AVISO

domingo, junio 12, 2011

La crisis de los veinte años, de E. H. Carr

Obra clásica e indispensable para el estudio de las Relaciones Internacionales, La crisis de los veinte años no es sin embargo la obra cumbre de su autor. Edward Hallet Carr, fue el dueño de la primera cátedra en Relaciones Internacionales tras haber podido ejercer durante muchos años en el Ministerio de Asuntos Exteriores británico. En el Foreign Office, Carr desempeñó varios cargos que le permitieron analizar la realidad de su tiempo desde una perspectiva crítica.

Fascinado por la Unión Soviética tras haber sido destinado a los países bálticos, Carr escribió una de las obras más importantes para el estudio de dicho ente político. Su Historia de la Unión Soviética supuso en su momento una obra cumbre de la sovietología, aún hoy difícilmente superable.

La crisis de los veinte años, sin embargo, es fruto de otra experiencia profesional distinta y en cierto modo alejada de su trabajo en la Unión Soviética. Participó como asesor en la Conferencia de París y, más adelante, en la Sociedad de Naciones. Vivió de cerca la política de un momento en el que el sistema mundial se estaba replanteando desde cero y donde, por primera vez, tuvieron voz y voto los defensores del idealismo político.

El idealismo político, enfrentado al tradicional realismo, era una corriente considerada progresista en su época y sin embargo defenestrada por esta obra de E. H. Carr. En ella, Carr critica la fe ciega de los políticos idealistas, en especial del presidente norteamericano Woodrow Wilson, en sus teorías políticas. En ellas veía el profesor inglés la necesidad de agarrarse a unos ideales aún cuando la realidad y los comportamientos de los actores demostraran lo contrario. Abrazando el concepto de Utopía, los idealistas pretendían ajustar la realidad a su visión mental del mundo y en caso de fallar en el resultado de sus acciones -las más de las veces- se cuestionaba el comportamiento irracional de los actores mal adheridos a la Utopía homogeneizante.

Subrayando la conflictividad inherente a cualquier política o proceso decisorio, Carr critica la visión liberal/idealista de su tiempo de interponer el poder de la razón frente a cualquier otra consideración en la resolución de conflictos en la escena internacional. Carr da voz a un pensamiento realista diferente del clásico cinismo hobbesiano, un realismo de aspecto crítico capaz de servir a ideales políticos a través del convencimiento de que los intereses, los conflictos de poder y las relaciones de autoridad importan más que los conceptos teóricos. Asume que la paz que el sistema internacional de su tiempo trata de imponer como lógica e irremplazable es, en realidad, el statu quo imperante de los poderosos, de los vencedores de la contienda del 18 y, por tanto, fruto de un momento histórico y de unas fuerzas de poder que continuamente están cambiando.

Pero al contrario que los autores realistas clásicos, el realismo crítico de E.H. Carr, aún asumiendo que los movimientos de los actores internacionales van, las más de las veces, encaminados hacia la consecución de un mayor poder, éstos pueden no desencadenar en un ataque violento. Frente a la idea clausewitziana de que los Estados se preparan para la guerra y buscan mejorar posiciones con el conflicto como meta de la carrera, y frente a la idea liberal que apelaba a la moral humana como rango sobre el cual edificar el mundo de política, Carr dibuja una política internacional donde las relaciones se dan en el marco de una comunidad plenamente constituida -aunque pueda no estar institucionalizada-, con unas características particularmente diferentes a las de las sociedades internas y, por lo tanto, con una moral internacional muy particular que indica qué cosas están permitidas o entran dentro de lo concebible, y qué cosas no.

Al asumir que existe una comunidad internacional específica, Carr rechazaba que ésta tomara la moral humana individual como marco de actuación propio, algo que hasta aquel momento era cuestión que no admitía discusión. Carr asevera la existencia de reglas, teorías, moral y otros tipos de características propias en la comunidad internacional que hace que los Estados actúen de una manera diferente en el plano externo e interno.

El libro de Carr contiene mucho de interpretación de la historia presente de su tiempo, pero el motivo de que se haya convertido en clásico de la literatura sobre Relaciones Internacionales es sencillamente que su marco de análisis aún es válido para interpretar las actuaciones en la escena internacional de hoy día. La lucha contra el pensamiento único instaurado desde las instituciones internacionales, así como desde la teoría política en boga comenzando por los preceptos de John Rawls.

