AVISO

miércoles, febrero 28, 2007

El imaginario colectivo

El arte es un reflejo de cada tiempo. O, puestos a ser más concretos, el arte es un reflejo de los gustos de cada tiempo. ¿Más concretos? El arte que destaca es un reflejo de los gustos y preferencias de aquellos colectivos sociales más favorecidos económicamente. Los pintores de otras épocas reflejaban el gusto de los Reyes y cortesanos de la época, no el gusto de los pueblos. Al menos el arte más valorado en su tiempo. Hoy podemos decir que Egon Schiele -de quien tienen un cuadro a la izquierda- lograba sacar la personalidad de todo aquel al que pintaba, independientemente de si el cuadro gustaba o no en su época –que por lo general no gustaba. Pero la realidad es que son las élites de cada lugar las que determinan qué arte es digno de ser reconocido y qué arte no.

El siglo XXI es el siglo de lo digital, de lo visual, y en él la fotografía cumple una labor muy importante. Ya no podemos saber si la fotografía que visionamos es una captura instantánea o si ha sido retocada por el photoshop –haciendo de la fotografía un arte más cercano a la pintura de lo que jamás podríamos haber soñado. La instantaneidad de la fotografía permitió en sus inicios llegar a conocer visualmente ciertos aspectos sociales que nunca antes habían sido conocidos por nadie excepto por los que los vivían. Susan Sontag –tan genial, tan añorada- dejó constancia por escrito en su libro titulado Ante el dolor de los demás [Alfaguara, 2003] las dudas y las necesidades emocionales de aquellos que veían en una fotografía el dolor que sufrían otras personas. La fotografía permitía transmitir emociones de una intensidad aún más alta que la pintura. No hacía falta entenderla y, por tanto, su credibilidad era total. Sontag relata las manipulaciones de los primeros reporteros de guerra estadounidenses, en la Guerra Civil norteamericana, retocando cadáveres, amputando miembros inertes a soldados muertos con el pretexto de lograr una foto de portada aún más impactante que la anterior. Una fotografía de estudio para reflejar y aprehender la realidad.

La fotografía es hoy, por tanto, uno de los grandes medios desde los que reflejar la visión de la realidad. Los intrépidos fotógrafos recorren sus países o el mundo entero con sus maquinitas y reflejan aquella visión que tienen de lo que ven. Pero una fotografía no tiene derecho de réplica y quizá por eso sufre constantemente de clichés y percepciones que, por estar en el imaginario colectivo, también es de suponer que estén en el imaginario del que fotografía. Cuando hace unas semanas Ottinger nos saludaba desde su blog y nos ponía delante de la cara la Fotografía del año, no pude sino sentir curiosidad por ver quiénes eran los premiados y por qué trabajos.

Una visita a la web de los premios –no reproduzco las fotos por no reproducir los clichés- nos lleva rápidamente a la mente la idea de que los fotógrafos buscan algo emocionante, algo distinto a lo que se pueda ver en este mundo civilizado de hoy. Buscan, por tanto, fotografiar a los salvajes, a aquellos que no tienen una vida moderna y ordenada como la nuestra. Quienes carecen de voz y voto en esta Globalización de una sola dirección, son retratados para el prestigio del que fotografía y sorpresa del mirón occidental. Y claro, uno de los lugares por excelencia para fotografiar es África.

Técnicamente, las fotografías sobre los africanos y africanas son, o en blanco y negro buscando resaltar esa sensación de obsolescencia, de pobreza y de falta de esperanza, o en colores muy vivos, como tratando de decir “de aquí procedemos nosotros”. O mejor, “de aquí procedíamos nosotros antes de inventar lo civilizado”. Porque como mensaje siempre quedan los rastros del salvajismo de Conrad. Lo insólito y lo especial de la fotografía es que no son nosotros. Es que hacen cosas que aquí no seríamos capaces de comprender. Es que tienen pensamientos inasumibles por todo hombre de bien. Y lo fotogénicos que quedan, madre mía.

Como he dicho antes, las fotografías no tienen más que una sola dirección. El fotografiado no se puede defender así que, como el soldado mutilado del que hablaba Sontag, no puede decir “¡Esperen, es que eso no es así!”

Fantasmas Balcánicos (I)

Condenar a un Estado es algo imposible en las Relaciones Internacionales. Las estructuras del Derecho Internacional están construidas de tal manera que permiten un juicio a las acciones de un legítimo –y no legítimo- gobierno pero en caso de resultar un veredicto contrario a los intereses de éste entonces todo depende de la última palabra del condenado. Es impensable este tipo de juicios en el ámbito nacional. Imagínense el juicio del 11M señalando a los culpables de los atentados y que éstos salieran en libertad porque, a última hora, ellos mismos sigan diciendo que son inocentes. En el ámbito internacional esto es posible gracias a un concepto que ha guiado las relaciones entre unos Estados y otros desde el siglo XVII: la Soberanía. Como un Estado es soberano sobre sí mismo, nadie se puede meter en lo que él hace. Es cierto que existen normas escritas sobre Guerra o sobre el cumplimiento de los Tratados a los que lleguen los Estados, pero la regla de la Soberanía sigue estando por encima de todo. Aunque esto, ya lo veremos dentro de unos días, está cambiando y la Soberanía

es ya algo que depende de las Organizaciones Internacionales. Al menos para los Estados menos fuertes dentro del Sistema Internacional.

Ayer se leyó la sentencia del Tribunal de La Haya en la que la demanda de los bosnios contra Serbia y Montenegro –entonces República Federal de Yugoslavia- por planificación y ejecución de genocidio contra la población musulmana. El tribunal no ha podido condenar a un Estado que, en efecto, era el responsable último de la organización de la masacre. El tribunal se escuda en que no fueron tropas serbias las implicadas en la devastación de Bosnia Herzegovina. Y en esto no les falta razón. La estrategia de Slobodan Milosevic, cabeza visible de Yugoslavia, fue tal que, durante todas las confrontaciones, logró no declarar la guerra a nadie. Si nos basamos en los análisis tradicionales y clásicos sobre las guerras, Yugoslavia nunca estuvo en guerra contra Bosnia o Croacia.

Milosevic había logrado hacerse con la presidencia de la República Federal de Yugoslavia cuando ésta estaba compuesta por lo que hoy es Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia. El sistema de votos en el comité Federal era bastante sencillo. Un voto por cada República federada –Montenegro aún no era independiente y por lo tanto se integraba en Serbia- y otros dos por dos regiones autónomas: la Vojvodina y Kosovo. Milosevic suprimió la autonomía de Vojvodina y Kosovo asumiendo para Serbia el control de estos dos votos y dominando así el plano Federal. Haciéndose con el control de las estructuras Federales Milosevic abandonó la doctrina socialista para dar un giro serbonacionalista a toda la política federal.

El vuelco nacionalista de Milosevic provocó una reacción por parte de las facciones nacionalistas de las demás repúblicas. Los primeros en demostrarse dispuestos a romper la baraja que Tito había mantenido tanto tiempo unida fueron los eslovenos. La independencia de Eslovenia fue un hecho tras una guerra que duró una noche entre las milicias populares eslovenas y las tropas federales con el resultado de menos de una decena de muertos. Eslovenia se iba de la Federación aludiendo que era la república más próspera económicamente y que su crecimiento se veía lastrado por regiones pobres como Kosovo. Fin al principio de Solidaridad -¿les suena de algo?

