domingo, octubre 28, 2012
Destrucción masiva, de Jean Ziegler
jueves, marzo 29, 2012
4ª edición de los Premios de Ensayo Casa África
Un año más se lanza la convocatoria de Premios de Ensayo Casa África. Estos premios, poco a poco, se están convirtiendo en un pequeño referente del africanismo español, promocionando la investigación que ya se hace desde aquí sobre el continente. La oportunidad de visibilizar trabajos como el de Aloia Álvarez Feans u Óscar Mateos es impagable, sobre todo para unos estudios africanistas que quedan bastante fuera de las líneas de investigación de los grandes think tank españoles.
martes, mayo 18, 2010
África debe unirse
lunes, febrero 23, 2009
Imagining the Congo, de Kevin C. Dunn (II)
Cuando en 1960, el 30 de Junio, el Rey Balduino concede la independencia al Congo, tres discursos se enfrentarán entre sí. El discurso belga será internamente doble. Por un lado los socialistas verán la necesidad de independizar el Congo para conservar sus intereses en la zona, mientras que los conservadores creen que la inmadurez de los congoleños les hará caer en manos del comunismo internacional. Siempre presente estará la política del “Notre Congo”, que implica una condescendencia hacia los congoleños y un derecho de actuación en lo que se consideraban asuntos internos de lo belgas. Frente este discurso colonial, Lumumba, líder congoleño, ejercerá otro bien distinto entendiendo la soberanía no como un regalo del padre belga, sino como un derecho del pueblo congolés. Lumumba dispondrá de un discurso nacionalista que hablará de explotación belga de los congoleños. Este discurso nacionalista, aceptando las fronteras delimitadas por el colonialismo, se enfrentará a las interpretaciones más regionales de otros líderes congoleños como Tshombe y Kasavuvu.El discurso de Mobutu fue el primer discurso surgido de la tierra congoleña en introducirse en las redes discursivas occidentales. Esto fue posible por su disposición de medios, antes no conocida por congoleño alguno. Desde su púlpito, Mobutu inició la llamada campaña de “Autenticidad”, borrando toda reseña colonial de la región. Obligando a africanizar los nombres de sus propios ciudadanos, impidiendo los nombres en francés, él mismo se cambió de Joseph Mobutu a Mobutu Sesee Seco, renombrando el río y el país, al que se pasó a denominar Zaire. Esta política tuvo mucho éxito en la naciente ideología del tercermundismo, pues era vista como un barrido con la historia colonial. Sin embargo la política de “Autenticidad” se fue transformando poco a poco en una política de culto a la personalidad de Mobutu, en el mobutismo. Emergiendo como la figura responsable de todo el orden y estableciendo una privatización del Estado zaireño, Mobutu se hizo con el control del Estado. En los discursos encaminados a las potencias occidentales, Mobutu reforzó la imagen que de él tenían los EEUU. Asegurando la estabilidad de Zaire, EEUU le consideraba el mayor aliado en la zona.
La llegada de los 90 propiciará cambios importantes en la zona. El fin de la Guerra Fría hace que EEUU pierda su interés en la zona y provoca que, en el plano internacional, sean los DDHH y no los intereses nacionales de cada país, los encargados de juzgar a los regímenes. Con los acontecimientos del genocidio de Ruanda, EEUU volverá a mostrar a Mobutu como su aliado en la zona, reforzando sus lazos y regresando a la dicotomía Mobutu o el caos. Sin embargo, otra imagen dominará la región desde mediados de los 90. Es la imagen del cáncer. Cáncer que sufría Mobutu y por el que morirá en 1997, cáncer para el Zaire que era considerado Mobutu, que será derrocado por la rebelión de Kabila, y cáncer del mobutismo zaireño para el nuevo régimen de DDHH y desarrollo en la región.
