AVISO

lunes, abril 16, 2012

Decidir sobre Somalia sin los somalíes


Este texto formó parte de mi colaboración boletín del mes de marzo de 2012 del CEA.

En la misma mansión del West End de Londres donde la entonces Rhodesia, actual Zimbabue, negoció en 1979 su independencia del Reino Unido, el actual Primer Ministro David Cameron lideró la Conferencia de Londres sobre Somalia el pasado día 23 de febrero. La reunión pretendía ser un punto de inflexión en la gestión del conflicto somalí ahora que cuestiones como la piratería y la hambruna han vuelto a situar a Somalia en la agenda mediática internacional. Sin embargo cualquiera que vea el comunicado final y lea las crónicas de quienes asistieron se sentirá profundamente decepcionado con los resultados, a pesar de las sonrisas y las posturas de éxito que todos los mensajes oficiales transmitieron.

La Conferencia tuvo su prólogo con la decisión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 22 de febrero de pasar de 12.000 a 17.731 los efectivos militares de la misión militar para Somalia, AMISOM, y el bloqueo al comercio del carbón somalí, a través del cual se financia parte de Al-Shabaab. Esta decisión no hizo más que reforzar las temáticas sobre las que estaba planificado el encuentro: (i) seguridad y terrorismo; (ii) el futuro del Gobierno Federal de Transición; (iii) la AMISOM; y (iv) la piratería en el Índico.

La Comunidad Internacional, a pesar de la situación humanitaria que atraviesa Somalia, está volcada en resolver sus propios dilemas de seguridad en la región. El camino a seguir lo marcó la Secretaria de Estado de la Administración Obama, Hillary Clinton, al afirmar antes de la conferencia que Estados Unidos no negociaría con Al-Shabaab. Precisamente la relación de Al-Shabaab y Estados Unidos es la que ha conseguido cambiar el mapa político de Somalia en los últimos años.

Con la decisión de los servicios de inteligencia de la Administración Bush, en 2006, de convertir a los señores de la guerra en agentes antiterroristas en Somalia, se quebró el frágil pacto en los Tribunales Islámicos. Este nuevo orden, auspiciado por el fracaso norteamericano en su segunda intervención directa en el país, tuvo como consecuencia la inclusión de Al-Shabaab en la lista de organizaciones terroristas internacionales de Washington y la consiguiente retirada de fondos de ayuda –actualmente éstos son una octava parte de los de 2008. Además, la prohibición de realizar negocios con entidades somalíes ha llevado casi al cierre en diciembre de 2011 del actual sistema de envío de remesas, la hawala, poniendo en peligro los casi 100 millones de dólares que los somalíes de la diáspora envían a sus familiares cada año.

Tras el fracaso norteamericano de las intervenciones a través de los señores de la guerra somalíes, la nueva estrategia de Washington consistió en la extroversión militar del conflicto, implicando a Etiopía y Kenia. La inclusión de estos dos actores regionales ha hecho más fuerte a Al-Shabaab. Su discurso se ha dotado de una legitimidad de defensa del territorio frente a las potencias enemigas y ya se habla de una alianza con diferentes centros de Al-Qaeda. Aún a pesar de que su fuerza militar es débil, Al-Shabaab está preparando una ofensiva y aumentando sus bases de militancia entre los jóvenes somalíes.

Sin embargo el foco de la Conferencia no giró en torno a las causas globales de la situación actual en Somalia. Exclusivamente se centró en actores locales. Respecto al Gobierno Federal de Transición, cuyo mandato está actualmente prorrogado por un año, se determinó que ha fracasado en la consecución de todos sus objetivos, incluido el de aumentar su representatividad entre los diferentes clanes. Se decidió por tanto que en agosto de este año finalizará su mandato, tal y como estaba previsto, y se dará paso entonces a la celebración de una Asamblea Nacional con pretendida representatividad territorial. Todas las decisiones a este respecto fueron aplazadas para la reunión de Estambul, en junio de este año.

La preocupación del premier británico David Cameron pasaba por negociar soluciones a los problemas de la piratería en el Índico. Para el Reino Unido, contar con libertad de paso por esta zona es de máxima prioridad. Sin embargo las soluciones planteadas pasaron por un incremento de los fondos destinados a la lucha contra la piratería de manera local. Especialmente a través de Putland, dejando de lado el hecho de que varios centros de poder de este negocio se sitúan fuera de territorio somalí –se habla de Nairobi, Suez y hasta de la propia Londres. 

Las conclusiones de la Conferencia no podrían haber sido más decepcionantes. De hecho, unos días antes de la celebración se filtró un borrador de comunicado tan vacío de contenido que se esperaba hubiera sido cambiado tras la celebración de la misma. Finalmente el comunicado filtrado y el final fueron casi idénticos, constatando el fracaso de la Comunidad Internacional y de los agentes somalíes implicados en este proceso.

Resulta significativo que la Conferencia apenas tratara de cuestiones humanitarias, pero que dijera haber escuchado la voz de los somalíes. Más aún cuando seis meses después de la declaración de Somalia como estado de hambruna por Naciones Unidas se calcula en 325.000 niños y niñas los que sufren desnutrición aguda. Según datos de Oxfam 2,3 millones de personas necesitan acceso a ayuda humanitaria, encontrándose el 31% en situación crítica. Y sin embargo los países donantes continúan anclados en utilizar la ayuda humanitaria como una herramienta de seguridad más a su alcance. Obviando criterios humanitarios, presionan a las organizaciones humanitarias para que se garantice el acceso de las poblaciones “liberadas” de Al-Shabaab. Es decir, se quiere utilizar la ayuda humanitaria como un dividendo de la paz para que la población se enfrente a dicha organización, en lugar de atajar el desvío que el Gobierno Federal de Transición ha hecho de la misma –calculado en torno al 11% del total.

