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lunes, septiembre 07, 2009

El país anteriormente conocido como Macedonia

Decir que a través del deporte se vuelcan hoy en día la mayoría de los sentimientos nacionalistas es decir una obviedad. Todo el que tenga un buscador de webs a mano puede observar cómo existen y existieron reivindicaciones nacionalistas a cada evento deportivo existente. Y los JJOO, esos a los que el Alcalde de Madrid ha decidido asociar su futuro, son una competición de Presidentes y Jefes de Estado que luchan por que sus gallos de pelea o sus tortugas corredoras, venzan a los demás para salir en la foto.

Hoy, día 7 de Septiembre de 2009, comienza en Polonia el Campeonato de Europa de Baloncesto, el Eurobasket. Allí se enfrentan 16 selecciones europeas para dirimir quién es el más fuerte. Seguro que más de una alteza real ya está pidiendo los números de teléfono del capitán y entrenador habituales –y además, en el caso de España, como el alteza y el entrenador son italianos, seguro que se entenderán bien. Allí en Polonia, en el partido inaugural del Grupo A se enfrentan Grecia y un país anteriormente conocido como República ExYugoslava de Macedonia. Y se enfrentarán si es que hay acuerdo sobre el nombre –provisional en todo caso- que tendrá este segundo país.

El conflicto internacional sobre el nombre del Estado de Macedonia viene de lejos. Cuando en 1991 la Yugoslavia de la época se rompe en diversas repúblicas independientes que continúan las divisiones administrativas establecidas por Tito, cada nuevo gobierno se lanza en busca del tan ansiado reconocimiento internacional que las identifique como naciones soberanas e independientes. Con legitimidad, por tanto, para autogobernarse. Al fin y al cabo, el Sistema Internacional no es más que un acuerdo de primus inter pares para decir que este cacho de huerta es de éste o de aquél. El gobierno de Macedonia pretendía ser rápido en esta cuestión para evitar que su territorio fuera reclamado por búlgaros o griegos. Sin embargo la jugada no fue completa y, si bien es miembro de pleno derecho de la comunidad internacional, el latiguillo del nombre no termina de permitirles levantar el suelo.

La génesis de este conflicto, como casi siempre, tiene que ver con problemas políticos no resueltos que se aparcan para resolverlos –como sea- más adelante. Tito se encontró con una Yugoslavia en la que Serbia era la república dominante y sobre la cual giraba toda su historia. Justo debajo de Serbia existía una región fronteriza con Bulgaria y Grecia a la que el nacionalismo serbio llamaba “Serbia del Sur” y que en realidad tenía una herencia helénica innegable. Denominada Macedonia y siguiendo las líneas fronterizas que el Imperio Otomano había impuesto, la región sureña de Yugoslavia tenía tres hermanas griegas –las tres regiones fronterizas del lado griego que se denominan Macedonia Central, Oriental y Occidental- y una hermana búlgara –la llamada Macedonia del Pirin. Con ésta última Tito trazó un plan de unificación. En 1946 Bulgaria renunciaría a esa zona a favor de Yugoslavia a cambio de sus reivindicaciones en el mar Egeo. Era la época en la que se hacía Historia y los huertos cambiaban de manos. La URSS, juez y parte en todo esto, dio el visto bueno al acuerdo y cuando todo estaba a punto de concretarse, estalló por los aires. Tito rompe con la URSS en 1948 y por tanto sus reivindicaciones sobre el Pirin son desoídas y Bulgaria reafirma la propiedad de la región. Tito, para evitar que la población macedonia se le vaya de las manos, organiza una política orientada a fomentar un nacionalismo macedonio que hasta entonces estaba dormido y que sería el inicio de la voluntad independentista de la década de los 90.

La política yugoslava pasó en aquél momento a potenciar –por no decir crear- la idea de que el macedonio era un pueblo independiente en lo cultural, social e idiomático a todos los pueblos que le rodeaban –búlgaros, serbios y, sobretodo, griegos. Y así se llegó hasta el día en que los nuevos macedonios se pudieron hacer independientes.

Sin embargo Grecia no ha permitido desde entonces que la integración en la comunidad internacional sea completa debido al nombre. Por un lado, entiende que Macedonia, si es que ese es su verdadero nombre, podría reivindicar las tres provincias griegas con las que compartiría nombre, ya que eso del nacionalismo es muy contagioso. Y por otro lado, al llamarse así, la nueva república podría sentirse tentada de quedarse con el legado de la historia macedonia cuando la realidad es que actualmente es una región profundamente eslava y no helénica.

