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miércoles, enero 30, 2013

Reproducir Afganistán en Mali


Foto CC de jedalani
El pasado día 12 de Enero de 2013 fuerzas militares de la República Francesa atacaron desde las bases de Chad, por tierra y por aire, a las fuerzas rebeldes de Azawad. Hace casi un año, se lo contábamos aquí, tropas tuareg y de dos grupos islámicos de la zona habían iniciado un ataque desde la frontera con Libia que había llegado a expulsar al ejército de Mali de la parte norte del país. Finalmente, el 6 de abril, se declaró la independencia de Azawad, no reconocida por ningún organismo internacional ni ningún otro Estado.

Desde entonces la población malí ha sobrevivido como ha podido a la inseguridad alimentaria, a la inexistencia de una Administración pública descabezada por un Golpe de Estado militar y a la espera de que los actores internacionales decidieran intervenir de una manera u otra. La manera escogida ha sido la de una intervención militar unilateral, retrotrayéndonos a los momentos más estelares de 2001. Hemos escuchado a François Hollande –la última esperanza blanca europea para el Estado de Bienestar- decir que Francia permanecerá –intervendrá- Mali hasta que las tropas islamistas hayan sido derrotadas. Y hemos escuchado a David Cameron –la esperanza y ejemplo de la Europa liberal- afirmando que está en peligro “nuestro modo de vida”. El terrorismo ha vuelto a constituirse como el leitmotiv oficial de la política exterior de los estados occidentales. George Bush Jr., te esperamos impacientes.

Cuando en 2012 se escenificó la inoperancia del gobierno militar malí para hacer frente al reto secesionista de Azawad las reservas –económicas y militares- de los países de la OTAN estaban bajo mínimos tras la intervención de Libia –origen de estas tempestades. Todas las miradas apuntaban a una intervención delegada realizada a través de los países que forman la CEDEAO (ECOWAS). Una intervención africana para un conflicto africano. El problema es que los más de diez años de programa de formación y cooperación militar de los países de la Unión Europea y EEUU con los países del Sahel no habían terminado de dar frutos. Se necesitaba una formación más adecuada y, por tanto, tiempo para llevarla a cabo. Naciones Unidas, en un informe de hace pocos meses, ya hablaba de una posible fecha de intervención conjunta africana: Septiembre de 2013.

Sin embargo a comienzos de Enero de este año los movimientos islamistas realizaron movimientos de acercamiento a Konna, desde donde la llegada a Bamako, la capital, era franca. Esto precipitó la decisión francesa que ha provocado la creación de un Afganistán a poco más de 6.000 km de París –y 4.900 de Madrid. Porque esto, la creación de un problema militar de difícil solución y el enquistamiento de la situación en la región, está fuera de toda duda.

Si alguien piensa que las tropas islamistas no van a llamar a la acción internacional de sus bases, igual que se realizó en Afganistán o en otros tantos lugares, no conoce la voluntad de Al-Qaeda por invertir esfuerzos en el frente de África del Norte. La expulsión de estas fuerzas sólo puede suponer su instalación, y consecuente desestabilización, de otro país. Puede que los países occidentales no estén en guerra contra el Islam, pero a fe que lo parece. Se han pasado diez años secuestrando, torturando, asesinando, bombardeando, invadiendo y ocupando países de mayoría musulmana (Afganistán, Iraq, Libia, Pakistán, Somalia). Más leña al fuego que se encargan de avivar constantemente las fuerzas islamistas.

