viernes, junio 12, 2015
África made in China
viernes, marzo 16, 2012
Debatiendo con Adams Bodomo sobre la IED en África
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| Foto: Warrensky |
lunes, febrero 06, 2012
La globalización de las inversiones en África, de Adams Bodomo
miércoles, abril 23, 2008
Los tiempos, están cambiando
Hubo un tiempo, siempre en pasado, en el que el vocablo tercermundista estremecía las conciencias de los poderosos occidentales. Este término, tercermundista, estaba lleno de rebeldía, de ímpetu por lograr un lugar propio en el mundo y evitar que la Historia creada por Occidente absorbiera a los más pequeños. El orgullo de pertenecer al Tercer Mundo, a esa zona del globo no dominada por las teorías modernas del capitalismo o del comunismo, permitía crear estructuras mentales diferentes, pensarse alternativa a los modos de vida impuestos por el sistema internacional y atreverse a levantarse de la mesa sin permiso del anfitrión. Aquéllos eran los años 70. Cuando todo eso existía, cuando el Grupo de los 77 lo formaban setenta y siete estados deseosos de interrumpir al destino en mitad de su discurso, en otra parte del globo se cavaba su tumba. Fue a comienzos de los 80 cuando el Banco Mundial facilitó la idea del ajuste estructural, cuando los créditos pedidos en la década anterior empezaron a hacerse insoportables, cuando, en definitiva, África quedó a merced de otros. Una vez más. El fracaso de sus líderes y de sus respectivos proyectos de independencia quedaban era evidente.
La Historia siguió su curso y África permaneció en los márgenes de ella sin que nada pudiera hacer. De ser los protagonistas de la primera revolución mundial, del Nuevo Orden Económico Internacional, los estados africanos terminaron pidiendo la hora al árbitro y desmantelando cualquier sistema disponible. Pulsando ese botón de autodestrucción, los gobiernos africanos no supieron defenderse de los ataques del sistema financiero global encabezados por el Banco Mundial y el FMI y, poco a poco, empezaron a ver cómo su flujo de ayuda al desarrollo era cortado por los donantes, cómo dejaban de ser una prioridad con la caída de la estructura de la Guerra Fría.
Mientras, un estado que había pertenecido a esa élite del tercermundismo, que en 1967 se había proclamado abanderada de dicho movimiento, comenzaba su definitivo salto hacia la formulación de potencia mundial. China, el país anteriormente conocido como comunista, decidió girar su sistema en una dirección que supiera controlar. Sabiendo de la libertad que le da su tremendo y goloso mercado interno, consciente de que las sanciones políticas no serán aplicadas en su caso, China olvidó la transformación política y se centró en la económica. Un fuerte desarrollo económico permitió transformar las consignas de los líderes y, literalmente, convertir que hacerse millonario “fuese lo mejor del mundo”.
China ha aprendido de las relaciones con las potencias del mundo. Ha sabido imponer su estilo propio sistematizado en “no injerencia en asuntos internos a cambio de economía”. ¡Es la economía, estúpidos! Y ahora sigue la senda de sus predecesores y se fija en África como oportunidad para no desfallecer en su propósito.
El aterrizaje de China en África no ha sido todo lo brusco que cabría pensarse. El lugar común que tenemos en mente cuando hablamos de África nos impide ver que la historia de los intercambios chino-africanos ha sido larga. Hace ya mucho tiempo, por ejemplo, en que los trabajadores chinos emigraban a las minas africanas para realizar el trabajo que ni los propios africanos querían hacer. Sustituyendo a los esclavos recién liberados, los trabajadores chinos de sueldo barato y eficacia demostrada vaciaron muchas de las minas africanas por entonces abiertas.
Sin embargo es a partir del último lustro cuando China ve en África su oportunidad para seguir siendo competitiva. Trazando un camino paralelo al de las antiguas potencias coloniales, China se acerca a África para seducirla y lograr así la cesión de sus recursos. A finales del año pasado, por ejemplo, China puso encima de la mesa 5.000 millones de dólares para préstamos y créditos a los estados africanos así como prometió un fondo de otros 5.000 dedicado a la inversión china en el continente y aseguró que cancelaría una gran parte de la deuda que de ella depende. Esto, unido al intercambio comercial entre el continente y China, que ya en 2005 ascendía a 40.000 millones de dólares, hacen de China un fuerte competidor por los recursos africanos.
Pero, como en todo, los chinos tienen su propia manera de hacer negocios. Frente a los inversores estadounidenses y europeos, que llegan al continente cargados de sus millones pero provistos de aún más legislaciones sobre la calidad, peticiones de Derechos Humanos y prejuicios ante la manera de gobernar africana, China llega con la libertad del que desembarca por primera vez. Su propuesta de negocio no incluye ninguna reserva a la corrupción, los Derechos Humanos o la calidad de los productos. La no injerencia en los asuntos internos de los países africanos es uno de los principios que China lleva por bandera. Al gigante asiático no le gusta que se metan en cómo él maneja sus políticas internas, así que decide hacer lo mismo con sus contrapartes africanas cambiando la política de injerencia por una política de asociación e intercambio con el continente.
