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jueves, julio 29, 2010

Imaginar con una sola historia




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Chimamanda Ngozi Adiche es una escritora nigeriana. Nacida en 1977, revolucionó el panorama literario internacional cuando, en el año 2006, publicó su novela Medio sol amarillo, editada en España por Random House Mondadori. También hay publicado un reciente libro suyo en castellano, esta vez de relatos, titulado Algo alrededor de tu cuello, y su primera novela La flor púrpura.

lunes, marzo 17, 2008

Contadores africanos

Bienvenidos a la semana en la que menos se trabaja del año. Al menos en España, la vista anda ya por el horizonte de la llamada Semana Santa, en donde los trabajadores de a pié libran los días jueves y viernes en unos lugares, viernes y lunes en otros. Es, por tanto, una semana de dos días y medio. Lunes, Martes y mitad del Miércoles porque el que no corre vuela y quien más y quien menos se escaquea el último día justo detrás del jefe –que se escaqueó aún antes.

Tras ese bonito arte del disimulo laboral –de gran raigambre en España-, viene la consabida huida hacia otras latitudes. Ya sea el mar, la montaña, el pueblo de la familia o el bar de la esquina –que es lo que les pasa a aquellos cuyo pueblo se llama Madrid-, la ruptura con la cotidianeidad de la semana laboral es enorme y aunque los fines de semana son sagrados, en vacaciones mandamos a la mierda hasta las costumbres más zánganas. Ante tal cantidad de tiempo libre, y sobre todo ante tal cantidad de atasco por la carretera, recomendamos -para quien no vaya conduciendo, claro- tres novelas de autores africanos que han salido más o menos recientemente. Esto es, podrán adquirirlas en el centro más cercano para no entretenerse si quiera en buscar la salida más próxima. Como quiera que el que aquí suscribe aún no las ha leído y, en algún caso incluso, aún no las ha comprado, sólo encontrarán una pequeña referencia literaria, que no una reseña de tomo y lomo como las de Destripando Terrones.

Empezaremos por la más antigua: Medio sol amarillo de Chimamanda Ngozi Adiche. Este libro, de más de 500 páginas, se publicó a mediados del año pasado por Random House Mondadori y narra la historia de Nigeria en la década de los 60 del siglo pasado –sí, lo siento pero ya no somos de este siglo. La guerra de Biafra viene estupendamente explicada y sirve a su vez para la presentación de unos personajes al borde de sus sentimientos. Llevados a situaciones de extrema crudeza, los personajes de Adiche nos mostrarán una realidad inmersa en el conflicto que asoló aquella tierra africana pero sin caer en el victimismo o la indolencia. Las relaciones post-coloniales se muestran tan crudas como lo fueron y pone al lector frente al espejo de sus propios miedos. Muy recomendable esta novela que ganó el Premio Orange de 2007 y que podremos adquirir al módico precio de 22,90€ ¡casi ná! Pero no se me asusten, que los otros dos que vienen a continuación son incluso más caros.


Hacia finales de Enero de este año, Alfaguara publicaba la nueva novela de Ngugi wa Thiong´o titulada El brujo del cuervo. Este escritor keniata, exiliado desde hace ya bastantes años, ha representado lo mejor de su generación literaria en África. Utilizando la tradición cuentista africana, Thiong´o nos narra la historia de la ficticia República Libre de Aburiria. Huelga decir que de Libre, la República tiene sólo la retórica, pues el gobierno del país es custodiado por un dictador, paradigma de esos Payasos y Monstruos que describía perfectamente Sánchez-Piñol. Éste tiene controlada la República debido a su inmensa sabiduría. Sin embargo el pueblo no le aguanta y tiene un plan para acabar con él. Thiong´o mezcla los elementos africanos a la perfección y consigue mostrarnos una política cruel, dominante, dura y áspera y una sublevación donde el misticismo y la magia tendrán mucho que ver. Va a ser todo un descubrimiento y esperemos no equivocarnos pues los 27€ del ala -del cuervo, sin duda- que hay que pagar para hacerse con esta novela de 712 páginas no son moco de pavo.


