jueves, julio 31, 2008
Futuro
miércoles, julio 30, 2008
Fantasmas Balcánicos (VI)
Si uno pasea por el centro de Belgrado, antes o después se encontrará divisando la antigua ciudadela turca de Kalemegdan. Este parque, con sus murallas y sus fortificaciones, destaca dentro de Belgrado por poseer una concepción de la vida y de la libertad exclusiva. Allí, los belgradeses acuden para encontrarse cogidos de la mano, para bailar al son de músicos tradicionales, para reflexionar sobre sí mismos o para ganarse la vida. En el otoño de 2003 el parque tenía además una luz especial que invitaba a conocerlo. Entre aquéllos que se ganaban la vida, un viejo militar de la Yugoslavia de Tito, sentado en una silla plegable y con una mesa de jardín a sus pies. Como pasa en otros parques públicos, sin ir más lejos en El Retiro, jubilados como este señor montan sus tenderetes de venta o intercambio de cachivaches. En este caso, el jubilado militar vendía camisetas a muy pocos dinares. De una calidad más que discutible, el principal motivo de decoración no era otro que la imagen de un Radovan Karadzic presto y dispuesto para la consecución de la Gran Serbia. El Milenarismo, parecía decir, había llegado ya. Hace una semana que apresaron a este ideólogo de la Gran Serbia. La historia de su captura, en el barrio de Nuevo Belgrado, disfrazado o más bien camuflado bajo una identidad robada a un jubilado de la Vojvodina, ganándose la vida con la medicina natural, visitando bares nacionalistas que rendían culto al Karadzic original. De primeras, todo demasiado raro. ¿Por qué iba Karadzic a salir de Pale, ciudad de la República Sprska de Bosnia en donde vivía refugiado –bien acomodado- en las montañas? Allí aún disponía de su capital monetario, de la admiración de muchos y de la ayuda de unos pocos quienes, cuando veían llegar a la policía en su busca, daban la voz de alarma hacia lo alto de las montañas evitando así cualquier captura por sorpresa.
Mi escepticismo respecto a las condiciones de su captura se acrecienta cuando veo que ha sido Tadic –el europeísta- el responsable político de anunciarlo, y que nada se sabía en un principio de Kostunica. Este último se ha refugiado políticamente entre las filas de los nacionalistas serbios cada vez más nostálgicos de los días de la Gran Serbia, que no fueron otros más que aquellos en donde Yugoslavia estaba fuertemente anclada a la población serbia a pesar de contener otras 5 ó 6 repúblicas más. Curiosa manera de acabar políticamente con el que fuera la gran esperanza en los días de la caída de Milosevic en el año 2000. Es muy cierto que el entusiasmo del pueblo serbio con Kostunica se debía más a las ganas de sacarse de encima a Milosevic que al apoyo a un proyecto que, por otra parte, se ha demostrado hueco en el espacio y el tiempo.
En cualquier caso, Tadic anunció la captura y la entrega sin dilación del criminal de guerra al Tribunal de La Haya en donde se juzgan las causas de las guerras balcánicas. Si no hubiera habido tal rocambolesca historia con el Karadzic disfrazado y desconocido incluso para quienes convivían con él a diario, difícil se haría al gobierno de serbia explicar por qué no le habían entregado antes. Si confesaran que Karadzic ha estado todo este tiempo en Pale, disfrutando de la vida del poeta que dice ser –escribe poesía para los niños, como Gloria Fuertes- no se entendería el por qué de la entrega salvo como pago para iniciar las conversaciones de inclusión en la UE.
¡Ah! Que lo mismo es eso. Tadic, el europeísta, se saca de la manga a Karadzic, lo manda para La Haya y espera acontecimientos. Quizás le falte Mladic en el paquete, pero mejor mandar al ideólogo sólo protegido por los nostálgicos que mandar al que estaba en segunda fila que aún puede tener conexiones con los militares. Es un bonito cheque al portador pidiendo el ingreso en el club de Europa. El Consejo de Ministros de la Unión Europea, tras la detención y el anuncio de la entrega, sabe entender el por qué de estos movimientos serbios y se decide a hacer una declaración conjunta en la que se le felicita al estado serbio por sus esfuerzos y se le anima a seguir acercándose a la UE. Pero finalmente la declaración no es aprobada porque Holanda la paraliza. Para el gobierno holandés, que se vio inmerso en la matanza de Srebrenica por la que se va a juzgar también a Karadzic, no quiere hacer concesiones en esa torre de oro en la que se ha instalado cuando se habla de Bosnia, Serbia y todo lo que se les pueda relacionar. Para los holandeses, felicitar a Serbia por haber entregado a Karadzic es dar un paso atrás en su posición moral. Se han convertido en los guardeses de la moralidad balcánica asumiendo que, toda la moral que les faltó a sus cascos azules, la pueden recuperar ahora enrocándose más si cabe y haciendo política justiciera del espectáculo. Más les valdría superar sus traumas solitos y dedicarse a proveer las cárceles de La Haya de un sistema más seguro que evitara muertes tan sospechosas como la de Milosevic.
En este contexto, el Partido Radical serbio, nacionalista y admirador de la obra de Karadzic, ha vuelto a enarbolar la bandera del victimismo. Como dando la razón a aquel Kaplan profundamente etnocentrista que escribiera Fantasmas Balcánicos –y cuyo título domina esta serie sobre los Balcanes pretendiendo ser más irónico que fiel a la idea de Kaplan-, se justifican los crímenes de Karadzic aduciendo que “los croatas mataron más”, se manifiestan en Belgrado causando más destrozos que movilizaciones y amenazan de muerte a los dirigentes políticos que han tenido que ver en la entrega de Karadzic –lo que no es moco de pavo, ya lograron acabar con la vida de un Primer Ministro en 2003. No me extraña que la mayoría de la población serbia esté más harta que ilusionada o escéptica ante sus políticos. Seguro que si la población serbia viera cuánto pueden hacer juntándose un poco, sus políticos temblarían al ver cómo se les caen los mitos fundacionales de sus ideologías –y esto vale para los nacionalistas y para los europeístas.
