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lunes, febrero 23, 2009

Imagining the Congo, de Kevin C. Dunn (II)

Cuando en 1960, el 30 de Junio, el Rey Balduino concede la independencia al Congo, tres discursos se enfrentarán entre sí. El discurso belga será internamente doble. Por un lado los socialistas verán la necesidad de independizar el Congo para conservar sus intereses en la zona, mientras que los conservadores creen que la inmadurez de los congoleños les hará caer en manos del comunismo internacional. Siempre presente estará la política del “Notre Congo”, que implica una condescendencia hacia los congoleños y un derecho de actuación en lo que se consideraban asuntos internos de lo belgas. Frente este discurso colonial, Lumumba, líder congoleño, ejercerá otro bien distinto entendiendo la soberanía no como un regalo del padre belga, sino como un derecho del pueblo congolés. Lumumba dispondrá de un discurso nacionalista que hablará de explotación belga de los congoleños. Este discurso nacionalista, aceptando las fronteras delimitadas por el colonialismo, se enfrentará a las interpretaciones más regionales de otros líderes congoleños como Tshombe y Kasavuvu.

La tercera visión del conflicto residirá en los EEUU. Los norteamericanos tendrán una triple visión con respecto al congo. Un doble paternalismo, hacia los mismos congoleños, a los que debe ayudar a salir del caos, y hacia las potencias coloniales, que necesitan ser ayudadas. Otra visión de EEUU en la zona será la dicotomía de la Guerra Fría, viendo en el conflicto elementos desestabilizadores del enfrentamiento intersistémico. Por último, y quizás a consecuencia de las otras dos visiones, EEUU percibe a Lumumba como el generador del caos. La demonización de la figura de Lumumba provocará que EEUU considere eliminarlo físicamente.

La muerte de Lumumba llevará a un periodo de lucha por el poder que contribuye a la visión del Congo como caos. Frente a ella se alza en 1965 la figura de Mobutu, militar apoyado por EEUU que se hará con el poder mediante un golpe militar. Mobutu supo aprovechar muy bien las imágenes que desde el exterior se tenían del Congo. Hizo ver a EEUU que la única solución posible para el Congo era él. Mobutu era igual a estabilidad, sin él sólo habría caos. Como EEUU no tenía más que la visión de que un Congo en caos propiciaría su entrada en el bloque soviétic, y eso a pesr que la URSS había utilizado a Lumumba sólo publicitariamente, sin llegarse nunca a plantear, según Dunn, una intervención. La URSS terminó por apoyar a este militar capaz de ver comprometida su voluntad si el dinero era el suficiente.

El discurso de Mobutu fue el primer discurso surgido de la tierra congoleña en introducirse en las redes discursivas occidentales. Esto fue posible por su disposición de medios, antes no conocida por congoleño alguno. Desde su púlpito, Mobutu inició la llamada campaña de “Autenticidad”, borrando toda reseña colonial de la región. Obligando a africanizar los nombres de sus propios ciudadanos, impidiendo los nombres en francés, él mismo se cambió de Joseph Mobutu a Mobutu Sesee Seco, renombrando el río y el país, al que se pasó a denominar Zaire. Esta política tuvo mucho éxito en la naciente ideología del tercermundismo, pues era vista como un barrido con la historia colonial. Sin embargo la política de “Autenticidad” se fue transformando poco a poco en una política de culto a la personalidad de Mobutu, en el mobutismo. Emergiendo como la figura responsable de todo el orden y estableciendo una privatización del Estado zaireño, Mobutu se hizo con el control del Estado. En los discursos encaminados a las potencias occidentales, Mobutu reforzó la imagen que de él tenían los EEUU. Asegurando la estabilidad de Zaire, EEUU le consideraba el mayor aliado en la zona.

La llegada de los 90 propiciará cambios importantes en la zona. El fin de la Guerra Fría hace que EEUU pierda su interés en la zona y provoca que, en el plano internacional, sean los DDHH y no los intereses nacionales de cada país, los encargados de juzgar a los regímenes. Con los acontecimientos del genocidio de Ruanda, EEUU volverá a mostrar a Mobutu como su aliado en la zona, reforzando sus lazos y regresando a la dicotomía Mobutu o el caos. Sin embargo, otra imagen dominará la región desde mediados de los 90. Es la imagen del cáncer. Cáncer que sufría Mobutu y por el que morirá en 1997, cáncer para el Zaire que era considerado Mobutu, que será derrocado por la rebelión de Kabila, y cáncer del mobutismo zaireño para el nuevo régimen de DDHH y desarrollo en la región.

La política de la región en los 90 dejará de moverse exclusivamente por motivaciones internacionales, y pasará a una regionalización de la misma. En ella, las relaciones del régimen de Mobutu con Uganda, Burundi, Ruanda, Sudán, Angola o Zimbabwe, determinarán los apoyos de uno y otro bando. Kabila logrará movilizar a las tropas del este con el apoyo de Ruanda y Uganda, haciéndose con el control del país en poco tiempo. El discurso que Kabila ofrecerá será el de un regreso a las políticas lumumbistas, la demonización de Mobutu y el restablecimiento de la identidad congoleña. Se recuperará la bandera premobutista y se renombrará al país como República Democrática del Congo. Sin embargo, un nuevo elemento del discurso terminará por hacer más complejo el conflicto. Mobutu, antes de caer, llevó a cabo unas reformas de pretendida democratización, adaptando formalmente su régimen a los requisitos de la comunidad internacional. Se creó un Parlamento del que salió una lucha regional en Kivu. Mobutu cometió el error de crear una lucha entre diferentes etnias, y eso provocó el levantamiento de fuerzas identitarias que él no controlaba. Kabila, haciéndose fuerte en estas relaciones de identidad logró el apoyo necesario para hacerse con el poder. Sin embargo, el propio Kabila llevó una política de régimen étnico, lo que provocó su salida y su asesinato por no beneficiar a aquellas etnias apoyadas por Uganda y Ruanda.

El discurso del Nuevo Barbarismo ha vuelto a tomar los acontecimientos del Congo, como siempre se ha hecho a lo largo de la historia, como paradigma de la política africana. Según esta explicación simplista, lo africano no es susceptible de ser democratizado, de ser modernizado y, por tanto, no merece la pena actuar para con ello.

miércoles, febrero 18, 2009

Imagining the Congo, de Kevin C. Dunn (I)

El libro de Kevin Dunn trata sobre las relaciones del Congo con los agentes exteriores según el discurso de la identidad, de hecho su subtítulo es toda una declaración de intenciones: The International Relations of Identity. Desde el principio, Dunn afirma que estudiar la identidad del Congo es estudiar las imágenes que de África se tienen en occidente. En él la imagen colonial recreó todos los mitos sobre África asentándolos como hechos irrefutables, lo cual explica su permanencia hasta estos días. La imagen del Corazón de las tinieblas de Conrad aún no ha desaparecido, creando un complejo bloque de imágenes las cuales primeramente las disfrutaban los colonizadores, más tarde se mostraron en las relaciones entre éstos y los colonizados y, por último, entre los mismos colonizados. En una obra de similar planteamiento al estudio del orientalismo que hace Edward Said, Dunn nos acerca a la historia de una región que, como tal, no existía hasta que los europeos la crearon y que al sufrir una colonización tardía, muestra de manera brutal las derivas del colonialismo y de las políticas posteriores respecto a África. Dunn estructura el libro en 4 grandes capítulos que solapan los 4 momentos más importantes de la historia congoleña, a saber: Colonización, Proceso de Independencia, Gobierno de Mobutu (Zaire) y caída de Mobutu y rebeliones desde el este del país.

