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sábado, octubre 13, 2012

La inexsistencia de la excepcionalidad africana

Como cada tres meses, sale el nuevo boletín del Centro de Estudios Africanos en el cual colaboro con un artículo. Ésta es mi contribución a un boletín de Septiembre que podéis consultar en su nueva versión mediante este enlace.


Foto de austinevan
Llevamos apenas nueve meses de este 2012 y África Subsahariana está teniendo una actividad efervescente en cuanto a la política interior de muchos países. Senegal ha vivido unas elecciones que podrían haber sido traumáticas. Somalia ha padecido dos nuevas conferencias internacionales que no han hecho sino reforzar a los actores de la opresión frente a los actores de base. Pero sobre todos los acontecimientos destacan dos: el Golpe de Estado en Guinea-Bissau y el también Golpe de Estado de Malí y la posterior declaración de independencia de Azawad.

Los discursos hegemónicos, tanto mediáticos y académicos, sobre estos dos golpes tienden a confluir en la lastimosa ruptura de la democracia y de la estabilidad política en estos países, como si estos sucesos, por repetitivos, fueran intrínsecamente africanos y, en cierto modo, inevitables en según qué latitudes. Estos discursos son no ya completamente ahistóricos, sino gravemente eurocéntricos y paternalistas por más sentimiento de solidaridad o indignación que alberguen. Se declara la excepcionalidad africana y la debilidad de sus democracias.

Sobre la existencia de la violencia política en África Subsahariana el profesor Patrick Chabal señala que ésta se ha convertido históricamente en un recurso político y, por tanto, en una herramienta más de las que tienen a su alcance diversos grupos políticos africanos. No es tanto un determinismo histórico, en la medida en que el hecho de que la violencia se haya utilizado en el pasado no implica que se utilice en el futuro. Los ciclos de la violencia política se pueden romper, recuperar, volver a suspender y volver a recuperar. Son los pueblos los que hacen su historia, no la historia la que hace a los pueblos.

Sin embargo este uso político de la violencia no es objeto sólo de los países subsaharianos. No existe una excepcionalidad africana y no hace falta ir muy lejos para comprobarlo. Aquí en España, hasta finales del siglo XX, vivíamos en el continuo ir y venir de golpistas, rebeliones militares y dictaduras Reales y fascistas. Y aún hoy, en estos últimos 34 años, hemos vivido la transformación de la violencia política en un régimen neopatrimonial de mascarada liberal, el cual ha permitido que todo siga igual que durante la dictadura franquista, donde una élite política y económica mantiene sus privilegios, bloquea la participación de la ciudadanía en la agenda política y evita las investigaciones sobre las violaciones de Derechos Humanos en territorio español.

Podríamos seguir afirmando excepciones, y hacer referencia a que España –como los Balcanes- es una excepción dentro de Europa. Pero si nos acercamos a preguntar a los ciudadanos europeos qué opinan de sus regímenes políticos, hoy más que nunca, encontraremos muchas similitudes entre las opiniones sobre los regímenes africanos y los estados modernos de Europa. No creo que hoy nadie pueda negar la debilidad de la democracia europea, la necesidad de las élites de aliarse entre sí para manejar el ámbito político frente al deseo de la ciudadanía.

No veo diferencias esenciales, por tanto, entre la violencia política que se ejerce y se ha ejercido en países como Grecia, Ucrania, Rusia, Estados Unidos, España, Portugal o Irlanda –por citar algunos de los ejemplos más actuales- y la que se ejerce al sur del Sahara. Aunque sí es cierto que hay matices, y que no se pueden comparar escenarios de enfrentamiento militar abierto, como Somalia, con escenarios donde el discurrir de la vida se hace compatible con esta violencia política.

Pero junto a estos matices encontramos muchas similitudes. El neopatrimonialismo campa a sus anchas por una Europa que coloca a los hijos de la crisis económica en los sillones presidenciales. Grecia, Italia o España son ejemplos claros hoy día de la existencia de un neopatrimonialismo europeo. La extroversión es otro punto de similitud. Todos los dirigentes políticos desde el segundo bloque europeo en adelante –el primero lo formarían Reino Unido, Francia y Alemania- buscan su legitimidad en la capacidad de captar recursos del exterior, ya sea en forma de créditos de instituciones internacionales, ya sea mediante la calma de “los mercados”, esos entes.

