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lunes, julio 18, 2016

El yihadismo ha venido para quedarse

Foto de Nacho Facello
Los atentados como el de la semana pasada en Niza, o los de París o Bruselas, entre otros, pueden parecer un hecho excepcional si nos conformamos con nuestra visión eurocentrista. Si lo hacemos, pensaremos que la única estrategia para combatir hechos como los que nos ocupan pasará por la guerra abierta y el conflicto militar directo. Hollande, presidente francés, lo ha hecho así. Imitando a Bush, ha elegido que la respuesta fallecidos por ataques yihadistas sean las imágenes de cazas franceses bombardeando Siria –y a quienes aún viven allí. Pero, por mucho que nos conmueva, los atentados como el de Niza no son un hecho aislado sino fruto de un problema global que está íntimamente relacionado con el sistema de relaciones internacionales que los gobernantes han ido construyendo a su paso. No se trata de halcones contra palomas, de realistas contra idealistas o de pragmatismo contra buenismo. Se trata de abordar los problemas en sus múltiples dimensiones. De no hacerlo así, el yihadismo y los atentados masivos, de alta o baja intensidad, han venido para quedarse en nuestras vidas. Ya podemos comenzar a asumirlo.

La búsqueda de soluciones para problemas complejos requiere de análisis complejos, y no cálculos demoscópicos sobre la imagen del presidente de turno. La respuesta al yihadismo tiene que ser holística, tiene que combinar acciones de carácter militar con acciones de carácter político, pero sobre todo tiene que modificar nuestra política exterior a la vez que cambia nuestros sistemas políticos. Europa Occidental no salió de la oleada de terrorismo de la segunda mitad del siglo XX gracias a una ofensiva militar y policial, sino a unos cambios políticos y sociológicos que deslegitimaron la lucha terrorista. En este sentido, aquí van algunas claves que aportar al debate.


lunes, septiembre 30, 2013

Westgate o el posible fin de una forma de hacer diplomacia

Foto de strupler
El ataque al centro comercial Westgate, en Nairobi, trae olores de la Guerra Fría, la interminable lucha de Bush contra el terror y discursos paternalistas sobre África. Pero en realidad oculta el debate sobre la pobreza y sus consecuencias sociales; locales y globales.

En el momento de escribir estas líneas Westgate ya está evacuado y las labores de las fuerzas de seguridad keniatas consisten, esencialmente, en las tareas de recuento de heridos y fallecidos. 175 y 67 respectivamente. Es el primero de los días de luto oficial declarados por el presidente Kenyatta. El día después de que éste dijera que Al-Shabaab, milicia somalí que se ha hecho acreedora del ataque, no podrá romper los estrechos lazos de la comunidad intercultural de Kenia. Interesante comentario para quien está siendo investigado por la Corte Penal Internacional por promover y liderar los enfrentamientos étnicos que se sucedieron a las elecciones de 2008, y que en las elecciones de 2013 también azuzó a unas comunidades contra otras.

domingo, septiembre 09, 2012

La furia del hombre blanco en América


Foto de euthman
El próximo mes de Noviembre Estados Unidos se marchará de elecciones presidenciales. Unas elecciones que, como muchas otras veces, han sido marcadas como las elecciones. Como si de una gira de los Rolling Stones se tratase –que siempre dicen que va a ser la última- las elecciones presidenciales tienen la costumbre de venderse como las decisivas para el definitivo establecimiento del país en uno u otro lado. En 2000, cuando ganó George W. Bush, por proclamación anticipada de FoxTV, los analistas las vendían como las últimas elecciones del pueblo norteamericano, en clara referencia a que ambas candidaturas habían recibido nada desdeñables aportaciones económicas de los mismos sectores empresariales. Si tienes dos caballos que pueden ganar, apuesta por los dos.

Pasó Bush Jr. y llegó el ciclón Obama. Nadie apostaba por una victoria de un negro –allí les gusta decir no-blanco para referirse a Obama- en las primarias, mucho menos en las presidenciales. Pero ganó contagiando a su campaña un aire de refundación de los Estados Unidos de América, el paso del país al siglo XXI tras los 8 años de estercolero religioso, conservador y corporativo en que se habían convertido las presidencias de Bush Jr.

