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miércoles, marzo 28, 2012

El asfixiante verano maliense



Foto de Alfred Weidinger
Pasa muy por encima de las hojas de los periódicos. Las redacciones de telediarios ni siquiera desean oír hablar de ellos. Los politólogos o expertos en la zona, junto con las ONGD, ponen el grito en el cielo. Pero da igual. Sea como sea, hacerse con los motivos de un Golpe de Estado es complicado. Son muchas las razones y, sobretodo, son muchos –tantos- los Golpe de Estado en África Subsahariana que se puede tender a analizar la repetición y obviar los efectos graves del Golpe de ahora. Podemos, incluso, asumir entre líneas que los Golpes de Estado son inevitables en la zona.

Y es cierto que la manera en cómo se ejerce el poder en África Subsahariana tiene, como en todos los lugares del planeta, una raíz histórica. Se reproducen los momentos autoritarios porque hubo momentos autoritarios en el pasado reciente. Y decir esto no es hablar de determinismo histórico, es comprender la política como un proceso que está vivo, pero que viene de un pasado determinado.

En Malí, sin embargo, parecía que no existía este pasado de romper con la democracia. Sin embargo la semana pasada comenzó un Golpe de Estado que aún está por acabar. En enero de 2012 tropas tuareg del Movimiento Nacional de Liberación Alzawad (MNLA) comenzaron una ofensiva al norte del país. La oportunidad de dicho despliegue la propició la llegada de arsenales y combatientes procedente de la Libia de Gadafi. El difunto líder libio se servía de combatientes nómadas frente a los rebeldes apoyados por la OTAN –bajo bandera de Naciones Unidas. Una vez finalizada la defensa de Gadafi, los líderes del MNLA pusieron sus ojos en la posibilidad de oponerse al ejército de Malí. Junto a ellos, otros actores que ya estaban en armas por la zona. Al-Qaeda del Magreb Islámico, la organización famosa por el secuestro de blancos –esos intocables- en la región, a los que se les añadió otra facción controlada sorprendentemente por el hombre fuerte del gobierno de Bamako en la negociación de los rescates, que se ha hecho con el control de una parte del ejército.

Frente a ellos, Amadou Toumani Touré, presidente maliense con fama de amable y bonachón. Su posición fue firme, a la vez que responsable. Ningún maliense tomará las armas contra otro maliense. Mientras que el ejército le exigía armas para combatir la rebelión tuareg, Toumani recurría a las organizaciones internacionales, la CEDEAO y la UA, para intentar negociar con los rebeldes. También intentó recurrir a la potencia colonial, Francia, que ve cómo se le caen diversos naipes africanos justo en mitad del proceso electoral. Pero las negociaciones no terminan de fructificar y mientras la rebelión tuareg, armada hasta los dientes, asedia y masacra a las tropas del mal armado ejército de Malí.

En este panorama una manifestación de soldados rasos por las calles de Bamako termina ocupando la televisión pública, derivando pocas horas después en el actual Golpe de Estado. Un Golpe sin organización, realizado por soldados sin formación que una vez que están en la silla presidencial no están teniendo la capacidad de organizar la resistencia a la rebelión. A pesar de las llamadas a altos oficiales del ejército por parte de los golpistas para que se les unan, lo cierto es que está habiendo una negativa entre gran parte de éstos. Como consecuencia el país se encuentra sin Administración central, con una rebelión de varias fuerzas en el norte del país y un enemigo más mortífero que está asomando, pero que está por venir.

Desde hace un par de meses se viene advirtiendo de que el Sahel sufrirá una hambruna durante este año similar a la del año pasado de Somalia. Las alarmas venían acompañadas de un llamamiento a la acción rápida de los países donantes y una coordinación con el gobierno de Bamako. Ahora que Malí está pendiente de los acontecimientos del Golpe militar, el país se puede encontrar con la falta de ayuda internacional para luchar contra la hambruna que viene.

La responsabilidad de los propios malienses sobre el Golpe de Estado, en especial en la figura de un presidente en parte confundido entre la ética de las responsabilidades –procurar armas suficientes para no masacrar a los soldados rasos mientras se intenta negociar- y la ética de las convicciones –evitar una Guerra Civil- no debe ocultarnos las responsabilidades de unos líderes europeos que ni siquiera han mencionado el Golpe de Estado. Ya correrán a hacerse la foto cuando haya que ofrecer ayuda alimentaria de emergencia. Europa y EEUU intervinieron en Libia para garantizar la defensa de sus intereses y bajo el paraguas humanitario del Consejo de Seguridad. La regionalización del conflicto de Libia se ha producido y las tropas de la OTAN que intervinieron sobrevolando Libia y permitiendo el flujo de armas hacia los rebeldes son directamente responsables de que hoy en Malí se viva el verano más asfixiante tras la primavera más caliente.

martes, marzo 29, 2011

Cinco preguntas sobre Libia

Desde que la coalición de Estados occidentales, liderada por Francia y EEUU, comenzó la intervención en Libia has sido varias las incógnitas que me han planteado diversos amigos sobre el conflicto. Este es un humilde intento por contestar algunas de ellas.


