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miércoles, marzo 12, 2014

Sarajevo en llamas, o bienvenidos a la #BosnianSpring


Foto de Carles Palacio
El pasado día 6 de Febrero Suad Zeljkovic, presidente del cantón de Sarajevo, declaraba que la población bosnia no se rebelaría frente al poder ya que no estaba muerta de hambre. Un día después la sede de su gobierno estaba ardiendo, y con ella otros dieciséis edificios gubernamentales por todo el país. Él se vería obligado a dimitir. Fue el inicio espectacular de la Primavera de Bosnia-Herzegovina que, frente a las imágenes de violencia que sacudieron la prensa y les equipararon con Ucrania, ha discurrido por cauces no violentos y efectivos.

Pero la #BosnianSpring no se inició en Sarajevo, sino en Tuzla. En esta ciudad de mayoría musulmana cada martes desde hace más de un año un grupo de trabajadores se reunían para protestar contra el cierre de empresas que anteriormente eran del Estado. Durante los tiempos de Tito y de Yugoslavia, dichas empresas empleaban a miles de empleados. Pero tras la guerra fueron privatizadas y vinculadas a la economía oligarca que caracteriza todo el país. Arruinadas, las empresas van cerrando y aumentando una tasa de paro que ronda un oficialista 27%.

lunes, septiembre 07, 2009

El país anteriormente conocido como Macedonia

Decir que a través del deporte se vuelcan hoy en día la mayoría de los sentimientos nacionalistas es decir una obviedad. Todo el que tenga un buscador de webs a mano puede observar cómo existen y existieron reivindicaciones nacionalistas a cada evento deportivo existente. Y los JJOO, esos a los que el Alcalde de Madrid ha decidido asociar su futuro, son una competición de Presidentes y Jefes de Estado que luchan por que sus gallos de pelea o sus tortugas corredoras, venzan a los demás para salir en la foto.

Hoy, día 7 de Septiembre de 2009, comienza en Polonia el Campeonato de Europa de Baloncesto, el Eurobasket. Allí se enfrentan 16 selecciones europeas para dirimir quién es el más fuerte. Seguro que más de una alteza real ya está pidiendo los números de teléfono del capitán y entrenador habituales –y además, en el caso de España, como el alteza y el entrenador son italianos, seguro que se entenderán bien. Allí en Polonia, en el partido inaugural del Grupo A se enfrentan Grecia y un país anteriormente conocido como República ExYugoslava de Macedonia. Y se enfrentarán si es que hay acuerdo sobre el nombre –provisional en todo caso- que tendrá este segundo país.

El conflicto internacional sobre el nombre del Estado de Macedonia viene de lejos. Cuando en 1991 la Yugoslavia de la época se rompe en diversas repúblicas independientes que continúan las divisiones administrativas establecidas por Tito, cada nuevo gobierno se lanza en busca del tan ansiado reconocimiento internacional que las identifique como naciones soberanas e independientes. Con legitimidad, por tanto, para autogobernarse. Al fin y al cabo, el Sistema Internacional no es más que un acuerdo de primus inter pares para decir que este cacho de huerta es de éste o de aquél. El gobierno de Macedonia pretendía ser rápido en esta cuestión para evitar que su territorio fuera reclamado por búlgaros o griegos. Sin embargo la jugada no fue completa y, si bien es miembro de pleno derecho de la comunidad internacional, el latiguillo del nombre no termina de permitirles levantar el suelo.

La génesis de este conflicto, como casi siempre, tiene que ver con problemas políticos no resueltos que se aparcan para resolverlos –como sea- más adelante. Tito se encontró con una Yugoslavia en la que Serbia era la república dominante y sobre la cual giraba toda su historia. Justo debajo de Serbia existía una región fronteriza con Bulgaria y Grecia a la que el nacionalismo serbio llamaba “Serbia del Sur” y que en realidad tenía una herencia helénica innegable. Denominada Macedonia y siguiendo las líneas fronterizas que el Imperio Otomano había impuesto, la región sureña de Yugoslavia tenía tres hermanas griegas –las tres regiones fronterizas del lado griego que se denominan Macedonia Central, Oriental y Occidental- y una hermana búlgara –la llamada Macedonia del Pirin. Con ésta última Tito trazó un plan de unificación. En 1946 Bulgaria renunciaría a esa zona a favor de Yugoslavia a cambio de sus reivindicaciones en el mar Egeo. Era la época en la que se hacía Historia y los huertos cambiaban de manos. La URSS, juez y parte en todo esto, dio el visto bueno al acuerdo y cuando todo estaba a punto de concretarse, estalló por los aires. Tito rompe con la URSS en 1948 y por tanto sus reivindicaciones sobre el Pirin son desoídas y Bulgaria reafirma la propiedad de la región. Tito, para evitar que la población macedonia se le vaya de las manos, organiza una política orientada a fomentar un nacionalismo macedonio que hasta entonces estaba dormido y que sería el inicio de la voluntad independentista de la década de los 90.

La política yugoslava pasó en aquél momento a potenciar –por no decir crear- la idea de que el macedonio era un pueblo independiente en lo cultural, social e idiomático a todos los pueblos que le rodeaban –búlgaros, serbios y, sobretodo, griegos. Y así se llegó hasta el día en que los nuevos macedonios se pudieron hacer independientes.

Sin embargo Grecia no ha permitido desde entonces que la integración en la comunidad internacional sea completa debido al nombre. Por un lado, entiende que Macedonia, si es que ese es su verdadero nombre, podría reivindicar las tres provincias griegas con las que compartiría nombre, ya que eso del nacionalismo es muy contagioso. Y por otro lado, al llamarse así, la nueva república podría sentirse tentada de quedarse con el legado de la historia macedonia cuando la realidad es que actualmente es una región profundamente eslava y no helénica.

La cuestión del nombre no es baladí. Por este motivo existe un enviado especial de Naciones Unidas, quien trata de mediar desde hace ya casi 20 años para alcanzar un acuerdo y quien ha propuesto el año pasado la denominación “República Macedonia-Skopje”, en alusión a la capital. Existe un número minoritario de países que no aceptan el nombre constitucional de Macedonia, que no es otro que “República de Macedonia”, y que la llaman con el nombre provisional propuesto por Naciones Unidas, es decir “Antigua República Yugoslava de Macedonia”. En la OTAN, durante la reunión de Bucarest de 2008, se pretendía alcanzar un acuerdo sobre el mismo para poder incluir a Macedonia en la Alianza Atlántica y sin embargo Grecia se negó en redondo a aceptar a cualquier país que pretendiera llamarse como tal. Hoy, la República de Macedonia sólo es Estado candidato a ser incluido en la OTAN, y sus posibilidades de verse en la Unión Europea están paralizadas hasta que no exista un acuerdo sobre su nombre.

Mientras, en las canchas polacas de baloncesto, hoy veremos como la República de Macedonia se enfrenta a Grecia a pesar de la oposición de la FIBA europea –con presidente griego ¡toma ya! Y es que la Federación Macedonia de Baloncesto ha decidido retirar las siglas FYROM –Former Yugoslav Republic of Macedonia- de la camiseta del equipo nacional, contraviniendo las reglas del torneo –según parece-, pues a un equipo llamado “República de Macedonia” no lo tienen registrado.

Como solución de última hora desde lse proponemos estos nombres, con toda la irreverncia del mundo, al enviado especial de la ONU para que resuelva el acertijo.

República del Melocotón en Almíbar
- ¡Melocotones del mundo, uníos! -

República Independiente de la Ensalada de Frutas
- ¡Contra la represión de la malvada piña! -

República Macedoña – aka República Macedonya
aquí, ya se ve, hay un problema -

República del Melón con Jamón
o del Jamón con Melón porque el orden de los factores… ya se sabe -

República Joroñaquejoroña
que viene a ser lo que diga la griega -

República de Lo que diga el Griego
que al final es quien les tiene cogidos por las pelotas… de baloncesto, se entiende -

martes, marzo 24, 2009

Fantasmas Balcánicos (VII)

Las causas de hoy son los olvidos del mañana. Y eso para las causas que hoy pueden llamarse causas, las que entran en la agenda social de manifestaciones, expresiones de solidaridad y, ahora que estamos organizados en blogs, las que nos entran en nuestras entradas.