El proceso tardío de colonización del Congo implicó la creación misma del espacio físico de la colonia. Antes de llegar los europeos, la región del Congo no mantenía ninguna estructura institucional común. Los europeos, en concreto Leopoldo II y Stanley, fueron los que crearon una identidad espacial, delimitada con fronteras, donde se homogeneizó a todas las poblaciones africanas que en él residían. La “ciudadanía” congoleña, por tanto creada por los belgas, fue concebida como incapaz de ser realizada o desarrollada por las poblaciones africanas. Al africano se le concibo como un ser más animal que humano, materialista y de él surgieron dos imágenes realmente importantes en la historia del Congo. Se le feminizó, es decir, se le adjudicaron los elementos que la identidad europea otorgaba a las mujeres, por tanto eran incapaces de salvarse a sí mismos, debían ser salvados. Por otra parte, eran conceptualizados como un “hijo” lo que establece a los europeos como “padres” que han de guiar a su hijo por el buen camino. Estas dos imágenes van a resultar muy importantes, y podemos rastrear su presencia a lo largo de todos los discursos occidentales, no sólo sobre el Congo, sino sobre toda África.

El Rey Leopoldo II consiguió, a su vez, la creación de una identidad nacional belga en el espejo de la identidad congoleña. Bélgica se concebía a sí misma como una nación poderosa capaz de mantener un imperio en pié. Así mismo, y en el plano más materialista, Leopoldo II vio en la posesión de colonias la manera más rápida de desarrollar la economía belga, sustrayendo materias primas que, como el caucho, tenían una nueva importancia creciente. La intervención colonial belga fue duramente criticada por la campaña del Movimiento para la Reforma del Congo iniciado en Gran Bretaña. Este movimiento demuestra que, a pesar de las feroces críticas que se hizo a Bélgica por sus métodos colonizadores, no se planteaba ninguna crítica a las concepciones sobre los africanos. Leopoldo II se hace con la colonia en un intento de liberar a los africanos del yugo esclavista árabe (imagen femenina). Civilizando a estas poblaciones, las situaciones de esclavitud ya no se volverían a producir. Este discurso belga chocó con las denuncias de dicho Movimiento que, en su campaña del “Caucho Rojo”, denunció la brutalidad de los métodos empleados. Detrás de estas críticas no se escondía más que el rechazo al establecimiento del monopolio comercial belga en la región pues, cuando en la Conferencia de Berlín Leopoldo II logra el apoyo para legitimar su presencia en la zona, lo hace con la particularidad de no ser una colonia estatal, sino una colonia propiedad del rey, asociada a la Asociación Libre del Congo y con la obligación de establecer unos mecanismos que aseguraran la creación de una zona de libre comercio. Cuando la campaña del “Caucho Rojo” estalla, no lo hace para criticar la necesidad de civilizar el Congo, sino para criticar que el libre comercio se encuentra limitado.

miércoles, enero 21, 2009

Mozambique, de Roberto M. Della Rocca

El libro de Della Rocca es un relato de los acontecimientos en el proceso que llevó a pacificar Mozambique. De dicho relato se pueden extraer varios elementos de análisis de las situaciones conflictivas y de cómo una estructura flexible puede ayudar a poner punto y final a dicho conflicto. Desde un principio ya advierte el autor que los acontecimientos que llevaron a poner fin a la lucha armada entre el FRELIMO y la RENAMO son sólo válidos para la situación de Mozambique. No se pueden extrapolar a otro conflicto ni son susceptibles de ser sintetizados en un modelo.

Aunque desde aquí se está de acuerdo en esta afirmación, así como en aquellas visiones que afirman que los modelos de resolución de conflictos estructurados fuertemente no funcionan, se disiente con el autor en distintos aspectos. Los acontecimientos de Mozambique tienen una serie de características que provoca que haya que tenerlos en cuenta en cualquier estudio de resolución de conflictos en un continente como el africano. El conflicto mozambiqueño surge del proceso de descolonización tardío emprendido por Portugal tras la Revolución de los claveles. La metrópoli europea fija un día en el calendario tras el cual la soberanía le pertenecerá al pueblo mozambiqueño. Durante los anteriores, Mozambique había sufrido una guerra de independencia elaborada por el Frente de Liberación de Mozambique, el FRELIMO. De inspiración marxista, el FRELIMO quedó como único responsable mozambiqueño tras la marcha de toda la estructura colonial portuguesa.

Frente al FRELIMO surgió la RENAMO, Resistencia Nacional Mozambiqueña. Estas fuerzas se opondrán al programa ideológico del FRELIMO y, según varios autores aunque nadie ha podido constatar vínculos, su formación estuvo promovida por la Sudáfrica racista, que sumida en un contexto de sanciones internacionales, utilizará el puerto de Maputo como punto clave para su comercio exterior. Existían pues dos agentes ideologizados y alineados con ambos bandos de la Guerra Fría, aunque si bien, Estados Unidos jamás llegó a dar un apoyo definitivo a la RENAMO en la región.

En este contexto, cuando la Guerra Fría termina, Mozambique es un país literalmente partido en dos. El FRELIMO ha visto reducido su poder a las zonas urbanas, la RENAMO se encuentra aislada en las zonas rurales y, de hecho, su cúpula se encuentra recluida en la selva. Además, existen en la zona soldados de Zimbabwe, quienes protegen el corredor por el que circulan sus mercancías hasta el mar. Con la situación militarmente bloqueada, los contactos de un tercer agente verá abonado su camino, si bien no será fácil. Las primeras dificultades con las que se encontró el proceso de pacificación fueron el no reconocimiento mutuo entre las partes. La situación estaba también en este terreno bloqueada debido a que el FRELIMO consideraba a la RENAMO como unos simples bandidos, mientras que éstos a su vez, no reconocían como legítimo el gobierno del FRELIMO.

La figura de la Iglesia, o en concreto de un obispo, será fundamental en el proceso de inicio de las conversaciones de paz. Implicando al Ministerio italiano de Asuntos Exteriores, y con la fundamental ayuda de la Comunidad de Sant´Egidio, se dará lugar a lo que Burros-Ghali dio en llamar “la fórmula italiana”. Dicha fórmula se basó en unos mediadores de carácter débil, cuyos intereses en la zona no existían, y con una idea básica en la mente: buscar aquellas cuestiones en las que ambas partes podían estar de acuerdo olvidándose de agendas fijas y programadas que impidieran una cierta agilidad.

El punto fundamental en las negociaciones fue el hecho de lograr que cada parte reconociera a la otra. La RENAMO, en efecto, no tenía programa político. Era básicamente una estructura guerrillera, con la idea de terminar con el gobierno del FRELIMO, aunque tampoco eran simplemente unos bandidos, como éste quería mostrar ante la comunidad internacional. Ambas partes atribuían a la otra una serie de matanzas catastróficas de las que ambos eran responsables. Abrir por tanto el espacio político mozambiqueño a la RENAMO no fue tarea fácil. El FRELIMO seguía empeñado en calificarlos de bandidos y, como tales, no estaban capacitados para negociar. Los mediadores, no sólo no sometieron a presiones al FRELIMO, sino que le dejaron ver que su inmovilidad podría dar con el colapso del país, sumido en una gran crisis económica debido a una guerra que tácticamente ya no se podía ganar por medios militares. Al tiempo, la RENAMO, también fue reticente a aceptar ese espacio político que la negociación de paz le ofrecía. Renunciar a las armas significaba ceder todo el poder a la voluntad constituyente del FRELIMO y, por tanto, hacerles ganar una guerra que estaba empatada. Finalmente, los mediadores hicieron ver a ambos bandos que la competición pacífica por el dominio político era la única solución. Incluso llegaron a frenar una iniciativa del FRELIMO cuando, en la constitución que estaba redactando, trató de olvidarse de los acuerdos de paz.