La cuestión del nombre no es baladí. Por este motivo existe un enviado especial de Naciones Unidas, quien trata de mediar desde hace ya casi 20 años para alcanzar un acuerdo y quien ha propuesto el año pasado la denominación “República Macedonia-Skopje”, en alusión a la capital. Existe un número minoritario de países que no aceptan el nombre constitucional de Macedonia, que no es otro que “República de Macedonia”, y que la llaman con el nombre provisional propuesto por Naciones Unidas, es decir “Antigua República Yugoslava de Macedonia”. En la OTAN, durante la reunión de Bucarest de 2008, se pretendía alcanzar un acuerdo sobre el mismo para poder incluir a Macedonia en la Alianza Atlántica y sin embargo Grecia se negó en redondo a aceptar a cualquier país que pretendiera llamarse como tal. Hoy, la República de Macedonia sólo es Estado candidato a ser incluido en la OTAN, y sus posibilidades de verse en la Unión Europea están paralizadas hasta que no exista un acuerdo sobre su nombre.

Mientras, en las canchas polacas de baloncesto, hoy veremos como la República de Macedonia se enfrenta a Grecia a pesar de la oposición de la FIBA europea –con presidente griego ¡toma ya! Y es que la Federación Macedonia de Baloncesto ha decidido retirar las siglas FYROM –Former Yugoslav Republic of Macedonia- de la camiseta del equipo nacional, contraviniendo las reglas del torneo –según parece-, pues a un equipo llamado “República de Macedonia” no lo tienen registrado.

Como solución de última hora desde lse proponemos estos nombres, con toda la irreverncia del mundo, al enviado especial de la ONU para que resuelva el acertijo.

República del Melocotón en Almíbar
- ¡Melocotones del mundo, uníos! -

República Independiente de la Ensalada de Frutas
- ¡Contra la represión de la malvada piña! -

República Macedoña – aka República Macedonya
aquí, ya se ve, hay un problema -

República del Melón con Jamón
o del Jamón con Melón porque el orden de los factores… ya se sabe -

República Joroñaquejoroña
que viene a ser lo que diga la griega -

República de Lo que diga el Griego
que al final es quien les tiene cogidos por las pelotas… de baloncesto, se entiende -

martes, marzo 24, 2009

Fantasmas Balcánicos (VII)

Las causas de hoy son los olvidos del mañana. Y eso para las causas que hoy pueden llamarse causas, las que entran en la agenda social de manifestaciones, expresiones de solidaridad y, ahora que estamos organizados en blogs, las que nos entran en nuestras entradas.

Hoy, día 24 de Marzo de 2009 se cumplen diez años desde que la OTAN decidió bombardear un país llamado Yugoslavia. Y quien dice la OTAN dice Estados Unidos. Y quien dice Estados Unidos dice, como no, la Administración Clinton. Una administración demócrata que no dudó en provocar un bombardeo fuera del sistema multilateral de Naciones Unidas, que no dudó en hacer que todas las soluciones pactadas por las partes fueran papel mojado.

Desde ese 24 de Marzo hasta el 11 de Junio de 1999 aviones de la OTAN bombardearon población civil, puentes, depósitos de petróleo, edificios públicos, camiones de refugiados, la embajada China y otro sin fin de objetivos militares. La campaña de bombardeo fue tremendamente mal programada. El alto mando se quedó pronto sin muchos objetivos militares que bombardear mientras el dictador de Milosevic –haciendo gala de su sentido psicópata de la responsabilidad- resistía y se negaba a claudicar sabedor de que la OTAN jamás incurriría en un ataque terrestre. Así pues, para seguir bombardeando, y no hacer una guerra sin combate –cosa más ridícula- se inventaron objetivos militares tales como el edificio de la televisión pública. El empecinamiento de unos y la psicopatología del otro, provocó que en ese bombardeo murieran varios trabajadores.