Hoy, día 24 de Marzo de 2009 se cumplen diez años desde que la OTAN decidió bombardear un país llamado Yugoslavia. Y quien dice la OTAN dice Estados Unidos. Y quien dice Estados Unidos dice, como no, la Administración Clinton. Una administración demócrata que no dudó en provocar un bombardeo fuera del sistema multilateral de Naciones Unidas, que no dudó en hacer que todas las soluciones pactadas por las partes fueran papel mojado.

Desde ese 24 de Marzo hasta el 11 de Junio de 1999 aviones de la OTAN bombardearon población civil, puentes, depósitos de petróleo, edificios públicos, camiones de refugiados, la embajada China y otro sin fin de objetivos militares. La campaña de bombardeo fue tremendamente mal programada. El alto mando se quedó pronto sin muchos objetivos militares que bombardear mientras el dictador de Milosevic –haciendo gala de su sentido psicópata de la responsabilidad- resistía y se negaba a claudicar sabedor de que la OTAN jamás incurriría en un ataque terrestre. Así pues, para seguir bombardeando, y no hacer una guerra sin combate –cosa más ridícula- se inventaron objetivos militares tales como el edificio de la televisión pública. El empecinamiento de unos y la psicopatología del otro, provocó que en ese bombardeo murieran varios trabajadores.

En Septiembre de 2001, cuando dos aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas de Nueva York, cientos de miles de chinos salían a las calles de Pekín a celebrarlo. La causa, según constatan varios testimonios y crónicas, no fue otra que el sentimiento de que se hacía justicia por el bombardeo de la embajada china en Belgrado en Mayo de 1999. En aquél bombardeo murieron tres periodistas chinos. ¿Cómo comparar entonces la muerte de tantos ciudadanos estadounidenses con la muerte de sólo tres chinos? La razón está en cómo se produjo el bombardeo. La OTAN se disculpó tras el ataque, aduciendo que unos planos desfasados proveídos por la CIA habían sido la causa de un terrible error. Sin embargo, en el ambiente se quedó la sensación de que Estados Unidos podía hacer y deshacer a su antojo, y la revancha mundial provocada por dos aviones contra sendas torres supuso un grito de alivio para distintas poblaciones. Años después de los dos incidentes, en 2005, se confirmó la voluntariedad del ataque contra la embajada china. Al parecer los servicios de inteligencia de la OTAN habían anunciado que Milosevic se encontraría en dicha embajada recabando apoyos políticos. La posibilidad de acabar con la vida del líder político en un momento de la contienda de auténtico desgaste para la alianza –mes de Mayo- hizo que no se confirmase la información y directamente se actuase a la desesperada.

Pero sea como sea, los muertos de Yugoslavia no importan hoy como no importaron nunca. Esta cloaca de Europa ha sido testigo de toda clase de experimentos políticos modernos para tratar de dominar el espíritu de su población, para hacer de la política yugoslava algo que el resto del continente pueda manejar. Víctimas de su situación de frontera, de su vinculación cultural con la potencia europea menos europeísta, Rusia, y testigos del enfrentamiento de su Iglesia con el resto de comunidades ortodoxas. Así vive hoy la población de la que es heredera de Yugoslavia.

Y hoy sólo nos acordamos de ella para salir de allí. Estados Unidos y la Unión Europea, empeñadas en seguir una política de debilitar cuanto más a Serbia, dieron alas a Kosovo para proclamar su independencia contra cualquier norma de Derecho Internacional. Un año y poco después de su independencia, el nuevo país no ha sido reconocido por la comunidad internacional -¡y eso con sus padrinos de la mano!- no es capaz de gobernarse y depende de la ayuda internacional hasta para cuidar sus calles. Así pues, si un Estado se define por los elementos clásicos de población, territorio y gobierno, Kosovo hoy tiene una población mayoritariamente enfrentada entre los que sienten a Albania, los que sienten a Kosovo y los que sienten a Serbia; un territorio incapaz de ser controlado sin ayuda militar extranjera; y un gobierno pelele de Estados Unidos. Sí, esta figura de protectorado aparentemente independiente de Kosovo no es nueva en el mundo de lo internacional, pero no por vieja deja de ser denunciable.

Hasta allí se marchó en visita sorpresa la Ministra de Defensa de España –y dicen que próxima candidata del PSOE al Gobierno en 2012-, para anunciar que las tropas españolas se retiran del territorio de un Kosovo que no reconocen aún –se sigue la doctrina de los 100 que indica que no se reconocerá al nuevo estado hasta que no haya 100 estados que lo reconozcan, ahí queda eso. Y parece una postura lógica. ¿No decís que sois independientes y autónomos? Pues a ver cómo os apañáis. No es una postura muy responsable políticamente hablando, cierto, pero lo que es cierto es que la coherencia sí se asoma por ella. Lástima no haberlo hecho bien y haber plantado cara a Estados Unidos y su decisión de independizar Kosovo en su momento –hace un año. Lástima de no haber sido valientes y afrontar el hecho de que se quería salir de allí en un foro de diálogo, y no con la política de hechos consumados. Lástima que la Ministra, embobalicada consigo misma, no haya sido capaz de coordinarse con sus compañeros de gobierno –a los que habría que recordarla que aún no dirige- y advertir a tiempo al Ministerio de Asuntos Exteriores. Lástima de todo esto, pues se habría logrado una postura mucho más coherente y razonada. Habría parecido -¡vive dios!- que teníamos en España una política exterior planificada más allá de la ideología del buenismo que nos conduce a una Alianza de civilizaciones aún sin identificar.

Se cumple hoy, por tanto, este siniestro aniversario de una lucha que nunca consiguió unir a ningún colectivo en Europa Occidental. De unos bombardeos ilegales por los que nunca serán procesados sus responsables. Y lo hace en un momento de espera ante la dirección que toma el nuevo gobierno Obama-Clinton en materia exterior. A ver si entre ellos y la Unión Europea se dan cuenta de que una cosa es justicia internacional y otra dar puñetazos al estómago de un pueblo. Si no se dan cuenta pronto tendremos problemas. Como ya nos lo advertía E. H. Carr en otros tiempos. Mala combinación la de la justicia y el reproche.


[Las fotos son todas del blog Belgrade Daily Photo que por supuesto se recomienda visitar]


miércoles, julio 30, 2008

Fantasmas Balcánicos (VI)

Si uno pasea por el centro de Belgrado, antes o después se encontrará divisando la antigua ciudadela turca de Kalemegdan. Este parque, con sus murallas y sus fortificaciones, destaca dentro de Belgrado por poseer una concepción de la vida y de la libertad exclusiva. Allí, los belgradeses acuden para encontrarse cogidos de la mano, para bailar al son de músicos tradicionales, para reflexionar sobre sí mismos o para ganarse la vida. En el otoño de 2003 el parque tenía además una luz especial que invitaba a conocerlo. Entre aquéllos que se ganaban la vida, un viejo militar de la Yugoslavia de Tito, sentado en una silla plegable y con una mesa de jardín a sus pies. Como pasa en otros parques públicos, sin ir más lejos en El Retiro, jubilados como este señor montan sus tenderetes de venta o intercambio de cachivaches. En este caso, el jubilado militar vendía camisetas a muy pocos dinares. De una calidad más que discutible, el principal motivo de decoración no era otro que la imagen de un Radovan Karadzic presto y dispuesto para la consecución de la Gran Serbia. El Milenarismo, parecía decir, había llegado ya.