El último punto clave de este proceso de pacificación vino con las primeras elecciones. Llevada a cabo por observadores de la ONU, la certificación de que fueron unas elecciones limpias se cumplió, sin embargo el líder de la RENAMO y candidato a la presidencia Dhlakama, amenazó en última instancia con retirarse. Habían sido unos meses muy duros, donde la RENAMO había visto como su dificultad por desarmarse era correspondida por el FRELIMO mediante interpretaciones restrictivas de los acuerdos de paz. Sin embargo Dhlakama acepta el resultado que, por mayoría simple, da el gobierno del país a Chissano. Entre los agentes a destacar en este proceso de paz está la imagen de una figura mediadora antes mencionada, una ONG cuyos intereses en la región habían sido los proyectos de desarrollo y cuya sede en Roma terminó por convertirse en la plaza donde se firmarían los acuerdos.

El libro de Della Rocca ofrece una buena retrospectiva de los acontecimientos que condujeron a la pacificación de Mozambique, pero obvia otros aún si cabe más importantes. El papel de la RENAMO en la vida política no hubiera sido posible sin la intervención de la comunidad de donantes. En un estado dominado por líderes locales que pertenecen a uno u otro bando, la lealtad de éstos se ve recompensada con acceso a recursos. Una vez que la RENAMO termina de dominar esos recursos, se encuentra sin vías para alimentar esas redes. Es aquí cuando el dinero, donado en bastante cantidad por diversos países, formó parte esencial del proceso que impidió que Mozambique se convirtiera en Angola. Al mismo tiempo, el FRELIMO fue capaz de ver que de no ceder una cierta cuota de poder a la RENAMO ésta terminaría haciendo lo que la UNITA en Angola, y el conflicto volvería a surgir.

lunes, septiembre 08, 2008

El dia del cooperante

8 de Septiembre, el día del cooperante. Todo el mundo tiene un día ¿verdad? Y el que no lo tiene, algo habrá hecho. O no, claro. El caso es conmemorar a alguien cada día. Y hoy, que es 8 de Septiembre, se conmemora, se entrevista y se aplaude al cooperante –y no cooperanta, que no existe.

Esa es una profesión, la de los y las cooperantes, que consiste en irse lejos de donde vivieron sus acomodadas vidas para ayudar a unos absolutos desconocidos a desarrollarse. Bonito ¿verdad?

La profesión es, por tanto, algo propio de los occidentales. O, cuanto menos, de aquellos que poseen un nivel de vida mínimo y que estiman que es necesario ayudar a todo el mundo a mejorar el suyo –que por supuesto, es más bajo. Una profesión unidireccional, claro. Y esto que se dice no deja de tener cierta polémica.

Pero no es una profesión nueva. No, no lo es. Es cierto que ahora se ha hecho de la palabra cooperante algo profesionable. Se lo explicamos. Con los diferentes caminos recorridos por el concepto de Desarrollo –que es un señor con chaqueta y corbata que se pasea por doquier lo llaman menos cuando es tremendamente necesario, al contrario que la señora muerte- se ha pasado de una cooperación ahora calificada de técnica, ejercida por profesionales de reconocido prestigio en sus países –ingenieros, médicos, enfermeras- que acudían a solventar los problemas diarios de la vida en un país del Tercer Mundo –de este bonito nombre otro día hablamos, si quieren. Y de esta concepción de Desarrollo y de Cooperación, se movieron los que piensan en estas cosas a otra en donde para poder cooperar, había que saber otras muchas cosas. Tantas que, hoy día, ya no hace falta saber de nada técnico, sólo de cooperación para poder ser cooperante. Parece lógico ¿verdad? Será por eso que el Señor Kurtz desconfía tanto de esto. Porque suena demasiado lógico.

El cooperante se mueve en un mundo –para los académicos diremos que en un régimen internacional- llamado de la Cooperación al Desarrollo. Así, con mayúsculas, sus dos oes y su acento. Este mundo, como tal, nace tras la Segunda Guerra Mundial –vamos, como todo, no les descubro nada nuevo- y es pensado por EE.UU.

Al acabar la contienda en Europa, Alemania, Francia, Reino Unido y otro sinfín de países están en la más absoluta ruina. Sus infraestructuras, así como sus mínimas condiciones de vida, han sido hechas añicos por los bombardeos y los saqueos propios del conflicto. EE.UU., único contendiente que no ha sufrido pérdidas en su territorio, se encuentra ante la tesitura de tener que decidir el futuro del continente hermano. Muchos de sus políticos piden la cabeza de Alemania, causante de las dos Guerras Mundiales -¿por qué será que los causantes siempre son los que pierden?- y trazan un plan para mantener a Alemania sumida en la hambruna y en la pobreza. Si la industria alemana no se rehace, si no les dejan tener ni ejército ni posibilidad de fabricar una pistola si quiera, pensaban estos estadounidenses, se evitaría la Tercera Guerra Mundial –por supuesto, también perpetrada por alemanes.

Frente a estos, otro grupo de norteamericanos observaron que quizás mantener a tantas personas juntas y con hambre no era la situación más ideal pensando en una paz duradera. Además, había que tener en cuenta que, unos muchachos y muchachas de origen germano con hambre podían ser muy bien engañados por los nuevos malos: los rusos.

De manera que se inventaron un concepto: la solidaridad internacional. O bueno, se lo adueñaron, porque el Internacionalismo estaba oculto tras los cascotes de los edificios derruidos. Con este ideal de solidaridad internacional surgió el Plan Marshall en honor al nombre del Senador norteamericano que firmó el papel redactado por otros. El plan consistía en regalar dinero a los europeos para la reconstrucción de sus países con una condición: que todo lo que necesitaran, lo compraran a los señores de corbata norteamericanos.

Cuando Europa se reconstruyó y, al tiempo, perdió sus colonias, había que idear un sistema que permitiera seguir siendo dueños de la tierra aunque fueran otros quienes firmaran los cheques. Bueno, era casi hasta mejor ¿no? De manera que surgió el régimen de Cooperación al Desarrollo tal y como lo conocemos hoy. Era, básicamente, retomar el Plan Marshall pero con una insignificante diferencia. A saber, en lugar de regalar el dinero, como se hacía con los hermanos europeos, a los nuevos Estados se les dejaba a préstamo. Para que asumieran que ahora eran independientes y tenían que vivir según sus posibilidades. Se acabó eso de llevar la colada a casa de mamá todos los viernes. Tanto tiempo a la sopa boba no podía ser bueno para nadie.

Así, a grandísimos rasgos, nos encontramos con un juego de “yo te presto tanto, de lo cual te regalo este poco, para que tú hagas lo que yo te digo que te va bien aquí –tú fíate, anda, ¿no ves lo bien que me va?- y me compras a mí todo el material, que lo tengo a buen precio”.

Y en esas andamos, más o menos, aún a pesar de las idas y venidas del señor Desarrollo, que lleva la corbata un tanto mal anudada debido al ajetreo al que le hemos sometido. Que si ahora prima el comercio, que si ahora la democracia, que si las teorías económicas neoliberales, que si los derechos humanos, que si las oportunidades de cada persona… Así no hay quien viva, oiga. Pero ¿se ha parado a pensar por qué cooperamos?

