AVISO

Mostrando entradas con la etiqueta Egipto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Egipto. Mostrar todas las entradas

viernes, diciembre 28, 2012

Etiopía, Egipto y las guerras por el Nilo


Foto CC de S J Pinkney
Siempre tan citado que ya se ha convertido en un lugar común. El que años después fuera Secretario General de Naciones Unidas, y por entonces Ministro de Asuntos Exteriores de la República Árabe de Egipto, Boutros Boutros-Ghali afirmó a finales de los 80 que la próxima guerra que se libraría en la región sería una guerra por el agua. Desde entonces las guerras y los conflictos no se han parado y esta máxima adorna las pizarras de los grandes estrategas y pensadores de opinión, a la espera de que la guerra por el agua se produzca y así poder desempolvar la manida frase. No hay nada como esperar a poder llevar razón.
Pero la historia de esta frase va más allá de la premonición perpetrada por un aparentemente avezado político egipcio. No, lo que Boutros-Ghali estaba haciendo no era un análisis en prospectiva, sino una declaración de intenciones por parte del gobierno al que entonces representaba.

La cuenca del Nilo es compartida por nueve países africanos: Egipto, Sudán (del Norte), Etiopía, Kenia, Uganda, Ruanda, República Democrática del Congo (RDC), Tanzania y Burundi. Su gran caudal hace que sea de gran importancia para la supervivencia económica y vital de cientos de miles de personas a lo largo de todo su curso. Sin embargo, no todos pueden utilizar sus aguas.

Un acuerdo firmado entre las diferentes administraciones coloniales británicas de la cuenca del Nilo reconocía a la administración británica de El Cairo la facultad de decidir en exclusiva sobre sus aguas. Y un tratado firmado entre Egipto y Sudán, repartiéndose entre ellos toda el agua que llevara el Nilo. El primero firmado en 1929, el segundo en 1957. Bajo estos dos paraguas legales, Egipto se ha considerado dueño histórico de las aguas del Nilo y ha amenazado militarmente durante décadas la construcción de cualquier obra que afectara al caudal. A su fuerza legal se añadían dos fuerzas más, la diplomática –utilizada para bloquear cualquier intento de financiación internacional de obras hidráulicas Nilo arriba- y la militar –constituyéndose en el ejército dominante de la zona tras los acuerdos con Washington.

Esta situación de conflicto se intentó reconducir hacia la cooperación entre todos los países de la cuenca. Se creó la Iniciativa de la Cuenca del Nilo (Nile Basin Initiative), un mecanismo de negociación entre los nueve estados ribereños para renegociar el uso del caudal y dirimir cualquier conflicto sobre los diferentes proyectos de construcción planificados. La iniciativa se llevaba presentando durante más de una década como el paradigma de la cooperación multilateral sobre cuencas, y sin embargo su fracaso era estrepitoso. Cansados de toparse contra el muro egipcio, que seguía ejerciendo su influencia diplomática y exhibiendo su poderío militar, seis de los nueve países de la cuenca decidieron constituir un mecanismo paralelo, el Acuerdo Marco de Cooperación (Cooperation Framework Agreement), a través del cual se repartirían de una manera equitativa los usos del caudal del Nilo y se debatirían los proyectos que afectaran al caudal de otros estados ribereños. Se trataba de la rebelión de Kenia, Uganda, Ruanda, Tanzania, Burundi y Etiopía, encabezada por esta última y a la que probablemente se añada en un futuro la RDC.

De este modo Etiopía reventaba el statu quo de la cuenca, ofreciéndose a liderar el cambio que los otros países reclamaban. Addis Abeba ha sido capaz de generar un cambio en la hegemonía de esta región a través del modelo económico y político del difunto Meles Zenawi. Un modelo económico que combina la fuerte Inversión Extranjera Directa (IED) de facilidades fiscales a la inversión y un redireccionamiento de ésta hacia los sectores que más le interesan al Estado. Y un modelo político que hace caso omiso de los llamamientos al respeto de los Derechos Humanos, que continua con los desplazamientos forzosos de poblaciones afectadas por obras hidráulicas o ventas de tierra y que, con mayor relevancia internacional tras las elecciones de 2005, acalla la oposición a través de la represión política y el exilio.

Al calor de la “guerra contra el terror”, Etiopía se ha convertido en eje de la política de Washington en el Cuerno de África, interviniendo directamente en Somalia y comprometiendo fuerzas de paz etíopes para el caso de una intervención entre Sudán y Sudán del Sur o para el conflicto de la RDC. Todo esto ha convertido a Etiopía en el país que mayor AOD recibe del África Subsahariana, segundo en todo el mundo, a establecer planes para convertirse en un país de renta media hacia mediados de la próxima década o a poseer un ejército con una mayor capacidad de despliegue.