La obra se puede leer como un ensayo clásico de teoría de las Relaciones Internacionales, pero también como un documento de análisis sobre un momento histórico que terminó por definir el mundo en el que hoy vivimos. Los años de entreguerras estuvieron llenos de decisiones que provocaron, de una manera u otra, la Segunda Guerra Mundial y las alianzas que en ella se produjeron, y Carr hace una interpretación absolutamente preclara de aquellos momentos. Sólo una cosa pareció escapársele en aquellos instantes, y es que Carr fue partidario de la política de apaciguamiento levada sobre Hitler y, como tal, defensor del Pacto de Munich. Sin embargo, las ediciones que hoy se manejan de la obra han eliminado convenientemente toda referencia a este apoyo, el cual no invalida los argumentos de E.H. Carr, pero sí contribuye a aumentar el mito de este libro.

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E.H. Carr (1892-1982), diplomático británico y director de la Cátedra “Woodrow Wilson” de Relaciones Internacionales en la Universidad de Gales. Curiosamente su mayor obra en esta disciplina La crisis de los veinte años, constituyó una crítica demoledora de los preceptos políticos del presidente Wilson. Carr es, sobretodo, conocido por sus obras históricas sobre la Unión Soviética así como por sus obras sobre teoría de la Historia.

jueves, junio 02, 2011

Foro: Agua para el desarrollo

La Fundación Canal de Isabel II lleva varios años realizando este foro de debate sobre agua y desarrollo y, en esta ocasión, centran el debate en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y su relación con el agua.

Entre los ponentes del Foro de este año cabe destacar al estupendo Gonzalo Pizarro, del PNUD, o a la muchas veces citada Virginia Roaf, asesora de la Experta Independiente de Naciones Unidas sobre el derecho humano al agua y al saneamiento, Catarina de Albuquerque.

Pero el evento también contará con la presencia de representantes del sector de la sociedad civil española que trabaja en agua y cooperación así como representantes del sector público de cooperación y del propio Canal de Isabel II. En definitiva una gran oportunidad de profundizar sobre las cuestiones de cooperación, derecho humano al agua y los propios Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Qué: 6º Foro Agua para el desarrollo.
Dónde: Fundación Canal de Isabel II [mapa]
Cuándo: Lunes 6 de junio de 2011, a las 9h.
Cuánto: gratuito, pero has de solicitar entrada antes del viernes 3 de junio a la dirección info@fundacioncanal.es
Más información: Programa [pdf]

La estupenda fotografía de esta entrada se la debemos a Eva Vendrell i Sarroca.

miércoles, junio 01, 2011

Seminario África Subsahariana. Especificidades culturales y desarrollo

Desde el Centre d'Estudis Africans (CEA), una ONG barcelonesa dedicada a la investigación, información y formación en diferentes materias relacionadas con el continente africano, están organizando estas jornadas en las que se hablará de salud, cooperación y migraciones.

Se celebrarán en el Hospital Sant Joan de Reus, en la provincia de Tarragona y el acceso es gratuito pero es necesaria inscripción previa.

El programa de las sesiones cuenta con el antropólogo del CEA Albert Farré para hablar sobre el desarrollo en las sociedades africanas, Abdou Mawa Ndiaye, presidente de la Asociación Catalana de Residentes Senegalesos, quien además es trabajador social y centrará su charla sobre medicina tradicional y salud. Cerrará las jornadas el también antropólogo Gustau Nerín quien últimamente creó algo de polémica al criticar en su último libro el actual régimen de cooperación. Dedicará su charla de cierre a la cooperación sanitaria en África.

Una buena oportunidad, por tanto, para escuchar voces de quienes se han dedicado durante años a reflexionar sobre la cooperación y la salud en África Subsahariana.