Que un negro ganara la presidencia y que además propusiera el cambio del país hacia una línea más liberal hizo reactivarse a las bases más conservadoras norteamericanas, quienes a su vez terminaron por dar más luz a aquellos grupos extremistas que cuando salen en un vídeo de YouTube pueden parecer graciosos, pero que en realidad son lo más cercano al terrorismo interno que tiene Estados Unidos.

Es ese un país donde la vinculación de los ciudadanos con el Estado es muy frágil, a diferencia de Europa. La desobediencia civil es un concepto extendido desde hace siglos y una herramienta que utilizan una enorme multitud de grupos políticos muy heterogéneos. Esto puede favorecer la aparición de terroristas individuales o de grupos perfectamente legitimados por gran parte de la sociedad para hacer la guerra al Estado.

Estos grupos se entroncan con el ideario que salió a la luz el año pasado tras la masacre de Noruega perpetrada por Breivik, y su mediatización ha permitido popularizar el acrónimo RaHoWa para señalar su lucha: Racial Holy War. Esta nueva guerra por la supremacía blanca se basa en la organización desestructurada ya probada con éxito por Al-Qaeda la década pasada. Se trata de terroristas individuales que, en un país donde te regalan un arma al abrir una cuenta bancaria, sólo tienen que pensar el cuándo porque el cómo les resulta evidente. En esta línea se inserta la masacre en un templo sikh el Agosto pasado. Tener capacidad organizativa para perpetrar atentados de gran envergadura, como el de Oklahoma en 1995, sólo es cuestión de motivación y un poco de suerte en la organización.

Y es en el ámbito de la motivación donde el inicio oficial de la campaña electoral por la presidencia está contribuyendo. El Partido Republicano lanzó su convención con el sencillo eslogan “We built it” en referencia a que fueron ellos –el hombre blanco de América- quienes construyeron el sueño americano y fundaron los Estados Unidos de América. En esta misma convención, que proclamó a Mitt Rommey como candidato republicano a la presidencia, los asistentes abuchearon a la representante republicana de Puerto Rico cuando ésta subía al estrado para apoyar al candidato. Y lo hicieron con el determinante grito de “USA, USA, USA”. No se trata de ideas ni de partido, se trata de la raza.

Pero si el eslogan oficial de la convención ya decía mucho de la barrera que los Republicanos están montando en torno a la figura del hombre blanco americano, no se queda a la zaga el eslogan extraoficial “Defiende América. Derrota Obama” que estos días circula por los círculos republicanos. Alrededor de Obama ha crecido la teoría conspirativa de que en realidad es –agárrense- un musulmán socialista que desea acabar con los Estados Unidos de América. Es la entrega del país por parte de un infiltrado del que se cuestiona incluso su nacionalidad –más de la mitad de los votantes republicanos piensan que Obama no nació en Estados Unidos, y cerca de un 34% cree que es musulmán.

De manera que este es el camino que el Partido Republicano está cogiendo. “Take America Back”, borrar todo lo que ha hecho Obama durante estos últimos cuatro años –que tampoco ha sido tanto como parecía en un inicio- y prometer un nuevo milenarismo basado en la idealización de un pasado no muy lejano donde la crisis económica era sólo patrimonio de las clases bajas y no de los biempensantes republicanos (“Los hombres de bien” a los que por aquí también aluden Rajoy o Artur Mas).

La idea del posible atentado contra Barack Obama parece desaparecer del imaginario mediático, pero la guerra parece que no está acabada.

En los análisis sobre la Convención Demócrata de estos días se habla también de los posibles sustitutos de Obama de aquí a cuatro años. Hay dos que suenan con fuerza, pero cuyos momentos políticos son diferentes. Se trata de Hillary Clinton, la mujer del expresidente Bill, exsenadora del Estado de Nueva York y actual Secretaria de Estado. Ya luchó contra Obama en unas primarias extremadamente disputadas, aunque en contra tendrá la edad: 69 años en 2016. El otro nombre que suena con fuerza se trata de Julián Castro, alcalde de San Antonio con sólo 38 años de edad. Castro puede esperar a una batalla que pueda ganar, además de que aún necesita experiencia de gestión más contrastada, ya sea en la gobernación del Estado o como representante en el Congreso o en el Senado.