Pero, pese a quien pese, Karadzic ya ha viajado a La Haya. En la misma noche de la manifestación, sin la palmadita de apoyo en la espalda de Tadic de la Unión Europea, guardando las formas en cuanto a su captura y encerando la sala del Tribunal en el que habrá de ser juzgado. Porque sí, asómbrense, todo esto se hace por y para la justicia. ¿Qué dónde se había quedado ésta? Eso mismo nos preguntábamos muchos desde hace tiempo. La tan famosa Carla del Ponte, fiscal que acusaba a Slobodan Milosevic hasta la muerte de éste, abandonó el Tribunal con la intención de denunciar lo que ha denunciado en un libro: que la Justicia de La Haya ni es justicia ni es nada. Que lo importante en ese Tribunal es guardar las formas de cara a la galería. Que los presos, supuestamente enfrentado por odios ancestrales –gracias, Kaplan- son íntimos y comparten cigarrillos y risas, que los procesos allí instruidos sirven más para limpiar las conciencias occidentales –Holanda, de nuevo- que para restituir a las víctimas.
¿A quién extraña todo esto? Que una Guerra Civil se transforme en un ridículo mundial al pretender juzgar los hechos en una base supuestamente imparcial, pero ajusticiando sólo a quienes perdieron la guerra –los dirigentes occidentales que tanto mal hicieron disfrutan de sus premios, conferencias y nominaciones-, es algo que no creo que sorprenda mucho. En Ruanda, otro lugar en el que se cubrió de gloria la Comunidad Internacional –signifique lo que signifique esto-, la lección ha sido más bien otra. Sus crímenes están siendo juzgados con ayuda de la antropología social, reinstaurando sistemas tradicionales de justicia tales como las Gacacas (pronúnciese Gachacas) y sin olvidar que cada sociedad tiene su propia manera de pasar páginas en sus hechos traumáticos. Si hacemos caso del fantasmagórico y equivocado Kaplan, la manera de ajusticiar en los Balcanes no es otra que dejándolo estar, asumiendo las pérdidas cada uno, victimizándose y vanagloriándose de cada derrota o victoria, y siguiendo con una vida llena de sentido. Quizás sea mejor manera que la de la justicia-espectáculo y las detenciones-mensajes que hoy vivimos y sufrimos. Pero seguro que sería menos ridículo.
miércoles, junio 18, 2008
Premio para Ensayos Africanistas
La Casa África, localizada en Las Palmas de Gran Canarias, ha lanzado un premio para ensayos que hablen sobre diversos temas africanistas. En concreto, los ensayos no han de superar las 50 páginas ni tener menos de 40, y versarán sobre relaciones entre España y África Subsahariana; situación económica de África Subsahariana y relaciones económicas con España; las relaciones de cooperación entre España y África Subsahariana con especial atención hacia Canarias; y la evolución de los procesos de consolidación democrática en África Subsahariana. Hay de plazo hasta el 30 de Septiembre de 2008 y el premio consiste en 4.000€ y la publicación de los ensayos en formato de libro conjunto. Les pondría un enlace hacia más información sobre los mismos, pero me temo que la web de Casa África no está actualizada y sólo he encontrado la convocatoria del año pasado -en la que, por cierto, el importe del premio ascendía a 6.000€-, así que si alguien está interesado o interesada que me escriba y le remito la convocatoria oficial en formato pdf.jueves, junio 05, 2008
La crisis alimentaria
Así podría empezar el texto final que salga de la reunión que estos días está teniendo lugar en la sede de la FAO, en Roma. Una FAO que a cada momento que pasa la tengo más inquina. El juego de estas cumbres es, básicamente, el de mostrar la preocupación de todos por el asunto. El Secretario General de Naciones Unidas, Sr. Ban Ki-moon, ha recordado a los representantes de los Estados miembros que perder la oportunidad de buscar soluciones en esta reunión equivaldría a condenar a muerte a millones de personas. Siendo en Roma no puede decirse sino Alea Jacta Est, porque de soluciones, la cumbre no andará sobrada.
El mercado alimentario mundial está subiendo los precios de los productos hasta en un 50% desde Agosto del año pasado. Esta subida hace que en Occidente hablemos ya de crisis, mientras que en los países pobres esto se llama sencillamente no comer. Muchos han señalado que el aumento del precio de los alimentos está relacionado con los biocombustibles. A comienzos de la crisis alimentaria, en el citado Agosto de 2007, los biocombustibles eran los reyes de la culpabilidad. El razonamiento era lógico. Un producto –los alimentos- habían sido desarrollados para que sirvieran para otra cosa. El cambio de valor de uso, en aumento, de este producto hace que aumente la necesidad del mismo y, por lo tanto, su precio de mercado. Ahora que los cereales sirven para algo más que para alimentarse, mientras no se aumente la producción, el precio seguirá subiendo. El Mercado es el Mercado y las cosas están así, dicen.
El mismo Presidente de Brasil, Lula, anteriormente conocido como la gran esperanza blanca para las izquierdas mundiales, y hoy decididamente debilitado como valor moral, suscribió en 2004 la Alianza contra el Hambre –por cierto, junto con el Sr. Rodríguez Zapatero, el gobierno de Chile y el de Francia- en un intento por trasladar su programa político hacia lo internacional. Él había salido elegido un tiempo antes como Presidente de Brasil con un programa que llevaba el compromiso de lograr “que todos los niños brasileños puedan desayunar cada día”. Algo tremendamente loable, pero que desde que llegó no ha tomado en serio si nos atenemos a los resultados. Está bien eso de pedir lo imposible, pero es trágico si no lo logras. Lula ha llegado a Roma con la intención de defender la bondad de los biocombustibles. Brasil es uno de los países que más está invirtiendo en esta tecnología –en términos relativos, claro-, y si de la Cumbre saliera un compromiso para aparcar su implantación vería su modelo energético seriamente tocado, Más aún cuando el gobierno boliviano de Evo Morales le cerró la puerta de abastecimiento de gas en 2006 en la nacionalización más contenida que se ha podido ver en los últimos 40 años.
