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martes, febrero 11, 2014

El sueño liberal en África Subsahariana, de Itziar Ruiz-Giménez Arrieta (ed.)

Ocurre con el africanismo español que gira en torno a un polo madrileño que se ha labrado su fama. No estamos hablando de una competencia férrea, sino de un grupo de investigadores formados al calor del Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos de la UAM que aúnan conocimientos, trabajo y capacidad de cooperación con otros grupos e instituciones. Así, en apenas tres años hemos visto cómo el Grupo de Estudios Africanos de la UAM ha liderado el octavo Congreso Ibérico de Estudios Africanos y la publicación de dos buenos libros sobre los conflictos en África Subsahariana. Vale que el que suscribe se formara en el seno del doctorado que dio paso al Máster antes mencionado, pero es que los chicos valen su peso en oro.

En 2012 nos ofrecieron, en su Más allá de la barbarie y la codicia, una recopilación de análisis sobre las causas de las guerras en África Subsahariana. Explicaron lo inexplicable: que en África las guerras y los conflictos son políticos, no atávicos. Que los actores que intervienen en ella no son locales, sino globales y glocales.  

Con este reciente El sueño liberal en África Subsahariana. Debates y controversias sobre la construcción de la paz tienen como punto de vista analizar las diferentes implementaciones de la Paz Liberal en la intervención en conflictos subsaharianos. Los proyectos de reconstrucción de una paz normalizada a través de la amalgama de actores locales y globales, pero especialmente de estos últimos.

lunes, julio 11, 2011

Derechos Humanos: uno de los rasgos de identidad del mundo de la post Guerra Fría

Itziar Ruiz-Giménez, profesora universitaria de relaciones internacionales y que hace poco fue presidenta de Amnistía Internacional, dirige la edición del último número de la Revista Académica de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid. El número está dedicado al estudio del régimen internacional de Derechos Humanos desde el fin de la Guerra Fría.

Se incluyen artículos tan interesantes como la actualización del artículo The social construction of Human Rigths, de Jack Donnelly, en el que se repasa la evolución histórica del régimen internacional de protección de los Derechos Humanos.

También se reproduce un informe de Amnistía Internacional sobre la política exterior española, un artículo sobre el ámbito de la empresa y otro sobre las personas desplazadas internamente.

Además, en las secciones habituales de reseñas de libros, ya sean en su formato tradicional o en el formato de review-essays sobre dos obras, el número de la Revista Académica de Relaciones Internacionales aborda temas como el poder en la República Rusa o el imperialismo. Sin olvidar, por supuesto, al reseña del reciente libro de Jane Burbank y Frederick Cooper sobre la configuración histórica de los imperios, de gran interés para los africanistas.

Y, como siempre, todos los artículos disponibles de manera gratuita en su web.

martes, marzo 29, 2011

Cinco preguntas sobre Libia

Desde que la coalición de Estados occidentales, liderada por Francia y EEUU, comenzó la intervención en Libia has sido varias las incógnitas que me han planteado diversos amigos sobre el conflicto. Este es un humilde intento por contestar algunas de ellas.


Una de las cosas que han llamado la atención han sido la cantidad y el tipo de arsenal militar del que disfrutan los miembros de la resistencia. Para entender esto debemos primeramente observar quiénes constituyen la resistencia.

El clima de protestas y rebeliones que respira el mundo árabe tras la caída de Túnez y Egipto, sumado a la voluntad de Gadafi de reprimir violentamente cualquier manifestación en su contra, provocó que cierta parte del ejército libio abandonase su disciplina militar y se sublevara. Esto explicaría una parte del arsenal con que cuenta la milicia y las imágines de ésta siendo aleccionada e instruida por personas de uniforme.

Pero además se ha de contar con que Libia era una de las puertas de entrada del tráfico de armas para los conflictos africanos. Un informe del Grupo de Investigación e Información sobre la Paz y la Seguridad (GRIP) con sede en Bruselas informaba en 2008 de que las armas empleadas en conflictos como el de la República Democrática del Congo señalaba a Libia como una de las plataformas del tráfico ilegal de armas. De ahí que la primera resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Libia, 1970 (2011), fuera en el camino de endurecer las medidas para evitar el tráfico ilegal de armas y, por tanto, limitar los arsenales oficiales y rebeldes.