Con la tarta del reparto abierta, los nacionalistas croatas y serbios se pusieron manos a la obra para asegurarse la mayor parte de la misma. La tarta, como no, era una plurinacional Bosnia-Herzegovina. En ella residían serbios, croatas y musulmanes –que se suponen que son los verdaderos bosnios en este cálculo macabro que hicieron Milosevic y Tudjman- en un proyecto multicultural que había logrado asentar una población extremadamente enfrentada hacía escasamente 60 años.

La estrategia de estos dos macabros líderes consistió en la creación de milicias nacionalistas encargadas de eliminar físicamente a la población enemiga de los territorios que se disputaban. El miedo también formaba parte de esta dirección y por eso hoy las televisiones de medio mundo tienen imágenes de ejecuciones masivas. Al llegar las tropas serbias o croatas a un pueblo bosnio, la población ya sabía que los hombres y niños en edad militar serían eliminados, que las mujeres serían violadas y que los supervivientes serían expulsados de lo que quedara de pueblo. Política de tierra quemada.

La diferencia entre Tudjman y Milosevic consistió en que Tudjman no ocultaba su implicación en este exterminio de población bosnia porque se sentía apoyado internacionalmente. El principal soporte que tenía era la recién unificada Alemania, presidida por Khol, quien había reconocido internacionalmente a Croacia cuando en todo el planeta no había nadie que se atreviera a legitimar a este filonazi y cuando la misma Unión Europea había condicionado su reconocimiento a cualquier nuevo Estado al cumplimiento de los Derechos Humanos. Milosevic, sin embargo, tenía que mostrarse a sí mismo como un autentico líder occidental y para ello sus relaciones con las masacres y sus ejecutores debían de ser tenues, más bien dirigidas hacia el interior de su país, hacia un mínimo de población nacionalista que, de violenta y radical, terminaba por atemorizar al resto de población serbia.

La Comunidad Internacional –es decir, los EEUU de Bill Clinton- se implicó en la solución de un conflicto que dividía a la Europa de Maastricht. La ONU envió a sus famosos Cascos Azules con la misión de mantener la paz entre las milicias croatas y serbias que se disputaban distintas regiones de Bosnia donde la población croata o serbia tenía una presencia importante. Estos soldados no podían disparar y se dieron casos, como Sebrenica, en los que directamente las tropas de la ONU –holandesas de nacionalidad- se retiraron amablemente de sus posiciones para que las milicias serbias eliminaran a toda la población musulmana.

Con la implicación estadounidense en el conflicto, rápidamente se buscaron interlocutores entre los distintos bandos. Aquel que sobresalió ante todos fue Slobodan Milosevic. El principal ingeniero de esta masacre, aquel que hizo girar la política socialista de la República Federal de Yugoslavia hacia un nacionalismo serbio que dio la mecha de salida para la desintegración de la misma federación, el mismo que proporcionaba armas a los halcones milicianos y que finiquitó el proyecto multicultural del Estado Bosnio, se convirtió en el verdadero valedor de la paz en los Balcanes para los EEUU. Los acuerdos de Dayton provocaron la división de Bosnia-Herzegovina en dos repúblicas dependientes, con dos presidentes, con dos capitales –Sarajevo y Banja Luka- pero con la perenne necesidad –aun hoy más de 10 años después de los acuerdos- de la tutela internacional.

miércoles, enero 24, 2007

El enviado de Dios

La primera vez que vi un libro suyo fue en el escaparate de la Librería Visor. Caminaba hacia la parada de autobús en dirección a mi casa absorto en mis pensamientos, sin prisa, y decidí pararme en el escaparate de la vieja librería. De entre todas las relucientes novedades me fijé en la suya. Era la edición más fea de todas las que había. Con un gris que delataba que el libro no era novedad, sino reedición, y que ésta no era nada cuidada, la fotografía del centro donde unos niños africanos protegidos por cascos blancos empuñaban un ak-47 me animaba a adquirirlo compulsivamente. Sin embargo lo que me decidió de una vez por todas fue el título: Un día más con vida. Algo tenía que pasar en ese día ¿no?

Fue más tarde, cuando lo tenía ya en mis manos y el autobús echaba a rodar, cuando me fijé que el libro no era una novela, que tampoco era un ensayo, sino que pretendía ser un relato periodístico de los últimos días de la presencia portuguesa en Angola en 1975, narrados por un periodista polaco de extraño nombre. Y más tarde aún cuando me di cuenta de que en realidad estaba ante un libro que era mucho más que eso. Ante un libro que, como toda la obra de Ryszard Kapuscinski, es un libro de viajes, de aventura, de ensayo político, de reivindicación de las personas, de historia política, que era un grito en forma de alegato por la vida de todos aquellos seres anónimos que participan de los acontecimientos sin que nadie les haga el menor caso.

Un día más con vida lo leí cuatro meses después de haberlo comprado, cuando me disponía a enfrentarme a un viaje en tren desde Madrid hasta Pau, en Francia, que se prometía interminable. Lo leí del tirón. A mitad del trayecto había terminado de leer y me había quedado con un sabor en la boca tan intenso que no paré de hablar del libro a cada paso que daba por la ciudad francesa. Fue mi primer contacto con una realidad africana que en España tenemos abandonada en los círculos académicos, políticos y sociales. Y puedo decir, orgulloso, que el gran escritor polaco Ryszard Kapuscinski tiene toda la culpa de mi interés por el continente africano. Tras este primer libro sobre África, siguieron otros del mismo autor. El Emperador , La Guerra del Fútbol -impresionante biografía a golpe de reportaje-, y otros que no tardaré en correr a comprar, en esas ediciones grises y feas de Anagrama pero que destacan en mitad de mi librería por encima de otros libros menores.

Desde que leo a Kapuscinski no he parado de recomendarlo. Con la misma compulsión con que compré mi primer libro les he recomendado a mis conocidos que lo lean, lo regalen o, simplemente, lo compren para casos de emergencia en donde necesiten saber que, en el mundo, nunca se está solo. O mejor, nunca se estaba solo, pues desde el pasado Martes 22 de Enero de 2007, Ricardo ya no está con nosotros.

Uno puede leer los libros de Kapuscinski del tirón, como se hace con los buenos libros de relatos y sin pararse a pensar en cada situación por él descrita. Pero también puede detenerse en cada rincón del libro y retroceder a aquello que pudo suceder antes en aquel lugar en el que Kapuscinski conoció a tal o cual personaje. Puede detener el tiempo y contemplar la tragedia que el autor vivía en tiempo presente, y preguntarle por qué decidió subirse a aquel avión, meterse en aquel bosque o dormir en aquella tienda. Todos ellos actos de inasumible irracionalidad.

Porque es la irracionalidad la dueña de sus acciones y la que da novedad a sus libros de viajes. Kapuscinski ofrece una visión de África atípica. Por norma general, los autores de relatos sobre los africanos y africanas muestran a éstos como carentes de racionalidad, seres inmersos en un mundo no moderno y cuyas vidas carecen del orden natural de las cosas que sí desprenden los viajeros blancos. Páginas y páginas de historias en África donde los protagonistas son todos blancos, donde los negros son sólo actores secundarios. Sin embargo, si uno lee cualquier libro de Kapuscinski podrá aprender a escribir algo que tenga a uno mismo como punto de referencia de la historia pero que cuyos protagonistas sean todas y cada una de las personas con las que se cruza por sus caminos. Un libro de relatos de África donde el hombre blanco sea el irracional y, el hombre africano aquél que no sale de su asombro al ver las estupideces que hace ese blanco de la fría Europa.