Hace una semana que apresaron a este ideólogo de la Gran Serbia. La historia de su captura, en el barrio de Nuevo Belgrado, disfrazado o más bien camuflado bajo una identidad robada a un jubilado de la Vojvodina, ganándose la vida con la medicina natural, visitando bares nacionalistas que rendían culto al Karadzic original. De primeras, todo demasiado raro. ¿Por qué iba Karadzic a salir de Pale, ciudad de la República Sprska de Bosnia en donde vivía refugiado –bien acomodado- en las montañas? Allí aún disponía de su capital monetario, de la admiración de muchos y de la ayuda de unos pocos quienes, cuando veían llegar a la policía en su busca, daban la voz de alarma hacia lo alto de las montañas evitando así cualquier captura por sorpresa.

Mi escepticismo respecto a las condiciones de su captura se acrecienta cuando veo que ha sido Tadic –el europeísta- el responsable político de anunciarlo, y que nada se sabía en un principio de Kostunica. Este último se ha refugiado políticamente entre las filas de los nacionalistas serbios cada vez más nostálgicos de los días de la Gran Serbia, que no fueron otros más que aquellos en donde Yugoslavia estaba fuertemente anclada a la población serbia a pesar de contener otras 5 ó 6 repúblicas más. Curiosa manera de acabar políticamente con el que fuera la gran esperanza en los días de la caída de Milosevic en el año 2000. Es muy cierto que el entusiasmo del pueblo serbio con Kostunica se debía más a las ganas de sacarse de encima a Milosevic que al apoyo a un proyecto que, por otra parte, se ha demostrado hueco en el espacio y el tiempo.

En cualquier caso, Tadic anunció la captura y la entrega sin dilación del criminal de guerra al Tribunal de La Haya en donde se juzgan las causas de las guerras balcánicas. Si no hubiera habido tal rocambolesca historia con el Karadzic disfrazado y desconocido incluso para quienes convivían con él a diario, difícil se haría al gobierno de serbia explicar por qué no le habían entregado antes. Si confesaran que Karadzic ha estado todo este tiempo en Pale, disfrutando de la vida del poeta que dice ser –escribe poesía para los niños, como Gloria Fuertes- no se entendería el por qué de la entrega salvo como pago para iniciar las conversaciones de inclusión en la UE.

¡Ah! Que lo mismo es eso. Tadic, el europeísta, se saca de la manga a Karadzic, lo manda para La Haya y espera acontecimientos. Quizás le falte Mladic en el paquete, pero mejor mandar al ideólogo sólo protegido por los nostálgicos que mandar al que estaba en segunda fila que aún puede tener conexiones con los militares. Es un bonito cheque al portador pidiendo el ingreso en el club de Europa. El Consejo de Ministros de la Unión Europea, tras la detención y el anuncio de la entrega, sabe entender el por qué de estos movimientos serbios y se decide a hacer una declaración conjunta en la que se le felicita al estado serbio por sus esfuerzos y se le anima a seguir acercándose a la UE. Pero finalmente la declaración no es aprobada porque Holanda la paraliza. Para el gobierno holandés, que se vio inmerso en la matanza de Srebrenica por la que se va a juzgar también a Karadzic, no quiere hacer concesiones en esa torre de oro en la que se ha instalado cuando se habla de Bosnia, Serbia y todo lo que se les pueda relacionar. Para los holandeses, felicitar a Serbia por haber entregado a Karadzic es dar un paso atrás en su posición moral. Se han convertido en los guardeses de la moralidad balcánica asumiendo que, toda la moral que les faltó a sus cascos azules, la pueden recuperar ahora enrocándose más si cabe y haciendo política justiciera del espectáculo. Más les valdría superar sus traumas solitos y dedicarse a proveer las cárceles de La Haya de un sistema más seguro que evitara muertes tan sospechosas como la de Milosevic.

En este contexto, el Partido Radical serbio, nacionalista y admirador de la obra de Karadzic, ha vuelto a enarbolar la bandera del victimismo. Como dando la razón a aquel Kaplan profundamente etnocentrista que escribiera Fantasmas Balcánicos –y cuyo título domina esta serie sobre los Balcanes pretendiendo ser más irónico que fiel a la idea de Kaplan-, se justifican los crímenes de Karadzic aduciendo que “los croatas mataron más”, se manifiestan en Belgrado causando más destrozos que movilizaciones y amenazan de muerte a los dirigentes políticos que han tenido que ver en la entrega de Karadzic –lo que no es moco de pavo, ya lograron acabar con la vida de un Primer Ministro en 2003. No me extraña que la mayoría de la población serbia esté más harta que ilusionada o escéptica ante sus políticos. Seguro que si la población serbia viera cuánto pueden hacer juntándose un poco, sus políticos temblarían al ver cómo se les caen los mitos fundacionales de sus ideologías –y esto vale para los nacionalistas y para los europeístas.

Pero, pese a quien pese, Karadzic ya ha viajado a La Haya. En la misma noche de la manifestación, sin la palmadita de apoyo en la espalda de Tadic de la Unión Europea, guardando las formas en cuanto a su captura y encerando la sala del Tribunal en el que habrá de ser juzgado. Porque sí, asómbrense, todo esto se hace por y para la justicia. ¿Qué dónde se había quedado ésta? Eso mismo nos preguntábamos muchos desde hace tiempo. La tan famosa Carla del Ponte, fiscal que acusaba a Slobodan Milosevic hasta la muerte de éste, abandonó el Tribunal con la intención de denunciar lo que ha denunciado en un libro: que la Justicia de La Haya ni es justicia ni es nada. Que lo importante en ese Tribunal es guardar las formas de cara a la galería. Que los presos, supuestamente enfrentado por odios ancestrales –gracias, Kaplan- son íntimos y comparten cigarrillos y risas, que los procesos allí instruidos sirven más para limpiar las conciencias occidentales –Holanda, de nuevo- que para restituir a las víctimas.

¿A quién extraña todo esto? Que una Guerra Civil se transforme en un ridículo mundial al pretender juzgar los hechos en una base supuestamente imparcial, pero ajusticiando sólo a quienes perdieron la guerra –los dirigentes occidentales que tanto mal hicieron disfrutan de sus premios, conferencias y nominaciones-, es algo que no creo que sorprenda mucho. En Ruanda, otro lugar en el que se cubrió de gloria la Comunidad Internacional –signifique lo que signifique esto-, la lección ha sido más bien otra. Sus crímenes están siendo juzgados con ayuda de la antropología social, reinstaurando sistemas tradicionales de justicia tales como las Gacacas (pronúnciese Gachacas) y sin olvidar que cada sociedad tiene su propia manera de pasar páginas en sus hechos traumáticos. Si hacemos caso del fantasmagórico y equivocado Kaplan, la manera de ajusticiar en los Balcanes no es otra que dejándolo estar, asumiendo las pérdidas cada uno, victimizándose y vanagloriándose de cada derrota o victoria, y siguiendo con una vida llena de sentido. Quizás sea mejor manera que la de la justicia-espectáculo y las detenciones-mensajes que hoy vivimos y sufrimos. Pero seguro que sería menos ridículo.

lunes, marzo 03, 2008

Demasiado Sol, para esta época del año

La seguridad del mundo bipolar se establecía en la posibilidad de conocer quién era peligroso y desde dónde venía. Saberse enemigo de alguien previene frente a los métodos habituales y conlleva un sensible esfuerzo de innovación a realizar por parte de los amenazadores. Georgi Markov debía de pensar lo mismo cuando se decidió a criticar al gobierno comunista de su país, Bulgaria.

Markov empezó siendo un prometedor literato búlgaro. Sus obras iban logrando el beneplácito de la crítica y esto no pasó inadvertido para “Tato”. Éste y no otro era el sobrenombre de Todor Zhivkov, Secretario General del Partido Comunista y Presidente de Bulgaria. Tato tenía una gran red de autores afines al régimen y ese círculo se daba en llamar la Unión de Escritores Búlgaros. Si no se pertenecía a esa unión las posibilidades de dedicarse a la literatura en un país como Bulgaria eran remotas y Markov tuvo suerte de ser aceptado dentro de ella en el frío invierno de 1962. Su novela “Hombres” había cosechado mucho éxito y gracias a ello sus obras teatrales, sus libros y sus artículos resultaban interesantes a los miembros de la nomenclatura.