Y si a Ud. le hablan del Estado africano lo siguiente que harán será nombrarle el sinfín de identidades que sus ciudadanos priorizan por encima de la estatal. Los Estados africanos, lo sabe Ud. bien porque lo dice la Ciencia Política normalizada, se caracterizan por no tener a una ciudadanía que los legitime internamente. Y los Estados occidentales tampoco. A la lista de movimientos secesionistas africanos que The Guardian está sacando estos días podríamos añadir los movimientos secesionistas europeos –escoceses, galeses, catalanes, vascos, gallegos, bercianos, flamencos, irlandeses, italianos… Por no hablar de los movimientos de desobediencia civil estadounidenses que ya desde los tiempos de H. D. Thoreau luchan contra la imposición de la norma escrita por el Estado. Hoy día, en la campaña presidencial del Partido Republicano podemos ver lemas y programas encaminados a reducir la fuerza de la Administración estatal y favorecer la libertad individual frente al musulmán socialista de Barack Obama y su intento de crear un Estado del Bienestar más inclusivo.

La excepcionalidad africana a la hora de ejercer la violencia política es esencialmente igual a la que se ejerce en otros ámbitos de occidente. Como también es esencialmente la misma que se ejerció en nuestro pasado más inmediato. Los regímenes políticos son procesos de imposición violenta de un sistema social frente a otro, y el vencedor termina por configurar la identidad de todo el grupo. Francia no hablaba francés hasta que se impuso desde el gobierno en pleno siglo XIX. España no dejó de condenar a muerte por motivos políticos hasta hace sólo 37 años. La Unión Europea no está dispuesta a tolerar gobiernos combativos con su modelo liberal más allá de la socialdemocracia actual.

Considerar a África Subsahariana como la excepcionalidad, a nivel mundial y a nivel histórico, es no tener claro los orígenes de nuestro sistema político. Podrán cambiar los actores, las relaciones y los procesos, pero la constante humana de la violencia política es transversal a todos los sistemas políticos con que nos hemos dotado como especie animal. No existe una excepcionalidad africana, es sólo nuestra manera de interpretar y justificar los hechos lo que convierte al continente en excepcional.

lunes, marzo 26, 2012

Malas noticias de África, de Antoni Castel



La prensa. La maldita prensa. Todo el mundo tiene una prensa de referencia, sobre la cual es complicado poder ejercer la crítica. Es la nuestra, la de ningún otro. Son las prensas de los demás las que mienten. Las fuentes de información propias, aquellas en las que se basan nuestros argumentos, no son cuestionables. No se nos vaya a derrumbar el castillo de naipes.

Pero la prensa no está alejada del contexto. De hecho, por definición de la profesión, la prensa es el contexto. Contribuye a dar forma de la realidad y nos permite dirigir nuestra atención hacia una realidad u otra.

Y el periodista. El periodista es ese profesional que continuamente está salvando la democracia a favor del grupo empresarial para el que trabaja. Jamás se encontrará a un periodista que no se diga a sí mismo neutral, objetivo, imparcial. Todos, paradójica y casualmente, admiran a Kapuscinski y sus reportajes comprometidos. Todos se llenan la boca citando artículos de Vázquez Montalbán. Todos, casualmente, buscan sus referentes en compañeros de profesión que eligieron un bando, que fueron subjetivos y completamente parciales, pero ellos piensan su trabajo como agentes asépticos que cuentan genuinamente la verdad. 

Las palabras moldean nuestra realidad y terminan por establecer fronteras entre nosotros mismos. El libro de Antoni Castel Malas noticias de África lo demuestra bien claro. El cuerpo central de esta obra versa sobre un estudio, mediante la técnica del Análisis Crítico del Discurso, de los principales diarios españoles –El País, El Mundo, ABC y La Vanguardia- durante la década de los 90. El foco de atención lo dirige hacia las noticias de estos diarios sobre tres conflictos que tuvieron una fuerte repercusión mediática: Somalia, Ruanda y República Democrática del Congo.