Lula no se encontrará con una gran fuerza por lastrar el desarrollo de los biocombustibles. La realidad es que la Cumbre no está funcionando en el sentido de poner a los Estados miembros en un mismo nivel de análisis. O quizás sí.
Quizás sí porque todos saben bien a dónde señalar, pero poco o nada pueden o quieren hacer. Hace poco tiempo escuchábamos la noticia de que la cadena de supermercados más grande de Estados Unidos había anunciado que limitaría la compra de arroz a cuatro sacos por persona. No sé qué cantidad de arroz se consume en Estados Unidos, pero para mí cuatro sacos me resulta bastante arroz. La medida, extraordinaria para un mercado de libre comercio donde uno compra todo lo que quiere y puede, impactó en el mundo. La crisis alimentaria era tal, se decía, que hasta en los Estados Unidos estaban empezando a racionar el arroz. No importaba que el responsable de agricultura del Gobierno de Bush saliera en una rueda de prensa diciendo que a él le registraran, que según sus cuentas había arroz más que de sobra para abastecer todos los Estados Unidos de Norteamérica.
Con esta anécdota ilustramos a uno de los primeros causantes de la crisis alimentaria: la especulación. Pensemos que Wall-Mart, que así se llamaban los almacenes, habían comprado una gran cantidad de arroz hará, por lo menos, dos meses antes de anunciar el racionamiento. En el tiempo que va desde que compraron el arroz hasta que lo pusieron a la venta, el precio del arroz en el mercado internacional ha subido estrepitosamente y Wall-Mart se encuentra que, aún sin haber obtenido beneficios por ese arroz barato, está comprando arroz caro. Una solución sería la de subir el precio final del arroz barato y que el consumidor asumiera los esfuerzos. Más beneficios para Wall-Mart. Pero si tus márgenes de beneficio están estrictamente controlados, no te queda otra que deshacerte lo más rápido posible del arroz barato. Lo racionas, anuncias el razonamiento, la gente acude en masa a comprar arroz por si se acaba y te preguntan si los niños de 8 años también pueden comprar 4 sacos: ya tienes el almacén vacío del arroz barato.
Junto a la especulación, encontramos el I+D. Los transgénicos vienen siendo reclamados como la solución para todo. Es el camino que nos traerá más y mejores alimentos. Algo parecido a lo que era la Revolución Verde de hace unas décadas y que, por desgracia, trae los mismos problemas. Con los transgénicos pasa que la variedad de cultivos se pierde en función de las características genéticas que ha decidido la industria. Si ésta fuera sabia e infalible, no pasaría nada. Pero la experiencia nos demuestra que la industria es una creación humana, sin divinidades de por medio, y por lo tanto se equivoca en tanto en sus análisis como el mejor de los humanos. Así que no se le puede dejar encargada de la selección genética y la globalización de una semilla en contra de otra. Además, convirtiendo la semilla en un producto industrial, lo que consigue la implantación de transgénicos es situar a los agricultores en un plano de dependencia aún mayor. Ya no sólo les hacen falta inversiones para lograr la maquinaria y aumentar sus beneficios, sino que además han de pagar una semilla-industrial mucho más cara que la natural por llevar un valor añadido que antes no llevaba.
¿Qué queda entonces? ¿Qué queda cuando las soluciones más novedosas como los biocombustibles y los transgénicos no ofrecen nada definitivo? … En efecto, queda el viejo y omnipresente comercio. El gran Capital. Es obvio que los Estados miembros en la Cumbre no van a estar de acuerdo en cambiar la situación del comercio agrícola mundial. Que se mueran millones de personas no es suficiente para echar a perder años de brillantes modelos económicos. Pero, me temo, aunque lo hicieran esa tampoco sería la solución. Al menos en los términos que se están planteando las cosas.
El comercio internacional está estructurado de manera que se promocione el libre intercambio, sin aranceles ni limitaciones. Los productos industriales, las materias primas, todo puede ir y venir de un lado al otro de la frontera sin, en general, restricción arancelaria ninguna. Este simpático orden comercial viene a cuento por la voluntad de creer en el libre comercio, en la no intromisión del Estado –ese ente- en la sabia voluntad del Mercado. Sin embargo, desde los mismos foros en donde se promueve el librecambismo, surgen propuestas para financiar a los agricultores de los países ricos y limitar la entrada de los productos agrícolas de los países pobres. Los más adinerados del planeta defienden su industria agrícola a pesar de que se muestran claramente en inferioridad frente a los productos agrícolas de los más pobres. Producir un litro de leche en Galicia sale extremadamente más caro que
producirlo en Etiopía; la lógica de mercado nos diría que el lechero gallego ha de desaparecer y Etiopía habría de desarrollar una industria láctea de tal calibre que sería capaz de vender leche a Galicia. Así todos se repartirían riqueza, pues la división internacional del trabajo organizaría el mundo entre ricos productores de chips en Estados Unidos, ricos pescadores gallegos y riquísimos productores de leche etíopes. Lástima que la realidad venga a reventar el modelo de nuevo.
La propuesta internacional frente a los aranceles y las subvenciones que los ricos dan a su agricultura es el mercado libre y la división internacional del trabajo. Que los ricos supriman las medidas que lastran la incorporación de los pobres al mercado internacional, impidiéndoles desarrollar su ventaja comparativa y, por lo tanto, impidiéndoles salir de la miseria de sus vidas ¿verdad? Esto es lo que se propone en Roma estos días de lluvioso Junio. Esto, y no otra cosa, sería considerado un éxito a nivel mundial, una victoria para los países pobres.
