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jueves, noviembre 14, 2013

Guinea Ecuatorial Vs. España. O la lógica del boicot

La foto es, como tantas otras veces, de Eva
Los boicots políticos han afectado al deporte en muchas ocasiones. Desde los boicots de ida y vuelta que se hicieron la URSS y Estados Unidos durante los Juegos Olímpicos de Moscú 80 y Los Ángeles 84, hasta el boicot norcoreano a los Juegos de Seúl en el 88.  Sin embargo cuando pensamos en el boicot deportivo por excelencia giramos nuestra visión hacia el caso de Sudáfrica, quien no pudo competir desde 1964 hasta 1992 en los Juegos Olímpicos. Hasta que el régimen del apartheid finalizó.

Una característica común a todos los boicots deportivos es que vinieron acompañados de decisiones políticas de peso. No sólo fueron decisiones deportivas. La protesta contra la invasión soviética de Afganistán. El clima de tensión de la Guerra Fría. Las sanciones políticas y económicas contra la Sudáfrica del apartheid. O el inacabable conflicto en la península de Corea.

miércoles, abril 22, 2009

El filamento de la resistencia

Durante estos días de Abril se he celebrado un encuentro internacional en Casa África relacionado con la cooperación española y los problemas del agua en África Subsahariana. El evento está organizado por la institución que lo acoge y por la Oficina de Naciones Unidas para el Decenio Internacional del agua. Hay representantes de varios países africanos, de la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo, de la sociedad civil española y africana, de gobiernos autonómicos y de varios programas de Naciones Unidas dedicados a los asuntos del agua. Un buen lugar, en definitiva, para tomar el pulso a estos debates sobre el agua y para enfrentar posiciones que la apariencia de lo políticamente correcto hace pensar amistosas, pero que el desarrollo y la profundidad del mismo termina por mostrar lo no evidente.

Quienes primero tomaron la palabra fueron los representantes de gobiernos africanos. Había delegaciones de Senegal, Mauritania, Angola, Cabo Verde, Etiopía, Guinea Ecuatorial, Mali y Namibia. En la lista de países invitados destacaba sobretodo la persistente voluntad del gobierno de España de contar para absolutamente todo con Guinea Ecuatorial. Los intereses económicos de la ex-metrópoli en el país dirigido por el dictador Obiang priman sobre cualquier debate posible. Y los dirigentes ecuatoguineanos, sabedores de ello, actúan con cierta prepotencia y notable cinismo a la hora de pasearse por los salones de los actos a los que han sido invitados. Ya fue notable el tremendo gasto de EXPO Zaragoza 2008 para que este grupo de dictadores tuviera un pequeño tenderete en la feria del agua celebrada el año pasado, pero la invitación de éstos a debatir asuntos de verdadero calado no hace más que mostrar que los tiempos en los que se exigía respeto por los Derechos Humanos pasaron hace tanto como remordimientos por haber abandonado a la ciudadanía ecuatoguineana.

En conjunto, los países africanos actuaron en bloque aunque sin estar coordinados por nadie. De ellos, no cabe duda, se esperaba la más ácida crítica hacia un sistema de cooperación al desarrollo que prima la visibilidad de un pozo -el 46% de los proyectos de la AECID en agua son para pozos, es decir para proyectos de poco o nulo calado- frente a la tremendamente importante labor de asistir en la gobernabilidad del agua. Es decir, que prima la foto con el niño bebiendo agua al trabajo de calado y menos visible. Sin embargo los africanos no asistieron a esta llamada. Todo lo contrario. De sus presentaciones sólo se desprendió una exigencia: más dinero. ¿Para qué? Para lo que sea, faltaría más, pero el único problema existente es el de la financiación. Los países africanos sólo presentaban cifras de posibilidades de negocio en temas de agua. Es decir, lo que falta es financiación y lejos de solicitarla de entidades públicas financiadoras los modelos que están dispuestos a aplicar -y que aplican- son los modelos comerciales de explotación de los servicios. Es decir: que el más pobre se pague todo su agua y el que no pueda, que se busque la vida.

Paradigmática pareció la situación en Cabo Verde. Un país con poca precipitación en términos generales que tiene una pequeña reserva de agua subterránea. La solución técnica que se ha buscado han sido las desaladoras. Como todo el mundo sabe, este sistema encarece el metro cúbico de agua, pero aparentemente en Cabo Verde no hay más a donde agarrarse. La cosa podría funcionar tirando a bien si no fuera porque el gobierno caboverdiano se plantea que el agua cara -la de las desaladoras- ha de ser destinada a consumo humano mientras que el agua subterránea -sensiblemente más barata- habrá de ser consumida por la agricultura. Así, los ciudadanos caboverdianos pagan unos 5$ por metro cúbico de agua. ¿Saben Uds. cuánto pagan por su agua? Con impuestos y todo mi última factura me ha salido por 2,5€ por metro cúbico. Calculen.