Si Ud. es capaz de imaginarse una presidencia norteamericana liderada por una mujer, puede que no recuerde que existe una frase en la política norteamericana que se dice de cualquier personaje político al que se quiera defenestrar “… es más liberal que Hillary Clinton”. Entendiendo el término “liberal” como aquí en España la derecha utiliza el término “comunista” o “socialista”. Una Presidenta de los Estados Unidos sería tolerable por la extrema derecha conservadora norteamericana. Pero una Presidenta Hillary Clinton haría que el Tea Party fuera encargando más cañones para su lucha mediática y política, secuestrando aún más al sector moderado del Partido Republicano.

En el mejor de los escenarios para los demócratas, Clinton podría ganar para 2016 y dar paso en 2020 a la oportunidad de Julián Castro. Un Presidente de los Estados Unidos apellidado Castro, latino educado en Harvard, que casi no habla castellano. Y un Partido Republicano más a la derecha que nunca en su historia, capaz de provocar la ruptura del gigante norteamericano y llevando la actual fractura mediática al ámbito social y político.

Con todo, los peligros futuros son los menos preocupantes que los de hoy. Vivimos en un mundo donde aquello que pasa en Estados Unidos marca de manera definitiva el devenir del resto del sistema político mundial. Las alas norteamericanas de la RaHoWa, junto con el caldo de cultivo de la crisis estafa económica actual, que provoca el aumento del racismo y la creación de la figura del furioso hombre blanco americano no son un fenómeno exclusivo de los Estados Unidos. Breivik en Noruega, Aurora Dorada en Grecia, Merah en Francia. Son muchos las señales que nos indican que estamos inmersos en otro reto global, menos espectacular que el mediático 11S, pero de similares dificultades y retos. Y no lo estamos entendiendo.

sábado, julio 24, 2010

Tics neocoloniales

Los tics neocoloniales son muy difíciles de quitar. Más cuando eres Francia. Hablar de libertad, igualdad y fraternidad queda muy bien, pero en el fondo es el mismo mensaje que utilizaba Napoleón para invadir con sus tropas toda Europa.

Con todo, Francia se ha convertido en ese miembro de la política internacional capaz de movilizar a toda la comunidad internacional en pos de una resolución en la Asamblea General de la ONU y, llegado el momento de la votación, abstenerse por un repentino cambio de opinión. ¿Por qué lo hace? La razón es bien sencilla: porque es Francia, y puede.

Cuando se juntan ese espíritu brabucón de viejo dueño terrateniente molesto por lo que cultiva la gente del pueblo en lo que antes eran sus campos de equitación, con un político megalomaniáco y capaz de comprometer todos los estamentos del Estado en pos de su adulación pública, pasan cosas como la Operación Turquesa. O como el recién intento de intervención militar en Mali.

Francia, como España, tiene nacionales secuestrados en territorio de Mali. El miércoles pasado, utilizando bandera del Estado tapón de Mauritania, tropas francesas y de dicho país se adentraron sin permiso en territorio malí con la pretensión de rescatar por la fuerza a su ciudadano. En un gesto que será valorado -muy valorado- por esa derecha universal, presa de la testosterona política, que indica que allá donde haya un nacional -uno de los nuestros- en apuros se ha de mandar todo el equipo armamentístico local y subsanar el atropello independientemente de los daños colaterales, el derecho y todo lo que se ponga por delante, Sarkozy -aka SarkoStar- ha invadido Mali bajo bandera mauritana. Suponemos que eso de esconderse, para el ejército francés, es muy testicular y honra el servicio militar.

La operación ha sido un fracaso, no rescatando al secuestrado y matando a seis personas que, supuestamente, pertenecían al grupo terrorista de Al-Qaeda en el Magreb. Seis muertos que, todos los medios nos lo dirán, han formado parte de esos locos sin escrúpulos capaces de secuestrar y matar con tal de conseguir sus objetivos políticos. Como el Gobierno Francés, aparentemente.