La fortaleza de Etiopía, tanto militar como diplomática y financiera, le ha permitido anunciar la inminente construcción de una presa en el Nilo Azul. La denominada presa del Renacimiento, situada casi en la frontera con Sudán del Norte, será construida por empresa italiana que ya realizó el proyecto de la presa del río Om –con desplazamiento forzoso y mal compensado de población autóctona. El anuncio de esta construcción se realizó a mediados del año 2011, aprovechando el momento de debilidad política interna de Egipto.
Sin embargo El Cairo, aun mermado, pudo reaccionar ganando tiempo y solicitando la creación de un comité de expertos –una parte egipcios, otra parte etíopes y otra parte independiente- que diriman si la presa del Renacimiento afectaría a los caudales medioambientales y productivos del Nilo a su paso por Egipto. Fuera de toda duda, se calcula que dichos caudales tardarían de 3 a 5 años en recuperarse del impacto de la presa, pero la duda está en qué pasará más allá, cuando la construcción ya sea un hecho y la dependencia de El Cairo de las aguas del Nilo sea un arma controlada por Addis Abeba.

Meles Zenawi, antes de su fallecimiento en agosto de este año, ya advirtió que con informe positivo o negativo de la comisión de expertos –que ha de resolver su discusión en los próximos meses- la presa del Renacimiento se realizará de todas maneras. Etiopía considera el proyecto fundamental para su desarrollo, en tanto en cuanto es una obra encaminada a la generación de energía eléctrica, y no parece que el sucesor de Zenawi, Hailemariam Dessalgn, vaya a hacerse a un lado ante las batallas que le plantee Egipto.

Sea como sea, el proyecto de la presa del Renacimiento constata el hecho del cambio de hegemonía en la región a favor de Etiopía. El apoyo externo, pero también la transición interna tras la muerte de Zenawi –pausada, a pesar de contar con unos índices inflacionarios muy elevados y un elevado descontento de la población- han permitido robarle terreno a Egipto tanto en el terreno militar como en el diplomático. El Cairo, por su parte, realiza esfuerzos diplomáticos para que la Comunidad Internacional interprete la construcción unilateral de la presa como una agresión a los intereses vitales de Egipto y, por tanto, pueda consentir la respuesta militar ante el proyecto. La debilidad de Morsi, la necesidad de encontrar cohesión social en el Egipto de las protestas –qué mejor que buscar un buen enemigo-, y la vinculación de la construcción de la presa con la afectación de los intereses más vitales de cada egipcio –el agua-, pueden terminar probando antes de tiempo la capacidad militar de Etiopía para responder al reto de su hegemonía regional. Sería el tiempo de desempolvar –por fin- la maldita frase de Boutros-Ghali y comenzar a tomarse en serio los cientos de conflictos abiertos por las privatizaciones salvajes del agua a lo largo y ancho de todo el mundo. Sería el tiempo de las guerras por el agua.

miércoles, mayo 04, 2011

Prohibido, de Amal Ramsis

Justo ahora que no nos llegan muchas noticias de Egipto, estrenan en España el documental de Amal Ramsis Prohibido. No conocía nada de esta directora ni del documental, pero me acaban de hacer llegar por correo electrónico las fechas de sus estrenos en España en el marco de diversos festivales y, visto el trailer, parece un documental interesante.

Si te gusta el trailer y te interesa verlo, las fechas de las distintas proyecciones son las siguientes.




Madrid, 7 de mayo de 2011, 18:15h. en el Cine Palafox.

Madrid, 8 de mayo de 2011, 20:30h. en el Cine Palafox.

Barcelona, 27 de mayo de 2011, 19:30h. en el CCCB.

Granada, 25 de mayo de 2011, 19:00h. en la Fundación Euroárabe.

También lo proyectarán en otros países europeos, así como en el propio Egipto. Por si acaso te viene mejor, te informo que en Lubliana, Eslovenia, se representará en el mes de septiembre -fecha aún por confirmar.

Bruselas, 11 de junio de 2011, hora por confirmar, Cinema Venom.

El Cairo, 18 de mayo de 2011, 19:00h. en el Centro de Creatividad (Opera House).

Como ocurre con tantas cosas, yo no podré asistir a ninguno de los pases, pero si tú sí puedes, te animamos a que nos dejes tus impresiones en un comentario.





jueves, febrero 17, 2011

Derechos Humanos, cooperación internacional y el Mayo del 68 árabe

Días de protestas en los países árabes. La crisis económica, combinada con los abusos de poder de las élites políticas han llevado la expresión de malestar y la voluntad de cambio en los estados árabes. Y, como muchas otras veces a lo largo de la Historia, el origen de la revuelta surge de lo anecdótico y casi cotidiano. Mohamed Bouazizi, comerciante tunecino a quien la policía de la dictadura había confiscado su puesto y humillado públicamente, se inmoló en señal de protesta. Su desesperación y sacrificio hizo levantar el ansia de cambio de la juventud tunecina y sus protestas derrocaron al presidente Ben Ali.

