lunes, septiembre 17, 2012
Todo se desmorona, de Chinua Achebe
miércoles, mayo 12, 2010
Biblioteca Chinua Achebe

martes, marzo 16, 2010
Mi carta más larga, de Mariama Bã
Aïssatou, He recibido tu carta. Para responderte abro esta libreta, que será el punto de apoyo de mi desconcierto: nuestra larga experiencia me ha enseñado que la confianza suaviza el dolor. Tu existencia en mi vida no tiene nada que ver con el azar. Nuestras abuelas, que vivían en poblados separados por una valla, hablaban diariamente. Nuestras madres se peleaban para cuidar de nuestros tíos y tías. Y nosotras hemos desgastado las faldas y las sandalias por el mismo camino de piedras de la escuela coránica.Ramatoulaye es senegalesa. Vive en Dakar, con su marido, o más bien vivía, porque el día en que empieza su carta es el día de su muerte. Es más, de hecho, ya dejó de convivir con su marido cuando éste se casó con su segunda esposa, Binetou, una niña de la edad de su hija mayor. Después de 25 años de matrimonio y 12 hijos, Modou ha elegido una segunda esposa, y Ramatoulaye ha sido ninguneada. El día de la muerte de Modou, Ramatoulaye empieza a responder a Aïssatou, una respuesta a una carta de la que nada sabemos, quizás con la esperanza de que sus palabras encuentren el camino que ella no es capaz de intuir.
Aïssatou, la destinataria de la carta, también tiene historias para explicar, aunque la voz que nos las relata será siempre la de Ramatoulaye. Historias parecidas, pero no idénticas, que explican la poligamia y la situación de la mujer en Senegal. Situaciones complejas y delicadas, afrontadas de formas diferentes. Cada mujer es un mundo, en Senegal también. La tradición ordena 40 días de reclusión a las viudas, y durante la suya, Ramatoulaye va mudando su forma de verse a sí misma, la forma de ver a sus hijas, la forma de pensar en su futuro. Incluso la forma de ver su país, y de ver su vieja amistad con Douanga, representante en la Asamblea Nacional.
- ¡Llevamos casi veinte años de independencia! ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para poder ver a la primera mujer ministra [...]? I sin embargo, ya han quedado más que demostradas la militancia y la capacidad de las mujeres y su compromiso desinteresado [...] - ¿A quién dices todo esto, Ramatoulaye? Eres como el eco de mis intervenciones en la Asamblea Nacional, donde me tachan de "feminista". No soy el único que insiste en cambiar las reglas del juego e introducir aire fresco. La mujer debe dejar de ser un accesorio que adorne, un objeto que se cambie de puesto, una compañera a la que adulamos o calmamos con promesas. La mujer es la raíz primigenia y fundamental de la nación, a partir de la cual todo el resto nace y florece. Es necesario incitar a la mujer a interesarse más por el futuro de su país. Incluso tú, Ramatoulaye, que ahora protestas, has preferido un marido, hijos y una buena situación social a la cosa pública. Si en los partidos sólo militan los hombres, ¿por qué deberían pensar en las mujeres? No es sencillo hacer crecer un país [...] Hace falta dinero, un montón de dinero, que hemos de encontrar en los países extranjeros a base de ganarnos su confianza. Con una única temporada de lluvias y un único cultivo, Senegal no irá demasiado lejos, aunque no le falten ganas.
En Mi carta más larga la mayoría de personajes relevantes son mujeres, y está situada en Dakar, con lo que decir que es una novela acerca de la situación de la mujer en Senegal, o sobre la ausencia de derechos de las mujeres, de la poligamia y los matrimonios forzados es poco menos que una redundancia. Aún así, yo creo que no se trata de un libro de denuncia de una situación, ni de muestra de una realidad más o menos cruda. Creo que Mariama Bâ quería explicar una historia de valentía, de amistad, de dolor y de reconstrucción de un mundo personal desmoronado.
