viernes, junio 12, 2015
África made in China
domingo, enero 14, 2007
Bismarck estaría orgulloso
Fue en las costas somalíes, esas del Índico, donde las fuerzas estadounidenses desplegaron la mayor campaña de intervencionismo humanitario armado de la Historia. Bajo la bandera de la ONU, pero con libertad de acción, los soldados norteamericanos fueron masacrados teniendo que abandonar el país a toda prisa y dejando a unos Señores de la Guerra profundamente bien armados y fuertes. La derrota norteamericana parecía traer consigo el establecimiento de un régimen neopatrimonial tan al uso en África Subsahariana, sin embargo lo que se reprodujo fue otro modelo africano: la división de los líderes a través del apoyo de diferentes países vecinos.
Etiopía y Eritrea apoyaron a unos u otros y el resto de Señores de la Guerra se limitaron a controlar las economías de sus territorios como podían y a hacer y deshacer alianzas entre ellos asegurándose la supervivencia y el autoabastecimiento. De esta manera, Somalia entró en una dinámica desde 1995 en la que el acuerdo político se hizo cada vez más imposible y la inexistencia de un Estado al uso impedía a los actores externos propiciar una solución al no estar ellos mismos capacitados para operar con un no-Estado. Tampoco se atrevían a operar con dos regiones de Somalia, Somaliland –autodeclarada independiente- y Puntland –autodeclarada región autónoma-, que, funcionando como Estados comunes carecían de reconocimiento internacional. Una situación enquistada, donde por supuesto la creación del Gobierno Provisional no ayudó a un acercamiento de posturas pues cada reunión de este Gobierno o del Parlamento Provisional –siempre en territorio no somalí- se ha saldado con desacuerdos e incluso peleas entre los propios diputados.
Con todo esto, la realidad ha sido que desde la misma Somalia se ha rechazado la situación creada por unos Señores de la Guerra profundamente divididos e incapaces de imponerse unos a otros. Desde los comerciantes somalíes se apoyó económicamente a al grupo que parecía tener las menores divisiones internas de toda Somalia. Y resultó ser el grupo de los Tribunales Islamistas. Éstos tomaron la capital, Mogadiscio, hace unos meses, devolviendo a Somalia a las imágenes de los telediarios occidentales. La fuerza real de estos Tribunales para hacerse con la victoria en esta guerra enquistada fue sobredimensionada por parte de los medios, sin embargo lo que sí se tenía claro desde Washington era que existía la posibilidad de provocar un efecto llamada en las poblaciones islámicas desencantadas y que éstas terminaran acudiendo a Somalia pretendiendo continuar la lucha que se lleva a cabo en Iraq, Afganistán y otras partes del mundo.
Además, la posibilidad de que esta fuerza creciera alertaba de un más que probable aumento de la capacidad organizativa del terrorismo internacional. No hay que olvidar que se cree que fue en territorio somalí desde donde se planearon y ejecutaron los atentados a las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania.
Así pues, Etiopía acaba por intervenir en la conquista de Mogadiscio por parte de las fuerzas islamistas. Obviamente alentada por EEUU, quien también ha terminado por reconocer su implicación en, al menos, uno de los bombardeos que ha habido estos últimos días. Y no sólo eso. Se han reconocido soldados estadounidenses que, en terreno somalí, guían las operaciones aéreas de los etíopes. Esta es, por tanto, una operación que desde el Pentágono se toman muy en serio y quizá por eso no se han mostrado reticentes a la hora de admitir que su objetivo es el asesinato selectivo –o ejecución sin juicio, que es lo mismo- de Fazul Abdulla Mohammed, supuesto responsable de Al-Qaeda en la zona y supuesto experto en explosivos responsable de los atentados en Kenia y Tanzania de los que antes hablábamos. Por el momento los civiles muertos por el único ataque oficial de la aviación estadounidense son ya 50 entre los que aún no se sabe si está Fazul o no. Desde los títeres del Gobierno Provisional Somalí –que sólo se ponen de acuerdo a la hora de rendir pleitesía ante su Señor- se asegura que los ataques han logrado el objetivo establecido. “No más Fazul” leo en El País que ha dicho uno de sus miembros. Sin embargo el Pentágono no se atreve a confirmar la noticia, no se sabe si por miedo a una posible represalia o para justificar que continúe su ofensiva –más bien para esto último.