¿Por qué el Estado de España gasta al año un total de 5.744 millones de Euros al año en Ayuda Oficial al Desarrollo cuando es un hecho que en España el 24% de los niños y niñas son pobres? ¿Qué hace que el Estado, cualquier Estado, invierta tanto dinero fuera de sus fronteras mientras sigue teniendo problemas graves –los mismos por los que ayuda fuera de sus fronteras- en su propia sociedad?

Uno, que es muy de Génesis, aunque no haya leído la novela, siempre se va a los orígenes de las cosas, allá donde parece haberlos, para tratar de encontrar explicación a los problemas de hoy mismo. Los de mañana, ya se verán.

Si hablamos de un régimen de Cooperación al Desarrollo surgido de la descolonización, nos encontramos en la tesitura de tener que echar un ojo a la colonización –esa gran desconocida- para ver qué dinámicas se sucedían entonces y se asemejan a las de ahora. Y, si hacemos esto, no podemos sino arrancar con una mano las tres imágenes clásicas de la colonización: la del militar conquistador, la del administrador que va a hacer carrera y la del misionero que salva almas.

Pongamos por caso, sólo supongamos, que estos tres individuos que campaban a sus anchas por los límites de la colonización, aún se reproducen por el mundo de hoy aunque camuflados en sus uniformes. ¿Quién sería quién?

El militar podríamos pensar que es fácil. Un militar es un militar aunque lo vistan de seda, y hoy podemos seguir viendo misiones de pacificación o reconstrucción que, en sus más casos, no hacen sino encubrir una invasión deliberada de tropas extranjeras. Sin embargo, ¿qué me dicen de la seguridad privada? ¿No es cada día más importante como negocio?

El administrador, claro está, sigue ahí. Ya no dirige centralmente las decisiones del territorio colonizado, ni tiene la prepotencia de pasearse en elefante o de construirse apartados barrios residenciales sobre los vestigios de una civilización más antigua que él, como hacían los ingleses en India. Pero la figura sigue estando ahí, en la imagen del administrador de Naciones Unidas, del burócrata de la Organización Internacional de turno, del diplomático de un país, todos ellos situados en sus puestos conforme al escalafón. Los lugares más peligrosos o más incómodos, como siempre, para quienes quieren hacer carrera. Los cómodos, bonitos y elegantes, para quienes ya la hicieron.

Y el misionero. ¡Qué haríamos del misionero! Siempre dispuesto a salvar el mundo con su fe cristiana. Culpabilizando al militar por su nefasto entendimiento de la sociedad de acogida. Criticando al administrador por su mala política. Teniendo, él solo, que resolver los problemas causados por los demás. Sabiendo que sólo y exclusivamente él conoce las mentalidades colonizadas. Las interpreta y, gracias a ello, puede hacerles ver su error, conducirle a la fe verdadera, que bien puede llamarse Cristo que Desarrollo, me temo. Cooperante y Misionero son dos instituciones sin las cuales no es posible entender el encuentro colonial.

Por eso el Señor Kurtz se pregunta, ¿para cuándo el Día del Administrador? ¿Para cuándo el del soldado? Precioso día se ha quedado hoy, sí.

lunes, octubre 01, 2007

El fracaso del retorno del hombre blanco


Existe una cosa en el imaginario social del periodismo que a la que se le llama Comunidad Internacional. Ésta sería un ente o conglomerado de ideas, una voluntad colectiva compartida por estados, organizaciones internacionales y organizaciones de la sociedad civil internacional –otro mito que quizás debiéramos desmentir- que provoca la necesidad de actuar en los asuntos internos de un estado. La Comunidad Internacional siempre se personaliza en alguien. Siempre hay un alguien internacional que se erige en portavoz de esta voluntad colectiva por lo general no debatida y, también por lo general, traducida en la intención y visión de aquél que se vuelve portavoz. Es, por tanto, el momento en que aquél que desea realizar una acción en lo internacional reúne el apoyo no estructurado y frecuentemente no formalizado del resto del mundo, del planeta y todos sus seres vivos. Es el momento de que alguien venga y les diga a éstos o a aquéllos que no se enteran de lo que tienen que hacer. Que todo el mundo lo ve, los culpa y, por tanto, van a ayudarles a ayudarse a sí mismos. Es lo más parecido a un psicoanálisis que vamos a encontrar en la política internacional. Y ya sabemos todos lo que opinamos de los psicoanálisis.

Pero ocurre que, abundantemente, este análisis que la Comunidad Internacional hace de una situación política determinada es erróneo pues tiende a olvidarse de tomar en consideración todas aquellas actividades que la propia Comunidad, cuando no el mismo portavoz en primicia, realiza para contribuir al empeoramiento del estado de la cuestión. Un caso evidente de todo esto ha sido históricamente el del estado congoleño – el de Kinshasa, no el de Brazzaville- acuciado de múltiples problemas que han impedido un transcurso normal de la política, normalizando la guerra y la política de guerra que ha dominado el espectro social de los congoleños y congoleñas.

En este mismo blog hemos hablado multitud de veces de lo que hoy se denomina la República Democrática del Congo. Pero en estos breves análisis nos habíamos detenido en la figura de Laurent Désiré Kabila y habíamos preferido no lanzarnos a la aventura de analizar la guerra que siguió a su asesinato más que de una manera débil y todo ello debido a no querer correr el riesgo de equivocarnos en el análisis de tanta polvareda. Este blog, escrito desde Madrid, no había sido capaz de analizar la situación en un país donde España tiene enviados tropas bajo bandera de la ONU, donde su embajada ha sido atacada en más de una ocasión y donde durante este tiempo ha existido incluso un incidente de retención de españoles desplazados a Kinshasa por proyectos de adopción internacional. Procedemos entonces a saldar una deuda.

Cuando Kabila es disparado por uno de sus guardaespaldas el país congoleño está siendo nuevamente invadido por tropas ugandesas, ruandesas y de Burundi. Ya lo había sido anteriormente, pero esa vez todas habían asumido el liderazgo del propio Kabila en pos del derrocamiento del enfermo Mobutu. En el nuevo ataque la intención era derrocar el régimen de Kabila sencillamente porque éste había incumplido sus compromisos en el proceso de derrocamiento mobutista. Cuando Kabila llega a hacerse con el dominio de Kinshasa y por ende del Congo, además de renombrar el país –antes se llamaba Zaïre-, se olvida de las alianzas étnicas que habían conducido a su liderazgo. Marginando a unas etnias y utilizando políticamente a otras, Kabila aparta de su círculo decisorio a los aliados de Uganda, Ruanda y Burundi cometiendo el error de considerar poco peligrosas las respuestas de todos ellos. Además comete otro error: trata de renegociar las concesiones sobre recursos que había concedido a diversas empresas extranjeras durante una época, la de la guerra, en la que necesitaba liquidez y de la que jamás pensó que iba a ser tan corta. Planificando los contratos como si la liberación de Mobutu fuera a costar 15 años, y no previendo el derrumbamiento del castillo de naipes en apenas unos meses, Kabila empeño el futuro de su gobierno fuera de las élites étnicas de sus tres aliados y vecinos.