La Conferencia, por mucho que se vanaglorie de ello en su comunicado final, no ha escuchado las voces de los somalíes que sufren el conflicto. La fuerte y movilizada sociedad civil somalí no ha tenido acceso ni representación en esta reunión y sus soluciones a la violencia no están siendo escuchadas en ningún foro de importancia. La Comunidad Internacional, en connivencia con los autores de la violencia local, está promocionando la extensión de una receta para la paz que básicamente obliga a la creación de una estructura estatal sostenida por los represores de antaño y los de hoy día. Una receta que además prevé la implicación de actores privados internacionales en la reconstrucción de la nueva Somalia, siempre con cargo a la deuda estatal del país y, por tanto, siempre perpetuando las asimetrías de poder y las injusticias que perpetúan la situación de conflicto. 

Mientras el enfoque de este tipo de acuerdos para la paz continúe siendo el de perpetuar los modelos de paz liberal, centrados en promocionar los actores de la violencia local sin incidir en las redes globales implicadas en el conflicto, la situación no revertirá y la construcción de unas verdaderas bases para la paz en Somalia estarán cada día más lejos.



Enlaces de interés:



| González Aimé, E. (Coord.) (2011) Dinámicas políticas en torno al Cuerno de África. Revista Académica de Relaciones Internacionales. 

| Ruiz-Giménez, Itziar (2012). Más allá de la barbarie y la codicia. Ediciones Bellaterra. Barcelona.

| Challaghy, T. Kassimir, R. & Lantham, R. (Eds.) (2001) Intervention and Transnationalism in Africa: Global-Local Networks of Power. Cambridge University Press. Cambridge.

| Harper, Mary (2012). Getting Somalia Wrong. Zed Books. London.

jueves, marzo 29, 2012

4ª edición de los Premios de Ensayo Casa África



Un año más se lanza la convocatoria de Premios de Ensayo Casa África. Estos premios, poco a poco, se están convirtiendo en un pequeño referente del africanismo español, promocionando la investigación que ya se hace desde aquí sobre el continente. La oportunidad de visibilizar trabajos como el de Aloia Álvarez Feans u Óscar Mateos es impagable, sobre todo para unos estudios africanistas que quedan bastante fuera de las líneas de investigación de los grandes think tank españoles.

En esta edición, los Premios de Ensayo Casa África se dirigen hacia las y los periodistas. Como si nos hubieran escuchado cuando hablábamos esta misma semana de la relación de la prensa y África Subsahariana. Centrarán su atención todos aquellos trabajos presentados sobre Periodismo, Comunicación y Nuevas Tecnologías. O, como prefieren traducirlo en Casa África, aquellos trabajos que se centren en la comunicación sobre y desde África, ya sea desde el punto de vista tecnológico, como desde el periodismo clásico o de la comunicación desde las redes sociales.

El reto ya está planteado, y las condiciones son una extensión de entre 15.000 y 20.000 palabras en Arial 12 –que vienen siendo un poco más de 50 páginas. El premio, unos nada despreciables 4.000€ y la publicación del texto en la valiosa colección de Casa África en la editorial Los Libros de la Catarata. 

Quizás podría ser una buena oportunidad para aquellos ponentes del Congreso Ibérico de Estudios Africanos de Madrid que presentarán su ponencia en el grupo Media, Human Rights and the (De)construction of Public Opinion. O una buena oportunidad también para que alguien realice un estudio sobre blogs africanistas españoles, en cuyo caso mejor avisen para que salgamos guapos en la foto.

Qué: 4ª Edición de Premios de Ensayo Casa África.

Cuándo: del 26 de marzo al 13 de julio de 2012.


Más información: Casa África.

miércoles, marzo 28, 2012

El asfixiante verano maliense



Foto de Alfred Weidinger
Pasa muy por encima de las hojas de los periódicos. Las redacciones de telediarios ni siquiera desean oír hablar de ellos. Los politólogos o expertos en la zona, junto con las ONGD, ponen el grito en el cielo. Pero da igual. Sea como sea, hacerse con los motivos de un Golpe de Estado es complicado. Son muchas las razones y, sobretodo, son muchos –tantos- los Golpe de Estado en África Subsahariana que se puede tender a analizar la repetición y obviar los efectos graves del Golpe de ahora. Podemos, incluso, asumir entre líneas que los Golpes de Estado son inevitables en la zona.

Y es cierto que la manera en cómo se ejerce el poder en África Subsahariana tiene, como en todos los lugares del planeta, una raíz histórica. Se reproducen los momentos autoritarios porque hubo momentos autoritarios en el pasado reciente. Y decir esto no es hablar de determinismo histórico, es comprender la política como un proceso que está vivo, pero que viene de un pasado determinado.

En Malí, sin embargo, parecía que no existía este pasado de romper con la democracia. Sin embargo la semana pasada comenzó un Golpe de Estado que aún está por acabar. En enero de 2012 tropas tuareg del Movimiento Nacional de Liberación Alzawad (MNLA) comenzaron una ofensiva al norte del país. La oportunidad de dicho despliegue la propició la llegada de arsenales y combatientes procedente de la Libia de Gadafi. El difunto líder libio se servía de combatientes nómadas frente a los rebeldes apoyados por la OTAN –bajo bandera de Naciones Unidas. Una vez finalizada la defensa de Gadafi, los líderes del MNLA pusieron sus ojos en la posibilidad de oponerse al ejército de Malí. Junto a ellos, otros actores que ya estaban en armas por la zona. Al-Qaeda del Magreb Islámico, la organización famosa por el secuestro de blancos –esos intocables- en la región, a los que se les añadió otra facción controlada sorprendentemente por el hombre fuerte del gobierno de Bamako en la negociación de los rescates, que se ha hecho con el control de una parte del ejército.