Y es que esta es una historia de situaciones personales y familiares concretas, de recuerdos de juventud, en una sociedad que se debate entre la modernidad y la tradición, apenas iniciando su camino independiente. Es una historia que habla de equilibrios delicados, frágiles, administrados con sabiduría por personajes casi exclusivamente femeninos. Yo he encontrado en él sentimientos que no puedo entender, pero que sin embargo se me hacen evidentes si me dejo llevar por los personajes. Sentimientos, claro, sobre la poligamia y los matrimonios forzados, y también sobre la maternidad, la confianza, la amistad, la tradición, las esperanzas y el futuro posible.
domingo, febrero 21, 2010
Letras africanas
contar esa parte de la Historia que lleva cuatro siglos sin comer"Para comenzar habría que detenerse un segundo a comprender la realidad cultural africana, en términos generales, claro. África Subsahariana está compuesta por multitud de diferentes identidades y miles de lenguas que, con los procesos políticos de la colonización, se agruparon aparentemente en complejos políticos estatales. La estatalización de la política africana fue posible, en parte, gracias a la vehiculización de la lengua colonizadora. Allá donde el europeo impuso el inglés, el francés, el portugués o el castellano, hoy aún perdura. Esto quiere decir que debemos considerar a los autores africanos como escritores en una lengua extranjera, pensada para representar otras realidades distintas y que, por tanto, han tenido que hacer el recorrido de adaptar el medio de comunicación a una muy distinta representación del mundo. Y cada autor lo ha realizado según la base de sus realidades lingüísticas, ya sea desde el malinké, yoruba, diola, kikuyu u otra de las lenguas del continente.
Esto implica también que el autor africano ha de realizar la difícil elección entre expresarse en la lengua que le es más suya aún enfrentándose a no ser publicado por falta de medios editoriales y/o mercado, o escribir en la lengua colona, con todas las implicaciones que ello conlleva, tales como solicitar el reconocimiento a una sociedad que no es la propia. Además, cualquier autor africano corre el riesgo de no ser estudiado o entendido en las academias de la lengua colona. Tal como le sucedió a Léopold Sedar Sengor, poeta, quien era estudiado por los lingüistas franceses hasta que, llegada la independencia del Senegal y proclamado primer presidente del país, se suprimió de cualquier programa académico por ser considerado un literato extranjero.
Otro peligro que, en lo que se refiere al estudio de la literatura, enfrentan los autores africanos, consiste en la clasificación nacional. La tendencia general-y este blog también sucumbe-agrupa a los autores por Estados, creando así una bien definida red de escritores polacos, checos, estadounidenses o franceses, todos con unas características similares o comunes. Sin embargo en África esta clasificación muchas veces no tiene sentido. El diola se habla a los dos lados de la frontera entre Senegal y Guinea-Bissau. Los escritores que partan de esa lengua, sin embargo, optarán por expresarse en francés o portugués, según de qué lado vivan, y por tanto sus innovaciones literarias, sus espacios y sus mundos, que podrían estar claramente en comunicación, terminan por ser subdivididos en el estudio al categorizar a unos de autores senegaleses o en lengua francesa y a otros de guineanos o en lengua portuguesa.
En España, la literatura africana a la venta casi no da para un par de estanterías bien ordenadas. Las librerías que tratan autores africanos quizás podrían tener un fondo bastante amplio, sin embargo jamás llegarán a ser grandes arsenales de éstos debido a la falta de público potencial. Y esto se dice con la experiencia de haber sufrido varias decepciones libreras.
Si se tuviera que recoger a un autor africano que estuviera bien editado en castellano, sin dudarlo nos referiríamos a Ahmadou Kourouma. De él, la editorial Alpha Decay tiene dos de sus más importantes obras. Cuando uno rechaza dice no, novela póstuma sobre la guerra en Costa de Marfil, y Los soles de las independencias. Además, también se puede encontrar el ya leído y comentado aquí Esperando el voto de las fieras (El Aleph) un relato del genuino paso de un dictador africano por el mundo.
En Alpha Decay también encontramos las obras de Alain Mabanckou, como la divertida Vaso Roto o Memorias de puercoespín, o del centroafricano Théo Ananissoh, a quien el año pasado le publicaban Un reptil por habitante.
Otro de los bienafortunados que podemos encontrar en castellano con relativa facilidad es el nigeriano Ben Okri. Con Belaqva encontramos sus recomendables Canciones de encantamiento y El mago de las estrellas y también El camino hambriento, novela por la que recibió el Premio Booker en 1991. Además, la editorial española que mejor trata las novelas africanas, Ediciones del Cobre, tiene en su catálogo Riquezas infinitas.