En Septiembre de 2001, cuando dos aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas de Nueva York, cientos de miles de chinos salían a las calles de Pekín a celebrarlo. La causa, según constatan varios testimonios y crónicas, no fue otra que el sentimiento de que se hacía justicia por el bombardeo de la embajada china en Belgrado en Mayo de 1999. En aquél bombardeo murieron tres periodistas chinos. ¿Cómo comparar entonces la muerte de tantos ciudadanos estadounidenses con la muerte de sólo tres chinos? La razón está en cómo se produjo el bombardeo. La OTAN se disculpó tras el ataque, aduciendo que unos planos desfasados proveídos por la CIA habían sido la causa de un terrible error. Sin embargo, en el ambiente se quedó la sensación de que Estados Unidos podía hacer y deshacer a su antojo, y la revancha mundial provocada por dos aviones contra sendas torres supuso un grito de alivio para distintas poblaciones. Años después de los dos incidentes, en 2005, se confirmó la voluntariedad del ataque contra la embajada china. Al parecer los servicios de inteligencia de la OTAN habían anunciado que Milosevic se encontraría en dicha embajada recabando apoyos políticos. La posibilidad de acabar con la vida del líder político en un momento de la contienda de auténtico desgaste para la alianza –mes de Mayo- hizo que no se confirmase la información y directamente se actuase a la desesperada.

Pero sea como sea, los muertos de Yugoslavia no importan hoy como no importaron nunca. Esta cloaca de Europa ha sido testigo de toda clase de experimentos políticos modernos para tratar de dominar el espíritu de su población, para hacer de la política yugoslava algo que el resto del continente pueda manejar. Víctimas de su situación de frontera, de su vinculación cultural con la potencia europea menos europeísta, Rusia, y testigos del enfrentamiento de su Iglesia con el resto de comunidades ortodoxas. Así vive hoy la población de la que es heredera de Yugoslavia.

Y hoy sólo nos acordamos de ella para salir de allí. Estados Unidos y la Unión Europea, empeñadas en seguir una política de debilitar cuanto más a Serbia, dieron alas a Kosovo para proclamar su independencia contra cualquier norma de Derecho Internacional. Un año y poco después de su independencia, el nuevo país no ha sido reconocido por la comunidad internacional -¡y eso con sus padrinos de la mano!- no es capaz de gobernarse y depende de la ayuda internacional hasta para cuidar sus calles. Así pues, si un Estado se define por los elementos clásicos de población, territorio y gobierno, Kosovo hoy tiene una población mayoritariamente enfrentada entre los que sienten a Albania, los que sienten a Kosovo y los que sienten a Serbia; un territorio incapaz de ser controlado sin ayuda militar extranjera; y un gobierno pelele de Estados Unidos. Sí, esta figura de protectorado aparentemente independiente de Kosovo no es nueva en el mundo de lo internacional, pero no por vieja deja de ser denunciable.

Hasta allí se marchó en visita sorpresa la Ministra de Defensa de España –y dicen que próxima candidata del PSOE al Gobierno en 2012-, para anunciar que las tropas españolas se retiran del territorio de un Kosovo que no reconocen aún –se sigue la doctrina de los 100 que indica que no se reconocerá al nuevo estado hasta que no haya 100 estados que lo reconozcan, ahí queda eso. Y parece una postura lógica. ¿No decís que sois independientes y autónomos? Pues a ver cómo os apañáis. No es una postura muy responsable políticamente hablando, cierto, pero lo que es cierto es que la coherencia sí se asoma por ella. Lástima no haberlo hecho bien y haber plantado cara a Estados Unidos y su decisión de independizar Kosovo en su momento –hace un año. Lástima de no haber sido valientes y afrontar el hecho de que se quería salir de allí en un foro de diálogo, y no con la política de hechos consumados. Lástima que la Ministra, embobalicada consigo misma, no haya sido capaz de coordinarse con sus compañeros de gobierno –a los que habría que recordarla que aún no dirige- y advertir a tiempo al Ministerio de Asuntos Exteriores. Lástima de todo esto, pues se habría logrado una postura mucho más coherente y razonada. Habría parecido -¡vive dios!- que teníamos en España una política exterior planificada más allá de la ideología del buenismo que nos conduce a una Alianza de civilizaciones aún sin identificar.