La bandera que enarbolan los rebeldes y que tan ampliamente han difundido los medios de comunicación occidentales como bandera monárquica es, en realidad, la primera bandera del país. Libia fue el primer país en obtener la independencia tras la Segunda Guerra Mundial, cuando los aliados la liberaron de su periodo colonial italiano y pasó a establecerse una monarquía. En 1969 Gadafi da el golpe de Estado por el que se alza con el poder y no es hasta 1975 cuando decide cambiar la bandera del país por la que hasta hoy es la bandera oficial. Al llegar al poder Gadafi se intenta reinventar a sí mismo como uno de los líderes del socialismo no alineado. Escribe un texto que bautiza como Libro Verde reproduciendo los pasos de Mao Tse Tung y su Libro Rojo. Uno de sus principales idearios era la consecución de una unidad árabe, idea muy popular en esos años y sobre la que se imponía un color como símbolo : el verde. El mismo del que coloreó la nueva y, hasta hoy, oficial bandera de Liba.


Cuando estalla una guerra en la que interviene un país occidental todo el mundo corre a ver las cuentas corrientes de dicho país para explicar los motivos. Que las guerras son movimientos de los poderosos para acaparar más riqueza o más poder que le conduzca a la riqueza es algo que ya está inventado, como la pólvora. Por eso que en el caso de Libia miremos las cuentas corrientes y no veamos nada claro a primera vista desorienta un poco.

EEUU y Francia lideran la coalición militar y han guiado al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en la resolución 1973 (2011) que permita el uso de la fuerza. Y sin embargo ninguno de ellos tiene intereses económicos aparentemente comprometidos con la estabilidad del país.

El principal socio comercial de Libia es Italia. Ya se ha movido por la web un vídeo de Berlusconi besando la mano de Gadafi y el Parlamento italiano, el día que votó el apoyo a la intervención, notó la ausencia del Primer Ministro italiano, que se ausentó inexcusablemente. Con la caída del régimen, es el país europeo que más tiene que perder.

La ausencia de Gadafi abriría a otros actores la negociación de contratos en materia de energía. Los franceses ya han perdido concursos de concesiones estatales libias frente a los italianos, y un cambio en el poder libio quizás haría inclinar la balanza a su favor.

EEUU no se suministra con petróleo libio, aunque sí China –y de ahí se explica su predisposición a vetar la intervención. Sin embargo los primeras voces a favor de la exclusión aérea –término que implica el ejercicio de la fuera aérea- vinieron del grupo de asesores del presidente George W. Bush, los conocidos como halcones, que planearon la invasión de Iraq en 2003. Interpretar que si EEUU gana el acceso al petróleo libio China lo pierde es hacer un falso juego de suma cero.

En realidad, la salida de Gadafi permitiría a EEUU abrir una nueva fuente de petróleo, si bien no con un peso muy importante, sí con un peso relativo muy necesario en su política de diversificación del suministro. Además, no hay que olvidar que la península arábiga, de donde procede la mayor parte de su petróleo, está también envuelta en un clima de rebelión democrática que puede no favorecerle. China podría consentir –como ha hecho- a cambio de asegurarse seguir manteniendo sus cuotas de suministro o poder participar más en otras regiones. Y es así como obtenemos un juego win-win que permite el voto favorable de uno y la abstención del otro en el Consejo de Seguridad.

Pero aquí no acaba la cosa. Tras Túnez y Egipto, Libia podía haber caído o, al menos, desestabilizarse. Es muy probable que Francia no tenga más intereses en Libia que los de asegurarse algún contrato, pero lo que sí es seguro es que la clave en la estructura político-económica francesa tiene un nombre: Argelia. La desestabilización libia podría dar alas a una ya de por sí soliviantada rebelión argelina de consecuencias impredecibles, con actores islamistas contrarios al comercio con Francia y unas inversiones energéticas europeas ya comprometidas. Demasiado que perder explica el liderazgo francés en la intervención –junto con otras cuestiones de carácter interno que no nos detendremos a explicar.


Gadafi promocionó en el pasado intervenciones terroristas contra intereses occidentales. También financió a todo tipo de guerrillas que se levantaban contra gobiernos cómodos a los ojos de Europa y Estados Unidos. Así fue como, poco a poco, con el continuo pasar del fracaso de los movimientos revolucionarios mundiales, el país se quedó aislado de la política internacional del centro del sistema. Incluso en 1986 EEUU realizó un bombardeo sobre el país con el fin de atacar los intereses de Gadafi.

Desde el 11S la estrategia de occidente con respecto a Libia cambió. Se le requirió como vigía de occidente en los campos de entrenamiento yihaddistas en el Sahara y como Estado tapón frente a la inmigración africana hacia Europa. Además de ser suministrador de petróleo para el continente, Tony Blair llegó a proponer en la cumbre de la UE de 2002, en Sevilla, la construcción de campos de internamiento en suelo libio con la finalidad de enviar allí a los demandantes de asilo político en territorio europeo hasta que se resolviera su expediente.