Cuando nos centramos en los porqués de la intervención francesa es muy tentador fijarse en sus intereses económicos en la región. Francia interviene porque es la que más tiene que perder con la pérdida de Mali. Sus empresas tienen los contratos más jugosos de extracción de uranio. Pero además no se puede olvidar que París tiene el gatillo fácil. En nombre de la razón, la protección de nuestro modo de vida o de la democracia global, Francia ha intervenido en África tanto como ha querido desde el final de la Guerra Fría. Estos antecedentes de defensa de sus intereses económicos –o de sus empresas- en el continente conforman una explicación completamente coherente. China ya les está haciendo mucho daño con su guerra comercial –y silenciosa- en África Subsahariana. Demasiado como para perder piezas por el camino. El intervencionismo francés es común a las diferentes fuerzas de gobierno, traspasa colores, genera intereses económicos en las empresas cercanas al Eliseo e intereses militares entre los altos mandos del ejército de la República.

El Reino Unido o Estados Unidos no van a dejar sola a París. A pesar de los gritos desesperados de algunos políticosfranceses que antes se denominaban pacifistas y contrarios a la intervención, el resto de países de la Unión Europea a duras pena tiene suficiente con aguantar la crisis económica y los continuos ataques al Euro. Londres, a través del apoyo logístico aéreo, y sobre todo Washington también están jugando sus cartas. Obama ha firmado un pacto de última hora con Níger para poder operar desde este país con los famosos drones. Si yo fuera líder de Boko Haram iría dándome por aludido.

Tendremos por tanto una intervención francesa que poco a poco se irá retirando –nunca del todo, pues es un territorio demasiado extenso- a favor de una posible fuerza de ocupación africana –se habla de tropas de Burkina y, en especial de Nigeria- que necesitará tiempo para terminar de formarse y hacerse con el control operativo de las instrucciones dictadas por el Eliseo. Y alrededor de esta intervención terrestre, una operación más quirúrgica de asesinato selectivo organizada por el Pentágono a través de las operaciones no tripuladas.

La intervención iniciada por Hollande complica la solución del puzle de Mali al internacionalizar el conflicto en sí mismo. Frente a una posible solución negociada y arraigada en el control que sobre el territorio tienen las fuerzas tuareg –que podrían haberse transformado en aliadas de Bamako a través de mecanismos de reconstrucción del Estado malí y de la ingeniería constitucional desde la base- París ha impuesto la visión guerra contra el terror, un escenario donde los movimientos islamistas se mueven mejor que nadie y donde consiguen más ventajas al mantener el fuego de su lucha encendido. A partir de ahora todo lo que haga Francia, la Unión Europea o las propias Naciones Unidas será interpretado por los movimientos islamistas como una afrenta más al Islam o una derrota de los valores occidentales, sirviendo la intervención de Francia como amplificador del discurso y, por tanto, escondiendo el resto de sus complejidades.

La ruta de la democracia interna, que permitiera a los malienses controlar sus recursos minerales y económicos, no se contempla. Ellos son sólo víctimas de los movimientos de estos dos actores globales.

miércoles, marzo 28, 2012

El asfixiante verano maliense



Foto de Alfred Weidinger
Pasa muy por encima de las hojas de los periódicos. Las redacciones de telediarios ni siquiera desean oír hablar de ellos. Los politólogos o expertos en la zona, junto con las ONGD, ponen el grito en el cielo. Pero da igual. Sea como sea, hacerse con los motivos de un Golpe de Estado es complicado. Son muchas las razones y, sobretodo, son muchos –tantos- los Golpe de Estado en África Subsahariana que se puede tender a analizar la repetición y obviar los efectos graves del Golpe de ahora. Podemos, incluso, asumir entre líneas que los Golpes de Estado son inevitables en la zona.

Y es cierto que la manera en cómo se ejerce el poder en África Subsahariana tiene, como en todos los lugares del planeta, una raíz histórica. Se reproducen los momentos autoritarios porque hubo momentos autoritarios en el pasado reciente. Y decir esto no es hablar de determinismo histórico, es comprender la política como un proceso que está vivo, pero que viene de un pasado determinado.