Kabila muere, y a le sucederá su hijo Joseph Kabila. El nuevo dirigente se verá en la necesidad de enfrentarse a un ataque desde el Kivu que, contrariamente a lo esperado, se divide en tres amplias zonas de influencia. Con uno de los frentes debilitado y el otro convertido en tres subgrupos enfrentados a sí mismos, la situación de la República Democrática del Congo queda pues a la espera de la voluntad de diferentes señores de la guerra quienes saben muy bien sacar provecho del conflicto. La Comunidad Internacional, esa voz que siempre acierta, se pasa años y años obteniendo concesiones de explotación de recursos en el país africano. Negocian con los señores de la guerra un suministro de coltan y otros minerales en los que el Congo es verdaderamente rico y los legalizarán cruzando la frontera hacia Burundi, Ruanda o Uganda.

Es el momento en que la situación está estancada. La vergüenza de un conflicto iniciado y sostenido por agentes internos e internacionales llega a ese otro mito de la sociedad civil global y termina por propiciar la cara buena e intervencionista de la Comunidad. Se crea, bajo el auspicio del Consejo de Seguridad de la ONU, el llamado Diálogo Intercongoleño (2001-2003) con la intención de sentar a esos negros y que se pongan de acuerdo para repartirse el pastel de una manera no violenta. Qué sería de África si el hombre blanco no la ayudase.

La solución encontrada para el reparto es básicamente la de un gobierno de unidad nacional en el que habrá un solo Presidente y cuatro Vicepresidentes, en representación en cada una de las facciones en guerra. El mensaje de la Comunidad Internacional es bien claro: legitima a aquéllos que han hecho la guerra en perjuicio de quienes optaron por no armarse. Con el gobierno de unidad se establece un calendario electoral con vistas al año 2006. Hoy hace un año de la segunda vuelta de estas elecciones que nunca llegaron a buen término por considerarse extrañas a los congoleños y congoleñas, impuestas por ese ente superior que es la Comunidad, y que sólo han contribuido para dividir aún más al país pues de sus resultados observamos una división entre las provincias del Este, a favor de Joseph Kabila, y el Oeste a favor de Jean-Pierre Bemba. A parte quedan las dos regiones del Kasai, que no se pronunció por ninguno de estos dos líderes.

Del proceso de democratización en el Congo podemos discernir los errores clásicos de los procesos del sistema internacional en África. En ningún momento de la intervención política se tuvieron en cuenta las causas de justicia, primando por entero la voluntad de no ofender a los combatientes, se deslegitimó la política a favor de violencia. No se permitió saldar las deudas de los crímenes de guerra a través de juicios ni se planteó la posibilidad de que los recursos naturales del Congo sirvieran para beneficio de la población y no de los países ricos.

Hoy día, después de los diálogos, de los envíos de tropas, de las elecciones a dos vueltas, de todas las buenas intenciones que la Comunidad Internacional ha tenido para enseñar a estos negros a ser civilizados resulta que tenemos una República Democrática del Congo en donde son los señores de la guerra, una serie de criminales, los que dominan el territorio y saquean los recursos que venden a buen precio a las empresas multinacionales.

martes, septiembre 04, 2007

Gestión por objetivos

La Oficina de Trabajo le dice al jefe superior: “Tienes que darme cuarenta hombres”. Con mirada fulminante, llama a los jefes de poblado y les comunica la consigna: “Me han pedido sesenta hombres, dádmelos enseguida”. Los jefes de poblado deciden entre ellos cuántos debe aportar cada uno para sumar los sesenta pedidos. “Yo puedo dar diez”. Llama a sus mensajeros y les dice en secreto: “Dadme quince hombres”. Los mensajeros, provistos de su temible látigo, se abaten sobre los poblados y capturan a todos los que encuentra, de día o de noche. Por supuesto, el jefe de poblado les ha indicado a sus enemigos, y ellos también tienen los suyos, y saben dónde encontrarles. En las cabañas, en los campos, se dedican a la caza del hombre. Hieren y golpean sin piedad, tanto mejor “¿Quieres librarte? Dame una gallina, dame cinco francos. ¿Qué no los tienes? Peor para ti.” Capturan a todos los que pueden para poder soltar a un buen número a cambio de regalos remuneradores. ¡Menuda bicoca son para ellos los períodos de reclutamiento! Se apresuran a llevarle al jefe del poblado a los que no han podido rescatarse, muchas veces sin haberles permitido pasar por su cabaña o despedirse de su mujer. Les encierran con llave para se entregados al escalón superior al día siguiente. El jefe ya tiene a los veinte hombres que había pedido. Pero entonces le llega su turno: “Los que quieran librarse, que me hagan un regalo. ¿Quién quiere pagar rescate?”. Uno promete dos pollos, otros dos se unen para dar una cabra, aquél dará diez medidas de maíz, aquel otro una gran calabaza de aceite. ¡Qué fácil es entenderse! Cinco se libran. Los otros quince serán enviados al jefe superior. Pero los cinco que se libran ¿pueden volver a casa? No es tan sencillo. “Si de verdad quieres librarte, haz que tu mujer me traiga el regalo prometido, pero antes trabajarás una semana para mí.”

Mientras tantos llevan a sus quince compañeros en presencia del jefe superior. Durante varios días dispone de sesenta hombres. Otra vez la misma comedia del rescate. ¿Quién quiere hacerme un regalo? El que me dé una cabra podrá volver a su casa”. Aunque el sacrificio es enorme, es mejor aceptarlo que reventarse a trabajar en una plantación. “Yo te doy una cabra”, dice uno. “No quiero tu cabra”, contesta el jefe, que hace tiempo le ha echado el ojo a la mujer del desdichado. Sabe de antemano quiénes van a partir pase lo que pase, es preciso que sean ellos, y si el jefe lo tiene decidido no hay más que hablar. Alguno estaría tentado de abogar por su causa al pasar a la subdivisión, para tratar de quedar libre, pero no puede hacerlo, porque se expone a toda clase de persecuciones del jefe superior, de su jefe de poblado y de todos los mensajeros.

[…]

Los enrolados ya están en la subdivisión. Pasan un reconocimiento médico. El médico, si no tiene escrúpulos, ve llegar a los hombres con un profundo disgusto y se dice: “Que hagan el trabajo los enfermeros”. ¡Los enfermeros están de enhorabuena! Porque así ellos también pueden decir: “Si me das un pollo te declaro inútil”. Otro recibirá la visita de su concubina: “Éste es mi hermano, suéltale, pon en su lugar a un enfermo al que hayas dado de baja”.

[…]

Por último, cuando se ha completado el contingente, pueden ir a las plantaciones, bajo la atenta mirada de los policías. “¿Y nosotros, vamos a hacer el primo? Si me das dos francos esta noche te sustituyo por otro”.

Testimonio de la señora Dugast, Yaundé, Camerún, 1942.

“El estado en África”

Jean François Bayart

lunes, agosto 27, 2007

Una dama llamada Historia y África



"[África] no es interesante desde el punto de vista de su propia historia, sino por el hecho de que vemos al hombre en un estado de barbarie y salvajismo que le impide formar parte aún de la civilización. África, por mucho que nos remontemos en la historia, ha permanecido cerrada, sin vínculos con el resto del mundo. Es el país del oro, encerrado en sí mismo, el país de la infancia que, al margen del día de la historia consciente, está envuelta en el negro color de la noche."


La Razón en la historia

miércoles, febrero 28, 2007

El imaginario colectivo

El arte es un reflejo de cada tiempo. O, puestos a ser más concretos, el arte es un reflejo de los gustos de cada tiempo. ¿Más concretos? El arte que destaca es un reflejo de los gustos y preferencias de aquellos colectivos sociales más favorecidos económicamente. Los pintores de otras épocas reflejaban el gusto de los Reyes y cortesanos de la época, no el gusto de los pueblos. Al menos el arte más valorado en su tiempo. Hoy podemos decir que Egon Schiele -de quien tienen un cuadro a la izquierda- lograba sacar la personalidad de todo aquel al que pintaba, independientemente de si el cuadro gustaba o no en su época –que por lo general no gustaba. Pero la realidad es que son las élites de cada lugar las que determinan qué arte es digno de ser reconocido y qué arte no.