Esto que es tan difícil lo logró desde el compromiso ético que siempre le acompañaba como periodista. "No se puede escribir de alguien con quien no has compartido como mínimo algún momento de su vida", decía. Recorrió la mitad del mundo de mano de la agencia polaca de noticias y repartió su particular visión de los acontecimientos que dominaban la periferia de la Guerra Fría, es decir, allí donde ésta sólo era Guerra. Y todo por culpa de un espíritu que se resumía en una de sus frases en La Guerra del Fútbol "¡Cómo iba a quedarme en Nigeria si allí no pasaba nada y era en el Congo donde todo estaba sucediendo!"

Sobre todas las cosas, los libros de Kapuscinski enganchan. Uno no puede dejar de leer cómo el azar le salva de una ejecución segura en un Congo en guerra, al que ha llegado tras recorrer en coche la distancia que hay entre Nigeria y Kinshasha. Cómo se negocia en Angola con los soldados del check point improvisado en mitad de una carretera sin saber de qué bando son y, por tanto, si los has de tratar como camaradas o compañeros. Y no puede dejar de sentir el dolor de una picadura de escorpión en la cabeza en mitad de la selva, donde nadie puede hacer ya nada por tí y sólo te queda tratar de dormir esperando que el veneno inyectado no fuera suficiente y a la mañana amanezcas como un día cualquiera.

Le han llamado maestro de periodistas por todo esto. Por desvelar que los Cínicos no sirven para este oficio. "El enviado de Dios", que decía de él John Le Carré. Fue admirado por otro de los grandes periodistas de nuestro tiempo, García Márquez, del que más adelante se hizo amigo íntimo y tenía una relación especial con España, a la que acudía siempre que podía con un perfecto castellano.

El martes volvió a salir de viaje dejando atrás su tan odiada mesa de despacho. Como al cielo seguro que no ha ido, poco hay que contar, esperaremos su próxima crónica para saber si el infierno era aquello que nos habían dicho.


domingo, enero 14, 2007

Bismarck estaría orgulloso

Somalia es uno de esos países que sólo se conocen por el Telediario. Tan pronto sale de él como vuelve a entrar y ningún canal temático de viajes hace reportajes sobre sus maravillosas costas en el Índico o la peculiar gastronomía de la región montañosa del país. Si de este país tuviéramos que decir algo, sólo saldría de nuestras bocas una palabra: Guerra.

Fue en las costas somalíes, esas del Índico, donde las fuerzas estadounidenses desplegaron la mayor campaña de intervencionismo humanitario armado de la Historia. Bajo la bandera de la ONU, pero con libertad de acción, los soldados norteamericanos fueron masacrados teniendo que abandonar el país a toda prisa y dejando a unos Señores de la Guerra profundamente bien armados y fuertes. La derrota norteamericana parecía traer consigo el establecimiento de un régimen neopatrimonial tan al uso en África Subsahariana, sin embargo lo que se reprodujo fue otro modelo africano: la división de los líderes a través del apoyo de diferentes países vecinos.

Etiopía y Eritrea apoyaron a unos u otros y el resto de Señores de la Guerra se limitaron a controlar las economías de sus territorios como podían y a hacer y deshacer alianzas entre ellos asegurándose la supervivencia y el autoabastecimiento. De esta manera, Somalia entró en una dinámica desde 1995 en la que el acuerdo político se hizo cada vez más imposible y la inexistencia de un Estado al uso impedía a los actores externos propiciar una solución al no estar ellos mismos capacitados para operar con un no-Estado. Tampoco se atrevían a operar con dos regiones de Somalia, Somaliland –autodeclarada independiente- y Puntland –autodeclarada región autónoma-, que, funcionando como Estados comunes carecían de reconocimiento internacional. Una situación enquistada, donde por supuesto la creación del Gobierno Provisional no ayudó a un acercamiento de posturas pues cada reunión de este Gobierno o del Parlamento Provisional –siempre en territorio no somalí- se ha saldado con desacuerdos e incluso peleas entre los propios diputados.

Con todo esto, la realidad ha sido que desde la misma Somalia se ha rechazado la situación creada por unos Señores de la Guerra profundamente divididos e incapaces de imponerse unos a otros. Desde los comerciantes somalíes se apoyó económicamente a al grupo que parecía tener las menores divisiones internas de toda Somalia. Y resultó ser el grupo de los Tribunales Islamistas. Éstos tomaron la capital, Mogadiscio, hace unos meses, devolviendo a Somalia a las imágenes de los telediarios occidentales. La fuerza real de estos Tribunales para hacerse con la victoria en esta guerra enquistada fue sobredimensionada por parte de los medios, sin embargo lo que sí se tenía claro desde Washington era que existía la posibilidad de provocar un efecto llamada en las poblaciones islámicas desencantadas y que éstas terminaran acudiendo a Somalia pretendiendo continuar la lucha que se lleva a cabo en Iraq, Afganistán y otras partes del mundo.

Además, la posibilidad de que esta fuerza creciera alertaba de un más que probable aumento de la capacidad organizativa del terrorismo internacional. No hay que olvidar que se cree que fue en territorio somalí desde donde se planearon y ejecutaron los atentados a las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania.

Así pues, Etiopía acaba por intervenir en la conquista de Mogadiscio por parte de las fuerzas islamistas. Obviamente alentada por EEUU, quien también ha terminado por reconocer su implicación en, al menos, uno de los bombardeos que ha habido estos últimos días. Y no sólo eso. Se han reconocido soldados estadounidenses que, en terreno somalí, guían las operaciones aéreas de los etíopes. Esta es, por tanto, una operación que desde el Pentágono se toman muy en serio y quizá por eso no se han mostrado reticentes a la hora de admitir que su objetivo es el asesinato selectivo –o ejecución sin juicio, que es lo mismo- de Fazul Abdulla Mohammed, supuesto responsable de Al-Qaeda en la zona y supuesto experto en explosivos responsable de los atentados en Kenia y Tanzania de los que antes hablábamos. Por el momento los civiles muertos por el único ataque oficial de la aviación estadounidense son ya 50 entre los que aún no se sabe si está Fazul o no. Desde los títeres del Gobierno Provisional Somalí –que sólo se ponen de acuerdo a la hora de rendir pleitesía ante su Señor- se asegura que los ataques han logrado el objetivo establecido. “No más Fazul” leo en El País que ha dicho uno de sus miembros. Sin embargo el Pentágono no se atreve a confirmar la noticia, no se sabe si por miedo a una posible represalia o para justificar que continúe su ofensiva –más bien para esto último.

Cabe preguntarse qué está buscando EEUU en África tras tantos años de abandono. Si bien es cierto que, como en la mayor parte del planeta, en los países africanos también se tiende a demonizar a los norteamericanos cuando algo malo les ocurre y la culpa siempre es de Bush –o del que toque-, la realidad es que son las antiguas potencias coloniales –en especial Francia y el Reino Unido- las que realmente causan males directos en la política africana post Guerra Fría. EEUU no era más que una comparsa de los europeos en la región Subsahariana hasta que, en la reformulación de su política exterior tras el 11S, algún lumbrera de Washington decidió que los males del terrorismo internacional venían de la existencia de Estados Débiles o Frágiles –del racismo de esta teoría hablaremos en otro momento- y que la mayoría de éstos estaban al sur del Sahara. Anteriormente explicamos aquí la política antiterrorista de EEUU en la zona, por eso no vamos más que a comentar la novedad que esa política tiene tras el anuncio –precisamente ahora que bombardean Somalia- de la creación de un Mando Regional exclusivo para África llamado AFRICOM.