La página web de esta editorial es todo un catálogo de letras subsaharianas, hasta el punto de que distribuyen los autores por nacionalidad. Por destacar alguno de entre todos los autores de su catálogo hablaremos de Amadou Hampâté Ba, quien ha logrado colocar su novela Amkullel, en niño Fulbe en un lugar importante de las estanterías de toda librería que se precie. También, y por hablar un poco de la presencia española en África Subsahariana, se puede destacar a Donato Ndongo, guineano ecuatorial, quien escribe en castellano y que hace unos años tuvo una cierta notoriedad en los círculos africanistas españoles con su novela sobre inmigrantes titulada El metro.
Las novelas de género también tienen su representación en la literatura africana. Y no nos estamos refiriendo a truculentas historias de lucha contra la mujer o relatos precisos sobre lo que es ser mujer en África. Nos referimos, claramente, a la novela negra pues no sólo de detectives escandinavos vive el género. Abasse Ndione, con Ramata (Roca Editorial), ha cosechado éxito hasta el punto de lograr salir en formato bolsillo –un milagro para el resto de autores africanos.
El lector avezado habrá notado que no se ha hecho referencia a ningún escritor blanco. No hay racismo de ningún tipo en esta selección, sencillamente pasa que, como todo el mass media que trata el asunto de los libros, escritores como Mia Couto, Coetzee y demás son de sobra conocidos. Quizás sus historias sean más vinculables con la realidad occidental en la que nos movemos, o quizás son los autores blancos los que se muestran más accesibles a los criterios comerciales, pero el caso es que biografías de éstos abundan, mientras que los geniales autores negros africanos se ven ninguneados en cualquier suplemento dominical. Cabe fijarse en cómo resulta casi un milagro encontrar en una librería de lo viejo la magistral Todo se desmorona de Chinua Achebe, descatalogado hace tiempo aun a pesar de que existe una masa crítica universitaria que lo tiene de lectura de obligado cumplimiento, para darse cuenta de que aquí, todo lo que no venga más allá del Mediterráneo pasa sin pena ni gloria.
Si te ha interesado esta entrada quizás también te interesen estas otras:
- Contadores africanos.
- Esperando el voto de las fieras, de Ahmadou Kourouma.
- Vaso Roto, de Alain Mabanckou.
- Aya de Yopougon, de Margarite Abouet.
miércoles, mayo 20, 2009
Esperando el voto de las fieras, de Ahmadou Kourouma
En Esperando el voto de las fieras, Kourouma habla sobre política. Sobre histórica política principalmente. El argumento es bien sencillo y podría resumirse así: auge, caída y consiguientes devenires de un político africano. Su personaje principal es el líder de la imaginaria República del Golfo, el general Koyaga. Asistimos a la narración de su biografía y a la biografía de sus antepasados. Una emocionante historia de tensiones políticas propias de la época del fin de la descolonización y del transcurso de la Guerra Fría que refleja perfectamente los distintos componentes de la política en África Subsahariana.
Koyaga es la persona más poderosa de esta República del Golfo porque sabe aglutinar los diferentes recursos de poder que están presentes en la política africana. Posee una relación especial con poderosos talismanes religiosos que lo protegen del daño de sus rivales políticos. Tiene el control del ejército. El de las finanzas y las producciones del país. El apoyo de una etnia, a la que se pliega y a la que ofrece protagonismo nacional en sus fiestas tradicionales. Koyaga es, más allá de estos componentes, el paradigma del dictador africano producto de la descolonización y de la Guerra Fría.
Como el mismo Kourouma, Koyaga participará en la guerra de Indochina bajo bandera francesa. Es allí donde sus conocimientos étnicos sobre la guerra le hacen avanzar y que el régimen colonial le introduzca en el círculo más cercano, donde esperará el momento más adecuado para asestarle un golpe mortal al régimen colonial y formar parte de las fuerzas independentistas. Sabrá deshacerse del resto de equipaje independentista y hacerse con el poder absoluto en su Estado y es entonces cuando Koyaga es invitado por todos los grandes líderes –aka dictadores- del continente. Paseando por cada uno de ellos como si fueran círculos dantescos camino del infierno, Koyaga aprenderá el oficio del dictador.