Se cumple hoy, por tanto, este siniestro aniversario de una lucha que nunca consiguió unir a ningún colectivo en Europa Occidental. De unos bombardeos ilegales por los que nunca serán procesados sus responsables. Y lo hace en un momento de espera ante la dirección que toma el nuevo gobierno Obama-Clinton en materia exterior. A ver si entre ellos y la Unión Europea se dan cuenta de que una cosa es justicia internacional y otra dar puñetazos al estómago de un pueblo. Si no se dan cuenta pronto tendremos problemas. Como ya nos lo advertía E. H. Carr en otros tiempos. Mala combinación la de la justicia y el reproche.


[Las fotos son todas del blog Belgrade Daily Photo que por supuesto se recomienda visitar]


domingo, marzo 25, 2007

Que 50 años no son nada

Europa, dicen, está de celebración. No cabe duda que, en los tiempos que corren, que un Tratado llegue a los 50 años es para celebrarlo. Y más si éste ha sido ampliado por otros muchos que han remodelado el proyecto en sus formas pero no en sus bases.

Hace 50 se firmaba el Roma el Tratado por el que se establecía el Mercado Común europeo. Más allá de la intención de obtener beneficios económicos conjuntos, el proyecto europeo nace con la intención de lograr una paz duradera entre Alemania y Francia. La paz, de este modo, será entendida de la manera más sencilla. Si la Alemania buena, es decir la RFA, y Francia entrelazaban sus beneficios económicos, no se volverían a enfrentar, no se verían como un enemigo, cada paso que diera uno iría acompañado de la confianza del otro. Así se expresaban los ideólogos del proyecto Schuman y Monnet.

Para los defensores del actual proyecto, nada euroescépticos claro, el proyecto no sólo ha funcionado, sino que al desarrollarse en otros ámbitos y en otras regiones, éste ha visto cómo la pacificación se ve extendida, cómo los europeos están más juntos y piensan más en términos Europeos y menos en términos nacionales. Sin embargo, en opinión del que suscribe, esto no ha sido así.

Es evidente que la formación de instituciones europeas, de ventajas para los ciudadanos tales como las ERASMUS, el Euro, el Tratado Schengen y otras, han facilitado ciertos ámbitos de vida pero ¿significa eso que el proyecto se vea justificado? Empezando con la historia de más de 60 años de Paz en Europa o como dicen sus defensores, el periodo más prolongado de paz en el continente –debe de ser que lo de los Balcanes no cuenta- han tenido más que ver con la presencia de EEUU en Europa tras la II Guerra Mundial y el desarrollo de la Guerra Fría que con el proyecto de la Unión Europea.

Por que al salir de la contienda, EEUU se convirtió en el valedor de la paz Europea. El Plan Marshall –inicio de eso que ahora llamamos Cooperación para el Desarrollo- inició una vinculación económica de EEUU con los países del continente. Si éstos se pacificaban y si éstos se tenían los unos a los otros como buenos amigos, EEUU podría fortalecer su economía –los 50 fueron los años de mayor crecimiento económico para los norteamericanos. Además, para fortalecer su defensa frente a la URSS, surgió la OTAN. Esta organización, y no el Tratado de Roma, ha sido la principal culpable de la paz europea. La OTAN establecía distintas bases norteamericanas en territorio europeo, creaba distintos mandos entre los diferentes ejércitos implicados en el tratado y, lo más importante, repartía los arsenales militares por todo el continente.

Sí, créanlo, la OTAN decidía qué tipo de tanques y en cuánta cantidad debía tener Alemania en la zona de Baviera o Francia en su departamento de los Pirineos. Los mandos europeos no eran más que meros gestores de las decisiones norteamericanas. Aún hoy, a pesar de los enfrentamientos políticos entre los miembros de la Alianza Atlántica, el tipo de material militar de los países europeos está determinado por las cinco paredes de Washington. EEUU, a través de la OTAN, estableció un sistema de defensa en pos de un supuesto ataque terrestre soviético. Las distintas administraciones americanas establecieron, por ejemplo, que Viena era indefendible ante la conocida superioridad terrestre soviética. De hecho, el jefe de la base militar en la frontera con Checoslovaquia, norteamericano él, declaró que conocían perfectamente que en caso de ofensiva soviética las tropas del Ejército Rojo no tardarían más de unas horas en hacerse con el control de la capital austriaca. La segunda línea de defensa era la importante, y allí concentraron realmente la defensa del continente en el supuesto de conflicto.