Aunque aún no tiene base física definida –se habla de Yibuti tras la negativa de Argelia- el AFRICOM se encargará de controlar los intereses norteamericanos exclusivamente en el continente africano –a excepción de Egipto, que seguirá dentro de la zona de Oriente Medio. Todos estos mandos regionales, dependientes del Pentágono, tienen un general del cuatro estrellas al frente y están constituidos para ser una fuerza de acción militar rápida en la zona en caso de ser necesaria, así como capacidad para responder ante situaciones de emergencia humanitaria –para continuar con la misión de vestir de cordero a cualquier ejército. Sin embargo el AFRICOM se va a diferenciar del resto en que junto a su director militar va a tener un director civil y una presencia de personal civil muy superior a lo acostumbrado, además de una función poco común en estos Mandos, la de reforzar las estructuras estatales.

Haciendo conjeturas que probablemente den en la diana cuando se confirme la estructura civil del AFRICOM, la razón que ha podido motivar la creación de este mando regional de tan escaso carácter militar, puede venir derivada de la fuerte competencia de China en el continente. No ha pasado mucho tiempo desde que el Gobierno Chino se ha sentado muy en serio a negociar con los responsables africanos la explotación de las materias primas del continente y desde que se afirmara –de manera escandalosamente absurda- que China le concedía a África una segunda oportunidad de Desarrollo –cuando es África la que está desarrollando a China.

Muy probablemente EEUU seguirá manteniendo su política de ocultación de fondos para la seguridad –su seguridad- tras el velo de la Cooperación para el Desarrollo y, además, como novedad volverá a introducir los criterios geoestratégicos de la Guerra Fría, pensando en asegurarse su abastecimiento de recursos alternativo al del Golfo Pérsico y en clara competencia con la China de la OMC.

¡Bienvenidos al reparto de África! ¡Bienvenidos al Congreso de Berlín!

sábado, enero 13, 2007

El regreso del gigante que nunca se fue

[Publicado originalmente en Derrota Urgente]

No recuerdo bien el argumento central de ese capítulo de Los Simpson, pero recuerdo bien esas escenas donde el embajador de Rusia en el Consejo de Seguridad daba a un botón y el cartel que tenía delante de él y que decía “Rusia” giraba para dar paso a otro que decía “URSS”. La escena siguiente nos situaba en la Plaza Roja de Moscú, donde un desfile de cabalgatas infantiles cambia radicalmente al pararse las cabalgatas y, de ellas, aparecer los tradicionales tanques soviéticos, con sus banderas rojas y sus hoces y martillos amarillos. La tercera, además de ser la más hilarante, es la más gráfica. Unos turistas hacen fotos a la tumba de Lenin cuando, de repente, éste se despierta de su letargo y, cual zombi, rompe su urna de cristal y amenaza a los visitantes.

En los últimos meses estamos viviendo escenas de parecida incredulidad así como de diferente comicidad. Rusia, ese país que sustituyó a la URSS en los imaginarios e instituciones internacionales, parece que ha vuelto a retomar las políticas que le enseñaron a su Presidente en la Academia donde estudiasen los espías de la KGB, si es que estudiaban algo. Políticas de la Guerra Fría que hacen pedir a gritos la vuelta de John Le Carré y de su Casa Rusia, de Mathew Broderik y sus Juegos de Guerra. Pareciera que el Sr. Vladimir Putin también se apuntara a la moda nostálgica de los 80. Y es una lástima que por ello cambie a una política abiertamente conflictiva. Que alguien le regale un mechero de Naranjito a ver si se calma un poco.

Claro, que también podíamos pensar que Rusia siempre fue la URSS. Que, como decía el embajador soviético en Los Simpson, en realidad “nunca nos hemos ido”. Tras la caída de la influencia soviética en Europa del Este, y el desmembramiento de la URSS a través de la CEI, Rusia se vio obligada a asumir un cambio de valores económico-políticos que la condujeran al liberalismo y a la democracia. Como el cacho de tierra que les había tocado en el reparto estaba en quiebra y los gastos fueron muchos, los nuevos dirigentes rusos, encabezados por el cómico Yeltsin –aunque a mí nunca me hizo gracia- se pusieron en manos del FMI, quien estableció las bases de la transición económica y ¡política!

Y menuda transición. No cabe duda de que no se guiaron por el Modelo Suárez y por eso les salió mal a los pobres muchachos. Según su manera de ver las cosas, tras el liberalismo económico vendría la democracia en Rusia, y por eso privatizaron todas las empresas públicas de un día para otro, propiciando la creación de personajes rusos multimillonarios –el más popular es Roman Abramovich- con clara relación con la mafia y que ahora se dedican a invitar a sus fiestas a personajes como Shakira. Y si todo hubiera quedado ahí, ni tan mal. Cualquier país es capaz de vivir con uno o dos Jesús Gil o Aimé Jaqcet, Flavio Briattore y pongan Uds. el ejemplo que quieran. Sin embargo ahí no acabaron las desgracias. Con la mafia convertida en la clase alta económica y sin libertades políticas ninguna, la vieja Rusia se declaró incapaz de pagar el dinero que en un principio le había dejado el FMI y así, en 1997, éste tuvo que volver a prestar grandes cantidades a fondo perdido.

Con Rusia hundida económicamente y lastrada en la política internacional, por aquello de no enfrentarte a tus prestamistas –EEUU es el controlador del FMI y del BM-, la lealtad a la madre patria estaba perdiendo fuerza y los niños ya no querían ser los rusos cuando se jugaba a la Guerra Fría en el patio del colegio –yo es que fui un niño muy raro. Pero llegó la Crisis de Kosovo de 1999 y Yeltsin decidió que el zapato ruso volvería a sonar en la mesa de la ONU. Rompió la unanimidad para castigar a Slobo Milosevic por su política en Kosovo y trató de defenderle. EEUU acudió entonces a la OTAN y el bombardeo –destrucción- de las ciudades serbias fue tal que Yeltsin no pudo más que dar ridículos saltitos en señal de protesta. Terminó por mandar tropas de tierra –algo que la OTAN no se atrevía a hacer- e invadir la capital kosovar Pristina, acabando con la política de Milosevic y proporcionando una salida victoriosa a una OTAN que empezaba a ver cómo el conflicto se enrrocaba sin remedio.

Con Putin la historia siempre ha sido parecida sólo que, a diferencia de Yelstin, Vladimir ya no se molesta en parecer gracioso. Agachando la cabeza en la política internacional ha consentido que EEUU atacara en su patio de atrás buscando a Bin Laden a cambio de tener línea de tiro en Chechenia, la mafia ha logrado mantener el poder económico y las libertades políticas dentro del país se han reducido hasta el punto de que ya ningún medio de información se atreve a criticar al gobierno -¡allí no leen El Mundo ni existe un Jiménez Losantos! Cosas verás Nicolás.

Sin embargo, como mencionaba al principio de la entrada, las cosas parecen estar cambiando. Putin ha terminado imponiendo sus puntos de vista en las reuniones del G8 y ha logrado hacerse con una mayor influencia en la política internacional, aprovechando sin duda el atentado de Beslán ha rehecho su influencia con las repúblicas del Caucaso y ha logrado no ser molestado por esos funcionarios extranjeros que hablan de Derechos Humanos y cosas por el estilo. Y lo más importante, ahora se le mueren los pocos periodistas que estaban en su contra. Así, sin más van y se mueren. Cuando a una no la asesinan al otro lo envenenan con uranio -¿quién es uno de los principales exportadores de uranio del mundo?- en territorio extranjero –para mayor gusto de los nostálgicos de la Guerra Fría: en Londres.