Frente a ellos, Amadou Toumani Touré, presidente maliense con fama de amable y bonachón. Su posición fue firme, a la vez que responsable. Ningún maliense tomará las armas contra otro maliense. Mientras que el ejército le exigía armas para combatir la rebelión tuareg, Toumani recurría a las organizaciones internacionales, la CEDEAO y la UA, para intentar negociar con los rebeldes. También intentó recurrir a la potencia colonial, Francia, que ve cómo se le caen diversos naipes africanos justo en mitad del proceso electoral. Pero las negociaciones no terminan de fructificar y mientras la rebelión tuareg, armada hasta los dientes, asedia y masacra a las tropas del mal armado ejército de Malí.

En este panorama una manifestación de soldados rasos por las calles de Bamako termina ocupando la televisión pública, derivando pocas horas después en el actual Golpe de Estado. Un Golpe sin organización, realizado por soldados sin formación que una vez que están en la silla presidencial no están teniendo la capacidad de organizar la resistencia a la rebelión. A pesar de las llamadas a altos oficiales del ejército por parte de los golpistas para que se les unan, lo cierto es que está habiendo una negativa entre gran parte de éstos. Como consecuencia el país se encuentra sin Administración central, con una rebelión de varias fuerzas en el norte del país y un enemigo más mortífero que está asomando, pero que está por venir.

Desde hace un par de meses se viene advirtiendo de que el Sahel sufrirá una hambruna durante este año similar a la del año pasado de Somalia. Las alarmas venían acompañadas de un llamamiento a la acción rápida de los países donantes y una coordinación con el gobierno de Bamako. Ahora que Malí está pendiente de los acontecimientos del Golpe militar, el país se puede encontrar con la falta de ayuda internacional para luchar contra la hambruna que viene.

La responsabilidad de los propios malienses sobre el Golpe de Estado, en especial en la figura de un presidente en parte confundido entre la ética de las responsabilidades –procurar armas suficientes para no masacrar a los soldados rasos mientras se intenta negociar- y la ética de las convicciones –evitar una Guerra Civil- no debe ocultarnos las responsabilidades de unos líderes europeos que ni siquiera han mencionado el Golpe de Estado. Ya correrán a hacerse la foto cuando haya que ofrecer ayuda alimentaria de emergencia. Europa y EEUU intervinieron en Libia para garantizar la defensa de sus intereses y bajo el paraguas humanitario del Consejo de Seguridad. La regionalización del conflicto de Libia se ha producido y las tropas de la OTAN que intervinieron sobrevolando Libia y permitiendo el flujo de armas hacia los rebeldes son directamente responsables de que hoy en Malí se viva el verano más asfixiante tras la primavera más caliente.

lunes, marzo 26, 2012

Malas noticias de África, de Antoni Castel



La prensa. La maldita prensa. Todo el mundo tiene una prensa de referencia, sobre la cual es complicado poder ejercer la crítica. Es la nuestra, la de ningún otro. Son las prensas de los demás las que mienten. Las fuentes de información propias, aquellas en las que se basan nuestros argumentos, no son cuestionables. No se nos vaya a derrumbar el castillo de naipes.

Pero la prensa no está alejada del contexto. De hecho, por definición de la profesión, la prensa es el contexto. Contribuye a dar forma de la realidad y nos permite dirigir nuestra atención hacia una realidad u otra.

Y el periodista. El periodista es ese profesional que continuamente está salvando la democracia a favor del grupo empresarial para el que trabaja. Jamás se encontrará a un periodista que no se diga a sí mismo neutral, objetivo, imparcial. Todos, paradójica y casualmente, admiran a Kapuscinski y sus reportajes comprometidos. Todos se llenan la boca citando artículos de Vázquez Montalbán. Todos, casualmente, buscan sus referentes en compañeros de profesión que eligieron un bando, que fueron subjetivos y completamente parciales, pero ellos piensan su trabajo como agentes asépticos que cuentan genuinamente la verdad. 

Las palabras moldean nuestra realidad y terminan por establecer fronteras entre nosotros mismos. El libro de Antoni Castel Malas noticias de África lo demuestra bien claro. El cuerpo central de esta obra versa sobre un estudio, mediante la técnica del Análisis Crítico del Discurso, de los principales diarios españoles –El País, El Mundo, ABC y La Vanguardia- durante la década de los 90. El foco de atención lo dirige hacia las noticias de estos diarios sobre tres conflictos que tuvieron una fuerte repercusión mediática: Somalia, Ruanda y República Democrática del Congo.

El periodo estudiado de Somalia son aquellos días tras la caída de Barre que produjeron la intervención liderada por Bush padre y retirada por Bill Clinton tras el suceso del derribo del helicóptero estadounidense. El estudio de Castel se centra, al respecto de Ruanda, en los días de la ejecución del genocidio y los tempo posteriores. Por último, en lo que hace referencia a República Democrática del Congo, Castel se centra en la caída de Mobutu, la desaparición de Zaire y el surgimiento de una siguiente guerra contra su sustituto, Kabila padre.

Todos estos momentos periodísticos e históricos tienen en común el haber causado profundas crisis internacionales. La implicación de agentes del exterior, en forma de misión militar de Naciones Unidas o intervención directa de países ex – metrópolis, hizo que la agenda mediática internacional se girara hacia dichos conflictos, omitiendo otros que, como Sudán o Angola, también tendrían que haber compartido protagonismo.