La luz verde para que los gobiernos interpreten su política como a bien quieran entender hace que África prefiera el dinero chino a los demás. China se sumerge así en sectores estratégicos tales como la telefonía rural, la agricultura y, sobretodo, la industria petrolífera. China no llega a África cargada de buenas intenciones sino de ansiedad por no quedarse atrás cuando su desarrollo económico sea mucho mayor que el actual. Por eso ve en el continente la forma más sencilla de situarse en el mercado de materias primas y llega a países como Guinea Ecuatorial, San Tomé y Príncipe, Congo, Sudán, Libia o Angola con el objetivo bien claro. De hecho, Angola ya es el mayor vendedor de petróleo a China, por encima de Arabia Saudí. Este juego estratégico se repite en Gabón e incluso en Nigeria, país donde su presidente ha llegado a declarar públicamente que es necesario “que China dirija el mundo”.
Aunque la cooperación económica se realiza a todos los niveles, incluido el militar con la venta de armamento o el primer envío de soldados chinos bajo el auspicio de NN.UU. –cascos azules chinos están en Libia-, además del mercado de los hidrocarburos China despliega por el continente africano su enorme capacidad constructora. Propone a los gobiernos africanos préstamos en condiciones muy ventajosas para la construcción de centrales de energía, de edificios emblemáticos y de otras grandes obras, pero su trabajo no para aquí. Además, China se empeña en construirlo todo ella misma, provocando que hoy exista un mínimo de 80.000 obreros chinos trabajando en África. Si China no pide condiciones políticas para cooperar, África no va a imponer tasas de contratación
africana en los proyectos, como sí hace Brasil por ejemplo, y todo desemboca en 80.000 chinos construyendo infraestructuras en África mientras el africano observa cómo eso va creciendo a su alrededor.
La inversión China en África, vendida en muchos medios como una nueva oportunidad para el continente, es en realidad la necesidad de todo estado capitalista de salir al exterior para proveerse de todo aquello que su mercado interno no le facilita. La única diferencia, que la permite ser capaz de ocupar los espacios que Europa deja libres, como Francia con Costa de Marfil, es que China no tiene prejuicios morales y no mira a los ojos de aquél con quien negocia. Le da lo mismo qué se haga políticamente si económicamente se producen acuerdos y resultados. Y esto es una herramienta muy peligrosa en manos de unos líderes africanos legitimados por sistemas de neopatrimonialismo y alimentados, fundamentalmente, de aquellos dineros que encuentren en el exterior.
domingo, enero 14, 2007
Bismarck estaría orgulloso
Fue en las costas somalíes, esas del Índico, donde las fuerzas estadounidenses desplegaron la mayor campaña de intervencionismo humanitario armado de la Historia. Bajo la bandera de la ONU, pero con libertad de acción, los soldados norteamericanos fueron masacrados teniendo que abandonar el país a toda prisa y dejando a unos Señores de la Guerra profundamente bien armados y fuertes. La derrota norteamericana parecía traer consigo el establecimiento de un régimen neopatrimonial tan al uso en África Subsahariana, sin embargo lo que se reprodujo fue otro modelo africano: la división de los líderes a través del apoyo de diferentes países vecinos.
Etiopía y Eritrea apoyaron a unos u otros y el resto de Señores de la Guerra se limitaron a controlar las economías de sus territorios como podían y a hacer y deshacer alianzas entre ellos asegurándose la supervivencia y el autoabastecimiento. De esta manera, Somalia entró en una dinámica desde 1995 en la que el acuerdo político se hizo cada vez más imposible y la inexistencia de un Estado al uso impedía a los actores externos propiciar una solución al no estar ellos mismos capacitados para operar con un no-Estado. Tampoco se atrevían a operar con dos regiones de Somalia, Somaliland –autodeclarada independiente- y Puntland –autodeclarada región autónoma-, que, funcionando como Estados comunes carecían de reconocimiento internacional. Una situación enquistada, donde por supuesto la creación del Gobierno Provisional no ayudó a un acercamiento de posturas pues cada reunión de este Gobierno o del Parlamento Provisional –siempre en territorio no somalí- se ha saldado con desacuerdos e incluso peleas entre los propios diputados.
Con todo esto, la realidad ha sido que desde la misma Somalia se ha rechazado la situación creada por unos Señores de la Guerra profundamente divididos e incapaces de imponerse unos a otros. Desde los comerciantes somalíes se apoyó económicamente a al grupo que parecía tener las menores divisiones internas de toda Somalia. Y resultó ser el grupo de los Tribunales Islamistas. Éstos tomaron la capital, Mogadiscio, hace unos meses, devolviendo a Somalia a las imágenes de los telediarios occidentales. La fuerza real de estos Tribunales para hacerse con la victoria en esta guerra enquistada fue sobredimensionada por parte de los medios, sin embargo lo que sí se tenía claro desde Washington era que existía la posibilidad de provocar un efecto llamada en las poblaciones islámicas desencantadas y que éstas terminaran acudiendo a Somalia pretendiendo continuar la lucha que se lleva a cabo en Iraq, Afganistán y otras partes del mundo.