Sin embargo Georgi Markov comenzó a ver más allá de la vertiente idílica que el compromiso político requerido proporcionaba. A pesar de que Bulgaria disponía de una política comunista un tanto diferente de las directrices soviéticas, Markov no terminaba de dejarse llevar por las contradicciones que ese sistema imponía. Eran tiempos de Guerra Fría servida sin guarnición, la discrepancia estaba automáticamente señalada como disidencia y tener un carnet que te hacía parte del sistema no te aseguraba ni un paso en el camino de la crítica.

Para él, que el régimen comunista se dedicara a financiar inmensas mansiones donde residía el presidente de turno, Todor Zhivkov, mientras el pueblo búlgaro sufría escaseces era una contradicción que no casaba con su patriotismo. Terminando por ser señalado, Markov tomó la dura decisión de escapar de su país durante un tiempo. Acomodado en la casa de su hermano en Italia, Markov esperó un tiempo para comprobar si el régimen aflojaba la soga en torno a su cuello, para ver si podría volver a ser un escritor búlgaro aunque discrepara. Lejos de todo eso, el régimen comunista anuló su pertenencia a la Unión de Escritores Búlgaros, retiró sus obras de los teatros y prohibió sus libros. Si un escritor no puede escribir ¿en qué se convierte?

Aquejado de un profundo sentimiento de añoranza, Markov se decidió a emprender una nueva vida allí donde ésta le ofreciera algo. Como tantos otros, acabó en el Londres de los años 70. Allí se esforzó decididamente por comprender la lengua y logró entrar como periodista en el servicio búlgaro de la BBC de Londres. La oportunidad de poder servir a su Bulgaria y, a la vez, ajustar cuentas con el régimen que le había dado todo para luego quitárselo ya estaba servida. Pero no todo iba a ser tan fácil.

Si la Guerra Fría se caracterizaba por algo era por el profundo rencor hacia la crítica que ambos bandos sentían. Para Zhivkov, las críticas de Markov eran de carácter personal y estaba decidido a silenciarle de una vez por todas. Así, dos fueron las veces en las que la policía política búlgara, la temible Darzhavna Sigurnost, trató de asesinarle en Londres y dos fueron las veces en las que Markov salvó la vida por los pelos. Dicen que siempre hay una tercera vez, y que ésta es la vencida.

Georgi Markov se disponía a acudir a su trabajo en la BBC. Como cada ciudadano del Imperio Británico, Markov hacía cola en una mañana londinense en espera de que el autobús de dos pisos parara a recogerle. Esperando en la parada del puente Waterloo sobre el Támesis, miraba el reloj impacientemente. Era el día en el que Zhivkov cumplía años y estaba seguro de que alguna noticia nueva encontraría al llegar a la redacción. De pronto, sintió un golpe en su muslo derecho. Como sorprendido por la brutalidad del choque casual, Markov se giró y se encontró a un hombre con un paraguas quien, muy educadamente y con un acento un poco extraño le sonrió y le dijo “I´m sorry” (“lo siento”) mientas se encogía de hombros y levantaba las cejas en señal de su fatal impericia.

Al llegar a la redacción, Markov comentó con un compañero el incidente y se lamentó de que el golpe le hubiera dejado una pequeña marca en su pierna derecha. Sin darle mayor importancia siguió trabajando como cualquier día hasta que a la tarde llegó a su casa. Cansado y sudoroso, Markov comprobó que tenía fiebre y que comenzaba a sentirse mareado, a tener nauseas. Su situación empeoró hasta que su mujer se decidió llevarlo al hospital. Allí nadie podía decirle qué es lo que le sucedía. El diagnóstico se hacía esperar mientras su salud empeoraba rápida e irremisiblemente. En mitad del sufrimiento, Markov recordó el asunto del paraguas y la herida en la pierna. Relacionó aquello, como no, con los intentos de asesinatos frustrados por parte del régimen búlgaro y logró que le llevaran a la habitación a un par de agentes de Scotland Yard. Les expuso la teoría de que había sido envenenado y que el extraño acento del individuo con el que había chocado era la prueba irrefutable de ello. Los agentes no le dieron mayor importancia pero, al tercer día de estar ingresado, Markov fallecía estrepitosamente sin que los doctores hubieran localizado al culpable de tan espantoso dolor. En estos casos, el diagnóstico más acertado es el que dan los forenses y fueron ellos los que le dieron la razón a Markov.

En lo profundo de la pequeña herida de su muslo derecho, los forenses encontraron una pequeña esfera hueca con orificios alrededor de ella. La esfera tenía 1,52 milímetros y estaba compuesta de una aleación de platino (90%) e iridio (10%). En su interior se encontraron restos de ricina, una de las sustancias más tóxicas conocidas en el mundo y que se extrae del ricino. Los síntomas que Markov presentó coincidían con la intoxicación por ricina y los motivos de su muerte se aclararon. Aunque no hubiera sido el forense quien descubriera la causa de la enfermedad que aquejó a Markov, nada se hubiera podido hacer para salvarle pues aún no se conoce antídoto ante este veneno y el único tratamiento válido es saber esperar a que el paciente se sobreponga por sí mismo.

Poco tiempo después, otro disidente búlgaro residente en París fue tratado de asesinar de forma parecida lo que terminaba de completar el círculo de sospechosos en torno al servicio secreto búlgaro. Sin embargo, al acabar la Guerra Fría y desclasificarse los archivos de Moscú, se pudo comprobar que la KGB fue la encargada de ayudar a Zhivkov y darle ese regalo de cumpleaños, asesinando al disidente Georgi Markov con ricina y un paraguas en lo que se ha dado en llamar: el asesinato del paraguas.

lunes, febrero 25, 2008

Fantasmas Balcánicos (V)

Hace ya una semana que el Parlamento regional de Kosovo se autoproclamó independiente por cuenta ajena. Ya nunca más volverá a rendir cuentas a Serbia, ni a excusarse por llegar tarde y sin afeitar. Kosovo ya es su propia casa y ahora puede cambiar los armarios de sitio, pintar de color rosa las paredes o enmoquetar el cuarto de baño. Lo que quiera, porque la libertad significa eso, poder hacer lo que quieras sin esperar la aprobación de los demás. ¿No?

Estados Unidos algo ha tendido que ver. Un papel menor, claro. Ningún estadounidense ha salido detrás de Thaçi cuando firmaba el acta de independencia. Ningún miembro de la administración Bush pasaba por allí para prestarle la pluma o darle la hora. Europa -ese ente- no ha tenido nada que decir. Quizás haya apoyado al europeísta Boris Tadic en las elecciones de Serbia para favorecer el proceso de independencia, pero su papel ha sido más el de la abuela simpática que trata de poner a todos los nietos de acuerdo en que no se tienen que pelear. Con una mano suelta 5€ al más pequeño, con la otra desliza 100€ al mayor, pero todos son iguales, son sus nietos. Majetes.

En todo este divorcio el único que sale jodido es Serbia. Ha perdido la custodia de los chavales, la casa y además tiene que pasar pensión. Su madre Rusia le apoya, pero habla más que actúa y la cara de gilipollas ha de ser tremenda. “¿Me podéis devolver a Milosevic? ¿Al resto de criminales de guerra entregados a La Haya? Al menos me podré quedar con la parte que reclamaba de Bosnia ¿no?”, parece preguntar Serbia. Pero no, se ha quedado compuesta y sin novio, que diría mi Señora Madre. Lo dicho, jodido.