Es esta novela, en definitiva, una microhistoria política del continente africano. El paradigma de la República del Golfo es más que suficiente para entender los caminos paralelos que siguieron muchos países africanos desde los años inmediatamente anteriores a la colonización hasta la mitad de los años 90, tras el final de la Guerra Fría. Cualquiera puede pensar, mientras lee el transcurso de lo narrado, en figuras como Mobutu o Idi Amín. O tantos otros. Aunque la realidad es que la obra está inspirada en la República de Togo y su dictador, Gnassingbé Eyadema.
Y se ha escrito la palabra leer cuando en realidad el lector, aunque parezca contradictorio, no leerá sino escuchará. La manera de Kourouma de contar la historia de este dictador paradigmático e imaginario enlaza directamente con ese primer criterio que se atribuía al comienzo de la entrada a las literaturas africanas: la oralidad. La novela está contada por un griot, un contador de historias que, junto con su impertinente bufón, recorren en el transcurso de seis veladas la vida del dictador Koyaga, que es la historia de la República del Golfo, o la historia del continente africano.
Kourouma trasciende en esta obra los límites de la novela moderna tradicional, llevándonos a sus entregados lectores hacia un asiento dentro de ese fuego purificador donde el griot nos divierte y nos asusta con la historia de Koyaga. Una fabulosa manera de celebrar el día de África –que se cumple hoy- alejada de los constantes catastrofismos.
viernes, febrero 13, 2009
Kourouma en catalán
En el A la vora del foc, un buen blog de libros escrito por unos amigos, ha aparecido una reseña sobre uno de los grandes de la literatura africana, el costamarfileño Ahmadou Kourouma (1927-2003). Da la casualidad que Esperando el voto de las fieras, el libro reseñado, es el mismo que estoy leyendo yo en estos momentos. De manera que enlazo el buen comentario sobre literatura africana -merece la pena el esfuerzo de leerlo en catalán, pero para quien no tenga el ojo acostumbrado le recomendamos traducirlo por Internostrum- y me libero yo entonces de hacer un comentario literario sobre el libro. Gano así un poco de tiempo para pensar en cómo comentarlo en este blog cuando lo termine -que de seguir las obligaciones como las llevo, me parece que será para el año que viene.lunes, mayo 19, 2008
Dos por el precio de uno
La literatura africana está de moda, se lo digo yo. Tras la dedicación de la Feria del Libro de Madrid a las literaturas africanas, son muchas editoriales -grandes y pequeñas- las que se están volviendo a atrever con títulos africanos más allá de Coetzee. Como contrapartida, aquellos quienes degustan libros de autores y autoras de África pueden disfrutar de actos y presentaciones donde aprender más de esta literatura. Hoy me han coincidido dos interesantes anuncios para aquellos que viven en Madrid y en Alicante. Si pueden pasarse, no lo duden:Jueves 22 de Mayo, 19:00h. Fundación Sur, c/ Gaztambide, 31. Madrid (Metro Argüelles/Moncloa/Islas Filipinas).
"Mirar al mundo con ojos nuevos: escritoras africanas", por Bibian Pérez Ruiz.
Miércoles 28 de Mayo, 20:00h. FNAC Alicante, Avd. de la Estación, 5. Alicante
viernes, abril 18, 2008
Negritud de luto
Ayer, 17 de Abril de 2008, fallecía Aimé Césaire. Poeta, compañero del senegalés Senghor, Césaire fundó con éste el concepto de la Negritud y mantuvo una férrea postura anticolonial hasta el fin de sus días. Estamos un poco más huérfanos que antes.Oh Ustedes que se tapan los oídos
Les hablo a Ustedes, hablo para Ustedes,
quienes
descuartizarán mañana, hasta las lágrimas, la paz apacentada de sus sonrisas
Para Ustedes quienes una mañana amontonarán mis palabras en su bolsa y tomarán a la hora en la que los hijos del miedo sueñan,
el camino oblicuo de las huidas y de los monstruos.
(1913 - 2008)
lunes, marzo 17, 2008
Contadores africanos
Bienvenidos a la semana en la que menos se trabaja del año. Al menos en España, la vista anda ya por el horizonte de la llamada Semana Santa, en donde los trabajadores de a pié libran los días jueves y viernes en unos lugares, viernes y lunes en otros. Es, por tanto, una semana de dos días y medio. Lunes, Martes y mitad del Miércoles porque el que no corre vuela y quien más y quien menos se escaquea el último día justo detrás del jefe –que se escaqueó aún antes.