El presidente Ben Ali era un miembro del ejército formado por la antigua metrópoli, Francia, que había llegado al poder a través de unas elecciones. Modificando la ley a su antojo para poder seguir presentándose ilimitadas veces a la reelección, Ben Ali además había prohibido a partidos políticos contrarios al régimen -de izquierda o islamistas-, y disfrutaba del prestigio internacional de ser un aliado de occidente. Su partido político formaba parte de la Internacional Socialista –de la que ha sido expulsado a raíz de los levantamientos populares- y constituía la única fuerza a la que Europa y Estados Unidos ofrecían legitimidad y apoyo. En todas sus reelecciones como presidente de Túnez, la sospecha de fraude electoral era muy elevada.

Tras Túnez, cayó Egipto. El efecto contagio ha hecho que lo impensable, sucediera. Hosni Mubarak renunció a su cargo de presidente el pasado día 11 de febrero y a día de hoy el país es gobernado por una junta militar, la cual ha anunciado que renunciará al poder en el momento en que se celebren las elecciones libres. A la espera de lo que suceda con el futuro democrático de El Cairo, la caída de Mubarak anuncia tiempos de cambio para los países árabes. Mubarak era el prototipo de dictador militar árabe, hijo de su tiempo –formado en la URSS y sin embargo apoyado y legitimado en el poder por EEUU e Israel- y fuertemente anclado en el escenario internacional que su salida se veía impensable, hasta que sucedió.

A día de hoy, Libia reprime con balas las protestas pacíficas de estudiantes, Yemen dispersa las reuniones de jóvenes en la plaza Tahir –libertad-, Barhein produce muertos entre sus manifestantes y Jordania ha cambiado de Primer Ministro, nombrando el Rey Abdullah a un ex general para así desviar la atención de las revueltas que se estaban organizando en Amman.

Muchos analistas hoy nos señalan la importancia de los medios de comunicación sociales en estas revueltas. Si bien no es del todo así. Lo que hoy se comenta por Twitter o Facebook, ayer se comentaba en los cafés árabes. Y sin embargo ninguna revuelta podría haber triunfado sin la atención de los medios de comunicación internacionales.

Éstos han prestado toda la atención que no dedican a los movimientos de protesta nacional a los jóvenes tunecinos o egipcios. Lo cual no significa que este supuesto cuarto poder haya cambiado gobiernos, sino que la emisión en directo de conductas pacíficas de protesta, en horario de máxima audiencia, en portada de papel y la explicación de unas demandas razonables o acordes con el discurso político global han atado de pies y manos a los gobiernos occidentales, verdaderos padres de la criatura.

Porque, no nos engañemos, Mubarak, Ben Ali, Gadaffi, Abdallah y tantos otros son “nuestros hijos de puta”. Aquellos líderes que occidente ha sostenido en relación a sus intereses económicos, políticos o geoestratégicos.

Justo en estos días coincide, además, que Human Rights Watch ha lanzado su informe mudial. En esta edición de 2010, HRW se cuestiona el modelo de promoción de los Derechos Humanos que tienen los gobiernos en general, pero particularmente los occidentales. Frente a las violaciones de Derechos Humanos, el informe señala que la práctica de los gobiernos se basa en una palabra: cooperar. Cooperar con los violadores para, teóricamente, convencerles de las bondades del respeto a los Derechos Humanos. HRW dice que esta cooperación es falsamente idealista. En la mayoría de las ocasiones, la cooperación basada en la buena voluntad de los gobiernos violadores sirve de parapeto y desvío de la atención para éstos y de falsa justificación para unos gobiernos occidentales interesados más en su geoestratégia y la buena diplomacia que en extender el régimen de protección sobre los Derechos Humanos.

Un reciente estudio –lo lamento, no encuentro el enlace- indicaba que criticar a China al respecto de la situación allí de los Derechos Humanos implicaba pérdidas en la balanza comercial durante, al menos, 5 años. Lección que han dado por aprendida Obama, Sarkozy o el premier británico, David Cameron, mudos en sus últimas reuniones políticas con Hu Jintao. Los Estados occidentales están primando la consecución de objetivos económicos o los intereses geoestratégicos por encima de la supuesta fórmula de gobierno global que estaban intentando implementar: Derechos Humanos + liberalismo económico + democracia liberal representativa. El proyecto de la Paz Liberal, para ellos, sólo ha de funcionar si eso implica beneficios económicos a corto o medio plazo.

HRW nos enseña en su último informe que la presión pública a un gobierno sobre el respeto a los Derechos Humanos no es incompatible con la diplomacia entre bambalinas y las conversaciones discretas entre gobiernos. Y que es precisamente esta estrategia la que ha favorecido el cambio pacífico y el desarrollo en diversos países. Todo lo que se desvíe de este punto sirve a los intereses particulares de cada gobierno, y no al establecimiento de un régimen sólido, estable e internacional de Derechos Humanos.

Hoy hay quien compara o sugiere que el mundo árabe está viviendo su 1989 particular. Sin embargo, todo esto se parece más a un 1968. Gentes humildes, solidarizándose unos con otros en búsqueda de cambios políticos y sociales que aumenten sus libertades políticas, y enfrentándose a unos demonios más grandes y más altos que los del comunismo: los demonios del liberalismo económico y de los intereses geoestratégicos mundiales.