Y todo ha ocurrido casi de la noche a la mañana. Serbia tenía elecciones en un clima tenso tras el ascenso en el poder kosovar de Thaçi, todo se encaminaba a que la república iba a seguir los pasos marcados por Europa. Estos eran, victoria de Tadic, por aclamación popular y destacando el jurado sus buenas hechuras como negociador con la Unión Europea –esa institución-, colaboración con los tribunales internacionales que juzgan los crímenes de Bosnia -aún más, pero por supuesto mejor-, abstención serbia de las polémicas que surjan en la política bosnia, en concreto en la República Srpska, una de las dos mitades que componen la República bosniaca, y por supuesto dejar de hablarse con su madre Rusia, aunque se enfade porque no la llamaste por su cumpleaños. Cuando parece que todo esto se va cumpliendo y que además no te enfadas porque en Prístina haya ganado Thaçi, ese que vestía de verde olivo, que perseguía serbios en el norte de Kosovo armado con un fusil albanés y que se pegaba con el pacifista de Rugova, cuando consientes que las fronteras entre dos regiones de tu país las administren fuerzas internacionales, o que en tu territorio existan jueces extranjeros aplicando vete tú a saber qué ley, pues cuando ocurre todo esto, alguien decide mandarlo a la mierda, solucionar el problema porque sí, dejándote con el culo al aire y sin papel.

No hay que engañarse. La posibilidad de un Estado de Kosovo siempre estaba presente en el debate de un futuro para la región. Lo que jamás se imaginaba nadie era una cagada de tal calibre por parte de todos los implicados. El día 17 de febrero salen al estrado las autoridades kosovares a presentar la bandera. ¿Qué debe ser la primera nación que no tiene bandera preparada antes de la declaración de independencia? Es que los kosovares son así, desprendidos e improvisadores. Y cuando le quitan la cortinilla a la bandera, resulta que ni un sociólogo con photoshop lo podría haber hecho peor. Un fondo azul, de naciones unidas a tope, con estrellas doradas como la bandera de la Unión Europea -¿Cómo, que las estrellas de la UE son de herencia cristiana y de inspiración en la Virgen María? Pues lo hemos pintado con rotuladores indeleble y ya no se quita así que…- y un plano en dorado del mapa sacado por Google. Verdadera declaración de intenciones. No hay referencias hacia Albania, ni símbolos musulmanes –que no se llevan y ahora pagan menos que antes- a pesar de ser ambos dos elementos identitarios imprescindibles para la conceptualización de lo kosovar. De himno sonaba el himno de la alegría, pero podía haber sonado el We Are the Champions propio de las celebraciones del Real Madrid.

Alemania y Francia se apresuran a darle la bienvenida a la familia. Lo hacen como esa parte de la familia que acepta en su seno a la pareja tonta del tío raro, sabiendo que por caridad están obligados a ello, pero presintiendo que están cometiendo un error al no decir lo que piensan en voz alta. “Que lo diga Francia”, piensa Alemania. “Que lo diga Alemania” piensa Francia. Y como se miran sin saber quién lo va a decir, llega Estados Unidos y se adelanta, le da un abrazo a la nueva incorporación y con ese estilo tan tosco pero a la vez tan norteamericano se la lleva cogida del brazo a pasearla por todos los corrillos. Y de entre todos, pues coincide con la Madre Rusia, que ni les mira a la cara a la vez que les promete que les sacará los ojos por lo que han hecho a su chiquillo, y con pequeños a los que ni les va ni les viene, como España, que bien saludan o bien deciden no saludar por miedo a que sus retoños se empeñen en seguir el ejemplo del tío tonto y le traigan mañana a la novia a comer a casa.

Habrá que estar atento a lo que suceda en los Balcanes. Las reacciones serbias que salen en la televisión –tales como manifestaciones violentas, incendios de embajadas o quema de banderas- son más que comprensibles desde los sectores nacionalistas serbios, aquéllos que tienen secuestrada la política de Serbia desde hace mucho tiempo, y la papeleta que le queda ahora al que se quiera meter a solucionarlo es de considerables dimensiones. Bosnia, Estado ficticio, con una pequeña república en su interior que se quiere separar para integrarse en Serbia –a ver quién se lo niega después de esto-, Rusia deseosa de asegurarse un buen amigo en Serbia –más por la falta de cariño que por la importancia del mismo-, Albania que ve cómo un territorio que también ansiaba –no olvidemos que Thaçi fue proalbanés- se larga de Serbia pero se larga por su cuenta, la Unión Europea q que ve cómo las negociaciones con Belgrado se van al garete al menos de momento, y por último una República de Serbia, antes República de Serbia y Montenegro, antes Yugoslavia, que se queda sin las tierras en donde se sitúa su fundación –el monasterio de Granischa-, con un Primer Ministro Kostunica que tiende a ir hacia lo ruso y al que se le descubren apoyos dentro de la mafia económica serbia, un Presidente serbio proeuropeo recién elegido, que se ha hecho el sueco con esto de la independencia de Kosovo –se largó de viaje oficial a Rumanía al día siguiente-, un nacionalismo serbio que ve cómo sus predicciones de saqueo y humillación de la nación se hacen realidad y una población en donde, a pesar de las tremendas resistencias que había, termina de calar el mensaje nacionalista. Vamos, si yo me llamara Francisco Fernando no me acercaba durante una buena temporadita a los Balcanes.

martes, noviembre 27, 2007

Fantasmas Balcánicos (IV)

El pasado domingo 18 de Noviembre hubo elecciones en el centro de Europa. La región de Kosovo se lanzaba a las urnas y los ciudadanos estaban llamados a decidir lo que se había denominado “el futuro de Kosovo”. Sí, ya se sabe que Kosovo no está precisamente en el centro de Europa, pero las elecciones sí se celebraban en el centro del continente, al menos en el centro político. Este concurso público para decidir qué Kosovo se quería era visto muy de cerca por la Unión Europea como institución así como por los países europeos más importantes. Francia, Alemania, Reino Unido, incluso EE.UU. seguían pendientes de ver si el resultado de las elecciones se ajustaba a sus movimientos porque ¿alguien dudaba que Thaçi no iba a ser el vencedor? Aún más cuando desde Serbia se pedía el boicot de las elecciones.

Desde hace tiempo se viene observando que lo que ocurre en Kosovo no es otra cosa que la segregación de una provincia de un Estado soberano auspiciada por las potencias políticas, militares y, sobretodo, económicas de Europa. Los Balcanes han supuesto un quebradero de cabeza para el imperialismo europeo desde que éstos se levantaron independientes con la retirada del Imperio Otomano. Una región tan cercana a la Europa Civilizada, frente por frente a Italia en el Adriático y que está al norte de un país como Grecia, ha sido desde comienzos del siglo XX organizada por entidades ajenas a su propia población.

Y es curioso que esto se realice desde el seno de una Europa que, a partir de la Revolución Francesa, ya proclamaba como un derecho indispensable el derecho de autodeterminación de los pueblos y de constitución de una Nación en un Estado. No se nos escapa que los principios filosóficos y políticos de la época que condujo a la toma de la Bastilla conducían, ni más ni menos, a la conceptualización de la Nación de la que los procesos integradores de Alemania e Italia fueron el mejor exponente. Parecería contradictorio que la Europa Moderna infringiera su principal soporte de legitimación y terminara por organizar un vasto territorio con independencia de la voluntad de los pueblos que en él hay. Pero no, han sabido hacerlo sin que a los dirigentes históricos de cada país les haya temblado la voz. Aunque no lo han hecho muy bien.

Se han equivocado en todo momento. Sólo con la dictadura de Tito la región pareció encontrar una calma institucional que en realidad ocultaba la presencia de unas identidades nacionales tras el velo de un supuesto regionalismo nunca desarrollado y siempre lacerado por las tremendas diferencias económicas entre territorios. Hay quien echa de menos la existencia de una República de Yugoslavia, aunque sólo sea por motivos deportivos.

La realidad termina siendo dañina para las poblaciones balcánicas. Hoy existen diferentes identidades nacionales en la zona cuando las poblaciones apenas las reclamaban. Fueron los políticos de turno, interesados en aumentar su reino de taifas hasta el límite, los que terminaron por provocar una estampida nacional en Yugoslavia e infligir a los ciudadanos yugoslavos un estigma de guerra y racismo que ha terminado por enroscarse sobre sí mismo y hacer de unos el hazmereir de otros. Hoy en toda serbia se ríen del acento bosnio, incluso aquellos que encuentran el origen de su misma familia y de su apellido dentro de esta región, y se ríen como ya hacía décadas se reían de todo lo bosniaco. La única diferencia es que ahora, tras esos chistes, tras esas imágenes clásica de un humorista de la época de Tito que se caracterizó por este humor, tras todo lo que parecería normal, se esconde un odio hacia el vecino de al lado, culpabilizado de todos los males, animalizado y perseguido hasta donde haga falta. Si fuiste un musulmán nacido en Belgrado, hoy sólo eres un musulmán residente en Turquía, o en Bosnia, o en Francia. Hay que ver cómo la política puede ensuciar a su población.