Sin embargo si nos paramos a analizarlo con un poco de calma –y ya sé que el post está quedando un poco largo- veremos que no es así. ¿De verdad alguien piensa que un etíope se puede hacer igual de rico que Bill Gates vendiendo leche a todo el mundo? La historia de la economía internacional nos demuestra que los países ricos han podido serlo protegiendo sus mercados. Los aranceles han sido fundamentales desde Enrique VIII y su política lanera. Ningún país se ha hecho rico vendiendo sus productos agrícolas. Ningún país que venda sus productos agrícolas va a dejar de sufrir hambrunas –en especial porque si su agricultura está orientada a la exportación cultivará en demasía un producto, como el café, con el que es imposible subsistir y del que no es dueño de los precios que le pagan. Las hambrunas se acabaron en Europa el día que comenzó a florecer una industria fuerte. La industria hacía más productivos los campos al desarrollar tecnologías. La industria hacía que el flujo monetario de un país fuera mayor y que, por lo tanto, la gente pudiera comprar más productos agrícolas.
Es extraño que la Cumbre de Roma, auspiciada por FAO, para tratar de solventar la crisis alimentaria tenga más que ver con la industria de los países pobres que con la agricultura. Sí, es una solución que no finiquita la grave situación que hoy día encontramos –para eso hay otras alternativas- pero, si ya el Banco Mundial está diciendo que la crisis durará hasta 2015, urge una preocupación por estos problemas y no un análisis tan simplista como que los problemas del comercio agrícola se solucionen con… más comercio.
[Para más referencias, no sean tímidos y consulten con el correo electrónico del blog. Si son tímidos pueden preguntarle al Sr. Hang mediante la lectura de Retirar la escalera. La estrategia del desarrollo en perspectiva histórica. Catarata, 2004.]
viernes, mayo 23, 2008
Un barquito de cáscara de nuez
No han cesado los ecos del secuestro del barco vasco en la costa de Somalia cuando nos llegan noticias de un nuevo secuestro de occidentales, esta vez cooperantes italianos, en el mismo país. Las explicaciones de los Mass Media son siempre tan simplistas que el análisis se reduce a calificar a los secuestradores como piratas y reclamar a los gobiernos el envío del apoyo militar necesario para que situaciones como estas no se vuelvan a repetir. La imagen del secuestrador es la del tipo desordenado, gobernado por un ansia de salir de la pobreza y un estigma de vida violenta. La lógica, entonces, es la de la piedad, porque son tan pobres, y la indignación, porque son tan salvajes.Pero nadie se para a leer qué significan todos estos secuestros. Ni siquiera se para a pensar que el secuestro de las dos cooperantes españolas y una argentina a comienzos de este año quizás tenga algo que ver con el secuestro del pesquero vasco. Más allá de la nacionalidad de los secuestradores, dato irremediablemente señalado con la más mínima excusa.
Analizando el secuestro pesquero podemos observar que el gobierno español se decidió por pagar el secuestro. Qué hacer, sino, ante tal cúmulo de salvajismo acumulado. No se puede negociar con quien no entiende los términos de la negociación, de la ley y de la vida civilizada.
Por eso no se negocia con ellos, los secuestradores, ni se negocia allí donde ha habido el secuestro, Somalia. Las conversaciones mantenidas por los representantes del gobierno español tuvieron lugar en un céntrico hotel londinense de cinco estrellas. Como interlocutores, en el otro lado de la mesa, no estaban esos paradigmas de salvajes, sino el sumun de la civilización occidental: el equipo de abogados de uno de los bufetes más prestigiosos del Reino Unido. Al final la cosa no parecía tan rudimentaria ¿no? Y la escenificación de la escena seguro que no difería demasiado de la negociación de cualquier acuerdo compensación económica. “Miré, estas son nuestras tarifas”; “Pues es que con estas no me cuadra el presupuesto por culpa del capítulo quinto ¿no tienen precio amigo?”.
Somalia fue un país que tuvo la mala suerte de caer víctima de una guerra cruzada. La primera, originaria, creó el conflicto civil que masacró a la población y dio paso a la otra, el conflicto global. Como éste, Somalia no logró salir de ninguna de las dos y ahí se quedó, abandonada en mitad del océano sin nadie que negociara con sus secuestradores con un Hornimans en la mano derecha y el meñique levantado.
La guerra local dejó Somalia dividida en distintos grupos dirigidos por Señores de la Guerra y, cuando las tropas de la ONU se retiraron ante su incapacidad en el arte de la paz, al auxilio de éstos acudieron los otros elementos del régimen internacional: la delincuencia organizada. Proporcionándoles ayuda militar, los conglomerados de empresas y particulares obtienen a cambio un beneficio de los crímenes cometidos por estos ejércitos en miniatura.
Convertida en la oveja negra del sistema internacional, Somalia pasa por ser el único territorio de importancia en el mundo que no está controlado –en la medida de lo posible- por una entidad estatal. Sí existen figuras más o menos administrativas, como Somaliland, que a pesar de no contar con el reconocimiento internacional, tratan de ejercer las labores mínimas de un Estado y considerar su desarrollo político en el marco de unas fronteras políticas bien definidas. El resto del territorio queda abierto a la especulación y a la delincuencia, con una guerra civil de por medio y la paradigmática calificación de Estado Fallido.
Siendo una Tierra de Nadie, todo allí se puede obtener. Bien lo saben los pescadores vascos que allí faenaban cuando fueron secuestrados. Los caladeros de Somalia son unos de los más esquilmados del Océano Índico y reciben visitas de embarcaciones de todas partes del mundo que, sin pagar derechos de pesca por no haber Estado con quien firmar el Tratado, llenan su hucha lo antes posible sin importar leyes o normativas nacionales con el fin de subsanar la crisis de su mercado.