Los motivos del nuevo bombardeo a Libia sólo se explican, por tanto, si se tiene en cuenta el contexto internacional del momento. Cuando las revueltas de Túnez y Egipto estaban en su punto álgido, especialmente esta última, los países occidentales comenzaron a acusar las presiones de la sociedad civil internacional que les demandaban un mayor compromiso con la democracia global y las revueltas pacíficas. Los tiempos entre el final de la revolución en Egipto y el comienzo en Libia –y sus similitudes de protesta pacífica- coincidieron y los discursos de apoyo a la democracia egipcia se interpretaron como un apoyo a las protestas libias. Los países occidentales han sido, por tanto, esclavos de sus palabras, demostrando que, por cínico que nos parezcan los discursos, muchas veces estos tienen su importancia y obligan a los Estados a seguir una línea política y no otra.


Defender los Derechos Humanos a bombazos es una actividad que recuerda mucho al Ministerio de la Paz de 1984. Sin embargo, en ocasiones, tomar este camino es irremediable. Una vez que, como bloque de Estados, te has posicionado a favor de la caída de un dictador alegando que viola los Derechos Humanos y que, además, en dicho país ha surgido una resistencia armada que es interpretada como democratizadora del país, te quedan pocas escapatorias para no intervenir militarmente. Itziar Ruíz-Giménez lo explica muy bien en su libro La historia de la intervención humanitaria. Durante los años 90 se estableció la norma de intervenir militarmente a favor de la defensa de los Derechos Humanos. Es cierto que dicha norma se quebró tras la salida de Somalia, pero los Estados occidentales quedaron colgados de ese discurso intervencionista y rompedor con el régimen de soberanía estatal.

Eso sí, como hicieron en el caso de Kosovo, las potencias occidentales han procurado dejar bien claros dónde están sus límites. En la resolución del Consejo de Seguridad se habla tan sólo de mantener una zona de exclusión aérea, lo que deja a una intervención terrestre fuera de todo programa –salvo operaciones especiales puntuales. Es una guerra legal –no como Kosovo- que trata de evitar la violación de Derechos Humanos en Libia. Es, por tanto, una intervención humanitaria.

Que sea humanitaria no significa que sea buena, ojo. Una guerra es una guerra, se sabe cómo comienza y no cómo acaba. Se sabe contra quién se hace, pero no contra quién se acabará. Se saben los objetivos iniciales, militares y políticos, pero no se sabe qué atacar cuando éstos se acaban y el dictador sigue resistiendo. Y, por supuesto, se sabe que causará daños a la población civil, pero se les llama daños colaterales.

viernes, marzo 25, 2011

Winners, de Mercedes Goiz y Luis Bardón

Haciendo frontera con Costa de Marfil, Sierra Leona y Guinea-Bissau, la República de Liberia es uno de esos casos paradigmáticos del conflicto africano de los 90. Su realidad social, política y económica se puede interpretar, y se ha interpretado, desde todos los ámbitos con el fin de explicar o justificar teorías tales como el nuevo barbarismo o la imposibilidad de gestionar una paz africana.

Su conflicto, que puedes entender muy bien a través del libro de la profesora Itziar Ruiz-Giménez, Las buenas intenciones, finalizó en 2003 con la instauración de un gobierno de transición y en el año 2005 el pueblo de Liberia eligió a Ellen Johnson-Sirleaf como Presidenta, convirtiéndose en el primer país africano en nombrar a una mujer como máxima autoridad estatal.

En el marco de la recuperación de la sociedad civil tras el conflicto, el documental de Mercedes Goiz y Luis Bardón nos cuenta la historia de unas mujeres liberianas y de su lucha por superar las heridas del conflicto. Son 18 minutos de gran calidad, técnica y humana, que te recomendamos desde aquí. Por motivos técnicos no se puede colocar el vídeo directamente en el blog, pero si quieres verlo puedes pinchar en el enlace de más abajo.

Por cierto, que según parece los autores están proyectando un documental de más larga duración sobre la situación de la mujer en Liberia en el marco de las próximas elecciones del mes de octubre de 2011, las primeras sin el tutelaje de ningún organismo internacional. Si quieres apoyarles o quieres conocer algo más del proyecto, ponte en contacto conmigo y les pasaré todos los comentarios.