Cabe preguntarse qué está buscando EEUU en África tras tantos años de abandono. Si bien es cierto que, como en la mayor parte del planeta, en los países africanos también se tiende a demonizar a los norteamericanos cuando algo malo les ocurre y la culpa siempre es de Bush –o del que toque-, la realidad es que son las antiguas potencias coloniales –en especial Francia y el Reino Unido- las que realmente causan males directos en la política africana post Guerra Fría. EEUU no era más que una comparsa de los europeos en la región Subsahariana hasta que, en la reformulación de su política exterior tras el 11S, algún lumbrera de Washington decidió que los males del terrorismo internacional venían de la existencia de Estados Débiles o Frágiles –del racismo de esta teoría hablaremos en otro momento- y que la mayoría de éstos estaban al sur del Sahara. Anteriormente explicamos aquí la política antiterrorista de EEUU en la zona, por eso no vamos más que a comentar la novedad que esa política tiene tras el anuncio –precisamente ahora que bombardean Somalia- de la creación de un Mando Regional exclusivo para África llamado AFRICOM.
Aunque aún no tiene base física definida –se habla de Yibuti tras la negativa de Argelia- el AFRICOM se encargará de controlar los intereses norteamericanos exclusivamente en el continente africano –a excepción de Egipto, que seguirá dentro de la zona de Oriente Medio. Todos estos mandos regionales, dependientes del Pentágono, tienen un general del cuatro estrellas al frente y están constituidos para ser una fuerza de acción militar rápida en la zona en caso de ser necesaria, así como capacidad para responder ante situaciones de emergencia humanitaria –para continuar con la misión de vestir de cordero a cualquier ejército. Sin embargo el AFRICOM se va a diferenciar del resto en que junto a su director militar va a tener un director civil y una presencia de personal civil muy superior a lo acostumbrado, además de una función poco común en estos Mandos, la de reforzar las estructuras estatales.
Haciendo conjeturas que probablemente den en la diana cuando se confirme la estructura civil del AFRICOM, la razón que ha podido motivar la creación de este mando regional de tan escaso carácter militar, puede venir derivada de la fuerte competencia de China en el continente. No ha pasado mucho tiempo desde que el Gobierno Chino se ha sentado muy en serio a negociar con los responsables africanos la explotación de las materias primas del continente y desde que se afirmara –de manera escandalosamente absurda- que China le concedía a África una segunda oportunidad de Desarrollo –cuando es África la que está desarrollando a China.
Muy probablemente EEUU seguirá manteniendo su política de ocultación de fondos para la seguridad –su seguridad- tras el velo de la Cooperación para el Desarrollo y, además, como novedad volverá a introducir los criterios geoestratégicos de la Guerra Fría, pensando en asegurarse su abastecimiento de recursos alternativo al del Golfo Pérsico y en clara competencia con la China de la OMC.
¡Bienvenidos al reparto de África! ¡Bienvenidos al Congreso de Berlín!
lunes, septiembre 11, 2006
El 11S y el continente africano
Existe una relación entre el surgimiento de este tipo de terrorismo en el continente africano y los problemas de pobreza, de falta de expectativas para la juventud y en especial de la pérdida de los valores tradicionales africanos. Sin embargo esta relación no es directa y en muchas ocasiones desvirtúa tanto el no-desarrollo de África como el mismo problema del terrorismo.
Otra de las posibles causas que explican el fenómeno del terrorismo internacional dentro del continente africano es la religión. El 40% de los africanos son musulmanes y, aunque la gran mayoría son de carácter moderado, existen organizaciones islámicas y comunidades que promocionan un tipo de islamismo radical y fomentador de la lucha contra occidente de corte wahabbista[1].