Y como colofón al nuevo advenimiento ruso, la crisis energética de la UE que ha provocado la decisión momentánea de Moscú de no suministrar más petróleo al oleoducto de Bielorrusia por el que se abastecen Polonia, Hungría, Eslovaquia, la República Checa y -¡tantatachan!- Alemania. Para explicar esta situación basta entender que Rusia suministra petróleo a la UE por un oleoducto que atraviesa Bielorrusia y gas por el gasoducto de Ucrania. El petróleo y el gas son vendidos a un precio a estos dos países ex-soviéticos quienes a su vez lo tratan y lo revenden más caro a la UE. Con Ucrania, Putin ya tuvo sus problemas al ganar las elecciones el partido del europeísta y envenenado -¡qué casualidad!- Yushchenko hasta que Ucrania dio el giro hacia la UE, Rusia controlaba su política tal y como hacía con Bielorrusia. Sin embargo la Revolución Naranja de Ucrania situó a este país cerca de la órbita unioneuropea a lo que Moscú contraatacó subiendo los precios del gas. La UE reclamaba no tener que pagar más por el gas y, por lo tanto, Ucrania debía hacerse cargo.

Con Bielorrusia Putin ha sido más severo. La situación política en Minsk es completamente diferente a la de Kiev. En Bielorrusia la presencia del Presidente Lukashenko es constante. Lleva en el cargo desde 1994 y las acusaciones de no respetar los Derechos Humanos y de fraude electoral son continuas. Incluso EEUU le situó como representante del continente europeo en su Eje del Mal. Rusia le vendía el petróleo a un precio ridículamente bajo como manera de financiar la economía bielorrusa y el régimen de Lukashenko. Sin embargo éste ha sido tentado desde Bruselas y el verse ante un aliado tan suculento le ha dado valor para echar un órdago a la grande a Moscú adueñándose del petróleo que pasaba por su oleoducto y no pagar la subida de precios que Putin reclamaba. La jugada hubiera tenido posibilidades de éxito con una Rusia débil como antes, pero la estrategia de fuerza de Putin ha sido mayor que el órdago de Lukashenko Moscú decidió unilateralmente cortar el suministro a Bielorrusia –y por tanto a la UE- de un día para otro, sin consultar y justo cuando la presidencia de Alemania –de ahí lo del “tantatachan” de antes- comenzaba. La protesta de Merkel, quién tenía previsto una visita oficial a Minsk y a Moscú antes de la crisis, ha provocado que Lukashenko rectifique y se pliegue ante la demanda rusa de volver al statu inicial.

La crisis parece solucionada, pero el miedo de los países de la UE no se lo quita nadie. Han estado viviendo dos o tres días de sus propias reservas de petróleo y han visto cómo un conflicto aparentemente ñoño les hacía temblar las piernas. Desde Bruselas se propone ahora diversificar el abastecimiento de petróleo a través de países como Turkmenistán o Kazajstán. Sin embargo los problemas serán los mismos de ahora. La órbita rusa es grande y la fuerza y confianza en sus posibilidades en la política internacional van creciendo por momentos. No será fácil lidiar con una Rusia capaz de decir “No” a pesar de los créditos del FMI. Máxime cuando desde la UE se mira para otro lado cuando Moscú elimina al sector crítico de su sociedad, aunque éste se esconda en la capital del Imperio Británico.

No llegaremos a ver a una Rusia imperturbable ante los acontecimientos que puedan suceder más allá de sus fronteras como en la época de la URSS, hoy su política es más adaptable a los acontecimientos, pelando las batallas que cree capaz de ganar, pero lo que está claro es que el mensaje de Putin es que han regresado o que, en realidad, “nunca nos hemos ido”.

jueves, diciembre 07, 2006

¿Cómo pedir disculpas y -sobretodo- para qué?

La Iglesia Católica ha vuelto a dar ejemplo otra vez –como tantas. Sin embargo la diferencia es que hoy el ejemplo ha sido seguido por el país patrio del Anglicismo, aquellos británicos que renegaron de la autoridad papal con el reinado de Enrique VIII. Y es que la semana pasada, en un foro sobre la historia del Imperio Británico, Tony Blair, Primer Ministro británico, pidió disculpas –no sabemos si oficiales- por las barbaridades que el Imperio cometió en su proceso de colonización.

Barbaridades, así las llamó, que fueron también responsabilidad de otros países europeos. Francia, España, Bélgica y Portugal –con los intentos breves de Alemania y de Italia- colonizaron África. Y a ellos se les unió Holanda en sus posicionamientos en Asia. Todos estos países, responsables de aquellas barbaridades de las que habla Blair durante la colonización –recordemos aquí también la esclavitud y su negocio en EEUU- y de otras aún más graves durante la poscolonización.

Las disculpas por atrocidades cometidas siglos atrás son positivas –mejor, eso sí, si las disculpas se hacen desde instituciones nacionales como el Parlamento, que de manera informal en unas jornadas. Pero éstas no limpian al Estado del pecado de haberlas cometido. La Iglesia, con Juan Pablo II a la cabeza, pidió disculpas en el año 2000 por las atrocidades cometidas por la institución antes del Concilio Vaticano II. La idea era entrar en el nuevo milenio puros de errores -¿para poder cometer otros nuevos?, me pregunto. Sin embargo, el pontífice olvidó pedir disculpas a aquellos que él mismo había humillado, pedir disculpas por aliarse con la Administración Reagan e intervenir en política como si las dos espadas del medievo, la temporal y la espiritual, aún estuvieran en su poder. Olvidó tantas y tantas cosas, que hizo de las disculpas del Milenio algo banal, sin importancia y ridículo. Porque ya todos sabemos que la Tierra se mueve alrededor del Sol y no a la inversa ¿verdad? Así que disculparse por algo que, salvo los rencorosos con la Historia, todo el mundo tenía olvidado o le otorgaba escasa importancia no tiene mérito. Lo valeroso hubiera sido asumir los errores del presente. Pedir perdón por abusar de niños, por excluir a todo aquél párroco que piense de manera diferente, por excluir a la mujer del gobierno de la Iglesia, por seguir haciendo dinero mientras la pobreza que ha de sanar con su caridad sigue aumentando… y por tantas y tantas cosas.

En el caso de las disculpas británicas ocurre algo parecido. Pedir disculpas por aquello que se hizo siglos atrás no sirve de nada si las actitudes de hoy siguen siendo las mismas. Piden disculpas por azotar con el látigo al negro africano del siglo XIX, pero no rectifican en su posición sobre un Comercio Mundial que obliga al negro del siglo XXI a jugarse la vida tratando de llegar a nuestras costas. Sin ir más lejos, fue el mismo Tony Blair –aka El Redimido- el que propuso en la Cumbre de Sevilla de la UE del año 2002 un nuevo sistema de refugio político. El problema que tenía Mr. Blair era que muchos inmigrantes llegaban camuflados de refugiados políticos. Llegaban hasta las oficinas de la función pública británica y pedían refugio político. Algunos osaban decir que, debido a que estaban perseguidos en su país de origen y tuvieron que salir corriendo de sus casas, no llevaban consigo su pasaporte o los recortes de periódico que acreditasen su amenaza –que debe haber una sección de amenazas en sus periódicos como aquí las hay de venta de pisos, coches de segunda mano o servicios de señoritas. Los había incluso que no llevaban a sus amenazadores consigo para justificar su petición de asilo –bastards!- con lo que entre que se estudiaba y se denegaba su petición de refugio, se terminaban perdiendo por el territorio británico y nunca más salían de allí. De esta manera, pensó Mr. Blair, lo que había que hacer era llevar a todo aquel que pidiera refugio a un campo de relocalización –o campo de concentración en su versión clásica- que estuviera situado en algún Estado Tapón que prestara los terrenos a la UE –se habló de la nueva Libia del Gaddafi 2.0 o Gaddafi-Bueno. Allí, el refugiado esperaría a que o bien se le concediera su petición o bien se le abriera la puerta, en Libia, y se le dijera que no y que se fuera andando para su casa. Derechito y sin entretenerse por el camino ¿eh?