Otra vinculación más entre el proceso de integración europea y la OTAN ha sido la siguiente ampliación de ambas instituciones –hacia el Este- y las negociaciones para entrar –algunas eternas. Empezando por esto último, Turquía siempre se postuló como un candidato a entrar en los acuerdos europeos incluso a pesar de que ninguno de los socios se planteaba en serio la integración con los otomanos. La insistente candidatura turca viene determinada por la presencia de ésta en la OTAN. Es, por decirlo de algún modo, el candidato norteamericano a la UE. Como lo de Turquía se estancó –y se seguirá estancando- la ampliación hacia los países del antiguo bloque soviético fue el siguiente paso a dar. El 1 de Mayo de 2004 diez países del Este entraban en la Unión Europea. Una ampliación que pone en tela de juicio toda la moralidad de los tratados –por ejemplo obligan a que los candidatos, antes de ser socios, tengan solucionados sus problemas étnicos, cuestión ésta que habría que preguntar a los gitanos de Eslovaquia. Si los hechos demuestran que la ampliación no se hizo por motivos económicos, ni se hizo por motivos políticos –los sociales ni siquiera nos los planteamos-, la alternativa que nos queda es, sin lugar a dudas, la militar. No estamos hablando de una hipotética defensa de Europa frente a un ataque ruso, sino de la concordancia de los intereses estratégicos de EEUU con las diferentes ampliaciones de la UE.

El resto, el desarrollo de las directivas económicas y políticas, de los intentos de hacer política social desde Europa, no es más que el aprovechamiento de la coyuntura por parte de los diferentes grupos políticos y económicos dominantes en Europa. La oportunidad de modificar los reglamentos nacionales sobre, por ejemplo, el negocio del agua y hacer que éste sea abierto a cualquier entidad privada. Las directivas que modifican las condiciones laborales al permitir que una empresa que opere en Francia actúe según la normativa laboral letona por tener su sede allí. El proteccionismo de una agricultura económica y socialmente insostenible por parte de las instituciones para mantener silenciados a los agricultores del sur de Europa. Y un largo etcétera de decisiones y oportunidades que hacen de la UE el proyecto social y económico de todos, menos de los ciudadanos europeos.

Porque, en otra frase del ideólogo Monnet, “si me dejaran volver a hacerlo empezaría por la política y no por la economía”. A los 50 años de empezar este proyecto, la única parte asegurada es la militar. Hoy, políticamente, la UE no tiene voz, cuando dice algo el resto de países no europeos saben que será salvable con convencer a uno o dos países importantes –véase el reconocimiento de la Croacia de Tudjman a pesar de no respetar la directiva sobre Derechos Humanos. Y económica y socialmente los europeos están enfrentados. Mientras la élite europea planea reformas económicas y legislativas a la manera neoliberal, las sociedades europeas no se dejan imponer estas reformas. Un enfrentamiento traducido en el rechazo del Tratado de la Constitución Europea por parte de los ciudadanos franceses y holandeses –los españoles se declararon a favor pero por una cuestión de debate, ya que en éste no se planteó una discusión del texto, sino una prórroga del 14M, estoy convencido que de haber conocido las consecuencias también se habría rechazado.

La solución para el proyecto es complicada en su desarrollo pero simple en su concepción. La única manera para hacer de éste un proyecto duradero es exclusivamente otorgar una importancia fundamental en las disposiciones sociales, aumentando y no reduciendo derechos, al hilo de lo que la ciudadanía europea exige, y no concediendo más importancia a las voces empresariales y norteamericanas que se escuchan en Bruselas.






sábado, enero 13, 2007

El regreso del gigante que nunca se fue

[Publicado originalmente en Derrota Urgente]

No recuerdo bien el argumento central de ese capítulo de Los Simpson, pero recuerdo bien esas escenas donde el embajador de Rusia en el Consejo de Seguridad daba a un botón y el cartel que tenía delante de él y que decía “Rusia” giraba para dar paso a otro que decía “URSS”. La escena siguiente nos situaba en la Plaza Roja de Moscú, donde un desfile de cabalgatas infantiles cambia radicalmente al pararse las cabalgatas y, de ellas, aparecer los tradicionales tanques soviéticos, con sus banderas rojas y sus hoces y martillos amarillos. La tercera, además de ser la más hilarante, es la más gráfica. Unos turistas hacen fotos a la tumba de Lenin cuando, de repente, éste se despierta de su letargo y, cual zombi, rompe su urna de cristal y amenaza a los visitantes.