Tras ese bonito arte del disimulo laboral –de gran raigambre en España-, viene la consabida huida hacia otras latitudes. Ya sea el mar, la montaña, el pueblo de la familia o el bar de la esquina –que es lo que les pasa a aquellos cuyo pueblo se llama Madrid-, la ruptura con la cotidianeidad de la semana laboral es enorme y aunque los fines de semana son sagrados, en vacaciones mandamos a la mierda hasta las costumbres más zánganas. Ante tal cantidad de tiempo libre, y sobre todo ante tal cantidad de atasco por la carretera, recomendamos -para quien no vaya conduciendo, claro- tres novelas de autores africanos que han salido más o menos recientemente. Esto es, podrán adquirirlas en el centro más cercano para no entretenerse si quiera en buscar la salida más próxima. Como quiera que el que aquí suscribe aún no las ha leído y, en algún caso incluso, aún no las ha comprado, sólo encontrarán una pequeña referencia literaria, que no una reseña de tomo y lomo como las de Destripando Terrones.
Empezaremos por la más antigua: Medio sol amarillo de Chimamanda Ngozi Adiche. Este libro, de más de 500 páginas, se publicó a mediados del año pasado por Random House Mondadori y narra la historia de Nigeria en la década de los 60 del siglo pasado –sí, lo siento pero ya no somos de este siglo. La guerra de Biafra viene estupendamente explicada y sirve a su vez para la presentación de unos personajes al borde de sus sentimientos. Llevados a situaciones de extrema crudeza, los personajes de Adiche nos mostrarán una realidad inmersa en el conflicto que asoló aquella tierra africana pero sin caer en el victimismo o la indolencia. Las relaciones post-coloniales se muestran tan crudas como lo fueron y pone al lector frente al espejo de sus propios miedos. Muy recomendable esta novela que ganó el Premio Orange de 2007 y que podremos adquirir al módico precio de 22,90€ ¡casi ná! Pero no se me asusten, que los otros dos que vienen a continuación son incluso más caros.
Hacia finales de Enero de este año, Alfaguara publicaba la nueva novela de Ngugi wa Thiong´o titulada El brujo del cuervo. Este escritor keniata, exiliado desde hace ya bastantes años, ha representado lo mejor de su generación literaria en África. Utilizando la tradición cuentista africana, Thiong´o nos narra la historia de la ficticia República Libre de Aburiria. Huelga decir que de Libre, la República tiene sólo la retórica, pues el gobierno del país es custodiado por un dictador, paradigma de esos Payasos y Monstruos que describía perfectamente Sánchez-Piñol. Éste tiene controlada la República debido a su inmensa sabiduría. Sin embargo el pueblo no le aguanta y tiene un plan para acabar con él. Thiong´o mezcla los elementos africanos a la perfección y consigue mostrarnos una política cruel, dominante, dura y áspera y una sublevación donde el misticismo y la magia tendrán mucho que ver. Va a ser todo un descubrimiento y esperemos no equivocarnos pues los 27€ del ala -del cuervo, sin duda- que hay que pagar para hacerse con esta novela de 712 páginas no son moco de pavo.
Y finalmente, la última recomendación de hoy. Un autor africano ya conocido por los lectores de este blog: Alain Mabanckou. Su nueva novela, publicada en Alpha Decay como la anterior Vaso Roto, se titula Memorias de puercoespín, se hizo con el Premio Renaudot. Sí, como lo leen, Monsieur Mabanckou fue finalista en el año 2005 con Vaso Roto y ganador de la edición de 2006 con este título que hoy nos ocupa. Vamos, ni que fuera gay y presentara un programa de sobremesa -¡Uy, que lo han quitado! Memorias de puercoespín convierte en novela una fábula africana según la cual cada uno de nosotros tenemos un doble en un animal. Es evidente que el protagonista, llamado Kibandi, tiene en un puercoespín a su doble. Lo que ocurre es que es un puercoespín muy singular, pues va asesinando a la gente con sus espinas por donde quiera que va. Conociendo como conocemos a Mabanckou, las situaciones prometen ser muy divertidas a la vez que intensas. De las tres recomendaciones, este es el único que garantiza el acabarlo y empezarlo en las mismas vacaciones de Semana Santa, pues son tan solo 141 páginas. Eso sí, el precio sigue subido al estante de los tomates: 23€. Nada más y nada menos que a más de euro y medio cada diez páginas.