La misma política, aunque esta vez europea, lleva a la decisión de distorsionar los acontecimientos de Kosovo y, en lugar de verlos como la última salida de un dictador en busca de legitimación, los observa como la mayor injuria hacia los Derechos Humanos. Defendiendo estos derechos con las bombas, evitando las bajas propias y propiciando un escenario para la victoria moral del dictador, Europa y EE.UU. lograron imponer su visión en la zona. Ésta no era otra que ejemplificación moral a Serbia –derrotada sin armisticio en 1999-, nación a la que se le ofrece la recuperación económica a cambio de colaborar en su desmembramiento. Montenegro se fue en 2006 acabando con el último fantasma yugoslavo, y ahora parece que definitivamente le toca el turno a Kosovo.

La razón para la independencia de Kosovo no es otra que la aparente incompatibilidad de los dos grupos poblacionales que allí residen: los albano-kosovares y los serbio-kosovares. Es en estas dos nomenclaturas o gentilicios que se utiliza aquí donde se puede ver mejor la lógica del conflicto. Por una parte, los albano-kosovares ya no son más albano, lo fueron durante el tiempo en que Albania suponía un apoyo a los intereses de la clase política de la región, cuando las armas y los soportes políticos internacionales procedían de Tirana. Hoy Albania se ha convertido en el estercolero de Europa al que nadie quiere acercarse, y los políticos albano-kosovares ven en la creación de un estado estrictamente kosovar la mejor salida para sus bolsillos y sus prestigios. El único problema para que se levante tal chiringuito proviene del otro gentilicio. Ocurre que hay una minoría serbia en Kosovo, una minoría que, tradicionalmente, ha dominado la política de la zona debido a la fuerte represión impuesta desde Belgrado hacia todo lo que sonaba albanés. Y esa minoría no sólo es serbia, sino que con el tiempo ha terminado por convertirse también en kosovar, lo que implica un sentimiento de pertenencia a esa tierra y, además, una estigmatización fuera de Kosovo, pues en Serbia son considerados kosovares y en Kosovo son considerados serbios.

El independentista albano-kosovar ha terminado por imponerse en las elecciones auspiciado por sus socios internacionales. Serbia, por su parte, queda expuesta a las fuerzas nacionalistas más radicales, al estar atrapada en dos fuegos: el nacionalista, que le impide soltar Kosovo a cambio de la liviana promesa de que estudiarán su incorporación a la UE; y el internacional, que le obliga a callarse ante el expolio kosovar, entregar a criminales de guerra que ni siquiera están en su territorio, tratar de que no se vuelvan a encender los ánimos en la República Serbia de Bosnia -la de Banja-Luka- de la que es indirectamente responsable y mantener callados a los nacionalistas del primer fuego. Un juego, sin duda, de malabarismo político que pocas buenas cosas puede traer. Máxime cuando la inmensa mayoría de la población serbia está cansada de los juegos políticos que le han traído guerra, indefensión y especialmente el estigma de ser los últimos animales de Europa. Una ciudadanía que se encargó de eliminar políticamente al líder alimentado por occidente –Milosevic- y que ha visto cómo sus esfuerzos han sido recompensados por toda una Europa que ha señalado a las gentes serbias de ser los responsables de cada matanza ocurrida en Bosnia o en Kosovo, como si cada ciudadano escondiera un uniforme de las Águilas Negras debajo de la ropa.

miércoles, junio 20, 2007

Fantasmas Balcanicos (III)

Tras las pesquisas diplomáticas y la decisión de intervenir militarmente, la visión estadounidense del asunto se presumía sencilla, como tantas otras veces. “Llegamos allí con los aviones, bombardeamos los puntos clave, dejamos algún recado a la población local –para que aumente la presión sobre el gobierno serbio- y en 10 o 15 días todo está acabado”. Esto sí que era cirugía y no lo del Cambio Radical.

Sin embargo se equivocaron. El empecinamiento de Milosevic a no darse por rendido obligó a EEUU –OTAN entremedio- a bombardear hasta el punto de que el jefe militar de la operación tuviera que confesar ante las cámaras de que ya no tenían nada más en la lista de objetivos. Los planes se habían hecho para una docena de días bombardeando de manera que, al igual que el borracho en la pista de baile tras soltarle las frases hechas a la presa de turno, se quedó donde estaba, haciendo como que hacía algo. La idea de intervenir por tierra sobre unos terrenos tan complejos como lo son los Balcanes estaba de antemano totalmente descartada –cosa que contribuyó a hablar de la cobardía de occidente frente a los serbios.

La búsqueda de nuevos objetivos bombardeables terminó con la paciencia de los militares. Absolutamente cualquier objetivo era discutido por los representantes políticos de la OTAN, con las filtraciones de costumbre y los reproches habituales. No era manera seria de hacer la guerra. Además, en pleno campo de batalla ­–aéreo- se producían situaciones ridículas como las de aquellos cazas españoles que, tras observar en el radar a dos MIG de fabricación rusa y dar la voz de alarma solicitando permiso para abrir fuego, se dieron cuenta de que los pilotaban miembros de la aviación húngara, miembros de la OTAN desde pocos días antes de comenzar los ataques.


Dispuestas así las cosas, los políticos tuvieron que lidiar con las incompetencias militares varias. Surgió el llamado efecto colateral o, lo que es lo mismo, el bombardeo de camiones atestados de refugiados serbios o kosovares por error. Se bombardeó la embajada china, con todos sus trabajadores muertos y que, obviamente, introdujo el factor China dentro del conflicto diplomático cuando precisamente eran los asiáticos la única potencia que se limitaba a decir “hagan lo que les de la gana que no es problema mío”. Y, por último, se decidió bombardear el edificio de la televisión serbia en Belgrado y mandar un previo aviso para que nadie estuviera allí trabajando. En plan Guerra de Gila.

El bombardeo de la televisión produjo muchos efectos tanto en uno como en otro bando. La OTAN, como decía, avisó para que todo el mundo saliera de allí tratando de mejorar la visión causada con los efectos colaterales. Milosevic decidió forzar la maquina y asegurar a sus trabajadores que nada le ocurriría al edificio, que en todo caso las baterías antiaéreas les salvarían. La OTAN bombardeó, Milosevic no desalojó y el resultado fueron varios trabajadores muertos y el edificio de la televisión como símbolo de todo aquél que se oponía a la guerra.

La OTAN aprendió que, si en una guerra –como cabe suponer- no se cuenta con el respaldo unánime de las sociedades, matar periodistas del bando contrario contribuye a que los periodistas de tu bando se mosqueen bastante. Milosevic, por su parte, que utilizar escudos humanos contribuye a perder el mucho o poco apoyo de tu población. Más tarde, cuando la televisión serbia siguiera emitiendo a pesar de haber sido bombardeada, muchos preguntarían a la OTAN por la necesidad estratégica del ataque. La callada por respuesta.

El affaire televisivo contribuyó además a que los medios occidentales se hicieran eco de la tremenda oposición que los serbios hacían a Milosevic. El régimen de éste se vendía como una nación yugoslava tremendamente unida. Por entonces aún existía el ente llamado Yugoslavia y estaba formado por las Repúblicas de Serbia –incluida la región de Kosovo- y Montenegro. Sólo ésta última era capaz de inhibirse de la política de autodestrucción de Milosevic y, por lo tanto, se salvó de ser bombardeada. Los serbios y las serbias tenían entre ceja y ceja a un Milosevic endiosado, que se pensaba capaz de superar cualquier eventualidad que le saliera al paso en su política internacional y que tenía dominada la política nacional mediante un discurso enteramente nacionalista, alegando que Serbia había sido vilipendiada por todas las naciones europeas durante las Guerras en Bosnia y que ahora era privada de su capacidad de decisión sobre un asunto interno: la serbialidad de Kosovo.