En los últimos meses estamos viviendo escenas de parecida incredulidad así como de diferente comicidad. Rusia, ese país que sustituyó a la URSS en los imaginarios e instituciones internacionales, parece que ha vuelto a retomar las políticas que le enseñaron a su Presidente en la Academia donde estudiasen los espías de la KGB, si es que estudiaban algo. Políticas de la Guerra Fría que hacen pedir a gritos la vuelta de John Le Carré y de su Casa Rusia, de Mathew Broderik y sus Juegos de Guerra. Pareciera que el Sr. Vladimir Putin también se apuntara a la moda nostálgica de los 80. Y es una lástima que por ello cambie a una política abiertamente conflictiva. Que alguien le regale un mechero de Naranjito a ver si se calma un poco.

Claro, que también podíamos pensar que Rusia siempre fue la URSS. Que, como decía el embajador soviético en Los Simpson, en realidad “nunca nos hemos ido”. Tras la caída de la influencia soviética en Europa del Este, y el desmembramiento de la URSS a través de la CEI, Rusia se vio obligada a asumir un cambio de valores económico-políticos que la condujeran al liberalismo y a la democracia. Como el cacho de tierra que les había tocado en el reparto estaba en quiebra y los gastos fueron muchos, los nuevos dirigentes rusos, encabezados por el cómico Yeltsin –aunque a mí nunca me hizo gracia- se pusieron en manos del FMI, quien estableció las bases de la transición económica y ¡política!

Y menuda transición. No cabe duda de que no se guiaron por el Modelo Suárez y por eso les salió mal a los pobres muchachos. Según su manera de ver las cosas, tras el liberalismo económico vendría la democracia en Rusia, y por eso privatizaron todas las empresas públicas de un día para otro, propiciando la creación de personajes rusos multimillonarios –el más popular es Roman Abramovich- con clara relación con la mafia y que ahora se dedican a invitar a sus fiestas a personajes como Shakira. Y si todo hubiera quedado ahí, ni tan mal. Cualquier país es capaz de vivir con uno o dos Jesús Gil o Aimé Jaqcet, Flavio Briattore y pongan Uds. el ejemplo que quieran. Sin embargo ahí no acabaron las desgracias. Con la mafia convertida en la clase alta económica y sin libertades políticas ninguna, la vieja Rusia se declaró incapaz de pagar el dinero que en un principio le había dejado el FMI y así, en 1997, éste tuvo que volver a prestar grandes cantidades a fondo perdido.

Con Rusia hundida económicamente y lastrada en la política internacional, por aquello de no enfrentarte a tus prestamistas –EEUU es el controlador del FMI y del BM-, la lealtad a la madre patria estaba perdiendo fuerza y los niños ya no querían ser los rusos cuando se jugaba a la Guerra Fría en el patio del colegio –yo es que fui un niño muy raro. Pero llegó la Crisis de Kosovo de 1999 y Yeltsin decidió que el zapato ruso volvería a sonar en la mesa de la ONU. Rompió la unanimidad para castigar a Slobo Milosevic por su política en Kosovo y trató de defenderle. EEUU acudió entonces a la OTAN y el bombardeo –destrucción- de las ciudades serbias fue tal que Yeltsin no pudo más que dar ridículos saltitos en señal de protesta. Terminó por mandar tropas de tierra –algo que la OTAN no se atrevía a hacer- e invadir la capital kosovar Pristina, acabando con la política de Milosevic y proporcionando una salida victoriosa a una OTAN que empezaba a ver cómo el conflicto se enrrocaba sin remedio.

Con Putin la historia siempre ha sido parecida sólo que, a diferencia de Yelstin, Vladimir ya no se molesta en parecer gracioso. Agachando la cabeza en la política internacional ha consentido que EEUU atacara en su patio de atrás buscando a Bin Laden a cambio de tener línea de tiro en Chechenia, la mafia ha logrado mantener el poder económico y las libertades políticas dentro del país se han reducido hasta el punto de que ya ningún medio de información se atreve a criticar al gobierno -¡allí no leen El Mundo ni existe un Jiménez Losantos! Cosas verás Nicolás.