Somalia aparece como la respuesta a muchas de las situaciones de crisis que se viven hoy día. Es un lugar del común de las políticas internacionales que expresa el abandono al que, deliberadamente, se le ha sometido por parte de la Comunidad Internacional. Y de manera sistemática, a esta tierra por la que en su día se peleaba Mussolini para hacer de Italia un Imperio, se la reprocha su incapacidad para poner fin a la violencia.
A la población somalí se la criminaliza, culpabilizándola de su pobreza por culpa de una guerra de la que se la hace responsable. El Desarrollo, esa piedra filosofal, no se puede dar sin esa cosa que llaman Seguridad y a la que ahora parece que el pobre ha de encomendar su vida. Si eres pobre, el mundo no podrá soportarte porque el rico pensará que quieres tener lo que él tiene, que lo ansías y deseas con tal fuerza que arriesgarás lo poco que tengas con tal de agarrarlo con tus manos.
Ahora resulta que el pobre no es pobre porque haya ricos. Ni que existan, como bien decía Vázquez Montalbán, Países subdesarrollados porque existen Países subdesarrollantes. No. Ahora el pobre es pobre porque no tiene las condiciones de seguridad necesarias para poder dejar de ser pobre. Y cambia el objeto de la cooperación al desarrollo. Y la pacificación de las zonas a desarrollar se convierte en el foco principal del sistema internacional.
Sobre la base, trasciende una visión liberal de la Historia. Donde todos los Estados pueden alcanzar el mismo nivel de desarrollo –suponiendo la existencia de éste- bajo la batuta de unos principios económicos que, de no encajar con la pieza de la sociedad, se golpea y se golpea hasta que entre. No hay alternativa para los pobres salvo rendirse a lo evidente: que su pobreza viene dada por su condición moral y su tendencia al conflicto. Y no de la economía y la política de quienes viven por encima de sus posibilidades. No al revés, eso por supuesto.
lunes, mayo 19, 2008
Dos por el precio de uno
La literatura africana está de moda, se lo digo yo. Tras la dedicación de la Feria del Libro de Madrid a las literaturas africanas, son muchas editoriales -grandes y pequeñas- las que se están volviendo a atrever con títulos africanos más allá de Coetzee. Como contrapartida, aquellos quienes degustan libros de autores y autoras de África pueden disfrutar de actos y presentaciones donde aprender más de esta literatura. Hoy me han coincidido dos interesantes anuncios para aquellos que viven en Madrid y en Alicante. Si pueden pasarse, no lo duden:Jueves 22 de Mayo, 19:00h. Fundación Sur, c/ Gaztambide, 31. Madrid (Metro Argüelles/Moncloa/Islas Filipinas).
"Mirar al mundo con ojos nuevos: escritoras africanas", por Bibian Pérez Ruiz.
Miércoles 28 de Mayo, 20:00h. FNAC Alicante, Avd. de la Estación, 5. Alicante
miércoles, abril 23, 2008
Los tiempos, están cambiando
Hubo un tiempo, siempre en pasado, en el que el vocablo tercermundista estremecía las conciencias de los poderosos occidentales. Este término, tercermundista, estaba lleno de rebeldía, de ímpetu por lograr un lugar propio en el mundo y evitar que la Historia creada por Occidente absorbiera a los más pequeños. El orgullo de pertenecer al Tercer Mundo, a esa zona del globo no dominada por las teorías modernas del capitalismo o del comunismo, permitía crear estructuras mentales diferentes, pensarse alternativa a los modos de vida impuestos por el sistema internacional y atreverse a levantarse de la mesa sin permiso del anfitrión. Aquéllos eran los años 70. Cuando todo eso existía, cuando el Grupo de los 77 lo formaban setenta y siete estados deseosos de interrumpir al destino en mitad de su discurso, en otra parte del globo se cavaba su tumba. Fue a comienzos de los 80 cuando el Banco Mundial facilitó la idea del ajuste estructural, cuando los créditos pedidos en la década anterior empezaron a hacerse insoportables, cuando, en definitiva, África quedó a merced de otros. Una vez más. El fracaso de sus líderes y de sus respectivos proyectos de independencia quedaban era evidente.
La Historia siguió su curso y África permaneció en los márgenes de ella sin que nada pudiera hacer. De ser los protagonistas de la primera revolución mundial, del Nuevo Orden Económico Internacional, los estados africanos terminaron pidiendo la hora al árbitro y desmantelando cualquier sistema disponible. Pulsando ese botón de autodestrucción, los gobiernos africanos no supieron defenderse de los ataques del sistema financiero global encabezados por el Banco Mundial y el FMI y, poco a poco, empezaron a ver cómo su flujo de ayuda al desarrollo era cortado por los donantes, cómo dejaban de ser una prioridad con la caída de la estructura de la Guerra Fría.
Mientras, un estado que había pertenecido a esa élite del tercermundismo, que en 1967 se había proclamado abanderada de dicho movimiento, comenzaba su definitivo salto hacia la formulación de potencia mundial. China, el país anteriormente conocido como comunista, decidió girar su sistema en una dirección que supiera controlar. Sabiendo de la libertad que le da su tremendo y goloso mercado interno, consciente de que las sanciones políticas no serán aplicadas en su caso, China olvidó la transformación política y se centró en la económica. Un fuerte desarrollo económico permitió transformar las consignas de los líderes y, literalmente, convertir que hacerse millonario “fuese lo mejor del mundo”.
China ha aprendido de las relaciones con las potencias del mundo. Ha sabido imponer su estilo propio sistematizado en “no injerencia en asuntos internos a cambio de economía”. ¡Es la economía, estúpidos! Y ahora sigue la senda de sus predecesores y se fija en África como oportunidad para no desfallecer en su propósito.