El siglo XXI es el siglo de lo digital, de lo visual, y en él la fotografía cumple una labor muy importante. Ya no podemos saber si la fotografía que visionamos es una captura instantánea o si ha sido retocada por el photoshop –haciendo de la fotografía un arte más cercano a la pintura de lo que jamás podríamos haber soñado. La instantaneidad de la fotografía permitió en sus inicios llegar a conocer visualmente ciertos aspectos sociales que nunca antes habían sido conocidos por nadie excepto por los que los vivían. Susan Sontag –tan genial, tan añorada- dejó constancia por escrito en su libro titulado Ante el dolor de los demás [Alfaguara, 2003] las dudas y las necesidades emocionales de aquellos que veían en una fotografía el dolor que sufrían otras personas. La fotografía permitía transmitir emociones de una intensidad aún más alta que la pintura. No hacía falta entenderla y, por tanto, su credibilidad era total. Sontag relata las manipulaciones de los primeros reporteros de guerra estadounidenses, en la Guerra Civil norteamericana, retocando cadáveres, amputando miembros inertes a soldados muertos con el pretexto de lograr una foto de portada aún más impactante que la anterior. Una fotografía de estudio para reflejar y aprehender la realidad.

La fotografía es hoy, por tanto, uno de los grandes medios desde los que reflejar la visión de la realidad. Los intrépidos fotógrafos recorren sus países o el mundo entero con sus maquinitas y reflejan aquella visión que tienen de lo que ven. Pero una fotografía no tiene derecho de réplica y quizá por eso sufre constantemente de clichés y percepciones que, por estar en el imaginario colectivo, también es de suponer que estén en el imaginario del que fotografía. Cuando hace unas semanas Ottinger nos saludaba desde su blog y nos ponía delante de la cara la Fotografía del año, no pude sino sentir curiosidad por ver quiénes eran los premiados y por qué trabajos.

Una visita a la web de los premios –no reproduzco las fotos por no reproducir los clichés- nos lleva rápidamente a la mente la idea de que los fotógrafos buscan algo emocionante, algo distinto a lo que se pueda ver en este mundo civilizado de hoy. Buscan, por tanto, fotografiar a los salvajes, a aquellos que no tienen una vida moderna y ordenada como la nuestra. Quienes carecen de voz y voto en esta Globalización de una sola dirección, son retratados para el prestigio del que fotografía y sorpresa del mirón occidental. Y claro, uno de los lugares por excelencia para fotografiar es África.

Técnicamente, las fotografías sobre los africanos y africanas son, o en blanco y negro buscando resaltar esa sensación de obsolescencia, de pobreza y de falta de esperanza, o en colores muy vivos, como tratando de decir “de aquí procedemos nosotros”. O mejor, “de aquí procedíamos nosotros antes de inventar lo civilizado”. Porque como mensaje siempre quedan los rastros del salvajismo de Conrad. Lo insólito y lo especial de la fotografía es que no son nosotros. Es que hacen cosas que aquí no seríamos capaces de comprender. Es que tienen pensamientos inasumibles por todo hombre de bien. Y lo fotogénicos que quedan, madre mía.

Como he dicho antes, las fotografías no tienen más que una sola dirección. El fotografiado no se puede defender así que, como el soldado mutilado del que hablaba Sontag, no puede decir “¡Esperen, es que eso no es así!”

jueves, diciembre 07, 2006

¿Cómo pedir disculpas y -sobretodo- para qué?

La Iglesia Católica ha vuelto a dar ejemplo otra vez –como tantas. Sin embargo la diferencia es que hoy el ejemplo ha sido seguido por el país patrio del Anglicismo, aquellos británicos que renegaron de la autoridad papal con el reinado de Enrique VIII. Y es que la semana pasada, en un foro sobre la historia del Imperio Británico, Tony Blair, Primer Ministro británico, pidió disculpas –no sabemos si oficiales- por las barbaridades que el Imperio cometió en su proceso de colonización.

Barbaridades, así las llamó, que fueron también responsabilidad de otros países europeos. Francia, España, Bélgica y Portugal –con los intentos breves de Alemania y de Italia- colonizaron África. Y a ellos se les unió Holanda en sus posicionamientos en Asia. Todos estos países, responsables de aquellas barbaridades de las que habla Blair durante la colonización –recordemos aquí también la esclavitud y su negocio en EEUU- y de otras aún más graves durante la poscolonización.

Las disculpas por atrocidades cometidas siglos atrás son positivas –mejor, eso sí, si las disculpas se hacen desde instituciones nacionales como el Parlamento, que de manera informal en unas jornadas. Pero éstas no limpian al Estado del pecado de haberlas cometido. La Iglesia, con Juan Pablo II a la cabeza, pidió disculpas en el año 2000 por las atrocidades cometidas por la institución antes del Concilio Vaticano II. La idea era entrar en el nuevo milenio puros de errores -¿para poder cometer otros nuevos?, me pregunto. Sin embargo, el pontífice olvidó pedir disculpas a aquellos que él mismo había humillado, pedir disculpas por aliarse con la Administración Reagan e intervenir en política como si las dos espadas del medievo, la temporal y la espiritual, aún estuvieran en su poder. Olvidó tantas y tantas cosas, que hizo de las disculpas del Milenio algo banal, sin importancia y ridículo. Porque ya todos sabemos que la Tierra se mueve alrededor del Sol y no a la inversa ¿verdad? Así que disculparse por algo que, salvo los rencorosos con la Historia, todo el mundo tenía olvidado o le otorgaba escasa importancia no tiene mérito. Lo valeroso hubiera sido asumir los errores del presente. Pedir perdón por abusar de niños, por excluir a todo aquél párroco que piense de manera diferente, por excluir a la mujer del gobierno de la Iglesia, por seguir haciendo dinero mientras la pobreza que ha de sanar con su caridad sigue aumentando… y por tantas y tantas cosas.

En el caso de las disculpas británicas ocurre algo parecido. Pedir disculpas por aquello que se hizo siglos atrás no sirve de nada si las actitudes de hoy siguen siendo las mismas. Piden disculpas por azotar con el látigo al negro africano del siglo XIX, pero no rectifican en su posición sobre un Comercio Mundial que obliga al negro del siglo XXI a jugarse la vida tratando de llegar a nuestras costas. Sin ir más lejos, fue el mismo Tony Blair –aka El Redimido- el que propuso en la Cumbre de Sevilla de la UE del año 2002 un nuevo sistema de refugio político. El problema que tenía Mr. Blair era que muchos inmigrantes llegaban camuflados de refugiados políticos. Llegaban hasta las oficinas de la función pública británica y pedían refugio político. Algunos osaban decir que, debido a que estaban perseguidos en su país de origen y tuvieron que salir corriendo de sus casas, no llevaban consigo su pasaporte o los recortes de periódico que acreditasen su amenaza –que debe haber una sección de amenazas en sus periódicos como aquí las hay de venta de pisos, coches de segunda mano o servicios de señoritas. Los había incluso que no llevaban a sus amenazadores consigo para justificar su petición de asilo –bastards!- con lo que entre que se estudiaba y se denegaba su petición de refugio, se terminaban perdiendo por el territorio británico y nunca más salían de allí. De esta manera, pensó Mr. Blair, lo que había que hacer era llevar a todo aquel que pidiera refugio a un campo de relocalización –o campo de concentración en su versión clásica- que estuviera situado en algún Estado Tapón que prestara los terrenos a la UE –se habló de la nueva Libia del Gaddafi 2.0 o Gaddafi-Bueno. Allí, el refugiado esperaría a que o bien se le concediera su petición o bien se le abriera la puerta, en Libia, y se le dijera que no y que se fuera andando para su casa. Derechito y sin entretenerse por el camino ¿eh?