Qué: Jornadas informativas África Subsahariana. Especificidades culturales y desarrollo.
Dónde: Sala polivalente (planta baja, área C) del Hospital de Sant Joan de Reus [mapa].
Cuándo: 20, 21 y 22 de Junio de 2011.
Cuánto: gratuito, pero requiere de inscripción enviando un correo a cblanch@grupsagessa.cat
Más información: [pdf]

jueves, mayo 12, 2011

Historia de Rusia en el siglo XX, de Robert Service

"El comunismo es el joven dios que fracasó; el capitalismo, una deidad más antigua, aún debe triunfar la mayor parte del tiempo a ojos de la mayor parte del mundo".
Robert Service


Son países que siempre han estado ahí, en el imaginario colectivo de todos y cada uno de nosotros. Durante nuestra infancia hemos visto perder siempre a los mismos, pertenecientes al reino de la bandera roja, doblegados ante el poderío e inteligencia del héroe de turno norteamericano -o británico-, indescifrables y ocultos ante su rocambolesco idioma.

Por eso, cuando se presenta la ocasión de conocerlo, uno no debe desaprovecharla en todos los sentidos. Hace unos meses que todo me pillaba planificando un viaje a la ciudad de los tres nombres. Sus ciudadanos nacieron en Petesburgo, crecieron en Leningrado y ahora se jubilan en San Petesburgo. Y entre toda esa planificación estaba, sin duda, la exigencia de conocer más de cerca una historia que, no por muchas veces narrada, deja de ser apasionante.

Historia de Rusia en el siglo XX, del profesor británico Robert Service, es un estupendo paseo por todos los rincones de un país cuyo legado histórico es más un análisis de psicología social que una enumeración de batallas ganadas o perdidas. Inmerso en la línea de estudiosos británicos sobre la historia de Rusia, la obra de Robert Service no tiene nada que envidiar, en cuanto al carácter divulgativo, al insuperable estudio de la historia soviética que realizó el ex-embajador británico en Moscú, E. H. Carr. Las dimensiones, y por tanto la manejabilidad, de la obra de Service hacen de este libro una lectura apta para estudiantes, expertos o simplemente lectores corrientes.

Service se adentra en la historia rusa desde finales del siglo XIX, explicando los motivos que conducen a la caída de los Romanov, hasta la reelección de Boris Yeltsin como Presidente de la Federación en 1995. Y lo hace siguiendo varios ejes de análisis en todos los periodos históricos bien definidos. Service nos muestra el estado de la economía, sociedad y las principales luchas políticas y legislativas de cada momento. Su obra es capaz de destilar el momento social que se vive ante cada acontecimiento, haciendo que el lector pueda percibir el sentir de la población como si se tratase de un personaje más de cualquier novela.

Pero además, escribir sobre Rusia es hacerlo sobre sus líderes. Pocos países han visto su política tan marcada por la personalidad de quienes representaban el más alto poder estatal en cada momento. Service nos ofrece un perfil personal, histórico y político de todos estos líderes, ya se apelliden Romanov, Kerensky, Lenin, Stalin, Jruschov, Brezhnev, Andropov, Chernenko, Gorbachov o Yeltsin.

Historia de Rusia en el siglo XX es un libro que se hace apasionante no sólo por los propios hechos históricos narrados, capaces por sí mismos de cambiar el discurrir del siglo XX en todo el mundo, sino también por el oficio de historiador. Service sabe cómo transmitir al lector desde la ilusión colectiva por el fin del Imperio y del zarismo como la angustia personal de un miembro del Soviet a punto de ser purgado.

La historia de Rusia, como decimos, ha sido capaz de marcar la historia de la humanidad durante todo un siglo. A través de los acontecimientos que ocurrían en un impenetrable -a los ojos occidentales- Moscú, las fronteras europeas, los líderes del Tercer Mundo o la fecha del fin del mundo cambiaban. Con la creación del primer Estado socialista, la invención del comunismo, el Gran Terror, la victoria sobre la Alemania de Hitler, el levantamiento del “telón de acero y la guerra fría, la distensión, la crisis energética, la carrera armamentística e informática y la desintegración del bloque de países que había conseguido controlar bajo su mandato, Rusia se hizo a sí misma protagonista del Mundo por pleno derecho. Un protagonismo que bien parece haber perdido en tanto en cuanto ha sido superada por alianzas y bloques económico-políticos que han conseguido limitar su otrora ilimitado poder institucional o militar.