El aterrizaje de China en África no ha sido todo lo brusco que cabría pensarse. El lugar común que tenemos en mente cuando hablamos de África nos impide ver que la historia de los intercambios chino-africanos ha sido larga. Hace ya mucho tiempo, por ejemplo, en que los trabajadores chinos emigraban a las minas africanas para realizar el trabajo que ni los propios africanos querían hacer. Sustituyendo a los esclavos recién liberados, los trabajadores chinos de sueldo barato y eficacia demostrada vaciaron muchas de las minas africanas por entonces abiertas.
Sin embargo es a partir del último lustro cuando China ve en África su oportunidad para seguir siendo competitiva. Trazando un camino paralelo al de las antiguas potencias coloniales, China se acerca a África para seducirla y lograr así la cesión de sus recursos. A finales del año pasado, por ejemplo, China puso encima de la mesa 5.000 millones de dólares para préstamos y créditos a los estados africanos así como prometió un fondo de otros 5.000 dedicado a la inversión china en el continente y aseguró que cancelaría una gran parte de la deuda que de ella depende. Esto, unido al intercambio comercial entre el continente y China, que ya en 2005 ascendía a 40.000 millones de dólares, hacen de China un fuerte competidor por los recursos africanos.
Pero, como en todo, los chinos tienen su propia manera de hacer negocios. Frente a los inversores estadounidenses y europeos, que llegan al continente cargados de sus millones pero provistos de aún más legislaciones sobre la calidad, peticiones de Derechos Humanos y prejuicios ante la manera de gobernar africana, China llega con la libertad del que desembarca por primera vez. Su propuesta de negocio no incluye ninguna reserva a la corrupción, los Derechos Humanos o la calidad de los productos. La no injerencia en los asuntos internos de los países africanos es uno de los principios que China lleva por bandera. Al gigante asiático no le gusta que se metan en cómo él maneja sus políticas internas, así que decide hacer lo mismo con sus contrapartes africanas cambiando la política de injerencia por una política de asociación e intercambio con el continente.
La luz verde para que los gobiernos interpreten su política como a bien quieran entender hace que África prefiera el dinero chino a los demás. China se sumerge así en sectores estratégicos tales como la telefonía rural, la agricultura y, sobretodo, la industria petrolífera. China no llega a África cargada de buenas intenciones sino de ansiedad por no quedarse atrás cuando su desarrollo económico sea mucho mayor que el actual. Por eso ve en el continente la forma más sencilla de situarse en el mercado de materias primas y llega a países como Guinea Ecuatorial, San Tomé y Príncipe, Congo, Sudán, Libia o Angola con el objetivo bien claro. De hecho, Angola ya es el mayor vendedor de petróleo a China, por encima de Arabia Saudí. Este juego estratégico se repite en Gabón e incluso en Nigeria, país donde su presidente ha llegado a declarar públicamente que es necesario “que China dirija el mundo”.
Aunque la cooperación económica se realiza a todos los niveles, incluido el militar con la venta de armamento o el primer envío de soldados chinos bajo el auspicio de NN.UU. –cascos azules chinos están en Libia-, además del mercado de los hidrocarburos China despliega por el continente africano su enorme capacidad constructora. Propone a los gobiernos africanos préstamos en condiciones muy ventajosas para la construcción de centrales de energía, de edificios emblemáticos y de otras grandes obras, pero su trabajo no para aquí. Además, China se empeña en construirlo todo ella misma, provocando que hoy exista un mínimo de 80.000 obreros chinos trabajando en África. Si China no pide condiciones políticas para cooperar, África no va a imponer tasas de contratación
africana en los proyectos, como sí hace Brasil por ejemplo, y todo desemboca en 80.000 chinos construyendo infraestructuras en África mientras el africano observa cómo eso va creciendo a su alrededor.
La inversión China en África, vendida en muchos medios como una nueva oportunidad para el continente, es en realidad la necesidad de todo estado capitalista de salir al exterior para proveerse de todo aquello que su mercado interno no le facilita. La única diferencia, que la permite ser capaz de ocupar los espacios que Europa deja libres, como Francia con Costa de Marfil, es que China no tiene prejuicios morales y no mira a los ojos de aquél con quien negocia. Le da lo mismo qué se haga políticamente si económicamente se producen acuerdos y resultados. Y esto es una herramienta muy peligrosa en manos de unos líderes africanos legitimados por sistemas de neopatrimonialismo y alimentados, fundamentalmente, de aquellos dineros que encuentren en el exterior.
viernes, abril 18, 2008
Negritud de luto
Ayer, 17 de Abril de 2008, fallecía Aimé Césaire. Poeta, compañero del senegalés Senghor, Césaire fundó con éste el concepto de la Negritud y mantuvo una férrea postura anticolonial hasta el fin de sus días. Estamos un poco más huérfanos que antes.Oh Ustedes que se tapan los oídos
Les hablo a Ustedes, hablo para Ustedes,
quienes
descuartizarán mañana, hasta las lágrimas, la paz apacentada de sus sonrisas
Para Ustedes quienes una mañana amontonarán mis palabras en su bolsa y tomarán a la hora en la que los hijos del miedo sueñan,
el camino oblicuo de las huidas y de los monstruos.
(1913 - 2008)
lunes, marzo 17, 2008
Contadores africanos
Bienvenidos a la semana en la que menos se trabaja del año. Al menos en España, la vista anda ya por el horizonte de la llamada Semana Santa, en donde los trabajadores de a pié libran los días jueves y viernes en unos lugares, viernes y lunes en otros. Es, por tanto, una semana de dos días y medio. Lunes, Martes y mitad del Miércoles porque el que no corre vuela y quien más y quien menos se escaquea el último día justo detrás del jefe –que se escaqueó aún antes.