Pues así están las conciencias estatales hoy día, señoras y señores. Como bien dice la frase de Frantz Fannon que adorna los pies de este blog “No hay misión negra, no hay responsabilidad blanca”, es decir, lo que ocurrió en el pasado, se queda ahí pues hoy ninguno somos responsables de que nuestros tatarabuelos pensaran que las razas no blancas eran inferiores o que su religión o vida moderna era superior a cualquier otro modo de vivir. De lo que sí es responsable el Estado de hoy día, el Estado Occidental que salió de la II Guerra Mundial y que, con pequeñas variaciones, es el que hoy alumbra nuestras calles, es de los errores cometidos durante la poscolonización, de las invasiones europeas de África ocurridas en distintas operaciones militares camufladas de Humanitarias, de los acuerdos TRIPS que impiden a los Estados africanos comprar medicamentos genéricos en la lucha contra el VIH/SIDA, de la connivencia con gobiernos opresores y que castigan a su población a cambio de petróleo, diamantes o demás minerales, y de tantas y tantas otras cosas que hemos visto y que veremos en este blog.

Es por esto por lo que Mr. Blair y otros líderes deberían pedir disculpas y cambiar así sus políticas, no por lo que pasó hace más de 200 años y por lo que hoy poco podemos hacer, salvo abrir museos.

miércoles, noviembre 15, 2006

Nuestra colonia en África

En las Relaciones Internacionales lo más parecido que ha habido a un sorteo de vivienda de protección oficial fue el Congreso de Berlín de 1885. En él, las potencias europeas –y las no potencias- se repartieron el control sobre el continente africano y establecieron las normas de convivencia de los europeos en el mismo. Allí Bélgica se hizo oficialmente con el Congo y a nosotros, al Imperio Español, nos tocó en suerte un cacho de África al que dimos en llamar Guinea Ecuatorial.

Fue colonia española hasta que en el Octubre de 1968, el régimen franquista permite la independencia del país africano deshaciéndose de la penúltima de sus colonias. Al poder accederá Francisco Macías Nguema dictador caprichoso y sanguinario que terminaría por proclamarse como Presidente Vitalicio. Largo se lo fiaba, pues en 1979, 11 años después de acceder a la independencia, el país sufría un Golpe de Estado a manos del ex-teniente del ejército guineano Teodoro Obiang. Prometiendo acabar con el régimen de sangre de su antecesor, Obiang apresará a Macías, lo juzgará y lo ejecutará. Las promesas de libertad quedarán en saco roto cuando se establece un gobierno dictatorial que conducirá al país hasta el régimen unipartidista de 1990 que aún hoy perdura.

Como ocurre en toda África, las relaciones de política y economía internacional del país africano han de tener siempre como referente a la ex-potencia colonial. Es una ridícula norma no escrita y caso de Guinea Ecuatorial no es diferente. España ha mantenido siempre intereses en la zona, principalmente económicos. Repsol-YPF era el concesionario exclusivo de buscar petróleo en aguas guineanas, unas aguas limítrofes con las más ricas en petróleo de todo el continente. Sin embargo, Repsol-YPF fue incapaz de encontrar nada –o más bien se declaró incapaz- dando paso a las prospecciones de empresas norteamericanas y británicas que finalmente sí encontraron el crudo y que lógicamente obtuvieron los contratos de explotación. Eso sí, antes se aseguraron de dejar una parte del negocio a la corporación española por su oportuna declaración de incapacidad. Como no sólo de petróleo vive el empresario, Pescanova tiene grandes intereses en las costas guineanas, pues es allí de donde, sin trampa ni cartón pero con libertad absoluta, ha obteniendo sus principales capturas de langostinos navideños.

Los intereses económicos han sido los principales motores de las relaciones hispano-guineanas. Felipe González ya visitó oficialmente el país en 1991 y ha sido el último Presidente de Gobierno español en hacerlo. Sin embargo sí que lo visitó Miguel Ángel Moratinos, Ministro de Asuntos Exteriores y López Aguilar, Ministro de Justicia, en Octubre pasado, donde concretaron la visita que estos días realiza Teodoro Obiang a España. Los motivos declarados de esta visita del dirigente africano a su antigua potencia colonial son, claro está, de índole económica y política. En el plano económico, Obiang tiene previsto entrevistarse con empresarios de distinta índole –entre los que se incluyen los más altos miembros de Repsol-YPF- y la agenda consistirá en la realización de inversiones españolas en el país africano. Sin embargo, en la agenda política, las denuncias sobre abusos de los Derechos Humanos en Guinea Ecuatorial y la celebración de unas elecciones democráticas limpias y abiertas serán los puntos centrales en la reunión entre Obiang y el Presidente Zapatero.

No cabe duda de que en estas entrevistas guineanoespañolas el punto central son los asuntos económicos por mucho que se disimule dándole un aspecto político. A pesar de la interesante nueva visión que desde las agencias gubernamentales hay sobre las relaciones de España con África, la predisposición histórica que hay en este país con respecto a Guinea siempre ha sido la de conseguir oportunidades de negocio. El Estado ha desplegado todo su armamento –nunca mejor dicho- en pos de asegurar la defensa de sus posiciones de privilegio. Así, el Gobierno no dudó en enviar dos fragatas españolas a las costas guineanas en Marzo de 2004, al descubrirse, por parte de los servicios secretos sudafricanos, un complot para derrocar a Obiang urdido por diferentes empresarios británicos, entre los que destacaba un hijo de la ex-Premier británica Margaret Thatcher.

La intentona golpista tuvo su efecto en territorio español cuando la oposición guineana en el exilio empezó a movilizarse en los mismos términos. El principal líder opositor, Severo Moto, refugiado en España desde hacía años, desapareció inexplicablemente durante un periodo de tiempo en el año 2005. Apareció al poco tiempo de haber sido secuestrado frente a la costa de Dubrovnik, en Croacia, y liberado ileso después. La sombra de la compra de armas en los mercados del Este que trajo consigo este suceso contribuyó definitivamente a que el Gobierno de Zapatero le retirase la condición de refugiado político y, por consiguiente, le conminara a abandonar el país. Desde entonces, sigue siendo aliado político de José María Aznar y mantiene su lucha contra el gobierno de Obiang, al que un día él perteneció, a través de su gobierno de Guinea Ecuatorial en el exilio.

Dentro del país, la oposición a Obiang viene determinada por dos grandes grupos. Por un lado están aquellos activistas a favor de los Derechos Humanos, quienes se ven encarcelados en la siniestra cárcel de Bahía Negra. Por el otro, los opositores políticos constituyen un grupo de dirigentes con partido político de corte neopatrimonial que, en caso de hacerse con la suficiente fuerza social, son ascendidos a la categoría de Ministros por el dictador convirtiéndose en parte del sistema y obviando las injusticias del mismo.