Puede que Rusia hoy esté desplazada de ese centro político de poder internacional, si bien sigue presente por los derechos adquiridos. Sin embargo, aún es capaz de ejercer como potencia con plena autonomía, incluso sin cuestionar sus relaciones con el FMI, declarando guerras a otros estados aún más periféricos que él o manteniendo la dignidad diplomática que en otros momentos históricos no pudo mantener. Y esta nueva posición rusa sólo se entiende si se conoce su historia más reciente, la de aquellos años que la constituyeron como Estado moderno y formaron su cultura política de base. A través de este libro del profesor Robert Service cualquier lector podrá comprender otras obras más analíticas o centradas en un sólo acontecimiento histórico.

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Rober Service es profesor de Historia de Rusia en la Universidad de Oxford, Inglaterra. Formado en el King's College de Londres, ha estudiado en la Universidad de Essex y la Universidad de Leningrado. Entre sus obras se puede encontrar, además de esta Historia de Rusia en el siglo XX, una biografía de Lenin, otra de Stalin y una última de Trotski. Además, también ha publicado estudios sobre la década de los 90 en Rusia y una breve historia del comunismo. Fue uno de los primeros investigadores en acceder a la documentación de la URSS tras su desintegración.

miércoles, mayo 04, 2011

Prohibido, de Amal Ramsis

Justo ahora que no nos llegan muchas noticias de Egipto, estrenan en España el documental de Amal Ramsis Prohibido. No conocía nada de esta directora ni del documental, pero me acaban de hacer llegar por correo electrónico las fechas de sus estrenos en España en el marco de diversos festivales y, visto el trailer, parece un documental interesante.

Si te gusta el trailer y te interesa verlo, las fechas de las distintas proyecciones son las siguientes.




Madrid, 7 de mayo de 2011, 18:15h. en el Cine Palafox.

Madrid, 8 de mayo de 2011, 20:30h. en el Cine Palafox.

Barcelona, 27 de mayo de 2011, 19:30h. en el CCCB.

Granada, 25 de mayo de 2011, 19:00h. en la Fundación Euroárabe.

También lo proyectarán en otros países europeos, así como en el propio Egipto. Por si acaso te viene mejor, te informo que en Lubliana, Eslovenia, se representará en el mes de septiembre -fecha aún por confirmar.

Bruselas, 11 de junio de 2011, hora por confirmar, Cinema Venom.

El Cairo, 18 de mayo de 2011, 19:00h. en el Centro de Creatividad (Opera House).

Como ocurre con tantas cosas, yo no podré asistir a ninguno de los pases, pero si tú sí puedes, te animamos a que nos dejes tus impresiones en un comentario.





lunes, mayo 02, 2011

No consecuencias de la muerte de Bin Laden

Ha muerto Bin Laden. O al menos eso parece. El presidente de los Estados Unidos realizó una declaración, con toda la pompa de los grandes eventos presidenciales, en la que afirmaba que tropas estadounidenses habían intervenido en la ciudad pakistaní de Abottabad, a menos de 100 km. de la capital Islamabad, habían matado a Osama Bin Laden y se habían hecho con su cuerpo.

A partir de aquí, la típica polvareda de información y desinformación que sigue a cada acontecimiento relacionado con la política internacional o con la seguridad. Más aún si se relaciona con el gobierno de Estados Unidos. Se abrirá mucho debate sobre qué pruebas hay acerca de la muerte, qué se ha realizado con el cuerpo -oficialmente ha sido lanzado al mar, contrariamente a la norma musulmana-, o si la fotografía que ha circulado de Bin Laden con el tiro en la cabeza es real o no -ahora mismo, Reuters la ha retirado de su servidor. Se creará mucha literatura acerca de cómo se llegó a encontrar al fugitivo, cómo se recibió la noticia en tal o cual parte de cualquier país o qué ha estado haciendo durante todos estos años de huida.

Pero sea como fuere, lo que es cierto es que la muerte de Bin Laden, el cómo y el cuándo, responde a una estrategia política de clave interna del presidente Barack Obama. Actualmente, Obama se encuentra en los niveles más bajos de popularidad, y ve cuestionada incluso su candidatura a la reelección para 2012, algo que en el caso de presidentes en activo siempre se ha considerado como incuestionable. El hecho de que saque las tropas estadounidenses de Afganistán estaba poniendo en compromiso su imagen de líder político y espiritual de la nación norteamericana. Una imagen que, durante la campaña de 2008, ya fue denigrada y definida por sus rivales políticos como Obama Bin Laden. Una imagen, sin embargo, que hoy queda reforzada tanto por el qué de su anuncio -la muerte de Bin Laden- como por el cómo. Obama ha sido, en términos internos, quien ha traído justicia al pueblo estadounidense.