Pero en fin, ¿qué serían las vacaciones sin esos gastos extra que nadie quiere hacer, todo el mundo hace, y sólo algunos se arrepienten? Además, por 22,90€ viajamos Nigeria –no les cuento lo caro que están los vuelos hasta allí, que no llega Ryanair-, por 27€ nos trasladamos a un universo paralelo, donde el realismo mágico de Thiong´o nos enseñará a entender la política en África, y por 23€ nos cuentan una fabulita fabulosa -¡qué bonita redundancia!- mientras nos enseñan que en África también se hacen novelas policiacas. ¿Qué más pueden pedir?
Buen viaje.
viernes, agosto 10, 2007
Jerarquías

"Una especie de manía, amigo mío, se apoderó de este mundo loco e impredecible, la manía del desarrollo. ¡Todo el mundo quería desarrollarse! Todos pensaban en cómo desarrollarse, pero no de una manera natural, acorde con las leyes divinas, eso de que el hombre nace, se desarrolla y muere, sino en cómo desarrollarse de una manera espectacular, dinámica y potente; en hacerlo de forma que todos lo admirasen [...] se percató [de esto] el Emperador, viendo las ventajas y los atractivos de la costosa novedad, y como siempre había mostrado cierta debilidad por todo progreso, más aún, como le gustaba el progreso, en aquella ocasión también se revelaron en él un bondadoso deseo de actuar y una manifiesta ambición de, transcurridos unos años, oír gritar a un pueblo saciado, agradecido y lleno de gracia: <<¡Vítor! Éste sí que nos trajo el desarrollo>>"
viernes, mayo 04, 2007
Vaso Roto, de Alain Mabanckou.
Hacía tiempo que buscaba la oportunidad de comentar literatura africana. El blog, sin duda, comenzó por los politiqueos que tanto gustan a este que escribe, pero El Señor Kurtz tiene una inevitable referencia literaria –que no africana- y por tanto había que saldar deudas. Aún coleando en mi estantería están otros títulos africanos, leídos y no leídos, que esperan comentario. Pero actualidad llama y como hace bien poco salió el último africano que me he leído empezaremos por el final, que siempre es una bonita manera de empezar.Así pues, inauguramos los comentarios sobre literatura africana –léase, escrita por africanos y africanas, que no sobre África, de la que ya daremos buena cuenta. Y comenzamos con Vaso Roto (título original Verre Cassé), novela finalista del Premio Renaudot en el año 2005 y que casualmente firma Alain Mabanckou, ganador del mismo premio literario en 2006 –debe ser que le pasa como a Eduardo Mendoza. Como todo indica, título original y premios, está escrita originalmente en francés. Éste es un hecho que destaca de todas las obras de africanos y africanas. ¿Qué lengua elegir? El escritor africano se presenta siempre, en un momento u otro de su vida, ante este dilema. Puede seleccionar el idioma en el que fue criado, probablemente una lengua minoritaria en donde creció. Puede optar por otra lengua africana, la dominante en su región –ya sea Swahili o cualquier lengua Bantú. Con estas dos opciones reivindicaría su capacidad cultural para expresarse por escrito –algo que, desde Hegel, ya se le reprochaba a las lenguas africanas eran su incapacidad de ser traspasada a papel, carecer de historia escrita propia. El único problema de estas opciones es que con ambas su difusión queda impresionantemente reducida a causa de los problemas de analfabetismo en África o incluso de las dificultades de encontrar un editor en el extranjero. Sin embargo tiene una tercera opción. Ahí se presenta la lengua colonial, el inglés, el portugués o el francés –no hablemos del español, que en Guinea Ecuatorial no tienen el horno para bollos. Normalmente estas lenguas son co-oficiales en los Estados africanos, e incluso a veces los documentos legales han de ser redactados en ellas. Escribir en esta lengua abre las puertas a ser leído por mucha más gente de manera más directa, abre las puertas a editar directamente en la antigua metrópoli. Pero a mi juicio sigue proyectando el encuentro colonial en toda su magnitud. Quizá la opción de una lengua regional, seguida de un esfuerzo editorial desde África por publicar y distribuir las obras entre los swahiliparlantes, por ejemplo, podría ayudar a comenzar un circuito africano que las editoriales extranjeras –fuertes multinacionales- tuvieran que tener en cuenta.