El periodo estudiado de Somalia son aquellos días tras la caída de Barre que produjeron la intervención liderada por Bush padre y retirada por Bill Clinton tras el suceso del derribo del helicóptero estadounidense. El estudio de Castel se centra, al respecto de Ruanda, en los días de la ejecución del genocidio y los tempo posteriores. Por último, en lo que hace referencia a República Democrática del Congo, Castel se centra en la caída de Mobutu, la desaparición de Zaire y el surgimiento de una siguiente guerra contra su sustituto, Kabila padre.

Todos estos momentos periodísticos e históricos tienen en común el haber causado profundas crisis internacionales. La implicación de agentes del exterior, en forma de misión militar de Naciones Unidas o intervención directa de países ex – metrópolis, hizo que la agenda mediática internacional se girara hacia dichos conflictos, omitiendo otros que, como Sudán o Angola, también tendrían que haber compartido protagonismo.

En todos esos conflictos la posición de la prensa española contribuyó, según el estudio de Castel, a la corriente de pensamiento único respecto a África y respecto a los procesos de reconstrucción posbélica. El análisis de Castel nos muestra cómo la prensa, muchas veces por error o incapacidad, pero otras deliberadamente, asimila los lugares comunes llenos de prejuicios contra África y los africanos y africanas y aniquila cualquier atisbo de solidaridad entre sociedades. Ninguno de los diarios de esta época estudiados por Castel otorga voz a las sociedades civiles africanas. Al contrario, su foco central de atención consiste en aquellos mensajes oficiales o extraoficiales que las partes del conflicto –las locales o las internacionales- difunden. Su incapacidad crítica frente a lo que están viendo, así como su incapacidad para la autocrítica, les anima a exaltar las contadas muertes o angustias de blancos, identificándoles con nombre, apellidos e historia vital, y a minimizar, como algo inevitable, los asesinatos masivos de africanos y africanas. Una frase, la cual se atribuye a Stalin, dice que una muerte es una tragedia, pero que un millón de muertes no es más que una estadística. El estudio de Castel demuestra cómo la prensa española de la época toma al pie de la letra esta consigna. Y cualquier persona que sigua la actualidad informativa podrá ver que aún continúa siendo así.

Observar cómo en el mundo de la información actual, cuando los periodistas tienen tantos recursos a su alcance para formarse y tener capacidad crítica ante los hechos que están narrando, aún predominan las noticias y los artículos que muy bien se hubieran podido firmar a finales del XIX indica hasta qué punto ha crecido nuestro conocimiento, como sociedad, de África Subsahariana. Libros o estudios como el de Castel hacen aún más necesarios cursos y guías de formación para corresponsales en el extranjero y enviados especiales. Hacen aún más necesario que los periodistas enviados a conflictos lleven bajo un brazo una bibliografía básica que les permita entender qué está sucediendo allá a donde van, y bajo el otro, un sentido crítico para consigo y con su profesión para el cual no existe ninguna titulación académica oficial, tan sólo la voluntad de sentirse comprometido y la voluntad de transformar la sociedad a través del ejercicio de su profesión. Algo común a todos los puestos de trabajo.

lunes, noviembre 07, 2011

Curso de formación. África Subsahariana. Especificidades culturales y desarrollo

El Centro de Estudios Africanos (CEA) de Barcelona, ONGD con la que últimamente vengo colaborando, ha lanzado este curso de formación sobre las especificidades culturales y el desarrollo en África Subsahariana. El curso contará con la presencia de africanistas de la talla de Ferrán Iniesta, Jordi Tomás o Albert Farré. 

No cabe duda de que será un momento excepcional para poder conocer y debatir conceptos sobre cuestiones como la Historia de África, la cooperación al desarrollo, las identidades africanas o los estereotipos que existen en torno al continente. El curso se desarrollará en las aulas de la Universitat Pompeu Fabra desde el 14 de noviembre hasta el 1 de diciembre. Tienes sólo hasta el 12 de noviembre -este sábado- para formalizar tu inscripción. No te lo pierdas.

Qué: Curso de formación. África Subsahariana. Especificidades culturales y desarrollo.
Dónde: Aula 20029 del Edificio Jaume I de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, c/ Ramón Trías Fargas 25-27. [mapa]
Cuánto: 50€, inscripciones hasta sábado 12 de noviembre de 2011.
Cuándo: De lunes a viernes, de 18h. a 21h. desde el 14 de noviembre hasta el 1 de diciembre de 2011.
Más información: [pdf]