Por el contrario su imagen internacional, ya de por sí reforzada aun a pesar de sus pocos éxitos, se verá comprometida. No serán los otros líderes mundiales quienes cuestionen la capacidad del estadounidense de influir en la política internacional, sino la sociedad civil organizada que, si finalmente es capaz de desenamorarse del icono Obana, seguramente verá en esta captura y ejecución sumaria un mensaje claro sobre la política internacional del presidente, algo que, tradicionalmente, domina las segundas legislaturas de los diferentes equipos de la Casa Blanca.

Cabría haber esperado, por aquello del mensaje obamista de la nueva forma de hacer política, una captura de Osaba Bin Laden y el sometimiento a un juicio justo. Cabría haber esperado, por supuesto, una ruptura de la actual presidencia estadounidense con la política del Far West de Bush. Sin embargo nos hemos encontrado con la continuidad del dead or alive que, como bien saben los cinéfilos, siempre acaba primando el dead sobre cualquier otra itención. Muerto el objetivo, se le entrega la noticia al pueblo para que exprese su alegría por dicha muerte y se le ofrece, de paso, la posibilidad de alabar al nuevo líder que ha recuperado el honor patrio gracias a una palabra: venganza.

No ha habido juicio. No se le ha respetado todo aquello que él no reconocía a quienes eran objetivos de su lucha armada. Y sin embargo su muerte nos delata más a nosotros que a él. El fin de Bin Laden no traerá consigo la ansiada paz milenaria. La muerte de Bin Laden tampoco nos traerá de vuelta a los verdaderos damnificados por la lucha global contra el terror: los derechos civiles.

Gracias al 11S, se ha podido crear un régimen de control ciudadano internacional capaz de justificar cualesquiera medidas políticas o judiciales. La nueva jerarquía de este régimen prima el concepto de seguridad por el concepto de Derechos Humanos, o incluso por el concepto de Derechos Fundamentales. La seguridad, en tiempos de terrorismo, nos lleva a justificar medidas como el nuevo escáner corporal en los aeropuertos. Nos lleva a ver la revuelta saharaui como un motivo para mirar para otro lado y seguir haciendo negocios con Marruecos. Nos lleva a entender el expolio pesquero del Índico como un asunto de protección de los intereses nacionales frente a grupos terroristas. Conduce a la Patriot Act y a sus réplicas en las legislaciones de todos los Estados, y a verlas como el mal menor. Conduce al establecimiento de regímenes políticos dictatoriales en los países de la periferia política internacional.

Yemen está sostenida por un dictador apoyado por occidente por ser un aliado en términos de seguridad. Gadafi fue rehabilitado en la misma clave. El régimen de refugio internacional fue sustituido lentamente por un régimen de sospecha frente a cualquier inmigrante político. Y la muerte de Bin Laden no nos va a devolver estos 10 años de requiso internacional de los derechos civiles en nombre de la seguridad.

Tampoco vamos a tener oportunidad de abrir estos debates. La muerte de Bin Laden, de tiro a la cabeza y lanzamiento de cuerpo al mar, inyecta más violencia al sistema. Los mismos medios que las dictaduras latinoamericanas utilizaban en los años 70 y 80 para deshacerse de los militantes de izquierda, levantará ampollas entre esa base social -minoritaria en cualquier parte, pero abundante en números absolutos- que se siente involucrada en el proyecto de la yihad global. Y entre medias nos encontraremos nosotros. Mirando cómo sube la popularidad de unos, cómo crece el resentimiento en otros, y cómo nuestros derechos más elementales se fueron hace años a comprar tabaco. Y nosotros aquí esperando.

martes, abril 26, 2011

Cine africano en Valladolid

Durante los días 3, 4 y 5 de mayo de 2011 se celebra en Valladolid la 4ª muestra de cine africano de la ciudad. Buena oportunidad para acercarse a otras historias.

El ciclo cuenta con películas de Burkina Faso, Sudáfrica o Benín y está organizado por UMOYA. Se proyectarán las películas Yaaba, Yesterday y Arlit, Deuxiéme Paris.