Una de las cosas que han llamado la atención han sido la cantidad y el tipo de arsenal militar del que disfrutan los miembros de la resistencia. Para entender esto debemos primeramente observar quiénes constituyen la resistencia.

El clima de protestas y rebeliones que respira el mundo árabe tras la caída de Túnez y Egipto, sumado a la voluntad de Gadafi de reprimir violentamente cualquier manifestación en su contra, provocó que cierta parte del ejército libio abandonase su disciplina militar y se sublevara. Esto explicaría una parte del arsenal con que cuenta la milicia y las imágines de ésta siendo aleccionada e instruida por personas de uniforme.

Pero además se ha de contar con que Libia era una de las puertas de entrada del tráfico de armas para los conflictos africanos. Un informe del Grupo de Investigación e Información sobre la Paz y la Seguridad (GRIP) con sede en Bruselas informaba en 2008 de que las armas empleadas en conflictos como el de la República Democrática del Congo señalaba a Libia como una de las plataformas del tráfico ilegal de armas. De ahí que la primera resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Libia, 1970 (2011), fuera en el camino de endurecer las medidas para evitar el tráfico ilegal de armas y, por tanto, limitar los arsenales oficiales y rebeldes.


La bandera que enarbolan los rebeldes y que tan ampliamente han difundido los medios de comunicación occidentales como bandera monárquica es, en realidad, la primera bandera del país. Libia fue el primer país en obtener la independencia tras la Segunda Guerra Mundial, cuando los aliados la liberaron de su periodo colonial italiano y pasó a establecerse una monarquía. En 1969 Gadafi da el golpe de Estado por el que se alza con el poder y no es hasta 1975 cuando decide cambiar la bandera del país por la que hasta hoy es la bandera oficial. Al llegar al poder Gadafi se intenta reinventar a sí mismo como uno de los líderes del socialismo no alineado. Escribe un texto que bautiza como Libro Verde reproduciendo los pasos de Mao Tse Tung y su Libro Rojo. Uno de sus principales idearios era la consecución de una unidad árabe, idea muy popular en esos años y sobre la que se imponía un color como símbolo : el verde. El mismo del que coloreó la nueva y, hasta hoy, oficial bandera de Liba.


Cuando estalla una guerra en la que interviene un país occidental todo el mundo corre a ver las cuentas corrientes de dicho país para explicar los motivos. Que las guerras son movimientos de los poderosos para acaparar más riqueza o más poder que le conduzca a la riqueza es algo que ya está inventado, como la pólvora. Por eso que en el caso de Libia miremos las cuentas corrientes y no veamos nada claro a primera vista desorienta un poco.

EEUU y Francia lideran la coalición militar y han guiado al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en la resolución 1973 (2011) que permita el uso de la fuerza. Y sin embargo ninguno de ellos tiene intereses económicos aparentemente comprometidos con la estabilidad del país.

El principal socio comercial de Libia es Italia. Ya se ha movido por la web un vídeo de Berlusconi besando la mano de Gadafi y el Parlamento italiano, el día que votó el apoyo a la intervención, notó la ausencia del Primer Ministro italiano, que se ausentó inexcusablemente. Con la caída del régimen, es el país europeo que más tiene que perder.

La ausencia de Gadafi abriría a otros actores la negociación de contratos en materia de energía. Los franceses ya han perdido concursos de concesiones estatales libias frente a los italianos, y un cambio en el poder libio quizás haría inclinar la balanza a su favor.

EEUU no se suministra con petróleo libio, aunque sí China –y de ahí se explica su predisposición a vetar la intervención. Sin embargo los primeras voces a favor de la exclusión aérea –término que implica el ejercicio de la fuera aérea- vinieron del grupo de asesores del presidente George W. Bush, los conocidos como halcones, que planearon la invasión de Iraq en 2003. Interpretar que si EEUU gana el acceso al petróleo libio China lo pierde es hacer un falso juego de suma cero.