La situación del país, mientras tanto, sigue empeorando aún teniendo unos ingresos tan fuertes debido a la incipiente industria petrolífera. La población sufre tremendas carestías y el Desarrollo Humano del país sigue inmerso en un descenso continuado. Fuera hay una población de número considerable en el exilio, principalmente en España, que ha perdido la fe en lo político y que termina considerando más importante las redes sociales de solidaridad –fundamentales por otra parte en toda África- que los movimientos políticos. Como dato anecdótico, cuando se plantearon ciertas manifestaciones en Madrid contra la dictadura de Obiang hace un par de años, éstas fueron integradas principalmente por españoles y no por guineanos, aún a pesar del gran número de éstos residentes en la capital o sus proximidades.

Con todo, siempre hay grupos que tratan de concienciar a la sociedad española de la responsabilidad que ésta tiene para con los ecuatoguineanos, antiguos ciudadanos del reino. Hoy por hoy la oposición a Obiang ha logrado que se paralice su visita al Congreso de los Diputados, pero no sus reuniones con el Alcalde de Madrid y la Presidencia de Gobierno. Habrá que seguir trabajando para que España se tome en serio su papel de facilitador de la democracia en Guinea Ecuatorial, no por continuar la regla post-colonial que invita a la metrópoli a controlar lo que suceda en su ex-colonia, sino porque España ha sido y es una parte importante en el problema que las dictaduras plantean a los ecuatoguineanos.

martes, noviembre 07, 2006

Convirtiendo la oscurana en claridad

[Publicado originariamente en Derrota Urgente]

Aún estamos esperando confirmación, pero con más del 60% de votos escrutados, parece que Daniel Ortega se va a hacer con la Presidencia de Nicaragua. El sistema electoral permite a cualquier a de los candidatos ganar en primera vuelta si obtiene el 40% de los votos o si se hace con un 35% y saca, al menos, cinco puntos al siguiente candidato. Así pues, el Sandinismo –o lo que queda de él- volverá a gobernar en Nicaragua 27 años después de que se hiciera con la victoria en la Revolución y 16 desde que perdiera las elecciones.

En todo este tiempo, Daniel Ortega ha sido el director del Frente Sandinista. No ha faltado, desde que se convocan elecciones, a ninguna pelea electoral y, aunque ha perdido todas y es el candidato más detestado por la mayoría de la población, aún se puede hacer con la Presidencia debido a ciertas claves. La primera, como comentábamos, es el sistema electoral. Éste fue modificado por un acuerdo entre el propio Ortega y el entonces presidente Alemán –actualmente convicto por corrupción. Entre estos dos personajes se establecieron esos extraños porcentajes de los que hablábamos buscando que Ortega se hiciese, de una vez por todas, con la que parece va a ser su primera victoria electoral. La segunda es el apoyo internacional obtenido por él. Frente al apoyo norteamericano de Eduardo Montealegre, Ortega esgrime sin pudor el apoyo de Chávez y de su petróleo. De nuevo los dos modelos de América se vuelven a encontrar en unas elecciones. La diferencia es que ahora Ortega no invoca el bolivarismo como sí hiciera Evo. Ortega sigue manteniendo una imagen marxista pero sustentada con una fuerte alianza con sectores de la derecha nicaragüense. No obstante, el vicepresidente de Ortega es un conocido líder de la Contra y quien, además, confiscó su casa tras el fin de la Revolución y aún sigue viviendo en ella. Juntando todos estos apoyos, más el eclesiástico, Ortega va camino de ganar las elecciones.

No será en cambio su primera Presidencia pues organizó la Revolución Sandinista desde la dirección del Frente y la posterior resistencia frente a los ataques de la Contra. Desde 1979 hasta 1990 Ortega presidió un país que pasó desde el más profundo revolucionarismo marxista-católico a ser salvajemente destrozado por una guerra civil promovida y sostenida por Washington. Haciendo un poco de historia, podemos ver cómo los sandinistas hicieron una revolución armada desde abajo frente al régimen de la familia Somoza quien llevaba más de 40 años humillando al país.

La Revolución Sandinista rompió con muchos mitos de las revoluciones marxistas. Como se ha dicho, no se perdió el carácter de revolución católica en ningún momento. Prueba de ello fue el nombramiento de Ernesto Cardenal, un jesuita ordenado, como Ministro de Educación. Cardenal pidió permiso al Vaticano para aceptar el cargo y éste fue concedido. Sin embargo, la alianza entre la Administración de Reagan y Juan Pablo II motivó que el permiso fuese retirado y se ordenara a Cardenal abandonar el Ministerio. Ante la negativa de éste, fue expulsado de la Iglesia.

Una Iglesia que aún jugaría un papel fundamental a la hora de desacreditar a una Revolución y a un pueblo que en ningún momento pretendieron faltar a los principios católicos. Cuando Juan Pablo II organizó su viaje a Managua mediados los 80, exigió que el gobierno en pleno acudiera a recibirlo a pié del avión. Ernesto Cardenal –aún no expulsado- se encontraba en esa fila y cuando le tocó el turno de saludar al jefe de su Iglesia lo hizo como católico, no como Ministro. Arrodillándose y besándole el anillo, tuvo que aguantar agachado la reprimenda pública de Juan Pablo II por haberse convertido en Revolucionario. Ese dedo acusador del Papa –ese de quien dicen que pacificaba países- que regañaba a un Ministro de Educación capaz de establecer un plan de alfabetización que acabó con el índice del 82% de analfabetismo del país, se volvió más adelante hacia la misma población nicaragüense cuando en la misa pública multitudinaria conminó a todos los revolucionarios a bajar las armas y dejar la doctrina marxista para adentrarse en un liberalismo católico representado por EEUU.

Los Gringos siempre consideraron Centroamérica como su patio de atrás y pensaron como oportuno crear un movimiento contrarrevolucionario que sostuvo una guerra civil que terminaría con las posibilidades del Sandinismo. En 1990 los dirigentes del Frente accedieron a la celebración de unas elecciones que ganaría Violeta Chamorro y que dejarían a un Daniel Ortega corrupto en la dirección de la oposición. Para entonces Ortega ya se había convertido en referente para las izquierdas europeas. Sin ir más lejos, fue traído por el Movimiento contra la OTAN aquí, a España, para apoyar la más multitudinaria de las manifestaciones contra el ingreso en la alianza. Mientras su pueblo, sus revolucionarios, se morían en la selva nicaragüense luchando frente a una Contra abastecida, creada, dirigida y apoyada por los norteamericanos, Ortega fue capaz de salir al estrado de la manifestación en Madrid, mirar a la cara a todos los manifestantes, ¡y defender la política atlántica de Felipe González!

España entró en la OTAN y EEUU ganó para su eje al segundo país más pobre de América –tras Haití. Ortega se quedó en la oposición, acusado de violación de una de sus hijas y con la mente puesta en recuperar el poder cuanto antes. Parece que ahora ya le vuelve a tocar. Es una lástima que tras de sí deje los caminos del sandinismo destrozados. Que nadie recuerde que en esa Revolución no había policía que reprimiese a los ciudadanos. Que la más popular de las revoluciones latinoamericanas fuera rota por los designios norteamericanos, el egoísmo de la clase alta nicaragüense y la corruptela de dirigentes como Ortega. Hoy puede ganar él, pero pierde Nicaragua.