En cualquier caso, y retomando lo que nos ha traído hasta aquí, el libro de Mabanckou es una serie de catastróficos relatos que reflejan a personajes hundidos en su humillación e incapaces de desear salir de ella. La estructura del libro es bien sencilla, todo nos sitúa en un bar de la capital Brazzaville, en
El estilo del libro roza lo vulgar. Al menos la traducción al español, que está cerca del fenómeno poligonero. Sin embargo éste no es óbice para que Mabanckou sepa usar a su culto africano para observar la realidad de los fracasados de un bar de Brazzaville. Como en todos los bares, los fracasados se sientan a beber. La peculiaridad de éste consiste en que además de tener clientes fracasados, éstos sienten necesidad de verse inmortalizados para la posteridad en el libro de Vaso Roto, y los méritos que todos van a alegar serán los mismos: nadie fracasó más que yo. Así se suceden los primeros relatos de tan dispar destino pues uno podrá leer verdaderas genialidades de ironía política y acontecimientos escatológicos que harán reír hasta la carcajada y, al tiempo, relatitos sin la menor importancia y con una fuerza más que relativa que, además, destilan un tufillo machista achacable a los personajes y no al autor.
La segunda parte decae en cuanto a reflejo de personajes variopintos, y se centra más en el narrador dentro de la narración; Vaso Roto. En primera persona, éste nos dejará un sucinto análisis de lo que hasta el momento ha sido su vida a través de miles de referencias literarias -especial mención para las memorias de Chateaubriand. Para alguien que haya leído bastante a los grandes de la literatura, en especial la francesa, ésta parte puede suponer todo un deleite. Para los que hemos leído menos algunas referencias se nos escaparán, pero disfrutaremos de las que encontremos y hará desear poder entender el resto.
Ésta es, por tanto, una buena oportunidad para leer algo africano. Si no por la calidad, que no es abundante a raudales, sí por lo entretenido de algunos pasajes y por la facilidad de comprensión de la trama, por la credibilidad de los personajes más extravagantes y por
miércoles, enero 24, 2007
El enviado de Dios
La primera vez que vi un libro suyo fue en el escaparate de la Librería Visor. Caminaba hacia la parada de autobús en dirección a mi casa absorto en mis pensamientos, sin prisa, y decidí pararme en el escaparate de la vieja librería. De entre todas las relucientes novedades me fijé en la suya. Era la edición más fea de todas las que había. Con un gris que delataba que el libro no era novedad, sino reedición, y que ésta no era nada cuidada, la fotografía del centro donde unos niños africanos protegidos por cascos blancos empuñaban un ak-47 me animaba a adquirirlo compulsivamente. Sin embargo lo que me decidió de una vez por todas fue el título: Un día más con vida. Algo tenía que pasar en ese día ¿no?Fue más tarde, cuando lo tenía ya en mis manos y el autobús echaba a rodar, cuando me fijé que el libro no era una novela, que tampoco era un ensayo, sino que pretendía ser un relato periodístico de los últimos días de la presencia portuguesa en Angola en 1975, narrados por un periodista polaco de extraño nombre. Y más tarde aún cuando me di cuenta de que en realidad estaba ante un libro que era mucho más que eso. Ante un libro que, como toda la obra de Ryszard Kapuscinski, es un libro de viajes, de aventura, de ensayo político, de reivindicación de las personas, de historia política, que era un grito en forma de alegato por la vida de todos aquellos seres anónimos que participan de los acontecimientos sin que nadie les haga el menor caso.
Un día más con vida lo leí cuatro meses después de haberlo comprado, cuando me disponía a enfrentarme a un viaje en tren desde Madrid hasta Pau, en Francia, que se prometía interminable. Lo leí del tirón. A mitad del trayecto había terminado de leer y me había quedado con un sabor en la boca tan intenso que no paré de hablar del libro a cada paso que daba por la ciudad francesa. Fue mi primer contacto con una realidad africana que en España tenemos abandonada en los círculos académicos, políticos y sociales. Y puedo decir, orgulloso, que el gran escritor polaco Ryszard Kapuscinski tiene toda la culpa de mi interés por el continente africano. Tras este primer libro sobre África, siguieron otros del mismo autor. El Emperador , La Guerra del Fútbol -impresionante biografía a golpe de reportaje-, y otros que no tardaré en correr a comprar, en esas ediciones grises y feas de Anagrama pero que destacan en mitad de mi librería por encima de otros libros menores.