Sin embargo, como mencionaba al principio de la entrada, las cosas parecen estar cambiando. Putin ha terminado imponiendo sus puntos de vista en las reuniones del G8 y ha logrado hacerse con una mayor influencia en la política internacional, aprovechando sin duda el atentado de Beslán ha rehecho su influencia con las repúblicas del Caucaso y ha logrado no ser molestado por esos funcionarios extranjeros que hablan de Derechos Humanos y cosas por el estilo. Y lo más importante, ahora se le mueren los pocos periodistas que estaban en su contra. Así, sin más van y se mueren. Cuando a una no la asesinan al otro lo envenenan con uranio -¿quién es uno de los principales exportadores de uranio del mundo?- en territorio extranjero –para mayor gusto de los nostálgicos de la Guerra Fría: en Londres.

Y como colofón al nuevo advenimiento ruso, la crisis energética de la UE que ha provocado la decisión momentánea de Moscú de no suministrar más petróleo al oleoducto de Bielorrusia por el que se abastecen Polonia, Hungría, Eslovaquia, la República Checa y -¡tantatachan!- Alemania. Para explicar esta situación basta entender que Rusia suministra petróleo a la UE por un oleoducto que atraviesa Bielorrusia y gas por el gasoducto de Ucrania. El petróleo y el gas son vendidos a un precio a estos dos países ex-soviéticos quienes a su vez lo tratan y lo revenden más caro a la UE. Con Ucrania, Putin ya tuvo sus problemas al ganar las elecciones el partido del europeísta y envenenado -¡qué casualidad!- Yushchenko hasta que Ucrania dio el giro hacia la UE, Rusia controlaba su política tal y como hacía con Bielorrusia. Sin embargo la Revolución Naranja de Ucrania situó a este país cerca de la órbita unioneuropea a lo que Moscú contraatacó subiendo los precios del gas. La UE reclamaba no tener que pagar más por el gas y, por lo tanto, Ucrania debía hacerse cargo.

Con Bielorrusia Putin ha sido más severo. La situación política en Minsk es completamente diferente a la de Kiev. En Bielorrusia la presencia del Presidente Lukashenko es constante. Lleva en el cargo desde 1994 y las acusaciones de no respetar los Derechos Humanos y de fraude electoral son continuas. Incluso EEUU le situó como representante del continente europeo en su Eje del Mal. Rusia le vendía el petróleo a un precio ridículamente bajo como manera de financiar la economía bielorrusa y el régimen de Lukashenko. Sin embargo éste ha sido tentado desde Bruselas y el verse ante un aliado tan suculento le ha dado valor para echar un órdago a la grande a Moscú adueñándose del petróleo que pasaba por su oleoducto y no pagar la subida de precios que Putin reclamaba. La jugada hubiera tenido posibilidades de éxito con una Rusia débil como antes, pero la estrategia de fuerza de Putin ha sido mayor que el órdago de Lukashenko Moscú decidió unilateralmente cortar el suministro a Bielorrusia –y por tanto a la UE- de un día para otro, sin consultar y justo cuando la presidencia de Alemania –de ahí lo del “tantatachan” de antes- comenzaba. La protesta de Merkel, quién tenía previsto una visita oficial a Minsk y a Moscú antes de la crisis, ha provocado que Lukashenko rectifique y se pliegue ante la demanda rusa de volver al statu inicial.

La crisis parece solucionada, pero el miedo de los países de la UE no se lo quita nadie. Han estado viviendo dos o tres días de sus propias reservas de petróleo y han visto cómo un conflicto aparentemente ñoño les hacía temblar las piernas. Desde Bruselas se propone ahora diversificar el abastecimiento de petróleo a través de países como Turkmenistán o Kazajstán. Sin embargo los problemas serán los mismos de ahora. La órbita rusa es grande y la fuerza y confianza en sus posibilidades en la política internacional van creciendo por momentos. No será fácil lidiar con una Rusia capaz de decir “No” a pesar de los créditos del FMI. Máxime cuando desde la UE se mira para otro lado cuando Moscú elimina al sector crítico de su sociedad, aunque éste se esconda en la capital del Imperio Británico.

No llegaremos a ver a una Rusia imperturbable ante los acontecimientos que puedan suceder más allá de sus fronteras como en la época de la URSS, hoy su política es más adaptable a los acontecimientos, pelando las batallas que cree capaz de ganar, pero lo que está claro es que el mensaje de Putin es que han regresado o que, en realidad, “nunca nos hemos ido”.