La política de la región en los 90 dejará de moverse exclusivamente por motivaciones internacionales, y pasará a una regionalización de la misma. En ella, las relaciones del régimen de Mobutu con Uganda, Burundi, Ruanda, Sudán, Angola o Zimbabwe, determinarán los apoyos de uno y otro bando. Kabila logrará movilizar a las tropas del este con el apoyo de Ruanda y Uganda, haciéndose con el control del país en poco tiempo. El discurso que Kabila ofrecerá será el de un regreso a las políticas lumumbistas, la demonización de Mobutu y el restablecimiento de la identidad congoleña. Se recuperará la bandera premobutista y se renombrará al país como República Democrática del Congo. Sin embargo, un nuevo elemento del discurso terminará por hacer más complejo el conflicto. Mobutu, antes de caer, llevó a cabo unas reformas de pretendida democratización, adaptando formalmente su régimen a los requisitos de la comunidad internacional. Se creó un Parlamento del que salió una lucha regional en Kivu. Mobutu cometió el error de crear una lucha entre diferentes etnias, y eso provocó el levantamiento de fuerzas identitarias que él no controlaba. Kabila, haciéndose fuerte en estas relaciones de identidad logró el apoyo necesario para hacerse con el poder. Sin embargo, el propio Kabila llevó una política de régimen étnico, lo que provocó su salida y su asesinato por no beneficiar a aquellas etnias apoyadas por Uganda y Ruanda.
El discurso del Nuevo Barbarismo ha vuelto a tomar los acontecimientos del Congo, como siempre se ha hecho a lo largo de la historia, como paradigma de la política africana. Según esta explicación simplista, lo africano no es susceptible de ser democratizado, de ser modernizado y, por tanto, no merece la pena actuar para con ello.
miércoles, febrero 18, 2009
Imagining the Congo, de Kevin C. Dunn (I)
El libro de Kevin Dunn trata sobre las relaciones del Congo con los agentes exteriores según el discurso de la identidad, de hecho su subtítulo es toda una declaración de intenciones: The International Relations of Identity. Desde el principio, Dunn afirma que estudiar la identidad del Congo es estudiar las imágenes que de África se tienen en occidente. En él la imagen colonial recreó todos los mitos sobre África asentándolos como hechos irrefutables, lo cual explica su permanencia hasta estos días. La imagen del Corazón de las tinieblas de Conrad aún no ha desaparecido, creando un complejo bloque de imágenes las cuales primeramente las disfrutaban los colonizadores, más tarde se mostraron en las relaciones entre éstos y los colonizados y, por último, entre los mismos colonizados. En una obra de similar planteamiento al estudio del orientalismo que hace Edward Said, Dunn nos acerca a la historia de una región que, como tal, no existía hasta que los europeos la crearon y que al sufrir una colonización tardía, muestra de manera brutal las derivas del colonialismo y de las políticas posteriores respecto a África. Dunn estructura el libro en 4 grandes capítulos que solapan los 4 momentos más importantes de la historia congoleña, a saber: Colonización, Proceso de Independencia, Gobierno de Mobutu (Zaire) y caída de Mobutu y rebeliones desde el este del país.El proceso tardío de colonización del Congo implicó la creación misma del espacio físico de la colonia. Antes de llegar los europeos, la región del Congo no mantenía ninguna estructura institucional común. Los europeos, en concreto Leopoldo II y Stanley, fueron los que crearon una identidad espacial, delimitada con fronteras, donde se homogeneizó a todas las poblaciones africanas que en él residían. La “ciudadanía” congoleña, por tanto creada por los belgas, fue concebida como incapaz de ser realizada o desarrollada por las poblaciones africanas. Al africano se le concibo como un ser más animal que humano, materialista y de él surgieron dos imágenes realmente importantes en la historia del Congo. Se le feminizó, es decir, se le adjudicaron los elementos que la identidad europea otorgaba a las mujeres, por tanto eran incapaces de salvarse a sí mismos, debían ser salvados. Por otra parte, eran conceptualizados como un “hijo” lo que establece a los europeos como “padres” que han de guiar a su hijo por el buen camino. Estas dos imágenes van a resultar muy importantes, y podemos rastrear su presencia a lo largo de todos los discursos occidentales, no sólo sobre el Congo, sino sobre toda África.
