponiendo la existencia de éste- bajo la batuta de unos principios económicos que, de no encajar con la pieza de la sociedad, se golpea y se golpea hasta que entre. No hay alternativa para los pobres salvo rendirse a lo evidente: que su pobreza viene dada por su condición moral y su tendencia al conflicto. Y no de la economía y la política de quienes viven por encima de sus posibilidades. No al revés, eso por supuesto.