En Malí, sin embargo, parecía que no existía este pasado de romper con la democracia. Sin embargo la semana pasada comenzó un Golpe de Estado que aún está por acabar. En enero de 2012 tropas tuareg del Movimiento Nacional de Liberación Alzawad (MNLA) comenzaron una ofensiva al norte del país. La oportunidad de dicho despliegue la propició la llegada de arsenales y combatientes procedente de la Libia de Gadafi. El difunto líder libio se servía de combatientes nómadas frente a los rebeldes apoyados por la OTAN –bajo bandera de Naciones Unidas. Una vez finalizada la defensa de Gadafi, los líderes del MNLA pusieron sus ojos en la posibilidad de oponerse al ejército de Malí. Junto a ellos, otros actores que ya estaban en armas por la zona. Al-Qaeda del Magreb Islámico, la organización famosa por el secuestro de blancos –esos intocables- en la región, a los que se les añadió otra facción controlada sorprendentemente por el hombre fuerte del gobierno de Bamako en la negociación de los rescates, que se ha hecho con el control de una parte del ejército.

Frente a ellos, Amadou Toumani Touré, presidente maliense con fama de amable y bonachón. Su posición fue firme, a la vez que responsable. Ningún maliense tomará las armas contra otro maliense. Mientras que el ejército le exigía armas para combatir la rebelión tuareg, Toumani recurría a las organizaciones internacionales, la CEDEAO y la UA, para intentar negociar con los rebeldes. También intentó recurrir a la potencia colonial, Francia, que ve cómo se le caen diversos naipes africanos justo en mitad del proceso electoral. Pero las negociaciones no terminan de fructificar y mientras la rebelión tuareg, armada hasta los dientes, asedia y masacra a las tropas del mal armado ejército de Malí.

En este panorama una manifestación de soldados rasos por las calles de Bamako termina ocupando la televisión pública, derivando pocas horas después en el actual Golpe de Estado. Un Golpe sin organización, realizado por soldados sin formación que una vez que están en la silla presidencial no están teniendo la capacidad de organizar la resistencia a la rebelión. A pesar de las llamadas a altos oficiales del ejército por parte de los golpistas para que se les unan, lo cierto es que está habiendo una negativa entre gran parte de éstos. Como consecuencia el país se encuentra sin Administración central, con una rebelión de varias fuerzas en el norte del país y un enemigo más mortífero que está asomando, pero que está por venir.

Desde hace un par de meses se viene advirtiendo de que el Sahel sufrirá una hambruna durante este año similar a la del año pasado de Somalia. Las alarmas venían acompañadas de un llamamiento a la acción rápida de los países donantes y una coordinación con el gobierno de Bamako. Ahora que Malí está pendiente de los acontecimientos del Golpe militar, el país se puede encontrar con la falta de ayuda internacional para luchar contra la hambruna que viene.

La responsabilidad de los propios malienses sobre el Golpe de Estado, en especial en la figura de un presidente en parte confundido entre la ética de las responsabilidades –procurar armas suficientes para no masacrar a los soldados rasos mientras se intenta negociar- y la ética de las convicciones –evitar una Guerra Civil- no debe ocultarnos las responsabilidades de unos líderes europeos que ni siquiera han mencionado el Golpe de Estado. Ya correrán a hacerse la foto cuando haya que ofrecer ayuda alimentaria de emergencia. Europa y EEUU intervinieron en Libia para garantizar la defensa de sus intereses y bajo el paraguas humanitario del Consejo de Seguridad. La regionalización del conflicto de Libia se ha producido y las tropas de la OTAN que intervinieron sobrevolando Libia y permitiendo el flujo de armas hacia los rebeldes son directamente responsables de que hoy en Malí se viva el verano más asfixiante tras la primavera más caliente.

sábado, julio 24, 2010

Tics neocoloniales

Los tics neocoloniales son muy difíciles de quitar. Más cuando eres Francia. Hablar de libertad, igualdad y fraternidad queda muy bien, pero en el fondo es el mismo mensaje que utilizaba Napoleón para invadir con sus tropas toda Europa.