Los grupos de Al-Qaeda en el Magreb crecen constantemente, según los expertos, enfrentándose a los estados de la zona y amenazando a los nacionales de países occidentales con sufrir ellos las penas que el mundo rico le impone al pueblo musulmán. Uno de los motivos para que este mensaje cale en la región es la aparente lucha contra la dominación occidental, contra el imperialismo sobre el mundo árabe o islámico -que no son lo mismo, pero en este caso se confunden. Pareciera que, una intervención militar de una potencia extranjera, antigua metrópoli colonizadora, que además se encubre tras el velo del gobierno títere de Mauritania, no hace sino reforzar la posición de los grupos de Al-Qaeda en la zona y justificar su presencia.

Este Gobierno Francés ya es un experto en saltarse límites estatales de sus antiguas colonias. Sarkozy ya se tomó la justicia por su mano y se plantó en Chad para sacar de la cárcel a un grupo de franceses y españoles acusados de secuestrar niños.

La intervención es un reto al principio de soberanía territorial de los Estados. Se alega que Mali no es capaz de controlar todo aquello que se realiza en su territorio y, por el bien de la seguridad internacional -es decir, de occidente- se les invade en operaciones relámpago, camuflados por bandera mauritana y con nula capacidad de respuesta. Y todo aun a pesar de que el ejército de Mali viene siendo asesorado por EE.UU. desde hace tiempo. Incluso en la guerra la honradez es tenida en cuenta y los motivos han de ser justificados. Esta invasión es una prueba más de que en esto de la política internacional el derecho no es lo que cuenta. Lo que cuenta es estar en el posicionamiento estratégico de quienes dominan el mundo. Si te llamas Mali o Serbia, tu soberanía territorial es algo que puede ser cuestionado, ya sea en nombre de la seguridad global o de los derechos humanos.

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Actualización a 26 de Julio de 2010

La cadena de televisión Al-Jazeera ha confirmado que el rehén francés al que esta operación pretendía rescatar ha sido ejecutado. Esta vez, Sarkozy no tendrá su momento de gloria en el aeropuerto.

lunes, septiembre 11, 2006

El 11S y el continente africano

Con tanto aniversario del 11S por parte de todos los medios no me queda más remedio que meterme en la vorágine informativa y hacer una pequeña ruptura en la narración de la historia congoleña para hablar de África y el 11S.

El hecho de que el continente africano sufra continuamente conflictos internos, así como la combinación de éstos con la fragilidad del Estado africano, hace de África un lugar central en la Seguridad Global y en la lucha antiterrorista que tanto EE.UU. como, en menor medida, la UE mantienen.

La fragilidad del Estado es una de las causas potenciales para la instalación de fenómenos de terrorismo internacional de tipo Al-Qaeda. Dicho tipo de organizaciones necesita de Estados que mantengan un mínimo de infraestructura y que al tiempo no sean capaces de controlar la seguridad interna, de mantener el monopolio de la violencia. En África dicho asentamiento viene siendo documentado desde hace tiempo. Así la presencia de Al-Qaeda se constata desde 1990 en Sudán hasta 2002 en las operaciones financieras con diamantes en la Liberia de Charles Taylor, pasando por Somalia en 1992 y 1993.

Existe una relación entre el surgimiento de este tipo de terrorismo en el continente africano y los problemas de pobreza, de falta de expectativas para la juventud y en especial de la pérdida de los valores tradicionales africanos. Sin embargo esta relación no es directa y en muchas ocasiones desvirtúa tanto el no-desarrollo de África como el mismo problema del terrorismo.

Otra de las posibles causas que explican el fenómeno del terrorismo internacional dentro del continente africano es la religión. El 40% de los africanos son musulmanes y, aunque la gran mayoría son de carácter moderado, existen organizaciones islámicas y comunidades que promocionan un tipo de islamismo radical y fomentador de la lucha contra occidente de corte wahabbista[1].