Tras ese bonito arte del disimulo laboral –de gran raigambre en España-, viene la consabida huida hacia otras latitudes. Ya sea el mar, la montaña, el pueblo de la familia o el bar de la esquina –que es lo que les pasa a aquellos cuyo pueblo se llama Madrid-, la ruptura con la cotidianeidad de la semana laboral es enorme y aunque los fines de semana son sagrados, en vacaciones mandamos a la mierda hasta las costumbres más zánganas. Ante tal cantidad de tiempo libre, y sobre todo ante tal cantidad de atasco por la carretera, recomendamos -para quien no vaya conduciendo, claro- tres novelas de autores africanos que han salido más o menos recientemente. Esto es, podrán adquirirlas en el centro más cercano para no entretenerse si quiera en buscar la salida más próxima. Como quiera que el que aquí suscribe aún no las ha leído y, en algún caso incluso, aún no las ha comprado, sólo encontrarán una pequeña referencia literaria, que no una reseña de tomo y lomo como las de Destripando Terrones.
Empezaremos por la más antigua: Medio sol amarillo de Chimamanda Ngozi Adiche. Este libro, de más de 500 páginas, se publicó a mediados del año pasado por Random House Mondadori y narra la historia de Nigeria en la década de los 60 del siglo pasado –sí, lo siento pero ya no somos de este siglo. La guerra de Biafra viene estupendamente explicada y sirve a su vez para la presentación de unos personajes al borde de sus sentimientos. Llevados a situaciones de extrema crudeza, los personajes de Adiche nos mostrarán una realidad inmersa en el conflicto que asoló aquella tierra africana pero sin caer en el victimismo o la indolencia. Las relaciones post-coloniales se muestran tan crudas como lo fueron y pone al lector frente al espejo de sus propios miedos. Muy recomendable esta novela que ganó el Premio Orange de 2007 y que podremos adquirir al módico precio de 22,90€ ¡casi ná! Pero no se me asusten, que los otros dos que vienen a continuación son incluso más caros.
Hacia finales de Enero de este año, Alfaguara publicaba la nueva novela de Ngugi wa Thiong´o titulada El brujo del cuervo. Este escritor keniata, exiliado desde hace ya bastantes años, ha representado lo mejor de su generación literaria en África. Utilizando la tradición cuentista africana, Thiong´o nos narra la historia de la ficticia República Libre de Aburiria. Huelga decir que de Libre, la República tiene sólo la retórica, pues el gobierno del país es custodiado por un dictador, paradigma de esos Payasos y Monstruos que describía perfectamente Sánchez-Piñol. Éste tiene controlada la República debido a su inmensa sabiduría. Sin embargo el pueblo no le aguanta y tiene un plan para acabar con él. Thiong´o mezcla los elementos africanos a la perfección y consigue mostrarnos una política cruel, dominante, dura y áspera y una sublevación donde el misticismo y la magia tendrán mucho que ver. Va a ser todo un descubrimiento y esperemos no equivocarnos pues los 27€ del ala -del cuervo, sin duda- que hay que pagar para hacerse con esta novela de 712 páginas no son moco de pavo.
Y finalmente, la última recomendación de hoy. Un autor africano ya conocido por los lectores de este blog: Alain Mabanckou. Su nueva novela, publicada en Alpha Decay como la anterior Vaso Roto, se titula Memorias de puercoespín, se hizo con el Premio Renaudot. Sí, como lo leen, Monsieur Mabanckou fue finalista en el año 2005 con Vaso Roto y ganador de la edición de 2006 con este título que hoy nos ocupa. Vamos, ni que fuera gay y presentara un programa de sobremesa -¡Uy, que lo han quitado! Memorias de puercoespín convierte en novela una fábula africana según la cual cada uno de nosotros tenemos un doble en un animal. Es evidente que el protagonista, llamado Kibandi, tiene en un puercoespín a su doble. Lo que ocurre es que es un puercoespín muy singular, pues va asesinando a la gente con sus espinas por donde quiera que va. Conociendo como conocemos a Mabanckou, las situaciones prometen ser muy divertidas a la vez que intensas. De las tres recomendaciones, este es el único que garantiza el acabarlo y empezarlo en las mismas vacaciones de Semana Santa, pues son tan solo 141 páginas. Eso sí, el precio sigue subido al estante de los tomates: 23€. Nada más y nada menos que a más de euro y medio cada diez páginas.
Pero en fin, ¿qué serían las vacaciones sin esos gastos extra que nadie quiere hacer, todo el mundo hace, y sólo algunos se arrepienten? Además, por 22,90€ viajamos Nigeria –no les cuento lo caro que están los vuelos hasta allí, que no llega Ryanair-, por 27€ nos trasladamos a un universo paralelo, donde el realismo mágico de Thiong´o nos enseñará a entender la política en África, y por 23€ nos cuentan una fabulita fabulosa -¡qué bonita redundancia!- mientras nos enseñan que en África también se hacen novelas policiacas. ¿Qué más pueden pedir?
Buen viaje.
lunes, marzo 03, 2008
Demasiado Sol, para esta época del año
La seguridad del mundo bipolar se establecía en la posibilidad de conocer quién era peligroso y desde dónde venía. Saberse enemigo de alguien previene frente a los métodos habituales y conlleva un sensible esfuerzo de innovación a realizar por parte de los amenazadores. Georgi Markov debía de pensar lo mismo cuando se decidió a criticar al gobierno comunista de su país, Bulgaria. Markov empezó siendo un prometedor literato búlgaro. Sus obras iban logrando el beneplácito de la crítica y esto no pasó inadvertido para “Tato”. Éste y no otro era el sobrenombre de Todor Zhivkov, Secretario General del Partido Comunista y Presidente de Bulgaria. Tato tenía una gran red de autores afines al régimen y ese círculo se daba en llamar la Unión de Escritores Búlgaros. Si no se pertenecía a esa unión las posibilidades de dedicarse a la literatura en un país como Bulgaria eran remotas y Markov tuvo suerte de ser aceptado dentro de ella en el frío invierno de 1962. Su novela “Hombres” había cosechado mucho éxito y gracias a ello sus obras teatrales, sus libros y sus artículos resultaban interesantes a los miembros de la nomenclatura.