Desde los gobiernos africanos, esta relación terrorismo-pobreza está siendo agitada para la captación de mayores recursos internacionales para el desarrollo, desvirtuando, como antes se mencionaba, las verdaderas causas de la pobreza y del no-desarrollo. Tradicionalmente África no ha recibido fondos para la cooperación en términos de seguridad pero, tras el 11S, EE.UU. ha cambiado su política. Si la UE no ha modificado los objetivos a tratar, EE.UU. se ha preocupado de hacer de África un continente más seguro para sí mismo. El puesto de mando en Europa de los EE.UU. del que depende su relación de seguridad con África ha visto reforzadas sus infraestructuras. Estados africanos han visto como EE.UU. ha ofrecido colaborar en la formación e incluso en la creación de las capacidades de las fuerzas de seguridad africanas mediante dos iniciativas: Iniciativa para el Sahel (Mauritania, Malí, Chad y Níger) e Iniciativa Antiterrorista para el Este de África (Kenia, Uganda, Tanzania, Yibuti, Eritrea y Etiopía). Asimismo ha buscado la posibilidad de instalar bases militares en territorio africano colocando una en Yibuti y dirigiendo desde la costa del Índico la operación para el control del tráfico de armas en dicho océano.
Dentro de este contexto surge rápidamente la pregunta “¿Qué clase de cooperación se tiene con los Estados Frágiles?”. Da la impresión de que la actuación se ha de llevar a cabo con Estados Frágiles que gracias al terrorismo internacional han recuperado la importancia geoestratégica que habían perdido tras la Guerra Fría. Así tanto EE. UU. como la UE están potenciando la ayuda (al desarrollo o de seguridad) con los llamados Estados Tapones. Aquellos Estados que, por su proximidad geoestratégica actúan como taponadores de la inmigración, tráfico de armas, de droga, etc hacia el Norte. En definitiva, actúan como filtro de control de las potencias occidentales. Por otro lado se observa una aplicación de lo que se podría llamar el "Modelo Triple Frontera" –en referencia a lo sucedido en la frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina- que implica la militarización y posterior control por parte del donante occidental de una zona rica en materias primas, alegando que es un supuesto refugio de terroristas internacionales.
Al mismo tiempo, centrar los debates sobre cooperación entre Norte y Sur en asuntos de Seguridad Global o en concreto de terrorismo, de clara importancia para el Norte pero de nula para el Sur, es ignorar las causas del no-desarrollo y olvidar la verdadera piedra sobre la que ha de sostenerse el modelo de desarrollo africano: la educación, la inversión en capital social y demás aspectos que ayudan a la reducción de la Pobreza, el mayor enemigo de todos.
Alegar que la lucha antiterrorista resulta importante para los Estados Frágiles sólo porque padezcan un terrorismo local, es centrar la solución del conflicto en términos militares y alejados, en la mayoría de los casos de la realidad. Un Estado Frágil pierde el monopolio de la violencia como consecuencia de un enfrentamiento con una banda armada que controla unos recursos. Ofrecer, en muchos casos, una salida “a la mozambiqueña”, esto es, ofrecer un espacio político a aquel que resta recursos al Estado para que pueda participar de un Estado con pleno control de los mismos, es una solución no basada en los principios de seguridad que se están imponiendo desde el Norte y por lo tanto negando las soluciones desde el Sur.
Para otro día, para otra entrada, quedará el análisis de los hechos acontecidos hace ya algún tiempo en Zimbabwe y más recientemente en Somalia. Algo que también tiene mucho que ver con la política norteamericana tras el 11S.