Los serbios ajenos a la política, es decir la inmensa mayoría, sólo interpretaban una cosa. Milosevic les había llevado de ser el país más próspero del Este de Europa, con becas universitarias que cubrían desde los estudios hasta la vivienda, con transportes públicos eficaces, poder adquisitivo y unas cooperativas de trabajadores que realmente conseguían sacar beneficios espectaculares que se revertían en la propia ciudadanía a ser el agujero negro, el desagüe de Europa. Ellos querían quitárselo de encima, limpiarse de políticos como los que tenían que prestaban su apoyo incondicional a la política nacionalista y en lugar de recibir ayuda de los países occidentales, les bombardeaban en nombre de los Derechos Humanos.

Como era inevitable la resolución del conflicto no vino por la vía militar, sino por la diplomática. Rusia, durante todo el conflicto, se mantuvo alejada de mostrar intención de ayudar en la defensa de su hermano eslavo –paneslavismo, decían entonces- y sólo hacía declaraciones condenando las acciones de la OTAN. A su vez buscaba soluciones diplomáticas que le permitieran salvar el honor de Gran Potencia perdido. EEUU había bombardeado a pesar de su oposición y el final de la contienda debía incluir un papel de protagonista principal de Rusia.

Sin embargo, como en esas películas malas donde se da más papel del debido a actores que deberían estar ya jubilados, EEUU aceptó de buen grado que Rusia jugara al juego de Gran Potencia. Necesitados los americanos de una salida airosa, pensó que la UE podría hacerse cargo de una fuerza militar de interposición -la KFOR- y al tiempo de la organización de un gobierno civil autónomo de Kosovo –compuesto por representantes kosovares, representantes de la minoría serbia de Kosovo y consejeros de la UE.

Había que escenificarlo todo y para eso todos tenían que ganar, como en una noche electoral cualquiera. EEUU, y la OTAN, se declaró victoriosa del conflicto por haber conseguido el establecimiento de un cuerpo militar y de un gobierno autónomo en Kosovo. Rusia, por su parte, fue la encargada de intervenir por tierra, de ocupar la capital de Kosovo, Prístina, y representar una farsa de defensa del hermano eslavo. Milosevic seguía en el poder –ya veremos que no por mucho tiempo-, había conseguido aguantar los bombardeos, logrado que Rusia se movilizara en su ayuda y, en lugar de declarar a Kosovo como República Independiente, el conflicto había impuesto una fuerza europea de interposición y dejaba los aspectos constituyentes de la región como algo a negociar políticamente en el futuro. Además, como no había habido declaración de Guerra alguna, pues no había acuerdos de Paz ni restituciones y todo se dejaba al buen hacer del gobierno autónomo de Kosovo y sus peleas internas.

jueves, marzo 29, 2007

Fantasmas Balcanicos (II)

La Unión Europea había demostrado su ineficacia a la hora de actuar como bloque en un conflicto militar grave dentro del continente. EEUU, como tantas otras veces, había tenido que acudir, esta vez en su forma diplomática, para poner fin a un enfrentamiento que ya hacía tiempo había sobrepasado los límites de lo permisible en tiempos de guerra. En su actuación diplomática, y como ya explicamos en la primera parte de esta serie, EEUU había tomado a Milosevic como su principal confidente. Los Acuerdos de Dayton por los que se ponía fin a la confrontación abierta y dividía Bosnia en dos repúblicas étnicas supuestamente destinadas a unificarse pero que en la práctica eran un protectorado a la Unión Europea ponía a Milosevic como autoridad moral y política en la zona. Era quien había logrado hallar la solución a un conflicto que él mismo había iniciado, hecho éste que ya nadie recordaba.

La Administración Clinton ya había olvidado la zona tras haber concluido con un supuesto éxito de su política diplomática. Habían ido a Europa a poner orden y a defender los Derechos Humanos, una palabra que comenzaba a tener mucha importancia en las Relaciones Internacionales tras el fin de la Guerra Fría. Sin embargo la política interior estadounidense hacía aguas por un asunto tan estúpido como el affair Lewinsky. Nerviosos por todo el revuelo que estaban provocando las mentiras de Bill Clinton, los miembros de su equipo idearon una campaña de bombardeo de Iraq alegando que Saddam Hussein había violado las zonas desmilitarizadas tras la 2ª Guerra del Golfo. Los bombardeos trataron de actuar como cortina de humo –véase película homónima- pero terminaron por no funcionar. Fue en ese momento donde la política represiva de Milosevic volvió a la mente de algún burócrata estadounidense.

Slobo llevaba años hostigando a la mayoría albanokosovar de la región de Kosovo. Ésta era una provincia perteneciente a la República de Serbia. Autónoma hasta que llegó Milosevic a la presidencia de la República Federal de Yugoslavia, Kosovo es además el mito fundacional de la nación serbia pues fue allí donde las tropas eslavas perdieron una batalla decisiva frente a los otomanos pero que consiguió sentar las bases de una identificación nacional. Cuando el discurso de Milosevic terminó por volverse del socialcomunismo yugoslavo hacia el nacionalismo serbio, Kosovo y su relación de fuerzas poblacionales cobraron una importancia extrema en el mismo. La demografía de ésta región a mitad de camino entre Serbia y Albania es mayoritariamente albanokosovar. Los albanokosovares son de religión musulmana y políticamente independentistas en su mayoría si bien existen grandes grupos que abogan por la inclusión de la región en el Estado Albanés tan querido por Harry. Dentro de Kosovo también vive una población serbia minoritaria que, frente a lo que podría creerse, es altamente marginada y odiada por la población serbia de fuera de Kosovo.

Milosevic estaba provocando la huida de los albanokosovares y el establecimiento de la población serbia marginada dentro de la región de Kosovo. Se trataba de poblar de serbios una zona económicamente deprimida y de echar de allí a los habitantes centenarios. Exactamente lo mismo que croatas y serbios habían realizado en las guerras de Bosnia. Y siguiendo con el modelo, Milosevic no movilizó a su ejército federal ni a fuerzas policiales serbias sino que estableció una red de financiación de fuerzas paramilitares y de extrema derecha. Liderados por Arkan, jefe de las Águilas Negras, como se hacían llamar, quemaban las casas de los albanokosovares y asesinaban a los hombres en edad militar.

Desde la población kosovar la opción política que se terminó imponiendo fue la liderada por Ibrahim Rugova. Dentro de la cultura política kosovar existe una tradición de no violencia y la creación de redes solidarias que provoca que aquél que haya sido víctima de una desgracia sea recogido por la sociedad y ayudado a volver a comenzar de nuevo. Rugova y la no violencia lideraba la política kosovar frente a los que abogaban por la creación de guerrillas que se enfrentaran a las Águilas Negras. Y fue en este contexto donde la Administración Clinton decidió volver a enarbolar la bandera de los Derechos Humanos y la diplomacia, aunque esta vez la jugada iba a ser otra.

Madeleine Albright, Secretaria de Estado de esa Administración, era la encargada de la ofensiva diplomática y quien logró arrastrar a países europeos como Francia y Alemania a la implicación con el problema kosovar. Las conversaciones de Rambouillet entre kosovares, serbios, estadounidenses rusos y europeos parecía que iban a desarrollarse en un clima de entendimiento. Serbia, que era la implicada negativamente en el conflicto a quien se le estaba obligando a cambiar su política interior, terminó mostrando su buena predisposición a cambio de que no se planteara la independencia de Kosovo. El acuerdo estaba cercano a la firma gracias también en parte a la postura Rusa de apoyo a Milosevic. Esta vez EEUU ya no protegía a su otrora aliado serbio y parecía dar cobijo a la mayoría kosovar. Sin embargo Rugova fue traicionado por Albright. EEUU necesitaba el estallido del conflicto –acuérdense de Lewinsky- tras el fracaso de la cortina de humo y llevaba meses intentando sacar adelante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que legitimase el ataque a Serbia. La Rusia de Yeltsin volvía a sentirse fuerte y propuso su veto a todos los intentos por limitar la soberanía serbia en Kosovo –entiéndase aquí soberanía como derecho a la limpieza étnica.