En todos esos conflictos la posición de la prensa española contribuyó, según el estudio de Castel, a la corriente de pensamiento único respecto a África y respecto a los procesos de reconstrucción posbélica. El análisis de Castel nos muestra cómo la prensa, muchas veces por error o incapacidad, pero otras deliberadamente, asimila los lugares comunes llenos de prejuicios contra África y los africanos y africanas y aniquila cualquier atisbo de solidaridad entre sociedades. Ninguno de los diarios de esta época estudiados por Castel otorga voz a las sociedades civiles africanas. Al contrario, su foco central de atención consiste en aquellos mensajes oficiales o extraoficiales que las partes del conflicto –las locales o las internacionales- difunden. Su incapacidad crítica frente a lo que están viendo, así como su incapacidad para la autocrítica, les anima a exaltar las contadas muertes o angustias de blancos, identificándoles con nombre, apellidos e historia vital, y a minimizar, como algo inevitable, los asesinatos masivos de africanos y africanas. Una frase, la cual se atribuye a Stalin, dice que una muerte es una tragedia, pero que un millón de muertes no es más que una estadística. El estudio de Castel demuestra cómo la prensa española de la época toma al pie de la letra esta consigna. Y cualquier persona que sigua la actualidad informativa podrá ver que aún continúa siendo así.

Observar cómo en el mundo de la información actual, cuando los periodistas tienen tantos recursos a su alcance para formarse y tener capacidad crítica ante los hechos que están narrando, aún predominan las noticias y los artículos que muy bien se hubieran podido firmar a finales del XIX indica hasta qué punto ha crecido nuestro conocimiento, como sociedad, de África Subsahariana. Libros o estudios como el de Castel hacen aún más necesarios cursos y guías de formación para corresponsales en el extranjero y enviados especiales. Hacen aún más necesario que los periodistas enviados a conflictos lleven bajo un brazo una bibliografía básica que les permita entender qué está sucediendo allá a donde van, y bajo el otro, un sentido crítico para consigo y con su profesión para el cual no existe ninguna titulación académica oficial, tan sólo la voluntad de sentirse comprometido y la voluntad de transformar la sociedad a través del ejercicio de su profesión. Algo común a todos los puestos de trabajo.

lunes, marzo 19, 2012

Sunyata o la epopeya mandinga, de Djibril Tamsir Niane


La originalidad de la historia europea consiste en que tiene todo absolutamente documentado. Tal cantidad de acontecimientos y tal cantidad de documentación que los refuerzan generan un debate ajeno y desviado de lo fundamental que se centra en el cuestionamiento de las fuentes. Lo mismo ocurre en la esfera global, que en realidad es la esfera europea extendida. La historia pasa así a ser una cosa sobre la cual discutir, y no una doctrina que permita extraer y analizar acontecimientos humanos.

En esta lucha cosificada y documentada, la historia de los pueblos de África lleva las de perder. Por indocumentada, la historia de África Subsahariana es reducida al nivel de leyenda y, por tanto, se le otorga un valor puramente simbólico en las realidades. Y a raíz de su documentación, es decir a raíz de la llegada del historiógrafo europeo, los libros se llenan de relatos de victoria, difusión de la civilización y, por fin, protagonismo del hombre negro de su propio presente. La historia de África comienza, por tanto, con la llegada del escriba europeo. Es a partir de ese momento en el que el académico se atreve a discutir tal o cual acontecimiento, a interpretar el presente respecto de sus raíces históricas. Antes de ese momento, es labor del antropólogo –una ciencia social considerada menor. 

Contra todo esto muchos historiadores africanos se rebelaron a mitad del siglo pasado. En esta nueva hornada de estudiosos africanos, formados en unas universidades occidentales que miraban levantando una ceja a la historia oral del África Subsahariana, se encontraba Djibril Tamsir Niane. Su proyecto consistió en escribir la historia del país Malinké a través de los relatos orales de un griot. Los griots eran relatores oficiales de la historia de un reino. Gracias a ellos, actuando como consejeros, los reyes podían conocer las tradiciones de su reino, la historia de las batallas que lo hicieron crecer o menguar y las leyes sobre las que reposaba su legitimidad y su poder. Eran ellos quienes creaban relatos de los cambios acometidos por su rey y quienes traspasaban su saber a los nuevos griots. Los griots, guardianes de la palabra y ninguneados por la historiografía, reproducen las historias tal y como les fueron narradas con la obligación de resultar interesantes para aquél que la está escuchando. Pero también con la obligación de callar todo aquello que no puede ser oído por gente profana.

Es así como Niane nos transmite la historia de Sogolon Yata, el más grande emperador del país del Manding, ubicado en lo que hoy sería Malí. Niane nos transcribe el relato de un griot del pueblo de Yeliba Koro. El antropólogo Jordi Tomàs, en el prólogo del libro editado por Casa África, afirma que de haber estado situado este reino en tierras americanas, Hollywood hubiera llenado metros de metraje con sus historias. Pero en lugar de allí el Manding se extendió por África Occidental, con referentes de grandes emperadores extranjeros, como Alejandro Magno. 

La historia de Sogolon Yata, o Sunyata, es la de aquel emperador de dos nombres que pacificó el Manding y propició un reino de riqueza a su paso. Es la historia de enfrentamientos entre diversos reyes y la unificación de varios en torno a la figura de un desheredado y exiliado príncipe que decide recuperar su reino. 

El relato está plagado de pequeños detalles novelescos que enganchan al lector. La historia no volverá a ser aburrida. Como esos pequeños en la escuela que cantan la tabla de multiplicar, que se piensan que están cantando cuando en realidad están aprendiendo, el libro de Niani permite sumergirse en la realidad de ese tiempo y adquirir conciencia de que mientras en Europa estábamos descubriendo el mundo, el mundo giraba por su cuenta sin necesidad del engranaje blanco. 