Con todo, Francia se ha convertido en ese miembro de la política internacional capaz de movilizar a toda la comunidad internacional en pos de una resolución en la Asamblea General de la ONU y, llegado el momento de la votación, abstenerse por un repentino cambio de opinión. ¿Por qué lo hace? La razón es bien sencilla: porque es Francia, y puede.

Cuando se juntan ese espíritu brabucón de viejo dueño terrateniente molesto por lo que cultiva la gente del pueblo en lo que antes eran sus campos de equitación, con un político megalomaniáco y capaz de comprometer todos los estamentos del Estado en pos de su adulación pública, pasan cosas como la Operación Turquesa. O como el recién intento de intervención militar en Mali.

Francia, como España, tiene nacionales secuestrados en territorio de Mali. El miércoles pasado, utilizando bandera del Estado tapón de Mauritania, tropas francesas y de dicho país se adentraron sin permiso en territorio malí con la pretensión de rescatar por la fuerza a su ciudadano. En un gesto que será valorado -muy valorado- por esa derecha universal, presa de la testosterona política, que indica que allá donde haya un nacional -uno de los nuestros- en apuros se ha de mandar todo el equipo armamentístico local y subsanar el atropello independientemente de los daños colaterales, el derecho y todo lo que se ponga por delante, Sarkozy -aka SarkoStar- ha invadido Mali bajo bandera mauritana. Suponemos que eso de esconderse, para el ejército francés, es muy testicular y honra el servicio militar.

La operación ha sido un fracaso, no rescatando al secuestrado y matando a seis personas que, supuestamente, pertenecían al grupo terrorista de Al-Qaeda en el Magreb. Seis muertos que, todos los medios nos lo dirán, han formado parte de esos locos sin escrúpulos capaces de secuestrar y matar con tal de conseguir sus objetivos políticos. Como el Gobierno Francés, aparentemente.

Los grupos de Al-Qaeda en el Magreb crecen constantemente, según los expertos, enfrentándose a los estados de la zona y amenazando a los nacionales de países occidentales con sufrir ellos las penas que el mundo rico le impone al pueblo musulmán. Uno de los motivos para que este mensaje cale en la región es la aparente lucha contra la dominación occidental, contra el imperialismo sobre el mundo árabe o islámico -que no son lo mismo, pero en este caso se confunden. Pareciera que, una intervención militar de una potencia extranjera, antigua metrópoli colonizadora, que además se encubre tras el velo del gobierno títere de Mauritania, no hace sino reforzar la posición de los grupos de Al-Qaeda en la zona y justificar su presencia.

Este Gobierno Francés ya es un experto en saltarse límites estatales de sus antiguas colonias. Sarkozy ya se tomó la justicia por su mano y se plantó en Chad para sacar de la cárcel a un grupo de franceses y españoles acusados de secuestrar niños.

La intervención es un reto al principio de soberanía territorial de los Estados. Se alega que Mali no es capaz de controlar todo aquello que se realiza en su territorio y, por el bien de la seguridad internacional -es decir, de occidente- se les invade en operaciones relámpago, camuflados por bandera mauritana y con nula capacidad de respuesta. Y todo aun a pesar de que el ejército de Mali viene siendo asesorado por EE.UU. desde hace tiempo. Incluso en la guerra la honradez es tenida en cuenta y los motivos han de ser justificados. Esta invasión es una prueba más de que en esto de la política internacional el derecho no es lo que cuenta. Lo que cuenta es estar en el posicionamiento estratégico de quienes dominan el mundo. Si te llamas Mali o Serbia, tu soberanía territorial es algo que puede ser cuestionado, ya sea en nombre de la seguridad global o de los derechos humanos.

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Actualización a 26 de Julio de 2010

La cadena de televisión Al-Jazeera ha confirmado que el rehén francés al que esta operación pretendía rescatar ha sido ejecutado. Esta vez, Sarkozy no tendrá su momento de gloria en el aeropuerto.