Pues así están las conciencias estatales hoy día, señoras y señores. Como bien dice la frase de Frantz Fannon que adorna los pies de este blog “No hay misión negra, no hay responsabilidad blanca”, es decir, lo que ocurrió en el pasado, se queda ahí pues hoy ninguno somos responsables de que nuestros tatarabuelos pensaran que las razas no blancas eran inferiores o que su religión o vida moderna era superior a cualquier otro modo de vivir. De lo que sí es responsable el Estado de hoy día, el Estado Occidental que salió de la II Guerra Mundial y que, con pequeñas variaciones, es el que hoy alumbra nuestras calles, es de los errores cometidos durante la poscolonización, de las invasiones europeas de África ocurridas en distintas operaciones militares camufladas de Humanitarias, de los acuerdos TRIPS que impiden a los Estados africanos comprar medicamentos genéricos en la lucha contra el VIH/SIDA, de la connivencia con gobiernos opresores y que castigan a su población a cambio de petróleo, diamantes o demás minerales, y de tantas y tantas otras cosas que hemos visto y que veremos en este blog.

Es por esto por lo que Mr. Blair y otros líderes deberían pedir disculpas y cambiar así sus políticas, no por lo que pasó hace más de 200 años y por lo que hoy poco podemos hacer, salvo abrir museos.

miércoles, noviembre 15, 2006

Nuestra colonia en África

En las Relaciones Internacionales lo más parecido que ha habido a un sorteo de vivienda de protección oficial fue el Congreso de Berlín de 1885. En él, las potencias europeas –y las no potencias- se repartieron el control sobre el continente africano y establecieron las normas de convivencia de los europeos en el mismo. Allí Bélgica se hizo oficialmente con el Congo y a nosotros, al Imperio Español, nos tocó en suerte un cacho de África al que dimos en llamar Guinea Ecuatorial.

Fue colonia española hasta que en el Octubre de 1968, el régimen franquista permite la independencia del país africano deshaciéndose de la penúltima de sus colonias. Al poder accederá Francisco Macías Nguema dictador caprichoso y sanguinario que terminaría por proclamarse como Presidente Vitalicio. Largo se lo fiaba, pues en 1979, 11 años después de acceder a la independencia, el país sufría un Golpe de Estado a manos del ex-teniente del ejército guineano Teodoro Obiang. Prometiendo acabar con el régimen de sangre de su antecesor, Obiang apresará a Macías, lo juzgará y lo ejecutará. Las promesas de libertad quedarán en saco roto cuando se establece un gobierno dictatorial que conducirá al país hasta el régimen unipartidista de 1990 que aún hoy perdura.

Como ocurre en toda África, las relaciones de política y economía internacional del país africano han de tener siempre como referente a la ex-potencia colonial. Es una ridícula norma no escrita y caso de Guinea Ecuatorial no es diferente. España ha mantenido siempre intereses en la zona, principalmente económicos. Repsol-YPF era el concesionario exclusivo de buscar petróleo en aguas guineanas, unas aguas limítrofes con las más ricas en petróleo de todo el continente. Sin embargo, Repsol-YPF fue incapaz de encontrar nada –o más bien se declaró incapaz- dando paso a las prospecciones de empresas norteamericanas y británicas que finalmente sí encontraron el crudo y que lógicamente obtuvieron los contratos de explotación. Eso sí, antes se aseguraron de dejar una parte del negocio a la corporación española por su oportuna declaración de incapacidad. Como no sólo de petróleo vive el empresario, Pescanova tiene grandes intereses en las costas guineanas, pues es allí de donde, sin trampa ni cartón pero con libertad absoluta, ha obteniendo sus principales capturas de langostinos navideños.

Los intereses económicos han sido los principales motores de las relaciones hispano-guineanas. Felipe González ya visitó oficialmente el país en 1991 y ha sido el último Presidente de Gobierno español en hacerlo. Sin embargo sí que lo visitó Miguel Ángel Moratinos, Ministro de Asuntos Exteriores y López Aguilar, Ministro de Justicia, en Octubre pasado, donde concretaron la visita que estos días realiza Teodoro Obiang a España. Los motivos declarados de esta visita del dirigente africano a su antigua potencia colonial son, claro está, de índole económica y política. En el plano económico, Obiang tiene previsto entrevistarse con empresarios de distinta índole –entre los que se incluyen los más altos miembros de Repsol-YPF- y la agenda consistirá en la realización de inversiones españolas en el país africano. Sin embargo, en la agenda política, las denuncias sobre abusos de los Derechos Humanos en Guinea Ecuatorial y la celebración de unas elecciones democráticas limpias y abiertas serán los puntos centrales en la reunión entre Obiang y el Presidente Zapatero.

No cabe duda de que en estas entrevistas guineanoespañolas el punto central son los asuntos económicos por mucho que se disimule dándole un aspecto político. A pesar de la interesante nueva visión que desde las agencias gubernamentales hay sobre las relaciones de España con África, la predisposición histórica que hay en este país con respecto a Guinea siempre ha sido la de conseguir oportunidades de negocio. El Estado ha desplegado todo su armamento –nunca mejor dicho- en pos de asegurar la defensa de sus posiciones de privilegio. Así, el Gobierno no dudó en enviar dos fragatas españolas a las costas guineanas en Marzo de 2004, al descubrirse, por parte de los servicios secretos sudafricanos, un complot para derrocar a Obiang urdido por diferentes empresarios británicos, entre los que destacaba un hijo de la ex-Premier británica Margaret Thatcher.

La intentona golpista tuvo su efecto en territorio español cuando la oposición guineana en el exilio empezó a movilizarse en los mismos términos. El principal líder opositor, Severo Moto, refugiado en España desde hacía años, desapareció inexplicablemente durante un periodo de tiempo en el año 2005. Apareció al poco tiempo de haber sido secuestrado frente a la costa de Dubrovnik, en Croacia, y liberado ileso después. La sombra de la compra de armas en los mercados del Este que trajo consigo este suceso contribuyó definitivamente a que el Gobierno de Zapatero le retirase la condición de refugiado político y, por consiguiente, le conminara a abandonar el país. Desde entonces, sigue siendo aliado político de José María Aznar y mantiene su lucha contra el gobierno de Obiang, al que un día él perteneció, a través de su gobierno de Guinea Ecuatorial en el exilio.

Dentro del país, la oposición a Obiang viene determinada por dos grandes grupos. Por un lado están aquellos activistas a favor de los Derechos Humanos, quienes se ven encarcelados en la siniestra cárcel de Bahía Negra. Por el otro, los opositores políticos constituyen un grupo de dirigentes con partido político de corte neopatrimonial que, en caso de hacerse con la suficiente fuerza social, son ascendidos a la categoría de Ministros por el dictador convirtiéndose en parte del sistema y obviando las injusticias del mismo.