El libro se puede leer como una novela y lleva al lector hacia aquellos días en los que la historia era aquello que podía contar un abuelo o un padre a sus hijos. Una Historia, con mayúsculas, emocional y vertiginosa, y en absoluto imparcial.

Es curioso comparar este libro con otro de Kapuscinsky, El emperador. Ambos se dedican a transcribir la historia narrada sin apenas intervención del escritor, que se sitúa fuera de plano. Sin embargo, mientras que el libro de Kapuscinsky, y toda su obra, se exalta como ejemplo de la narración social, del reporterismo comprometido y rebelde, libros de historia africana como el de Niani no pasan de pequeños círculos de difusión y son ninguneados por el ámbito académico al que pertenecen. Es este, por tanto, un buen libro para recuperar.

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Djibril Tamsir Niani, historiador del África Negra nacido en Conakry, participó en la monumental obra Historia General de África editada por la UNESCO. Es el autor de Sunyata, o la epopeya mandinga editada por Edicions Bellaterra y Casa África

viernes, marzo 16, 2012

Debatiendo con Adams Bodomo sobre la IED en África

Foto: Warrensky
Existen muchos motivos por los que alguien se abre un blog. Hay quien abre un blog para promocionarse a sí mismo. Hay quien lo abre para desahogarse de la realidad. Otros lo abren pensando en alguna persona determinada. Y hay quienes lo abren simplemente para compartir y discutir. Es esta última la voluntad que siempre ha tenido este blog sobre relaciones internacionales y África Subsahariana. No siempre son suficientes 140 caracteres. 

Pero cuando uno escribe una reseña sobre un libro –en especial cuando escribe una reseña bastante crítica-  tampoco espera que el autor vaya a buscarle, llamar a su puerta y discutirle su crítica. Más aún si el autor vive en la otra parte del mundo, pongamos en Hong Kong por ejemplo. Pero a veces pasa, y en esta ocasión el Sr. Adams Bodomo, autor del libro “La globalización de las inversiones en África”, de la colección de Casa África, no sólo quiso contestarme los argumentos con los que criticaba su obra, sino que además tuvo la gentileza de permitirme hacer dicha conversación pública. Es por eso que en la entrada de hoy, rompiendo cualquier vano intento de mis herederos por publicar mi correspondencia inédita, se publican la réplica de Adams Bodomo a mi reseña (que puedes leer “aquí”), mi contrarréplica y su última contestación. Les invito a participar en el debate.

Y para que sea más legible, lo he colgado todo en un PDF que se pueden descargar en el siguiente enlace: 

viernes, febrero 24, 2012

Conflicto y gobernabilidad en África Subshariana

El pasado miércoles 15 de mayo di una charla sobre Conflicto y gobernabilidad en África Subsahariana en el Centro Cultural Teresa Pàmies - Centro Cívico Urgell de Barcelona, dentro del ciclo sobre Política y economía africanas. La experiencia, a mi juicio, fue enriquecedora. 

Hay una frase atribuida a Albert Einstein que dice así: Uno no ha entendido bien las cosas hasta que no es capaz de explicárselo a su abuela. Y algo de esto tuvo la charla, pues me tocó salir de los clásico círculos africanistas o de cooperación en los que debates estas cosas y explicar la situación de los conflictos en África a un público no experimentado que, casi por definición, es el que más a mano tiene la cuchilla para acabar con tus argumentos. Me lo pasé muy bien, en definitiva, delante de un grupo de unas 50 personas de muy diferentes edades y conocimientos sobre el continente. 

Y parece que la charla resultó interesante para aquellos que se pasaron por allí. Eso me transmitieron las personas que se acercaron al acabar y eso es lo que he leído en las dos crónicas que me han enviado sobre la charla. 

- África: conflicto y gobernabilidad. Escrita por los compañeros de la campaña Derecho a la salud en África, de Farmacéuticos Mundi y Médicos Mundi. (también versión en catalán).

- Llegaron los "dueños" de la paz, escrita por Carlos Bajo, compañero del CEA y responsable del blog Aprender sobre África.

Dejo aquí colgados sendos enlaces con la presentación que hice, tanto en catalán como en castellano, por si pudieran ser de utilidad.



También os dejo algo de bibliografía sobre lo que conté en la charla. Espero que os sea de utilidad.

África en el sistema internacionalFrancisco Javier Peñas Esteban (ed.).



Más allá de la barbarie y la codiciaItziar Ruiz-Giménez (ed.)

Y, por último, os dejo dos enlaces a dos documentos que mencioné durante la charla.

Aid, Growth and Peace: A Comparative Analysis, de Astri Surhke & Julia Buckmaster en el que hablan del desarrollo humano y los procesos de reconstrucción postbélica.

Root Causes of African Underdevelopment, de Sambit Bhattacharyya et. al. en el que comparan la incidencia de la malaria o la esclavitud en el subdesarrollo de África.

miércoles, febrero 22, 2012

La ternera que provocará la Tercera Guerra Mundial


Fotografía F.Díaz

La cultura judía es el gran desconocido de las tres religiones surgidas de Oriente Medio. Al menos en mi caso. El hecho de que en nuestro país sea una minoría poco visibilizada, unido a la mediatización del holocausto judío, ha provocado un oscurantismo o reduccionismo hacia los ritos y tradiciones judías. En prensa escrita o televisión solemos visualizar el inicio del Ramadán, de la Semana Santa o de la visita a la Meca. Y sin embargo pocas veces se realizan noticias sobre la llegada del Yom Kippur o el Hanukka.