Qué: 4ª Muestra de Cine Africano.
Dónde: Salón de Actos Caja España-Caja Duero, Pza. España 13, Valladolid. [ver mapa]
Cuánto: Gratuito hasta completar aforo.

lunes, abril 04, 2011

Historia del África Negra, de Joseph Ki-Zerbo

Joseph Ki-Zerbo fue un historiador africano que falleció en 2006. Nacido en Burkina Faso, su trabajo consistió en la redacción de diferentes volúmenes sobre la historia de África o, más concretamente, sobre la historia de África al mundo.

Ésta ha sido una cuestión de gran necesidad, más durante los tiempos de la descolonización. Desde que la Modernidad estalló en Europa y este continente fue capaz de dominar militar e intelectualmente el mundo, la historia del África pre-colonial se había resumido en una no-historia irrelevante y oral.

El trabajo de historiadores como Ki-Zerbo consistió en valorizar, en cánones occidentales y modernos, es decir, en cánones del actual sistema político, económico y cultural mundial, la historia de todo un continente. Gracias a gente como él, y a trabajos como el que ahora publica la Editorial Bellaterra, las voces que reclamaban y aún reclamamos la visión del otro africano como un igual, capaz de aportar a la vida social, económica y política, pero también científica y jurídica, puntos de vista que mejoren la vida de las personas, están más reforzadas. Porque gracias a trabajos como el suyo, la presencia de África en la historiografia es una realidad. Y no hay ni filósofo, ni político, ni escritor, que sea capaz de ignorarlo.

Desde que comenzó este blog sobre África Subsahariana y Relaciones Internacionales, allá por 2006, podemos encontrar una frase de Joseph Ki-Zerbo justo al final de la portada del blog. No recuerdo de dónde la saqué, pero desde luego me motiva a encontrar y leer este inmenso volumen sobre la historia de África que hoy publica la Editorial Bellaterra y que también te animo a consultar.

Qué: Libro Historia del África Negra, de Joseph Ki-Zerbo.
Dónde: Editorial Bellaterra.
Cuánto: 40€.

martes, marzo 29, 2011

Cinco preguntas sobre Libia

Desde que la coalición de Estados occidentales, liderada por Francia y EEUU, comenzó la intervención en Libia has sido varias las incógnitas que me han planteado diversos amigos sobre el conflicto. Este es un humilde intento por contestar algunas de ellas.


Una de las cosas que han llamado la atención han sido la cantidad y el tipo de arsenal militar del que disfrutan los miembros de la resistencia. Para entender esto debemos primeramente observar quiénes constituyen la resistencia.

El clima de protestas y rebeliones que respira el mundo árabe tras la caída de Túnez y Egipto, sumado a la voluntad de Gadafi de reprimir violentamente cualquier manifestación en su contra, provocó que cierta parte del ejército libio abandonase su disciplina militar y se sublevara. Esto explicaría una parte del arsenal con que cuenta la milicia y las imágines de ésta siendo aleccionada e instruida por personas de uniforme.

Pero además se ha de contar con que Libia era una de las puertas de entrada del tráfico de armas para los conflictos africanos. Un informe del Grupo de Investigación e Información sobre la Paz y la Seguridad (GRIP) con sede en Bruselas informaba en 2008 de que las armas empleadas en conflictos como el de la República Democrática del Congo señalaba a Libia como una de las plataformas del tráfico ilegal de armas. De ahí que la primera resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Libia, 1970 (2011), fuera en el camino de endurecer las medidas para evitar el tráfico ilegal de armas y, por tanto, limitar los arsenales oficiales y rebeldes.


La bandera que enarbolan los rebeldes y que tan ampliamente han difundido los medios de comunicación occidentales como bandera monárquica es, en realidad, la primera bandera del país. Libia fue el primer país en obtener la independencia tras la Segunda Guerra Mundial, cuando los aliados la liberaron de su periodo colonial italiano y pasó a establecerse una monarquía. En 1969 Gadafi da el golpe de Estado por el que se alza con el poder y no es hasta 1975 cuando decide cambiar la bandera del país por la que hasta hoy es la bandera oficial. Al llegar al poder Gadafi se intenta reinventar a sí mismo como uno de los líderes del socialismo no alineado. Escribe un texto que bautiza como Libro Verde reproduciendo los pasos de Mao Tse Tung y su Libro Rojo. Uno de sus principales idearios era la consecución de una unidad árabe, idea muy popular en esos años y sobre la que se imponía un color como símbolo : el verde. El mismo del que coloreó la nueva y, hasta hoy, oficial bandera de Liba.