Sin embargo Georgi Markov comenzó a ver más allá de la vertiente idílica que el compromiso político requerido proporcionaba. A pesar de que Bulgaria disponía de una política comunista un tanto diferente de las directrices soviéticas, Markov no terminaba de dejarse llevar por las contradicciones que ese sistema imponía. Eran tiempos de Guerra Fría servida sin guarnición, la discrepancia estaba automáticamente señalada como disidencia y tener un carnet que te hacía parte del sistema no te aseguraba ni un paso en el camino de la crítica.
Para él, que el régimen comunista se dedicara a financiar inmensas mansiones donde residía el presidente de turno, Todor Zhivkov, mientras el pueblo búlgaro sufría escaseces era una contradicción que no casaba con su patriotismo. Terminando por ser señalado, Markov tomó la dura decisión de escapar de su país durante un tiempo. Acomodado en la casa de su hermano en Italia, Markov esperó un tiempo para comprobar si el régimen aflojaba la soga en torno a su cuello, para ver si podría volver a ser un escritor búlgaro aunque discrepara. Lejos de todo eso, el régimen comunista anuló su pertenencia a la Unión de Escritores Búlgaros, retiró sus obras de los teatros y prohibió sus libros. Si un escritor no puede escribir ¿en qué se convierte?
Aquejado de un profundo sentimiento de añoranza, Markov se decidió a emprender una nueva vida allí donde ésta le ofreciera algo. Como tantos otros, acabó en el Londres de los años 70. Allí se esforzó decididamente por comprender la lengua y logró entrar como periodista en el servicio búlgaro de la BBC de Londres. La oportunidad de poder servir a su Bulgaria y, a la vez, ajustar cuentas con el régimen que le había dado todo para luego quitárselo ya estaba servida. Pero no todo iba a ser tan fácil.
Si la Guerra Fría se caracterizaba por algo era por el profundo rencor hacia la crítica que ambos bandos sentían. Para Zhivkov, las críticas de Markov eran de carácter personal y estaba decidido a silenciarle de una vez por todas. Así, dos fueron las veces en las que la policía política búlgara, la temible Darzhavna Sigurnost, trató de asesinarle en Londres y dos fueron las veces en las que Markov salvó la vida por los pelos. Dicen que siempre hay una tercera vez, y que ésta es la vencida.
Georgi Markov se disponía a acudir a su trabajo en la BBC. Como cada ciudadano del Imperio Británico, Markov hacía cola en una mañana londinense en espera de que el autobús de dos pisos parara a recogerle. Esperando en la parada del puente Waterloo sobre el Támesis, miraba el reloj impacientemente. Era el día en el que Zhivkov cumplía años y estaba seguro de que alguna noticia nueva encontraría al llegar a la redacción. De pronto, sintió un golpe en su muslo derecho. Como sorprendido por la brutalidad del choque casual, Markov se giró y se encontró a un hombre con un paraguas quien, muy educadamente y con un acento un poco extraño le sonrió y le dijo “I´m sorry” (“lo siento”) mientas se encogía de hombros y levantaba las cejas en señal de su fatal impericia.
Al llegar a la redacción, Markov comentó con un compañero el incidente y se lamentó de que el golpe le hubiera dejado una pequeña marca en su pierna derecha. Sin darle mayor importancia siguió trabajando como cualquier día hasta que a la tarde llegó a su casa. Cansado y sudoroso, Markov comprobó que tenía fiebre y que comenzaba a sentirse mareado, a tener nauseas. Su situación empeoró hasta que su mujer se decidió llevarlo al hospital. Allí nadie podía decirle qué es lo que le sucedía. El diagnóstico se hacía esperar mientras su salud empeoraba rápida e irremisiblemente. En mitad del sufrimiento, Markov recordó el asunto del paraguas y la herida en la pierna. Relacionó aquello, como no, con los intentos de asesinatos frustrados por parte del régimen búlgaro y logró que le llevaran a la habitación a un par de agentes de Scotland Yard. Les expuso la teoría de que había sido envenenado y que el extraño acento del individuo con el que había chocado era la prueba irrefutable de ello. Los agentes no le dieron mayor importancia pero, al tercer día de estar ingresado, Markov fallecía estrepitosamente sin que los doctores hubieran localizado al culpable de tan espantoso dolor. En estos casos, el diagnóstico más acertado es el que dan los forenses y fueron ellos los que le dieron la razón a Markov.
En lo profundo de la pequeña herida de su muslo derecho, los forenses encontraron una pequeña esfera hueca con orificios alrededor de ella. La esfera tenía 1,52 milímetros y estaba compuesta de una aleación de platino (90%) e iridio (10%). En su interior se encontraron restos de ricina, una de las sustancias más tóxicas conocidas en el mundo y que se extrae del ricino. Los síntomas que Markov presentó coincidían con la intoxicación por ricina y los motivos de su muerte se aclararon. Aunque no hubiera sido el forense quien descubriera la causa de la enfermedad que aquejó a Markov, nada se hubiera podido hacer para salvarle pues aún no se conoce antídoto ante este veneno y el único tratamiento válido es saber esperar a que el paciente se sobreponga por sí mismo.
Poco tiempo después, otro disidente búlgaro residente en París fue tratado de asesinar de forma parecida lo que terminaba de completar el círculo de sospechosos en torno al servicio secreto búlgaro. Sin embargo, al acabar la Guerra Fría y desclasificarse los archivos de Moscú, se pudo comprobar que la KGB fue la encargada de ayudar a Zhivkov y darle ese regalo de cumpleaños, asesinando al disidente Georgi Markov con ricina y un paraguas en lo que se ha dado en llamar: el asesinato del paraguas.