Desde que leo a Kapuscinski no he parado de recomendarlo. Con la misma compulsión con que compré mi primer libro les he recomendado a mis conocidos que lo lean, lo regalen o, simplemente, lo compren para casos de emergencia en donde necesiten saber que, en el mundo, nunca se está solo. O mejor, nunca se estaba solo, pues desde el pasado Martes 22 de Enero de 2007, Ricardo ya no está con nosotros.
Uno puede leer los libros de Kapuscinski del tirón, como se hace con los buenos libros de relatos y sin pararse a pensar en cada situación por él descrita. Pero también puede detenerse en cada rincón del libro y retroceder a aquello que pudo suceder antes en aquel lugar en el que Kapuscinski conoció a tal o cual personaje. Puede detener el tiempo y contemplar la tragedia que el autor vivía en tiempo presente, y preguntarle por qué decidió subirse a aquel avión, meterse en aquel bosque o dormir en aquella tienda. Todos ellos actos de inasumible irracionalidad.
Porque es la irracionalidad la dueña de sus acciones y la que da novedad a sus libros de viajes. Kapuscinski ofrece una visión de África atípica. Por norma general, los autores de relatos sobre los africanos y africanas muestran a éstos como carentes de racionalidad, seres inmersos en un mundo no moderno y cuyas vidas carecen del orden natural de las cosas que sí desprenden los viajeros blancos. Páginas y páginas de historias en África donde los protagonistas son todos blancos, donde los negros son sólo actores secundarios. Sin embargo, si uno lee cualquier libro de Kapuscinski podrá aprender a escribir algo que tenga a uno mismo como punto de referencia de la historia pero que cuyos protagonistas sean todas y cada una de las personas con las que se cruza por sus caminos. Un libro de relatos de África donde el hombre blanco sea el irracional y, el hombre africano aquél que no sale de su asombro al ver las estupideces que hace ese blanco de la fría Europa.
Esto que es tan difícil lo logró desde el compromiso ético que siempre le acompañaba como periodista. "No se puede escribir de alguien con quien no has compartido como mínimo algún momento de su vida", decía. Recorrió la mitad del mundo de mano de la agencia polaca de noticias y repartió su particular visión de los acontecimientos que dominaban la periferia de la Guerra Fría, es decir, allí donde ésta sólo era Guerra. Y todo por culpa de un espíritu que se resumía en una de sus frases en La Guerra del Fútbol "¡Cómo iba a quedarme en Nigeria si allí no pasaba nada y era en el Congo donde todo estaba sucediendo!"
Sobre todas las cosas, los libros de Kapuscinski enganchan. Uno no puede dejar de leer cómo el azar le salva de una ejecución segura en un Congo en guerra, al que ha llegado tras recorrer en coche la distancia que hay entre Nigeria y Kinshasha. Cómo se negocia en Angola con los soldados del check point improvisado en mitad de una carretera sin saber de qué bando son y, por tanto, si los has de tratar como camaradas o compañeros. Y no puede dejar de sentir el dolor de una picadura de escorpión en la cabeza en mitad de la selva, donde nadie puede hacer ya nada por tí y sólo te queda tratar de dormir esperando que el veneno inyectado no fuera suficiente y a la mañana amanezcas como un día cualquiera.
Le han llamado maestro de periodistas por todo esto. Por desvelar que los Cínicos no sirven para este oficio. "El enviado de Dios", que decía de él John Le Carré. Fue admirado por otro de los grandes periodistas de nuestro tiempo, García Márquez, del que más adelante se hizo amigo íntimo y tenía una relación especial con España, a la que acudía siempre que podía con un perfecto castellano.
El martes volvió a salir de viaje dejando atrás su tan odiada mesa de despacho. Como al cielo seguro que no ha ido, poco hay que contar, esperaremos su próxima crónica para saber si el infierno era aquello que nos habían dicho.