Cuando estalla una guerra en la que interviene un país occidental todo el mundo corre a ver las cuentas corrientes de dicho país para explicar los motivos. Que las guerras son movimientos de los poderosos para acaparar más riqueza o más poder que le conduzca a la riqueza es algo que ya está inventado, como la pólvora. Por eso que en el caso de Libia miremos las cuentas corrientes y no veamos nada claro a primera vista desorienta un poco.

EEUU y Francia lideran la coalición militar y han guiado al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en la resolución 1973 (2011) que permita el uso de la fuerza. Y sin embargo ninguno de ellos tiene intereses económicos aparentemente comprometidos con la estabilidad del país.

El principal socio comercial de Libia es Italia. Ya se ha movido por la web un vídeo de Berlusconi besando la mano de Gadafi y el Parlamento italiano, el día que votó el apoyo a la intervención, notó la ausencia del Primer Ministro italiano, que se ausentó inexcusablemente. Con la caída del régimen, es el país europeo que más tiene que perder.

La ausencia de Gadafi abriría a otros actores la negociación de contratos en materia de energía. Los franceses ya han perdido concursos de concesiones estatales libias frente a los italianos, y un cambio en el poder libio quizás haría inclinar la balanza a su favor.

EEUU no se suministra con petróleo libio, aunque sí China –y de ahí se explica su predisposición a vetar la intervención. Sin embargo los primeras voces a favor de la exclusión aérea –término que implica el ejercicio de la fuera aérea- vinieron del grupo de asesores del presidente George W. Bush, los conocidos como halcones, que planearon la invasión de Iraq en 2003. Interpretar que si EEUU gana el acceso al petróleo libio China lo pierde es hacer un falso juego de suma cero.

En realidad, la salida de Gadafi permitiría a EEUU abrir una nueva fuente de petróleo, si bien no con un peso muy importante, sí con un peso relativo muy necesario en su política de diversificación del suministro. Además, no hay que olvidar que la península arábiga, de donde procede la mayor parte de su petróleo, está también envuelta en un clima de rebelión democrática que puede no favorecerle. China podría consentir –como ha hecho- a cambio de asegurarse seguir manteniendo sus cuotas de suministro o poder participar más en otras regiones. Y es así como obtenemos un juego win-win que permite el voto favorable de uno y la abstención del otro en el Consejo de Seguridad.

Pero aquí no acaba la cosa. Tras Túnez y Egipto, Libia podía haber caído o, al menos, desestabilizarse. Es muy probable que Francia no tenga más intereses en Libia que los de asegurarse algún contrato, pero lo que sí es seguro es que la clave en la estructura político-económica francesa tiene un nombre: Argelia. La desestabilización libia podría dar alas a una ya de por sí soliviantada rebelión argelina de consecuencias impredecibles, con actores islamistas contrarios al comercio con Francia y unas inversiones energéticas europeas ya comprometidas. Demasiado que perder explica el liderazgo francés en la intervención –junto con otras cuestiones de carácter interno que no nos detendremos a explicar.


Gadafi promocionó en el pasado intervenciones terroristas contra intereses occidentales. También financió a todo tipo de guerrillas que se levantaban contra gobiernos cómodos a los ojos de Europa y Estados Unidos. Así fue como, poco a poco, con el continuo pasar del fracaso de los movimientos revolucionarios mundiales, el país se quedó aislado de la política internacional del centro del sistema. Incluso en 1986 EEUU realizó un bombardeo sobre el país con el fin de atacar los intereses de Gadafi.

Desde el 11S la estrategia de occidente con respecto a Libia cambió. Se le requirió como vigía de occidente en los campos de entrenamiento yihaddistas en el Sahara y como Estado tapón frente a la inmigración africana hacia Europa. Además de ser suministrador de petróleo para el continente, Tony Blair llegó a proponer en la cumbre de la UE de 2002, en Sevilla, la construcción de campos de internamiento en suelo libio con la finalidad de enviar allí a los demandantes de asilo político en territorio europeo hasta que se resolviera su expediente.