Este desconocimiento general sobre las tradiciones y creencias judías acaba afectando a nuestra interpretación de la colonización de Palestina por parte de Israel. Igual que sabemos qué tipo de condicionantes religiosos influyen en la política palestina, encabezada por Hamas y su ideología islamista, podríamos considerar a los ultraortodoxos judíos como secuestradores de una parte de la política del Estado de Israel. Y podríamos interpretar este secuestro si socialmente conociéramos un poco mejor las peculiaridades de su tradición y sus creencias. Al no conocerlo podemos caer en el error de interpretar que la política interna de Israel es semejante a la de muchos países europeos y propia de los Estados laicos, donde la influencia de los estamentos religiosos es nula.

Un poco por casualidad y otro poco por voluntad propia, en los últimos meses me he encontrado con novelas que hablan de la tradición judía más ortodoxa. En el libro chiste de Shalom Auslander Lamentaciones de un prepucio están relatadas, por ejemplo, las diferentes bendiciones sobre los alimentos que se han de realizar antes de comer. Éstas siguen un riguroso orden jerárquico establecido una vez que se ha puesto la mesa. También se hace referencia a otros ámbitos de la cultura judía ortodoxa que conforman su cultura política. Y en otra novela, en este caso novela gráfica, se encuentran las diferencias y matices de creencias entre las diferentes sectas del judaísmo ortodoxo –por ejemplo, quiénes esperan la llegada del mesías de forma pasiva, quiénes lo hacen de forma activa o quiénes consideran que Jesucristo era el mesías que estaban esperando. Elementos todos ellos muy significativos de los acontecimientos políticos que sacuden el día a día mediático del conflicto israelo-palestino.

En esta novela gráfica, titulada Crónicas de Jerusalén, Guy Delisle retrata un año de su vida en la ciudad. Un año en el que, curioseando por entre las calles de la ciudad santa, se encuentra con gente muy diversa que le lleva a conocer experiencias muy diferentes. Una de las experiencias que relata es la de la ternera que provocará la Tercera Guerra Mundial.

Jerusalén es el talón de Aquiles de cualquier acuerdo de paz entre palestinos e israelíes. Esta ciudad ha sido conquistada y reconquistada varias veces a lo largo de la historia para las religiones cristiana, judía y musulmana. Es la ciudad triplemente santa, allá donde esas tres religiones sitúan pasajes fundamentales para su creencia y, por tanto, aquella a la que todos quieren controlar. 

Un punto fundamental de disputa entre judíos y musulmanes es la explanada de las mezquitas. En este terreno se considera que se construyó el templo del Rey Salomón. Ese templo fue destruido por Nabuconodosor, pero 70 años después se reconstruye. Los romanos lo vuelven a destruir y siglos después se construye la actual mezquita, que durante un siglo también fue utilizada como iglesia. Está construcción abarca hoy día todas las vistas de Jerusalén. Del último templo sólo queda en pié el denominado muro de las lamentaciones, un muro que en la actualidad está fuertemente vigilado y cuya visita, por cierto, tiene un carácter especial que recomiendo a todo el mundo.

La explanada de las mezquitas está abierta a todos los visitantes durante sólo unas horas al día. El resto del tiempo es de uso exclusivo para la población musulmana. Sin embargo  el Gran Rabinato de de Israel prohibió a todos los judíos visitar la explanada. Y lo hicieron porque consideraron que al visitarla podrían pisar algún resto del Sancta Santórum, o arca de la alianza, que estaba guardada en el primer templo. Pisar el Sancta Santórum se consideraría pisar a dios, lo cual es una ofensa de difícil reparación. Por eso el único judío autorizado a entrar es el Sumo Sacerdote, aunque huelga decir que no todas las poblaciones judías hacen caso de esta prohibición religiosa y se puede observar a judíos en la explanada con relativa facilidad.

Pero la pregunta que le viene a la mente a cualquiera que conozca la capacidad motora del fundamentalismo religioso judío será ¿por qué no entran las fuerzas israelíes y construyen el templo sobre la mezquita que ahora se alza?

La solución también la da Delisle en su novela. La biblia ya anuncia la posibilidad de reconstruir el templo, pero previo paso por un ritual para el que se necesita agua purificada y las cenizas de una novilla roja. Una ternera de color rojo. Y no una ternera de color rojo cualquiera, sino una ternera roja que habrá de ser considerada kosher, o apta para los judíos, lo que en la práctica se traduce en que no deberá tener ningún mechón blanco durante los 3 primeros años de su vida, incluidas las pezuñas. 

Las novillas rojas, al parecer, no abundan -Delisle cuenta 9 desde los tiempos de Abraham. Pero en el siglo de la ingeniería genética, casi todo es posible. Hace unos años, ganaderos estadounidenses consiguieron cruzar varias terneras hasta dar con una completamente roja. Sin embargo a la ternera le salió un mechón blanco antes de cumplir la edad estipulada, con lo que no se consideró una señal. El día que se anuncie la llegada de una ternera roja kosher los ultraortodoxos judíos, como cualquier otro judío, podrán entrar en la explanada y cumplir con su intención de construir su nuevo templo y así esperar la llegada del mesías… justo en el mismo lugar donde ahora se levanta la cúpula de la roca desde donde la religión islámica cree que el profeta se elevó a los cielos.

Que los judíos ultraortodoxos tengan o no tengan capacidad para destruir la mezquita dependerá de muchos factores. Entre ellos el económico. Delisle también cuenta en sus aventuras las relaciones entre los colonos judíos en tierra Palestina y grupos de extrema derecha cristiana norteamericana, quienes creen firmemente que Jesucristo no regresará hasta que todos los judíos del mundo estén en tierra santa. El hipotético apoyo a la construcción del templo por parte de una administración norteamericana que pudiera estar influenciada por los grupos de presión pro-israelí y grupos ultras cristianos no es descabellado. Todos hemos sido testigos del secuestro por fundamentalistas cristianos de la vida política norteamericana durante los ocho años de la Administración Bush. Y actualmente el Partido Republicano está fuertemente atado a las tesis del Tea Party –extrema derecha política y religiosa. El apoyo exterior, según las circunstancias, podría existir.