“Es posible que esté equivocado, pero déjenme equivocarme esta vez a favor de los pobres”

Ernesto Cardenal, Ex-Ministro Sandinista y ex-jesuíta.

viernes, octubre 06, 2006

El conflicto que se vuelve internacional

Retomando la senda de la explicación de los acontecimientos históricos en la República Democrática del Congo y tras explicar en dos entradas anteriores el proceso de descolonización que sufrió el país así como la llegada al poder del dictador Mobutu Sese Seko -quién seguramente protagonizará más entradas en el futuro de este blog- hoy partimos hacia mediados de los años 90, cuando dicho dictador cayó a manos de una revolución empezada -quién se lo iba a decir- en un pequeño Estado vecino: Ruanda.

Los acontecimientos ocurridos en Ruanda, donde una parte de la población, Hutus, se dedicó a perpretar la desaparición física de la otra parte, Tutsis y Hutus que no participaban del movimiento, tendrán repercusiones funestas para la subsistencia del régimen de un Mobutu afectado de cancer.

Por una serie de cuestiones que no vienen al caso, los perpetradores del Genocidio de Ruanda logran escapar como refugiados políticos a la frontera con Zaïre. Allí, desde los campos de refugiados, se establecerán distintas estrategias para desestabilizar al gobierno ruandés. Sin embargo pronto estas actividades darán un giro de 180 grados. La lucha se situará frente al gobierno del Zaïre, quien por su parte rechaza y combate a los refugiados. Estos militares Hutus se unirán a la disidencia zaïreña liderada por Laurent Kabila formando un grupo que, con el apoyo final de los otros tres países de los Grandes Lagos fronterizos con Zaïre -Uganda, Burundi y Tanzania- iniciarán una revuelta que irá tomando posiciones desde el Noreste del país hasta la capital Kinshasa, al Suroeste.

Los rebeldes de Kabila lograrán conquistar la capital en poco tiempo avanzando de una manera relativamente rápida. Cuando ésta se encuentra sitiada, la familia de Mobutu Sese Seko ya ha logrado desmantelar la mayoría de sus centros de poder. Por entonces el gobierno -formado en su mayoría por estos familiares- sólo ejerce el control sobre las casas de sus miembros y Mobutu huye refugiado por el Reino de Marruecos. El resto del país, si no está controlado por los rebeldes, lo está por la población armada. Kabila termina llegando al poder en Septiembre de 1997 tras 11 meses de rebelión y logra configurarse como el líder del nuevo Zaïre, un país que rechazará la política acaparadora de recursos financieros que tuvo el dictador Sese Seko y que se presenta al mundo como una nueva esperanza para la población africana.

Kabila tomará una serie de medidas institucionales como el cambiar de nuevo el nombre del país. De Zaïre, volverá a ser Congo. República Democrática del Congo, como se la conoce hoy en día. "Democrática", sí, en clara alusión a los nuevos criterios que los donantes internacionales establecen para participar de la Cooperación Internacional y no de su filosofía política. Cambiará la bandera, de esa verde con un sol amarillo que antes explicábamos, se volverá al fondo azul celeste y las 7 estrellas doradas, la colonial. Estos dos hechos escenifican muy bien cuál es la política de Kabila. Llegar a ser un país susceptible del respeto por parte de los grandes socios internacionales, obtener recursos de la Cooperación Internacional, recrear el feudo que antes tenía Mobutu, pero con otro estilo.

Sin embargo Kabila está comprometido con las facciones Hutus de la rebelión a dar a esta etnia un poder y una presencia en los poderes públicos que resulte mayoritaria frente a otras, mientras que, poblacionalmente, los Hutus son una minoría muy localizada en la región fronteriza con Rwanda y Burundi, el Kivu, allá donde estalló la rebelión. La mayoritaria presencia de hutus en el poder congoleño levantará muchos malestares en otro tipo de etnias y Kabila decidirá jugar a la política etnificada olvidándose de otros principios.

Politizando las etnias, Kabila abandonará su apoyo a los hutus y terminará marginándoles en beneficio de otras. Con lo que él no contaba era con el nuevo renovado apoyo de Tanzania, Burundi y Uganda a los líderes hutus. Volviéndose a levantar en la región del Kivu, como varios años antes habían protagonizado junto a Kabila, la nueva rebelión comenzó a extenderse por todo el país. De nuevo de Noreste a Suroeste. La diferencia con la rebelión de Kabila es que esta vez las facciones no están unidas en torno a un líder, sino que existen varios de ellos apoyados por uno u otro país. Tanzania, Uganda y Burundi tendrán sus propios elegidos quienes, además, obtendrán cuantiosos beneficios de la explotación de recursos naturales existentes en las zonas por ellos controladas y terminarán por asentar los frentes de batalla, sacando mayor partido a la guerra en sí misma que a la posibilidad de lograr el poder. Se extienden los señores de la guerra por todo el país que se alían y traicionan entre ellos y entre compañías multinacionales extranjeras que ven en la situación un filón para obtener los minerales necesarios para fabricar sus productos -móviles suecos en su gran mayoría.

Kabila, por su parte, terminará por morir a causa de los disparos de uno de sus guardaespaldas el 16 de Junio de 2002, dejando un país regido por los señores de la guerra y a su hijo, Laurent Kabila Jr., al mando del gobierno de la República Democrática del Congo.

jueves, septiembre 21, 2006

... y los sueños, sueños ¿son?

Este viernes 22 de Septiembre La 2 de Televisión Española emitirá por la noche el documental La Pesadilla de Darwin. Para quien no la viera durante su corta permanencia en la cartelera de este país es un muy buen momento para hacerlo. El documental está rodado en las inmediaciones del Lago Victoria y cuenta la historia de cómo en este lugar se introdujo una especie invasora, la Perca del Nilo, con el fin de hacer crecer la industria de la pesca.

Pero no se engañen, no es un documental sobre naturaleza. Desde el desastre medioambiental que supuso la introducción de ese pez en aguas que no eran las suyas el cineasta Hubert Sauper logra reflejar el modo de vida de unas poblaciones conducidas a la miseria por parte de gobiernos extranjeros y propios. La película remueve conciencias y, lo que es más importante, estómagos. Ver al representante de la Unión Europea decir que están contentos con los avances en la calidad del pescado que se importa al continente y, minutos más tarde, ver las consecuencias de esa industria pesquera en la alimentación de las poblaciones te hace mirar la etiqueta de cualquier pez congelado que uno compre. Se habla de naturaleza, de comercio, de armas, de guerra, de desastres ecológicos, de vidas desperdiciadas por no ser del color o de la nacionalidad que se debería ser. En definitiva, se habla de un lugar donde se cree nació el hombre y se refleja muy bien cómo nuestra especie puede acabar. Es la pesadilla del hombre que creyó en la evolución de las especies, pues la nuestra ha involucionado.

Hace ya algún tiempo, una conocida mía que no sabía a qué quería dedicarse le dio por pensar que la Cooperación al Desarrollo era lo suyo. Pensando desde las buenas intenciones que ella tenía me preguntó cómo saber si el trabajo de cooperante iba a ser la horma de su zapato. Lejos de darla una charla sobre las bondades y las dificultades del trabajo en Desarrollo la invité a ver la película y que después se planteara qué hacer y qué no hacer en su vida. Desconozco si fue esto lo que la invitó a decidir, pero desde luego se decidió por buscar otros horizontes profesionales. Para aspirantes a cooperantes o no, para interesados en la política -nacional, internacional...-, para aquellos que tienen conciencia social y, especialmente, para aquellos cuya conciencia social no se ha desarrollado, para todos ellos mañana viernes será necesario quedar tarde con los amigos y ver antes la película que La 2 propone. Desde luego tendremos tema de que hablar para toda la noche.