En definitiva, la propuesta de los países africanos viene por el camino de la inversión privada y el traspaso de los costos a los ciudadanos, tengan el estatus económico que tengan. Estas propuestas además son engañosas. En la mayoría de países africanos, la red de suministro de aguas -esa por la que los caboverdianos pagan 1,7€ más que un ciudadano de Barcelona en términos corrientes- no abastece a una importante cantidad de la población debido a que la infraestructura está creada sólo en los núcleos urbanos que pertenecieron a los agentes colonizadores y, por tanto, el agua que llega a la mayoría de la población lo hace sobre todo por transportistas privados que suben el precio del agua a tanto como les interese a partir de esos 5$.

Mientras, nos pasamos la vida aquí en Occidente reclamando una gestión pública del agua. Anunciando que las privatizaciones en África no harán sino ridiculizar el papel de los gobiernos nacionales, que empeorarán cualquier otro servicio, que endeudarán aún más al país, que condenarán a varias generaciones a no salir del ciclo de la pobreza. Y todo por una absurda manía del Occidente capitalista de ver a la compañía privada como más eficaz y eficiente que un gobierno africano. En definitiva, quienes escribimos, penamos o trabajamos en temas de agua, lo hacemos siempre con el convencimiento de que la resistencia hacia lo privado en África nos enlaza con esas visiones no occidentales de la gestión y permite que el desarrollo de los países subsaharianos sea más real y más autocentrado que si el liberalismo campara por doquier. Y sin embargo, los gobiernos africanos no hacen más que solicitar este liberalismo. ¡Más madera, que es la guerra! Crítica hacia el sistema neoliberal que nos da de comer, ninguna. Propuestas innovadoras, en el tintero. Y análisis profundos, los justos. Esto es un problema de dineros, ¿qué se había pensado Ud.?

Del resto de ponentes cabe destacar la tozudez del sistema de Naciones Unidas en cuanto a seguir sosteniendo que sólo y exclusivamente la Gestión Integral de los Recursos Hídricos -si alguien la conoce, que me la presente que aún no tengo el gusto- podrá salvarnos del cataclismo. En promocionar esto llevan ya casi 20 años y han conseguido algo milagroso: que todos los asistentes miren para otro lado cuando se la menciona. Todos a la vez, oigan. También de Naciones Unidas, del departamento de UN-DESA en particular, destacó la tibieza por un lado y el desconocimiento total y absoluto de los asuntos del agua por otro cuando se mencionó la reclamación internacional del Derecho Humano al agua. La postura de UN-DESA en esta mesa no fue otra que el afirmar que los Derechos Humanos no sirven para nada, y que conseguir declarar el agua -y el saneamiento- como un Derecho Humano no evitaría las pérdidas de vidas humanas. Se nota que en Nueva York les ponen garrafas embotelladas, claro.

[Foto de Eva]

miércoles, noviembre 15, 2006

Nuestra colonia en África

En las Relaciones Internacionales lo más parecido que ha habido a un sorteo de vivienda de protección oficial fue el Congreso de Berlín de 1885. En él, las potencias europeas –y las no potencias- se repartieron el control sobre el continente africano y establecieron las normas de convivencia de los europeos en el mismo. Allí Bélgica se hizo oficialmente con el Congo y a nosotros, al Imperio Español, nos tocó en suerte un cacho de África al que dimos en llamar Guinea Ecuatorial.

Fue colonia española hasta que en el Octubre de 1968, el régimen franquista permite la independencia del país africano deshaciéndose de la penúltima de sus colonias. Al poder accederá Francisco Macías Nguema dictador caprichoso y sanguinario que terminaría por proclamarse como Presidente Vitalicio. Largo se lo fiaba, pues en 1979, 11 años después de acceder a la independencia, el país sufría un Golpe de Estado a manos del ex-teniente del ejército guineano Teodoro Obiang. Prometiendo acabar con el régimen de sangre de su antecesor, Obiang apresará a Macías, lo juzgará y lo ejecutará. Las promesas de libertad quedarán en saco roto cuando se establece un gobierno dictatorial que conducirá al país hasta el régimen unipartidista de 1990 que aún hoy perdura.

Como ocurre en toda África, las relaciones de política y economía internacional del país africano han de tener siempre como referente a la ex-potencia colonial. Es una ridícula norma no escrita y caso de Guinea Ecuatorial no es diferente. España ha mantenido siempre intereses en la zona, principalmente económicos. Repsol-YPF era el concesionario exclusivo de buscar petróleo en aguas guineanas, unas aguas limítrofes con las más ricas en petróleo de todo el continente. Sin embargo, Repsol-YPF fue incapaz de encontrar nada –o más bien se declaró incapaz- dando paso a las prospecciones de empresas norteamericanas y británicas que finalmente sí encontraron el crudo y que lógicamente obtuvieron los contratos de explotación. Eso sí, antes se aseguraron de dejar una parte del negocio a la corporación española por su oportuna declaración de incapacidad. Como no sólo de petróleo vive el empresario, Pescanova tiene grandes intereses en las costas guineanas, pues es allí de donde, sin trampa ni cartón pero con libertad absoluta, ha obteniendo sus principales capturas de langostinos navideños.