[1] Casos como el de la organización Ali-Shee en Kenia, que amenazó con provocar una guerra de independencia para una región keniata si el Estado no accedía a instaurar la sharia o la organización Al-Haramin, directamente financiada por Arabia Saudí, que promocionaba un islamismo radical y que, exceptuando en Somalia, ha sido casi controlada por los Estados Africanos y el mismo país árabe que antes la sostenía económicamente.
viernes, septiembre 08, 2006
Autenticité

Mobutu Sese Seko fue un símbolo que gobernó el Congo empezados los 60 hasta finales de los 90. Se encargará de atrapar a Lumumba en la trampa de Katanga a pesar de que él mismo le había ascendido durante la crisis de la independencia. Vendiéndolo a los americanos, Mobutu empezará a parecer ante los ojos de Washington como el único capaz de gobernar el corazón de las tinieblas. Él era el único aliado de confianza en una zona donde la URSS ya estaba apoyando en la desestabilización –en Mozambique y Angola había guerrillas de sesgo comunista que luchaban contra los portugueses.
Cuando da el golpe de estado que le lleva a asumir el poder, Mobutu tiene la confianza de la administración norteamericana para imponer la ley y el orden en el Congo, pero le falta un carisma entre la población africana como el que tenía Lumumba. En 1966 empieza lo que llamó la política de autenticité. La premisa será la de acabar con cualquier retazo de la presencia colonial en el país. Para realizar esto se cambiarán los nombres de las ciudades –hasta ahora con nombres como Leopoldoville, Stanlyville, etc.- por nombres africanos –Kinshasa, Lubumbashi, Kananga, Goma, …-, se cambió el nombre del río y, por ende, del mismo país al que daba nombre. Ahora ya no hablaremos de Congo, sino de Zaïre. Incluso, Mobutu obligará a cambiar de nombre a todos sus ciudadanos. Imponiendo como norma que quien no cambiara su nombre colonial por otro africano perdería la ciudadanía y por tanto sus derechos, él mismo ejemplarizará con su cambio de nombre. Joseph Mobutu pasará a ser conocido desde entonces como Mobutu Sese Seko, o literalmente “Potentísimo Guerrero”.
Esta política de pérdida del sesgo colonial captó muchos elogios en el plano internacional tercermundista –no hay que olvidar que el tercermundismo estaba entonces imponiéndose como ideología alternativa a la política de bloques- hasta el punto de que se pasará por alto su sabida alineación con el bloque norteamericano y se le verá como uno de los grandes líderes de los no alineados. Mobutu gana el prestigio necesario para ser aceptado por los líderes africanos y del resto del mundo y decidirá potenciar aún más esta imagen cambiando la bandera de su país. Si hasta entonces la bandera de Congo había sido la bandera creada por los belgas, fondo azul celeste con siete estrellas doradas en referencia a las siete provincias que tenía el país, ahora se adoptará otra de un claro significado africanista. Por entonces la idea de que África debía unirse políticamente estaba muy presente y los discursos como los de Nkrumah llamando a las naciones africanas a unirse frente a los poderes neocoloniales se mostraban al mundo como un símbolo de rebeldía de las tierras oprimidas. El color de este símbolo fue el verde, y así se estableció que fuera la bandera de Zaïre. De fondo verde y con un círculo amarillo simbolizando el Sol de África, dentro del cual una mano –negra, por supuesto- sostenía la antorcha roja de la victoria.

Sin embargo le sigue faltando la fuerza interior que complemente su poderío militar. Para conseguirlo se adueñará del mito Lumumba y comenzará una discursiva de empatía con el extinto líder africano al que él mismo había ayudado a asesinar. Gracias a esto es capaz de atraerse o anular a la oposición política quedando sueltos los políticos más pragmáticos que para nada tenían en mente una revolución frente a occidente. Para estos Mobutu desarrollará lo que a la postre será su gran plan de construcción de Zaïre: la política patrimonialita. Privatizará todos los sectores del Estado poniéndolos en manos de familiares y gente afín a su causa.
Todo esto hizo de Mobutu el hombre capaz de construir la Nación zaïreña. De situar a su país en el centro de la escena tercermundista. De suponer el bastión de EEUU en la zona, capaz de crear grupos como el FNLA en Angola que se opusieran los comunistas. De sustentar y entrenar las rebeliones pro-occidentales que surgieron en África y de crear la dicotomía “o yo o el caos” ante los ojos de las distintas administraciones norteamericanas.