El Rey Leopoldo II consiguió, a su vez, la creación de una identidad nacional belga en el espejo de la identidad congoleña. Bélgica se concebía a sí misma como una nación poderosa capaz de mantener un imperio en pié. Así mismo, y en el plano más materialista, Leopoldo II vio en la posesión de colonias la manera más rápida de desarrollar la economía belga, sustrayendo materias primas que, como el caucho, tenían una nueva importancia creciente. La intervención colonial belga fue duramente criticada por la campaña del Movimiento para la Reforma del Congo iniciado en Gran Bretaña. Este movimiento demuestra que, a pesar de las feroces críticas que se hizo a Bélgica por sus métodos colonizadores, no se planteaba ninguna crítica a las concepciones sobre los africanos. Leopoldo II se hace con la colonia en un intento de liberar a los africanos del yugo esclavista árabe (imagen femenina). Civilizando a estas poblaciones, las situaciones de esclavitud ya no se volverían a producir. Este discurso belga chocó con las denuncias de dicho Movimiento que, en su campaña del “Caucho Rojo”, denunció la brutalidad de los métodos empleados. Detrás de estas críticas no se escondía más que el rechazo al establecimiento del monopolio comercial belga en la región pues, cuando en la Conferencia de Berlín Leopoldo II logra el apoyo para legitimar su presencia en la zona, lo hace con la particularidad de no ser una colonia estatal, sino una colonia propiedad del rey, asociada a la Asociación Libre del Congo y con la obligación de establecer unos mecanismos que aseguraran la creación de una zona de libre comercio. Cuando la campaña del “Caucho Rojo” estalla, no lo hace para criticar la necesidad de civilizar el Congo, sino para criticar que el libre comercio se encuentra limitado.
miércoles, enero 21, 2009
Mozambique, de Roberto M. Della Rocca
El libro de Della Rocca es un relato de los acontecimientos en el proceso que llevó a pacificar Mozambique. De dicho relato se pueden extraer varios elementos de análisis de las situaciones conflictivas y de cómo una estructura flexible puede ayudar a poner punto y final a dicho conflicto. Desde un principio ya advierte el autor que los acontecimientos que llevaron a poner fin a la lucha armada entre el FRELIMO y la RENAMO son sólo válidos para la situación de Mozambique. No se pueden extrapolar a otro conflicto ni son susceptibles de ser sintetizados en un modelo.Aunque desde aquí se está de acuerdo en esta afirmación, así como en aquellas visiones que afirman que los modelos de resolución de conflictos estructurados fuertemente no funcionan, se disiente con el autor en distintos aspectos. Los acontecimientos de Mozambique tienen una serie de características que provoca que haya que tenerlos en cuenta en cualquier estudio de resolución de conflictos en un continente como el africano. El conflicto mozambiqueño surge del proceso de descolonización tardío emprendido por Portugal tras la Revolución de los claveles. La metrópoli europea fija un día en el calendario tras el cual la soberanía le pertenecerá al pueblo mozambiqueño. Durante los anteriores, Mozambique había sufrido una guerra de independencia elaborada por el Frente de Liberación de Mozambique, el FRELIMO. De inspiración marxista, el FRELIMO quedó como único responsable mozambiqueño tras la marcha de toda la estructura colonial portuguesa.
Frente al FRELIMO surgió la RENAMO, Resistencia Nacional Mozambiqueña. Estas fuerzas se opondrán al programa ideológico del FRELIMO y, según varios autores aunque nadie ha podido constatar vínculos, su formación estuvo promovida por la Sudáfrica racista, que sumida en un contexto de sanciones internacionales, utilizará el puerto de Maputo como punto clave para su comercio exterior. Existían pues dos agentes ideologizados y alineados con ambos bandos de la Guerra Fría, aunque si bien, Estados Unidos jamás llegó a dar un apoyo definitivo a la RENAMO en la región.
En este contexto, cuando la Guerra Fría termina, Mozambique es un país literalmente partido en dos. El FRELIMO ha visto reducido su poder a las zonas urbanas, la RENAMO se encuentra aislada en las zonas rurales y, de hecho, su cúpula se encuentra recluida en la selva. Además, existen en la zona soldados de Zimbabwe, quienes protegen el corredor por el que circulan sus mercancías hasta el mar. Con la situación militarmente bloqueada, los contactos de un tercer agente verá abonado su camino, si bien no será fácil. Las primeras dificultades con las que se encontró el proceso de pacificación fueron el no reconocimiento mutuo entre las partes. La situación estaba también en este terreno bloqueada debido a que el FRELIMO consideraba a la RENAMO como unos simples bandidos, mientras que éstos a su vez, no reconocían como legítimo el gobierno del FRELIMO.