En realidad, la salida de Gadafi permitiría a EEUU abrir una nueva fuente de petróleo, si bien no con un peso muy importante, sí con un peso relativo muy necesario en su política de diversificación del suministro. Además, no hay que olvidar que la península arábiga, de donde procede la mayor parte de su petróleo, está también envuelta en un clima de rebelión democrática que puede no favorecerle. China podría consentir –como ha hecho- a cambio de asegurarse seguir manteniendo sus cuotas de suministro o poder participar más en otras regiones. Y es así como obtenemos un juego win-win que permite el voto favorable de uno y la abstención del otro en el Consejo de Seguridad.

Pero aquí no acaba la cosa. Tras Túnez y Egipto, Libia podía haber caído o, al menos, desestabilizarse. Es muy probable que Francia no tenga más intereses en Libia que los de asegurarse algún contrato, pero lo que sí es seguro es que la clave en la estructura político-económica francesa tiene un nombre: Argelia. La desestabilización libia podría dar alas a una ya de por sí soliviantada rebelión argelina de consecuencias impredecibles, con actores islamistas contrarios al comercio con Francia y unas inversiones energéticas europeas ya comprometidas. Demasiado que perder explica el liderazgo francés en la intervención –junto con otras cuestiones de carácter interno que no nos detendremos a explicar.


Gadafi promocionó en el pasado intervenciones terroristas contra intereses occidentales. También financió a todo tipo de guerrillas que se levantaban contra gobiernos cómodos a los ojos de Europa y Estados Unidos. Así fue como, poco a poco, con el continuo pasar del fracaso de los movimientos revolucionarios mundiales, el país se quedó aislado de la política internacional del centro del sistema. Incluso en 1986 EEUU realizó un bombardeo sobre el país con el fin de atacar los intereses de Gadafi.

Desde el 11S la estrategia de occidente con respecto a Libia cambió. Se le requirió como vigía de occidente en los campos de entrenamiento yihaddistas en el Sahara y como Estado tapón frente a la inmigración africana hacia Europa. Además de ser suministrador de petróleo para el continente, Tony Blair llegó a proponer en la cumbre de la UE de 2002, en Sevilla, la construcción de campos de internamiento en suelo libio con la finalidad de enviar allí a los demandantes de asilo político en territorio europeo hasta que se resolviera su expediente.

Los motivos del nuevo bombardeo a Libia sólo se explican, por tanto, si se tiene en cuenta el contexto internacional del momento. Cuando las revueltas de Túnez y Egipto estaban en su punto álgido, especialmente esta última, los países occidentales comenzaron a acusar las presiones de la sociedad civil internacional que les demandaban un mayor compromiso con la democracia global y las revueltas pacíficas. Los tiempos entre el final de la revolución en Egipto y el comienzo en Libia –y sus similitudes de protesta pacífica- coincidieron y los discursos de apoyo a la democracia egipcia se interpretaron como un apoyo a las protestas libias. Los países occidentales han sido, por tanto, esclavos de sus palabras, demostrando que, por cínico que nos parezcan los discursos, muchas veces estos tienen su importancia y obligan a los Estados a seguir una línea política y no otra.


Defender los Derechos Humanos a bombazos es una actividad que recuerda mucho al Ministerio de la Paz de 1984. Sin embargo, en ocasiones, tomar este camino es irremediable. Una vez que, como bloque de Estados, te has posicionado a favor de la caída de un dictador alegando que viola los Derechos Humanos y que, además, en dicho país ha surgido una resistencia armada que es interpretada como democratizadora del país, te quedan pocas escapatorias para no intervenir militarmente. Itziar Ruíz-Giménez lo explica muy bien en su libro La historia de la intervención humanitaria. Durante los años 90 se estableció la norma de intervenir militarmente a favor de la defensa de los Derechos Humanos. Es cierto que dicha norma se quebró tras la salida de Somalia, pero los Estados occidentales quedaron colgados de ese discurso intervencionista y rompedor con el régimen de soberanía estatal.

Eso sí, como hicieron en el caso de Kosovo, las potencias occidentales han procurado dejar bien claros dónde están sus límites. En la resolución del Consejo de Seguridad se habla tan sólo de mantener una zona de exclusión aérea, lo que deja a una intervención terrestre fuera de todo programa –salvo operaciones especiales puntuales. Es una guerra legal –no como Kosovo- que trata de evitar la violación de Derechos Humanos en Libia. Es, por tanto, una intervención humanitaria.

Que sea humanitaria no significa que sea buena, ojo. Una guerra es una guerra, se sabe cómo comienza y no cómo acaba. Se sabe contra quién se hace, pero no contra quién se acabará. Se saben los objetivos iniciales, militares y políticos, pero no se sabe qué atacar cuando éstos se acaban y el dictador sigue resistiendo. Y, por supuesto, se sabe que causará daños a la población civil, pero se les llama daños colaterales.