Desde los gobiernos africanos, esta relación terrorismo-pobreza está siendo agitada para la captación de mayores recursos internacionales para el desarrollo, desvirtuando, como antes se mencionaba, las verdaderas causas de la pobreza y del no-desarrollo. Tradicionalmente África no ha recibido fondos para la cooperación en términos de seguridad pero, tras el 11S, EE.UU. ha cambiado su política. Si la UE no ha modificado los objetivos a tratar, EE.UU. se ha preocupado de hacer de África un continente más seguro para sí mismo. El puesto de mando en Europa de los EE.UU. del que depende su relación de seguridad con África ha visto reforzadas sus infraestructuras. Estados africanos han visto como EE.UU. ha ofrecido colaborar en la formación e incluso en la creación de las capacidades de las fuerzas de seguridad africanas mediante dos iniciativas: Iniciativa para el Sahel (Mauritania, Malí, Chad y Níger) e Iniciativa Antiterrorista para el Este de África (Kenia, Uganda, Tanzania, Yibuti, Eritrea y Etiopía). Asimismo ha buscado la posibilidad de instalar bases militares en territorio africano colocando una en Yibuti y dirigiendo desde la costa del Índico la operación para el control del tráfico de armas en dicho océano.
Sin embargo más allá de los asuntos militares se debe mirar qué actuación se ha de tomar con los Estados Frágiles que resultan incapaces de controlar el terrorismo, ya sea de carácter local o global, alojado en sus territorios. Diversos autores defienden la tesis de que una mayor coordinación entre los países donantes y los receptores ayudaría al reforzamiento del Estado. Abandonar a los Estados Frágiles a su rumbo puede derivar en que sea un actor no estatal quien atraiga los recursos de la violencia que debieran ser estatales. Dicho actor será imprevisible en sus acciones e incontrolable por medios estrictamente militares.

Dentro de este contexto surge rápidamente la pregunta “¿Qué clase de cooperación se tiene con los Estados Frágiles?”. Da la impresión de que la actuación se ha de llevar a cabo con Estados Frágiles que gracias al terrorismo internacional han recuperado la importancia geoestratégica que habían perdido tras la Guerra Fría. Así tanto EE. UU. como la UE están potenciando la ayuda (al desarrollo o de seguridad) con los llamados Estados Tapones. Aquellos Estados que, por su proximidad geoestratégica actúan como taponadores de la inmigración, tráfico de armas, de droga, etc hacia el Norte. En definitiva, actúan como filtro de control de las potencias occidentales. Por otro lado se observa una aplicación de lo que se podría llamar el "Modelo Triple Frontera" –en referencia a lo sucedido en la frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina- que implica la militarización y posterior control por parte del donante occidental de una zona rica en materias primas, alegando que es un supuesto refugio de terroristas internacionales.

Al mismo tiempo, centrar los debates sobre cooperación entre Norte y Sur en asuntos de Seguridad Global o en concreto de terrorismo, de clara importancia para el Norte pero de nula para el Sur, es ignorar las causas del no-desarrollo y olvidar la verdadera piedra sobre la que ha de sostenerse el modelo de desarrollo africano: la educación, la inversión en capital social y demás aspectos que ayudan a la reducción de la Pobreza, el mayor enemigo de todos.

Alegar que la lucha antiterrorista resulta importante para los Estados Frágiles sólo porque padezcan un terrorismo local, es centrar la solución del conflicto en términos militares y alejados, en la mayoría de los casos de la realidad. Un Estado Frágil pierde el monopolio de la violencia como consecuencia de un enfrentamiento con una banda armada que controla unos recursos. Ofrecer, en muchos casos, una salida “a la mozambiqueña”, esto es, ofrecer un espacio político a aquel que resta recursos al Estado para que pueda participar de un Estado con pleno control de los mismos, es una solución no basada en los principios de seguridad que se están imponiendo desde el Norte y por lo tanto negando las soluciones desde el Sur.

Para otro día, para otra entrada, quedará el análisis de los hechos acontecidos hace ya algún tiempo en Zimbabwe y más recientemente en Somalia. Algo que también tiene mucho que ver con la política norteamericana tras el 11S.

[1] Casos como el de la organización Ali-Shee en Kenia, que amenazó con provocar una guerra de independencia para una región keniata si el Estado no accedía a instaurar la sharia o la organización Al-Haramin, directamente financiada por Arabia Saudí, que promocionaba un islamismo radical y que, exceptuando en Somalia, ha sido casi controlada por los Estados Africanos y el mismo país árabe que antes la sostenía económicamente.