La situación del país, mientras tanto, sigue empeorando aún teniendo unos ingresos tan fuertes debido a la incipiente industria petrolífera. La población sufre tremendas carestías y el Desarrollo Humano del país sigue inmerso en un descenso continuado. Fuera hay una población de número considerable en el exilio, principalmente en España, que ha perdido la fe en lo político y que termina considerando más importante las redes sociales de solidaridad –fundamentales por otra parte en toda África- que los movimientos políticos. Como dato anecdótico, cuando se plantearon ciertas manifestaciones en Madrid contra la dictadura de Obiang hace un par de años, éstas fueron integradas principalmente por españoles y no por guineanos, aún a pesar del gran número de éstos residentes en la capital o sus proximidades.

Con todo, siempre hay grupos que tratan de concienciar a la sociedad española de la responsabilidad que ésta tiene para con los ecuatoguineanos, antiguos ciudadanos del reino. Hoy por hoy la oposición a Obiang ha logrado que se paralice su visita al Congreso de los Diputados, pero no sus reuniones con el Alcalde de Madrid y la Presidencia de Gobierno. Habrá que seguir trabajando para que España se tome en serio su papel de facilitador de la democracia en Guinea Ecuatorial, no por continuar la regla post-colonial que invita a la metrópoli a controlar lo que suceda en su ex-colonia, sino porque España ha sido y es una parte importante en el problema que las dictaduras plantean a los ecuatoguineanos.

miércoles, agosto 23, 2006

Katanga, 1960

Cuando en la década de los 50 un profesor belga propuso en un artículo un plan para la independencia del Congo Belga en poco más de 30 años todo el mundo se escandalizó. Los belgas se escandalizaron porque entendían que en 30 años no daba tiempo a educar a los cuadros necesarios –entiéndase afines- para el autogobierno. Los congoleños se escandalizaron porque la independencia debía y tenía que ser ya.

Así sucedió. En 1960 un nuevo país veía la luz. El Congo, liderado por un político nacionalista pero claramente partidario del bloque occidental en plena lucha de la Guerra Fría. Patricio Lumumba había conseguido destacar entre la amalgama de líderes congoleños. Había logrado el liderazgo tras su ímpetu en visitar cada región del país. Su estrategia de un Congo para los congoleños triunfó frente a líderes menos carismáticos que ofrecían discursos de proximidad a los belgas o de completa entrega a uno de los bloques que regían el orden internacional. Además, al recorrer infinidad de localidades –aún por muy pequeñas que éstas fuesen- Lumumba se hizo el candidato más conocido del vasto país africano.

La vida tranquila de un Congo independiente duró poco pues la región más rica de todo el país, Katanga, declaró su secesión apoyada por militares belgas. La joya de la corona del colonialismo belga había de ser conservada. Fue entonces cuando la política del Congo dio un brusco giro hacia lo que se dio en llamar una gran anarquía. La ONU realizó un polémico envío de tropas de interposición –polémico porque las mandó por primera y última vez en la historia la Asamblea General, órgano que no está habilitado para ello-, Bélgica hacía desplegarse a su cuerpo de paracaidistas y el mismo Secretario General de Naciones Unidas del momento, el sueco Dag Hammarskjöld, se encargó de mediar entre las partes. Dicho Secretario moriría en este país cuando un misil tierra-aire, que nunca se supo quién disparó, derribó su avión en mitad de la selva.

Lumumba acudió a Nueva York con el doble fin de entrevistarse con la Administración norteamericana y con los diplomáticos de Naciones Unidas. Su objetivo era simple: hacerles ver que estaba posicionado del lado occidental en la contienda fría, y que su único pecado frente a Bélgica había sido reclamar los recursos naturales del Congo para los propios congoleños. En ninguna de las dos sedes fue escuchado y pesaron más las voces de los colonialistas belgas que veían a Lumumba como un enemigo de corte radical. Lumumba fue etiquetado como líder pro-soviético y se le cerraron las puertas de cualquier embajada occidental. Debido a esto, Lumumba acudió a la URSS para tratar de salvar a su país. Los dirigentes soviéticos no dudaron en confirmarles su apoyo –el Congo tenía y tiene una posición estratégica muy importante por sus recursos y por sus fronteras. Sin embargo cuando llegó la hora de la verdad los soviéticos se desentendieron de lo que le pudiera pasar tanto al país como al líder congoleño.

Cuando Lumumba regresa de Nueva York, Bélgica termina por perder el control de la situación y deja de ser el referente internacional, la voz autorizada como potencia colonial para definir e interpretar la situación. Será sustituida por EE.UU., quién decide intervenir al estilo de la Guerra Fría y será desde entonces el director de los acontecimientos. Emisarios de la CIA envalentonarán al principal opositor de Lumumba en el gobierno para que decida su arresto, que se transformará en arresto domiciliario ante la presión popular. Más tarde, los mismos norteamericanos sacarán al líder congoleño de su casa con la intención de entregarlo en Katanga a sus enemigos. Sin embargo Patricio Lumumba no terminará de llegar a su destino. Es asesinado por el camino por sus captores dejando tras de sí un legado político de enorme movilización frente a los poderes coloniales y una élite política congoleña descabezada y dividida.

La muerte de Lumumba supuso el fin del buen comienzo que pudo haber tenido el Congo, el inicio de una Guerra Civil tolerada y apoyada por EE.UU. y que dará paso a uno de los más longevos y terribles regímenes que ha poblado África. Pero eso será otra historia.

sábado, julio 08, 2006

Cuando Jesús fue negro, y africano

Son estos días de resaca en España por la visita del jefe de la Iglesia Católica los más indicados para hablar de cuando Jesucristo fue negro. Corría el año 1921 cuando en plena colonia belga del Congo surgió la figura de Simón Kimbangu. Nacido a finales del siglo XIX, Simón vio cómo se le aparecía Dios en fecha de 18 de Marzo y cómo Éste le pidió que transmitiera su palabra por doquier, lo que en el Congo significa la sabana y la selva.

La doctrina que predicaba Kimbangu era la de la resistencia ante el opresor blanco. Afirmaba que Dios era negro y que los colonos blancos lo habían robado, por lo que serían condenados en la otra vida. Kimbangu profesaba un cristianismo negro que logró propagar rápidamente ante lo cual la administración colonial belga decidió arrestarle y condenarle a muerte. Indudablemente este hecho aumentó su popularidad y ayudó a que la presión obligara a los belgas a reducir la pena a cadena perpetua.

El discurso kimbanguista, de fuerte contenido mesiánico, se transformó así en un referente de la lucha anticolonial africana. En África, en el momento del resistir africano frente al poder colonial, no existieron referentes históricos a los que aferrarse. Debido a la tradición oral de la historia africana y a la represión de los colonizadores, los africanos perdieron muchos de sus referentes culturales y políticos, quedando así huérfanos de las clásicas referencias al pasado que toda revolución tiene en algún momento con el objetivo de convocar a más población a la lucha.

Cuenta Ryszard Kapuscinski en su libro La Guerra del Fútbol y otros reportajes que Simón Kimbangu llegó a tener su propia Iglesia en mitad de la selva y que el día que la inauguró, acudió a ella con un bote de pintura y un pincel. Poco a poco, Kimbangu fue pintando las imágenes de todos los santos y todas las vírgenes que allí había, transformando su tez blanca en una figura negra y convirtiéndoles, a aquellos a los que imitar e idolatrar, en hombres y mujeres de África como los que rezaban en esos bancos. La Iglesia Kimbanguista aún hoy está presente en la realidad africana aunque, por supuesto, no es reconocida por el inmaculado y santo Vaticano.