Yeltsin se pasó de listo y dejó a Rusia con el culo al aire. Él pensaba que EEUU nunca se atrevería a atacar sin el consentimiento de Moscú, sin embargo Washington sabía que el mundo en 1999 no era el de la Guerra Fría y que una Rusia endeudada hasta el extremo con el FMI no era la URSS ocupando Checoslovaquia. Fue por todo esto por lo que Albright presentó en última instancia un texto donde el derecho de autodeterminación de Kosovo quedaba claramente reflejado. Rugova no quería firmarlo, alegando sabiamente que aquello sería algo negativo para su pueblo pues la situación en que se pudiera plantear aún no había llegado. Sin embargo Albright le obligó poco menos que a firmarlo prometiéndole ayuda para su consecución y, como dice ella en sus propias memorias, asegurándole que cuando los serbios se negaran a firmar, EEUU les defendería militarmente y sin reparos.

Fue así como el 24 de Marzo de 1999, EEUU llamó a la OTAN al ataque de las poblaciones serbias. Los puentes de Novi Sad y Belgrado sobre el Danubio y el Sava fueron destruidos y las reservas de combustible de las ciudades ardían tras el fuego de la aviación de la OTAN.

miércoles, febrero 28, 2007

Fantasmas Balcánicos (I)

Condenar a un Estado es algo imposible en las Relaciones Internacionales. Las estructuras del Derecho Internacional están construidas de tal manera que permiten un juicio a las acciones de un legítimo –y no legítimo- gobierno pero en caso de resultar un veredicto contrario a los intereses de éste entonces todo depende de la última palabra del condenado. Es impensable este tipo de juicios en el ámbito nacional. Imagínense el juicio del 11M señalando a los culpables de los atentados y que éstos salieran en libertad porque, a última hora, ellos mismos sigan diciendo que son inocentes. En el ámbito internacional esto es posible gracias a un concepto que ha guiado las relaciones entre unos Estados y otros desde el siglo XVII: la Soberanía. Como un Estado es soberano sobre sí mismo, nadie se puede meter en lo que él hace. Es cierto que existen normas escritas sobre Guerra o sobre el cumplimiento de los Tratados a los que lleguen los Estados, pero la regla de la Soberanía sigue estando por encima de todo. Aunque esto, ya lo veremos dentro de unos días, está cambiando y la Soberanía

es ya algo que depende de las Organizaciones Internacionales. Al menos para los Estados menos fuertes dentro del Sistema Internacional.

Ayer se leyó la sentencia del Tribunal de La Haya en la que la demanda de los bosnios contra Serbia y Montenegro –entonces República Federal de Yugoslavia- por planificación y ejecución de genocidio contra la población musulmana. El tribunal no ha podido condenar a un Estado que, en efecto, era el responsable último de la organización de la masacre. El tribunal se escuda en que no fueron tropas serbias las implicadas en la devastación de Bosnia Herzegovina. Y en esto no les falta razón. La estrategia de Slobodan Milosevic, cabeza visible de Yugoslavia, fue tal que, durante todas las confrontaciones, logró no declarar la guerra a nadie. Si nos basamos en los análisis tradicionales y clásicos sobre las guerras, Yugoslavia nunca estuvo en guerra contra Bosnia o Croacia.

Milosevic había logrado hacerse con la presidencia de la República Federal de Yugoslavia cuando ésta estaba compuesta por lo que hoy es Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia. El sistema de votos en el comité Federal era bastante sencillo. Un voto por cada República federada –Montenegro aún no era independiente y por lo tanto se integraba en Serbia- y otros dos por dos regiones autónomas: la Vojvodina y Kosovo. Milosevic suprimió la autonomía de Vojvodina y Kosovo asumiendo para Serbia el control de estos dos votos y dominando así el plano Federal. Haciéndose con el control de las estructuras Federales Milosevic abandonó la doctrina socialista para dar un giro serbonacionalista a toda la política federal.

El vuelco nacionalista de Milosevic provocó una reacción por parte de las facciones nacionalistas de las demás repúblicas. Los primeros en demostrarse dispuestos a romper la baraja que Tito había mantenido tanto tiempo unida fueron los eslovenos. La independencia de Eslovenia fue un hecho tras una guerra que duró una noche entre las milicias populares eslovenas y las tropas federales con el resultado de menos de una decena de muertos. Eslovenia se iba de la Federación aludiendo que era la república más próspera económicamente y que su crecimiento se veía lastrado por regiones pobres como Kosovo. Fin al principio de Solidaridad -¿les suena de algo?

Con la tarta del reparto abierta, los nacionalistas croatas y serbios se pusieron manos a la obra para asegurarse la mayor parte de la misma. La tarta, como no, era una plurinacional Bosnia-Herzegovina. En ella residían serbios, croatas y musulmanes –que se suponen que son los verdaderos bosnios en este cálculo macabro que hicieron Milosevic y Tudjman- en un proyecto multicultural que había logrado asentar una población extremadamente enfrentada hacía escasamente 60 años.

La estrategia de estos dos macabros líderes consistió en la creación de milicias nacionalistas encargadas de eliminar físicamente a la población enemiga de los territorios que se disputaban. El miedo también formaba parte de esta dirección y por eso hoy las televisiones de medio mundo tienen imágenes de ejecuciones masivas. Al llegar las tropas serbias o croatas a un pueblo bosnio, la población ya sabía que los hombres y niños en edad militar serían eliminados, que las mujeres serían violadas y que los supervivientes serían expulsados de lo que quedara de pueblo. Política de tierra quemada.

La diferencia entre Tudjman y Milosevic consistió en que Tudjman no ocultaba su implicación en este exterminio de población bosnia porque se sentía apoyado internacionalmente. El principal soporte que tenía era la recién unificada Alemania, presidida por Khol, quien había reconocido internacionalmente a Croacia cuando en todo el planeta no había nadie que se atreviera a legitimar a este filonazi y cuando la misma Unión Europea había condicionado su reconocimiento a cualquier nuevo Estado al cumplimiento de los Derechos Humanos. Milosevic, sin embargo, tenía que mostrarse a sí mismo como un autentico líder occidental y para ello sus relaciones con las masacres y sus ejecutores debían de ser tenues, más bien dirigidas hacia el interior de su país, hacia un mínimo de población nacionalista que, de violenta y radical, terminaba por atemorizar al resto de población serbia.

La Comunidad Internacional –es decir, los EEUU de Bill Clinton- se implicó en la solución de un conflicto que dividía a la Europa de Maastricht. La ONU envió a sus famosos Cascos Azules con la misión de mantener la paz entre las milicias croatas y serbias que se disputaban distintas regiones de Bosnia donde la población croata o serbia tenía una presencia importante. Estos soldados no podían disparar y se dieron casos, como Sebrenica, en los que directamente las tropas de la ONU –holandesas de nacionalidad- se retiraron amablemente de sus posiciones para que las milicias serbias eliminaran a toda la población musulmana.

Con la implicación estadounidense en el conflicto, rápidamente se buscaron interlocutores entre los distintos bandos. Aquel que sobresalió ante todos fue Slobodan Milosevic. El principal ingeniero de esta masacre, aquel que hizo girar la política socialista de la República Federal de Yugoslavia hacia un nacionalismo serbio que dio la mecha de salida para la desintegración de la misma federación, el mismo que proporcionaba armas a los halcones milicianos y que finiquitó el proyecto multicultural del Estado Bosnio, se convirtió en el verdadero valedor de la paz en los Balcanes para los EEUU. Los acuerdos de Dayton provocaron la división de Bosnia-Herzegovina en dos repúblicas dependientes, con dos presidentes, con dos capitales –Sarajevo y Banja Luka- pero con la perenne necesidad –aun hoy más de 10 años después de los acuerdos- de la tutela internacional.