Los motivos del nuevo bombardeo a Libia sólo se explican, por tanto, si se tiene en cuenta el contexto internacional del momento. Cuando las revueltas de Túnez y Egipto estaban en su punto álgido, especialmente esta última, los países occidentales comenzaron a acusar las presiones de la sociedad civil internacional que les demandaban un mayor compromiso con la democracia global y las revueltas pacíficas. Los tiempos entre el final de la revolución en Egipto y el comienzo en Libia –y sus similitudes de protesta pacífica- coincidieron y los discursos de apoyo a la democracia egipcia se interpretaron como un apoyo a las protestas libias. Los países occidentales han sido, por tanto, esclavos de sus palabras, demostrando que, por cínico que nos parezcan los discursos, muchas veces estos tienen su importancia y obligan a los Estados a seguir una línea política y no otra.


Defender los Derechos Humanos a bombazos es una actividad que recuerda mucho al Ministerio de la Paz de 1984. Sin embargo, en ocasiones, tomar este camino es irremediable. Una vez que, como bloque de Estados, te has posicionado a favor de la caída de un dictador alegando que viola los Derechos Humanos y que, además, en dicho país ha surgido una resistencia armada que es interpretada como democratizadora del país, te quedan pocas escapatorias para no intervenir militarmente. Itziar Ruíz-Giménez lo explica muy bien en su libro La historia de la intervención humanitaria. Durante los años 90 se estableció la norma de intervenir militarmente a favor de la defensa de los Derechos Humanos. Es cierto que dicha norma se quebró tras la salida de Somalia, pero los Estados occidentales quedaron colgados de ese discurso intervencionista y rompedor con el régimen de soberanía estatal.

Eso sí, como hicieron en el caso de Kosovo, las potencias occidentales han procurado dejar bien claros dónde están sus límites. En la resolución del Consejo de Seguridad se habla tan sólo de mantener una zona de exclusión aérea, lo que deja a una intervención terrestre fuera de todo programa –salvo operaciones especiales puntuales. Es una guerra legal –no como Kosovo- que trata de evitar la violación de Derechos Humanos en Libia. Es, por tanto, una intervención humanitaria.

Que sea humanitaria no significa que sea buena, ojo. Una guerra es una guerra, se sabe cómo comienza y no cómo acaba. Se sabe contra quién se hace, pero no contra quién se acabará. Se saben los objetivos iniciales, militares y políticos, pero no se sabe qué atacar cuando éstos se acaban y el dictador sigue resistiendo. Y, por supuesto, se sabe que causará daños a la población civil, pero se les llama daños colaterales.

viernes, marzo 25, 2011

Winners, de Mercedes Goiz y Luis Bardón

Haciendo frontera con Costa de Marfil, Sierra Leona y Guinea-Bissau, la República de Liberia es uno de esos casos paradigmáticos del conflicto africano de los 90. Su realidad social, política y económica se puede interpretar, y se ha interpretado, desde todos los ámbitos con el fin de explicar o justificar teorías tales como el nuevo barbarismo o la imposibilidad de gestionar una paz africana.

Su conflicto, que puedes entender muy bien a través del libro de la profesora Itziar Ruiz-Giménez, Las buenas intenciones, finalizó en 2003 con la instauración de un gobierno de transición y en el año 2005 el pueblo de Liberia eligió a Ellen Johnson-Sirleaf como Presidenta, convirtiéndose en el primer país africano en nombrar a una mujer como máxima autoridad estatal.

En el marco de la recuperación de la sociedad civil tras el conflicto, el documental de Mercedes Goiz y Luis Bardón nos cuenta la historia de unas mujeres liberianas y de su lucha por superar las heridas del conflicto. Son 18 minutos de gran calidad, técnica y humana, que te recomendamos desde aquí. Por motivos técnicos no se puede colocar el vídeo directamente en el blog, pero si quieres verlo puedes pinchar en el enlace de más abajo.

Por cierto, que según parece los autores están proyectando un documental de más larga duración sobre la situación de la mujer en Liberia en el marco de las próximas elecciones del mes de octubre de 2011, las primeras sin el tutelaje de ningún organismo internacional. Si quieres apoyarles o quieres conocer algo más del proyecto, ponte en contacto conmigo y les pasaré todos los comentarios.