Además, la posibilidad de que esta fuerza creciera alertaba de un más que probable aumento de la capacidad organizativa del terrorismo internacional. No hay que olvidar que se cree que fue en territorio somalí desde donde se planearon y ejecutaron los atentados a las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania.
Así pues, Etiopía acaba por intervenir en la conquista de Mogadiscio por parte de las fuerzas islamistas. Obviamente alentada por EEUU, quien también ha terminado por reconocer su implicación en, al menos, uno de los bombardeos que ha habido estos últimos días. Y no sólo eso. Se han reconocido soldados estadounidenses que, en terreno somalí, guían las operaciones aéreas de los etíopes. Esta es, por tanto, una operación que desde el Pentágono se toman muy en serio y quizá por eso no se han mostrado reticentes a la hora de admitir que su objetivo es el asesinato selectivo –o ejecución sin juicio, que es lo mismo- de Fazul Abdulla Mohammed, supuesto responsable de Al-Qaeda en la zona y supuesto experto en explosivos responsable de los atentados en Kenia y Tanzania de los que antes hablábamos. Por el momento los civiles muertos por el único ataque oficial de la aviación estadounidense son ya 50 entre los que aún no se sabe si está Fazul o no. Desde los títeres del Gobierno Provisional Somalí –que sólo se ponen de acuerdo a la hora de rendir pleitesía ante su Señor- se asegura que los ataques han logrado el objetivo establecido. “No más Fazul” leo en El País que ha dicho uno de sus miembros. Sin embargo el Pentágono no se atreve a confirmar la noticia, no se sabe si por miedo a una posible represalia o para justificar que continúe su ofensiva –más bien para esto último.
Cabe preguntarse qué está buscando EEUU en África tras tantos años de abandono. Si bien es cierto que, como en la mayor parte del planeta, en los países africanos también se tiende a demonizar a los norteamericanos cuando algo malo les ocurre y la culpa siempre es de Bush –o del que toque-, la realidad es que son las antiguas potencias coloniales –en especial Francia y el Reino Unido- las que realmente causan males directos en la política africana post Guerra Fría. EEUU no era más que una comparsa de los europeos en la región Subsahariana hasta que, en la reformulación de su política exterior tras el 11S, algún lumbrera de Washington decidió que los males del terrorismo internacional venían de la existencia de Estados Débiles o Frágiles –del racismo de esta teoría hablaremos en otro momento- y que la mayoría de éstos estaban al sur del Sahara. Anteriormente explicamos aquí la política antiterrorista de EEUU en la zona, por eso no vamos más que a comentar la novedad que esa política tiene tras el anuncio –precisamente ahora que bombardean Somalia- de la creación de un Mando Regional exclusivo para África llamado AFRICOM.
Aunque aún no tiene base física definida –se habla de Yibuti tras la negativa de Argelia- el AFRICOM se encargará de controlar los intereses norteamericanos exclusivamente en el continente africano –a excepción de Egipto, que seguirá dentro de la zona de Oriente Medio. Todos estos mandos regionales, dependientes del Pentágono, tienen un general del cuatro estrellas al frente y están constituidos para ser una fuerza de acción militar rápida en la zona en caso de ser necesaria, así como capacidad para responder ante situaciones de emergencia humanitaria –para continuar con la misión de vestir de cordero a cualquier ejército. Sin embargo el AFRICOM se va a diferenciar del resto en que junto a su director militar va a tener un director civil y una presencia de personal civil muy superior a lo acostumbrado, además de una función poco común en estos Mandos, la de reforzar las estructuras estatales.
Haciendo conjeturas que probablemente den en la diana cuando se confirme la estructura civil del AFRICOM, la razón que ha podido motivar la creación de este mando regional de tan escaso carácter militar, puede venir derivada de la fuerte competencia de China en el continente. No ha pasado mucho tiempo desde que el Gobierno Chino se ha sentado muy en serio a negociar con los responsables africanos la explotación de las materias primas del continente y desde que se afirmara –de manera escandalosamente absurda- que China le concedía a África una segunda oportunidad de Desarrollo –cuando es África la que está desarrollando a China.
Muy probablemente EEUU seguirá manteniendo su política de ocultación de fondos para la seguridad –su seguridad- tras el velo de la Cooperación para el Desarrollo y, además, como novedad volverá a introducir los criterios geoestratégicos de la Guerra Fría, pensando en asegurarse su abastecimiento de recursos alternativo al del Golfo Pérsico y en clara competencia con la China de la OMC.
¡Bienvenidos al reparto de África! ¡Bienvenidos al Congreso de Berlín!