En cuanto al apoyo interno, los ultraortodoxos son una comunidad con una presencia política propia en el Parlamento que incluso ha llegado a formar coalición de apoyo al Gobierno. Además, en un país con tanta raigambre religiosa las actuaciones de los grupos ultraortodoxos son condenadas públicamente y aprobadas en lo privado. Responden o coinciden con objetivos políticos de grupos laicos del Estado. 

La provocación, que evidentemente significaría la destrucción de la cúpula de la roca, tercer lugar sagrado del islam, rompería definitivamente el statu quo de la región. Con un Líbano eternamente inestable, los aprendizajes revolucionarios de las sociedades árabes tras las revueltas de 2011 o un Irán cada día más fuerte militarmente, el conflicto militar a gran escala estaría servido. Sin olvidar los rumores de ataque israelí a Irán para la primavera de este año.

Está claro que este texto es un ejercicio de política ficción, en tanto en cuanto no podemos prever qué pasará el día que nazca la ternera roja. Ni si quiera se podría llamar un análisis en prospectiva, pues los escenarios variarán de década en década hasta que nazca el ternero. Sin embargo existe un poso de posibilidad real en todos estos hechos que añade dramatismo a la situación política internacional. El que una posible contienda militar futura, que podría llevar el epíteto de mundial por cuantos países se vieran arrastrados a participar en ella, casi con garantía de empleo de armas nucleares, se desencadenara por un hecho tan nimio y ridículo como el azar biológico que supone el nacimiento de una ternera roja no deja de ser un indicador alarmante de cómo la religión domina gran parte de las relaciones internacionales. Dominio que parece evidente incluso aunque no se comparta la idea de Huntington sobre un enfrentamiento entre bloques civilizatorios-religiosos. 

Lo religioso actúa así como ideológico, llevando al ámbito de la política a tomar decisiones donde los intereses de las partes no son comparables ni reconciliables. Constituyendo la práctica de la política como un campo de batalla en donde sólo uno de los dos bandos puede permanecer sobre el otro y ninguna negociación es posible. Dios no se lo permite.

lunes, febrero 06, 2012

La globalización de las inversiones en África, de Adams Bodomo

Uno de los grandes temas del desarrollo consiste en definir hasta qué punto deben o no protagonizarlo entidades privadas, es decir empresas. Desde el ámbito de las ONGD, las instituciones con ánimo de lucro no son bien vistas. Y no lo son porque se les presume una voracidad financiera y una necesidad de beneficios a corto plazo incompatibles con los procesos enraizados de desarrollo. Dicha presunción está basada, huelga decirlo, en años y años de experiencias en el terreno.

Los promotores de las inversiones privadas en el extranjero han gozado de grandes facilidades históricas. Al menos si nos referimos a los flujos de inversión Norte-Sur. Los primeros procesos de desarrollo, entendidos como los entendemos ahora, fueron iniciados a raíz de las experiencias descolonizadoras de los 50 y 60. En esa época fue el libre comercio y la necesidad de invertir en los nuevos Estados-Nación lo que pensaba que libraría al mundo de su pobreza. En concreto, los estados africanos, recién llegados al panorama internacional independiente, contaban con ambiciosos planes de desarrollo entendido como construcción de grandes infraestructuras que, generalmente, estaban liderados por los grandes gurúes del nacionalismo y del panafricanismo. Sin embargo esta política de la libre circulación y de la promoción de la especialización de los países en el marco de la economía internacional fue un sonoro fracaso que, a pesar de él, siguió constituyendo el dogma de fe de instituciones como el FMI y el Banco Mundial.

Con el tiempo el concepto de desarrollo fue girando desde aquel que entendía que había que construir carreteras a aquel otro que se centraba en el crecimiento de la economía nacional. Por entonces volvieron a empezar los conflictos entre aquellos que defendían un crecimiento autocentrado -el Plan de Acción de Lagos- y aquellos que volvían a sostener la inversión privada y la especialización nacional. La Inversión Extranjera Directa (IED) se ha consolidado, como se puede ver, como una de las herramientas del centro político internacional para “desarrollar” a los países africanos. E incluso los propios países africanos han terminado por aceptar y potenciar este paradigma de la IED, creando herramientas organizativas como el NEPAD, pensado para potenciar las relaciones económicas Norte-Sur.

El libro de Adams Bodomo se ajusta a esta línea de pensamiento donde la IED no tiene más que ventajas para un país en desarrollo, para un país africano. Eso sí, siempre y cuando dicho país sepa controlar la IED, algo que según él requiere casi exclusivamente de voluntad política.

El libro de Bodomo concibe la IED como una herramienta intrínsecamente positiva para África Subsahariana. Y ahora que, en tiempos de crisis, todos miran hacia África como el lugar donde realizar inversiones, parece que todo el mundo le da la razón. Los flujos de IED aumentan en volumen y, lo que es más significativo, en orígenes. Ahora, más allá de los tradicionales flujos Norte-Sur, también existen otros Sur-Sur e incluso triangulares. Todos quieren participar de este festín que es la IED en África.

Bodomo nos explica también que la IED tiene virtudes tales como la promoción del desarrollo de infraestructuras, la formación de recursos humanos autóctonos y la implantación de nuevas tecnologías en los países en desarrollo. También ve a la IED como estabilizadora de los sistemas democráticos y, ahí es nada, como una gran fuente de desarrollo social a través de los programas de Responsabilidad Social Corporativa.