La figura de la Iglesia, o en concreto de un obispo, será fundamental en el proceso de inicio de las conversaciones de paz. Implicando al Ministerio italiano de Asuntos Exteriores, y con la fundamental ayuda de la Comunidad de Sant´Egidio, se dará lugar a lo que Burros-Ghali dio en llamar “la fórmula italiana”. Dicha fórmula se basó en unos mediadores de carácter débil, cuyos intereses en la zona no existían, y con una idea básica en la mente: buscar aquellas cuestiones en las que ambas partes podían estar de acuerdo olvidándose de agendas fijas y programadas que impidieran una cierta agilidad.
El punto fundamental en las negociaciones fue el hecho de lograr que cada parte reconociera a la otra. La RENAMO, en efecto, no tenía programa político. Era básicamente una estructura guerrillera, con la idea de terminar con el gobierno del FRELIMO, aunque tampoco eran simplemente unos bandidos, como éste quería mostrar ante la comunidad internacional. Ambas partes atribuían a la otra una serie de matanzas catastróficas de las que ambos eran responsables. Abrir por tanto el espacio político mozambiqueño a la RENAMO no fue tarea fácil. El FRELIMO seguía empeñado en calificarlos de bandidos y, como tales, no estaban capacitados para negociar. Los mediadores, no sólo no sometieron a presiones al FRELIMO, sino que le dejaron ver que su inmovilidad podría dar con el colapso del país, sumido en una gran crisis económica debido a una guerra que tácticamente ya no se podía ganar por medios militares. Al tiempo, la RENAMO, también fue reticente a aceptar ese espacio político que la negociación de paz le ofrecía. Renunciar a las armas significaba ceder todo el poder a la voluntad constituyente del FRELIMO y, por tanto, hacerles ganar una guerra que estaba empatada. Finalmente, los mediadores hicieron ver a ambos bandos que la competición pacífica por el dominio político era la única solución. Incluso llegaron a frenar una iniciativa del FRELIMO cuando, en la constitución que estaba redactando, trató de olvidarse de los acuerdos de paz.
El último punto clave de este proceso de pacificación vino con las primeras elecciones. Llevada a cabo por observadores de la ONU, la certificación de que fueron unas elecciones limpias se cumplió, sin embargo el líder de la RENAMO y candidato a la presidencia Dhlakama, amenazó en última instancia con retirarse. Habían sido unos meses muy duros, donde la RENAMO había visto como su dificultad por desarmarse era correspondida por el FRELIMO mediante interpretaciones restrictivas de los acuerdos de paz. Sin embargo Dhlakama acepta el resultado que, por mayoría simple, da el gobierno del país a Chissano. Entre los agentes a destacar en este proceso de paz está la imagen de una figura mediadora antes mencionada, una ONG cuyos intereses en la región habían sido los proyectos de desarrollo y cuya sede en Roma terminó por convertirse en la plaza donde se firmarían los acuerdos.
El libro de Della Rocca ofrece una buena retrospectiva de los acontecimientos que condujeron a la pacificación de Mozambique, pero obvia otros aún si cabe más importantes. El papel de la RENAMO en la vida política no hubiera sido posible sin la intervención de la comunidad de donantes. En un estado dominado por líderes locales que pertenecen a uno u otro bando, la lealtad de éstos se ve recompensada con acceso a recursos. Una vez que la RENAMO termina de dominar esos recursos, se encuentra sin vías para alimentar esas redes. Es aquí cuando el dinero, donado en bastante cantidad por diversos países, formó parte esencial del proceso que impidió que Mozambique se convirtiera en Angola. Al mismo tiempo, el FRELIMO fue capaz de ver que de no ceder una cierta cuota de poder a la RENAMO ésta terminaría haciendo lo que la UNITA en Angola, y el conflicto volvería a surgir.
miércoles, noviembre 26, 2008
Vidas desperdiciadas, de Zygmunt Bauman
Sea como sea, el libro comienza con otro libro, cosa que me encanta. Bauman habla de Las ciudades invisibles, de Italo Calvino. Para quien no lo haya leído o no lo conozca, es ése un libro de poesía en prosa. Calvino se dedicó durante muchos años a redactar pequeños fragmentos, de dos, tres o cuatro párrafos, sobre ciudades que contenían sólo una cualidad paradójicamente especial. Todas ellas llevaban nombre de mujer y su cualidad se convertía invariablemente en su virtud y en su defecto. La ciudad invisible que inspira a Bauman consiste en una que se muestra tremendamente limpia, pura. Sus calles son inmaculadas y jamás existe el menor desorden. Esto es posible porque encuentra, a sus espaldas, el terreno necesario para deshacerse de su basura y de sus cosas inservibles. Cientos de desperdicios se acumulaban tras de sí impidiéndola crecer y ahogándola en su modo de vida.