Los intereses económicos han sido los principales motores de las relaciones hispano-guineanas. Felipe González ya visitó oficialmente el país en 1991 y ha sido el último Presidente de Gobierno español en hacerlo. Sin embargo sí que lo visitó Miguel Ángel Moratinos, Ministro de Asuntos Exteriores y López Aguilar, Ministro de Justicia, en Octubre pasado, donde concretaron la visita que estos días realiza Teodoro Obiang a España. Los motivos declarados de esta visita del dirigente africano a su antigua potencia colonial son, claro está, de índole económica y política. En el plano económico, Obiang tiene previsto entrevistarse con empresarios de distinta índole –entre los que se incluyen los más altos miembros de Repsol-YPF- y la agenda consistirá en la realización de inversiones españolas en el país africano. Sin embargo, en la agenda política, las denuncias sobre abusos de los Derechos Humanos en Guinea Ecuatorial y la celebración de unas elecciones democráticas limpias y abiertas serán los puntos centrales en la reunión entre Obiang y el Presidente Zapatero.

No cabe duda de que en estas entrevistas guineanoespañolas el punto central son los asuntos económicos por mucho que se disimule dándole un aspecto político. A pesar de la interesante nueva visión que desde las agencias gubernamentales hay sobre las relaciones de España con África, la predisposición histórica que hay en este país con respecto a Guinea siempre ha sido la de conseguir oportunidades de negocio. El Estado ha desplegado todo su armamento –nunca mejor dicho- en pos de asegurar la defensa de sus posiciones de privilegio. Así, el Gobierno no dudó en enviar dos fragatas españolas a las costas guineanas en Marzo de 2004, al descubrirse, por parte de los servicios secretos sudafricanos, un complot para derrocar a Obiang urdido por diferentes empresarios británicos, entre los que destacaba un hijo de la ex-Premier británica Margaret Thatcher.

La intentona golpista tuvo su efecto en territorio español cuando la oposición guineana en el exilio empezó a movilizarse en los mismos términos. El principal líder opositor, Severo Moto, refugiado en España desde hacía años, desapareció inexplicablemente durante un periodo de tiempo en el año 2005. Apareció al poco tiempo de haber sido secuestrado frente a la costa de Dubrovnik, en Croacia, y liberado ileso después. La sombra de la compra de armas en los mercados del Este que trajo consigo este suceso contribuyó definitivamente a que el Gobierno de Zapatero le retirase la condición de refugiado político y, por consiguiente, le conminara a abandonar el país. Desde entonces, sigue siendo aliado político de José María Aznar y mantiene su lucha contra el gobierno de Obiang, al que un día él perteneció, a través de su gobierno de Guinea Ecuatorial en el exilio.

Dentro del país, la oposición a Obiang viene determinada por dos grandes grupos. Por un lado están aquellos activistas a favor de los Derechos Humanos, quienes se ven encarcelados en la siniestra cárcel de Bahía Negra. Por el otro, los opositores políticos constituyen un grupo de dirigentes con partido político de corte neopatrimonial que, en caso de hacerse con la suficiente fuerza social, son ascendidos a la categoría de Ministros por el dictador convirtiéndose en parte del sistema y obviando las injusticias del mismo.

La situación del país, mientras tanto, sigue empeorando aún teniendo unos ingresos tan fuertes debido a la incipiente industria petrolífera. La población sufre tremendas carestías y el Desarrollo Humano del país sigue inmerso en un descenso continuado. Fuera hay una población de número considerable en el exilio, principalmente en España, que ha perdido la fe en lo político y que termina considerando más importante las redes sociales de solidaridad –fundamentales por otra parte en toda África- que los movimientos políticos. Como dato anecdótico, cuando se plantearon ciertas manifestaciones en Madrid contra la dictadura de Obiang hace un par de años, éstas fueron integradas principalmente por españoles y no por guineanos, aún a pesar del gran número de éstos residentes en la capital o sus proximidades.

Con todo, siempre hay grupos que tratan de concienciar a la sociedad española de la responsabilidad que ésta tiene para con los ecuatoguineanos, antiguos ciudadanos del reino. Hoy por hoy la oposición a Obiang ha logrado que se paralice su visita al Congreso de los Diputados, pero no sus reuniones con el Alcalde de Madrid y la Presidencia de Gobierno. Habrá que seguir trabajando para que España se tome en serio su papel de facilitador de la democracia en Guinea Ecuatorial, no por continuar la regla post-colonial que invita a la metrópoli a controlar lo que suceda en su ex-colonia, sino porque España ha sido y es una parte importante en el problema que las dictaduras plantean a los ecuatoguineanos.