La sencillez del panorama que dibuja sobre la IED alerta a cualquier lector con un mínimo de espíritu crítico. Bodomo parece haber omitido deliberadamente la historia económica del desarrollo occidental y algo que ya explicó muy bien el profesor Ha-Joon Chang en su conocido Retirar la escalera, y es que los países ricos se hicieron ricos gracias al proteccionismo de sus economías y al desarrollo de su demanda interna, por encima de las posibles inversiones foráneas.

La realidad contrasta con los argumentos de Bodomo al observar que la IED, en cuanto a constructora de infraestructuras desarrolla aquellas inherentemente relacionadas con su actividad económica, y por tanto no siempre las más adecuadas para el desarrollo económico y social de los países. Además, y en esto la experiencia en IED China es paradigmática, la formación de recursos humanos africanos es poco menos que anecdótica por cuanto el personal cualificado -e incluso en muchas ocasiones el menos cualificado- es exportado desde el país de origen de la inversión. Tampoco funciona como transmisora de tecnología y, cuando lo hace, dicha tecnología desarrolla soluciones para problemas del país de origen, que no tienen por qué ser los mismos que los del país receptor de la IED. 

Los aspectos políticos y sociales de la IED, tales como la supuesta estabilización democrática o la responsabilidad social corporativa son también de fácil contraste con la realidad. En un continente como el africano, con múltiples experiencias dictatoriales o poco control de los aparatos estatales por parte de la población en general, no resulta fácil encontrar casos extrapolables de acuerdos entre juntas militares o gobiernos corruptos con grandes grupos empresariales para desarrollar el país. Tampoco la responsabilidad social de una empresa de IED ha de ser generalizada pues son más los casos en los que dicha inversión finiquita los modos de producción y de vida locales en favor del ambiente favorable a sus industrias, con lo que los programas de responsabilidad social terminan siendo un lavado de cara a gusto del consumidor.

Pero más allá de la definición de la IED, Bodomo se dedica a analizar las diferentes inversiones de los actores más importantes en África. Su análisis de los actores europeos es el que más destaca por lo acertado del mismo. Si la IED europea -la más numerosa y extensa en el tiempo- no ha creado desarrollo es sencillamente porque sus características han ido en contra de los intereses africanos. Pero a pesar de que Bodomo señala temas como la condicionalidad europea a la IED en África, lo cierto es que si la inversión europea no ha creado mejores condiciones de vida en el continente sólo ha sido por una cuestión de diferencias estructurales de poder y de capacidades de decisión. 

Su análisis de la IED china en África, el más interesante, peca de excesivo optimismo al tiempo que de ceguera -entendemos que autoinflingida- al no saber ver en el gigante asiático un actor sin escrúpulos ni moral ninguna a la hora de negociar los acuerdos comerciales. China no busca “el interés duradero de ambas partes partes”, como Bodomo define la IED, sino que busca sostener su ritmo de crecimiento aunque sea a través de la promoción de regímenes autoritarios en diversas partes del mundo. Y no es posible criticar y condenar la división del mundo de la Guerra Fría en bloques de intereses, y pensar al tiempo que tras la no condicionalidad de China no se esconde el frío pensamiento de sostener a un hijo de puta, sea cual sea, mientras sea el nuestro.

Con todo, el libro de Bodomo es un ágil y divulgativo ensayo, bien documentado y apoyado en datos de actualidad, que cuanto menos propone una reflexión sobre la estructura actual de la promoción de la IED en África. Si bien Bodomo propone una estructuración de ésta donde cada país africano pueda negociar, bilateralmente, con cada inversor extranjero y así optimizar sus resultados, no se puede dejar de pensar que un simple análisis de poder estructural nos llamará la atención sobre la indefensabilidad de ciertos argumentos africanos para dirigir la IED ante países con la influencia internacional de China o India, por ejemplo. Un paso más allá de Bodomo sería proponer, como él, una ruptura del marco triangular -Europa + China + África- pero encaminado hacia el multilateralismo africano. Es decir, a que en la mesa negociadora se sentaran cada vez un representante del país europeo de turno y otro de un organismo intraafricano capaz de negociar según las necesidades del propio continente, y no según las oportunidades del inversor. 

viernes, febrero 03, 2012

Ciclo de conferencias Política y Economía Africana

Programa del ciclo de conferencias
Durante todo el mes de febrero tendrán lugar en el Centro Cívico Urgell de Barcelona el ciclo de conferencias sobre política y economía africana. Está organizado por el propio centro, perteneciente al Ayuntamiento de Barcelona, e impartido por miembros del Centro de Estudios Africanos (CEA).

Las conferencias versarán sobre descolonización, economía, el Estado-Nación y los conflictos y gobernabilidad en África Subsahariana. La conferencia sobre este último tema, conflictos y gobernabilidad, correrá a mi cargo la tarde del 15 de febrero, en lo que será mi reestreno en la actividad formativa después de una pequeña experiencia en temas de cooperación y derecho humano al agua hace ya unos años.

Por supuesto, os invito a todos a asistir a todas y cada una de las conferencias, e incluso a la proyección de la película La pesadilla de Darwin, que también está incluida en el ciclo.

Qué: Ciclo de conferencias política y economía africana: de la descolonización a la actualidad.
Cuándo: miércoles 8, miércoles 15, miércoles 22, martes 28 y miércoles 29 de febrero de 2012, a las 19:00.
Dónde: Centre Cívic Urgell, c/ Compte Urgell 145, Barcelona [mapa]
Más información: info@ccurgell.cat y 93 453 64 80.