La bella referencia de Bauman a Calvino y el diálogo que esta ciudad le sugiere nos invita a hablar de la Modernidad y de su proceso migratorio y productivo. Para Bauman, parece claro que hablar de Modernidad hablamos del proceso productivo que conllevó el capitalismo. Su tesis consiste en que durante su formación, el capitalismo necesitó expulsar a los grupos de personas que le resultaban inservibles en su propio espacio físico. Europa, cuna de la Modernización, sacaba por mar y tierra a todos los indeseables y fundaba así mitos de progreso personal en los nuevos paraísos terrenales. América, Australia, Asia y también África, se mostraban como lugares en donde la pobreza vivida al arroyo de las fábricas podía dar paso a una riqueza inabarcable. Por supuesto, esto no era más que un mito, pero acompañaba el proceso inmigratorio de los europeos sobrantes y aligeraba la pobreza y la incubación de las enfermedades en un continente que necesitaba de la mano de obra justa para poder realizar sus sueños de expansión.
Con el asentamiento del proceso modernizador en Europa, nos enseña Bauman, el siguiente paso consistió en la expansión del modelo más allá de las fronteras físicas y de la conformación de un bloque occidental que por entonces abarcaba Europa –en mayor o menor medida desde los Pirineos hasta los Urales-, América del Norte y América del Sur. Particular casos estos dos últimos, hijos de la Modernidad fecundada por sus padres europeos que, si bien abrazaron los preceptos de libertad, igualdad y fraternidad, terminaron por tener Historias divergentes debido en parte a que la herencia de la división de poderes de los hermanos del norte no tuvo nada que hacer frente a la herencia caudillista de los hermanos del sur. Modernizados por tanto los países europeos y en parte también las Américas, el proceso de colonización de África y Asia sirvió, para Bauman, para seguir aligerando la presión de una población creciente que no quería más que comer y alimentarse en lugar de morirse y dejar ganar al rico lo que le pertenece.
Inmigrando a zonas donde ellos mismos podían ser los capitalistas, terminaron por crear los sistemas coloniales que ya son de sobra conocidos. Pero la Modernidad pareciera que es de todos y también los colonizados decidieron abrazarla. Con la independencia, todos querían su parte de Desarrollo –ese gran desconocido- y exigían su parte del pastel. Sin embargo, si el proceso Modernizador requiere de la eliminación de la población superflua del territorio a desarrollar, y no quedando ya ninguna zona del planeta sin modernizar previamente, ¿hacia dónde podrían esos nuevos procesos modernizadores expulsar a sus sobrantes?
Las puertas del movimiento poblacional no han estado abiertas para las dos direcciones nunca, y eso impediría, en la tesis –ya hemos advertido que nada académica y más bella que firme- de Bauman la creación de un verdadero Estado moderno en África y justificaría la necesidad de la inmigración misma. Las vidas desperdiciadas serían los totales de la población africana, asiática y, ahora, sudamericana, que ven cómo sus tierras son convertidas en el vertedero poblacional del Occidente moderno. Obligados a ser subdesarrollados porque hay subdesarrollantes en palabras de Vázquez-Montalbán.
El libro de Bauman es de esos que se recuerdan y que salen a colación en cualquier reflexión seria sobre los procesos migratorios o de desarrollo aún a pesar de sus dificultades académicas. Hay muchos hilos desde los que ir tirando como, por ejemplo, pensar a los cooperantes occidentales en los países del sur, como aquellos viejos pobres del estado moderno europeo, obligados a vivir fuera de Europa y a irse a la aventura, bajo mitos sociales tales como la solidaridad y el cosmopolitismo, por el simple hecho de que su sociedad moderna, espejo de la sociedad subdesarrollada a la que van a ayudar, no produce suficientes puestos laborales para una población con formación superior como la suya.