Y finalmente, la última recomendación de hoy. Un autor africano ya conocido por los lectores de este blog: Alain Mabanckou. Su nueva novela, publicada en Alpha Decay como la anterior Vaso Roto, se titula Memorias de puercoespín, se hizo con el Premio Renaudot. Sí, como lo leen, Monsieur Mabanckou fue finalista en el año 2005 con Vaso Roto y ganador de la edición de 2006 con este título que hoy nos ocupa. Vamos, ni que fuera gay y presentara un programa de sobremesa -¡Uy, que lo han quitado! Memorias de puercoespín convierte en novela una fábula africana según la cual cada uno de nosotros tenemos un doble en un animal. Es evidente que el protagonista, llamado Kibandi, tiene en un puercoespín a su doble. Lo que ocurre es que es un puercoespín muy singular, pues va asesinando a la gente con sus espinas por donde quiera que va. Conociendo como conocemos a Mabanckou, las situaciones prometen ser muy divertidas a la vez que intensas. De las tres recomendaciones, este es el único que garantiza el acabarlo y empezarlo en las mismas vacaciones de Semana Santa, pues son tan solo 141 páginas. Eso sí, el precio sigue subido al estante de los tomates: 23€. Nada más y nada menos que a más de euro y medio cada diez páginas.

Pero en fin, ¿qué serían las vacaciones sin esos gastos extra que nadie quiere hacer, todo el mundo hace, y sólo algunos se arrepienten? Además, por 22,90€ viajamos Nigeria –no les cuento lo caro que están los vuelos hasta allí, que no llega Ryanair-, por 27€ nos trasladamos a un universo paralelo, donde el realismo mágico de Thiong´o nos enseñará a entender la política en África, y por 23€ nos cuentan una fabulita fabulosa -¡qué bonita redundancia!- mientras nos enseñan que en África también se hacen novelas policiacas. ¿Qué más pueden pedir?

Buen viaje.

viernes, enero 18, 2008

El agua no tiene enemigos

La defensa ante un abuso es algo universal. Todos los pueblos de la historia se han sublevado contra la casta, clase o gobierno que ninguneaba sus derechos. Unas veces fue cogiendo el puñal, la azada, la bayoneta. Otras veces levantando la voz en las calles. Otras levantando el puño. Y algunas, las pocas, entonando himnos ajenos a los explotadores para llegar más altos que ellos.

El Jazz fue una de esas lenguas musicales que levantó la moral de los exprimidos. También la música bahiana o el reggae llegaron a las cotas más altas de la rebelión. Todas, o casi todas ellas, tenían un tronco común enclavado en las raíces de la explotación esclavista que, durante siglos, alimentó el vientre de árabes, europeos, criollos y norteamericanos. Socavando a las poblaciones a los hombres más válidos. Dando poderes a una casta dirigente tribal africana que no tenían. Lacerando el futuro del continente. Poco a poco los esclavistas forzaron a esas gentes a salir de sus casas sin apenas nada en sus bolsillos, pero con la cabeza llena de sus ideales, de su libertad y, por lo tanto, de su música. Ésta se mezcló con la sangre de otras latitudes, varió de una manera u otra según la región en la que anidaban los ya esclavos de cuerpo y libres de espíritu.

Y regresó. Hubo un momento en la historia en que esos esclavos dejaron de serlo. En el que esos esclavos pudieron sentarse en los autobuses. Hubo un momento en que la gran nación de esclavos se levantó, alzó el puño y dijo que ya no lo sería más. Las banderas ya no servían para limitar los espíritus, y todo hombre negro y mujer negra veía en su congénere la cara reflejo de su más profundo ser. África se erigía frente a sus dominadores y pensaba que su futuro estaba abierto si se quitaba de encima a los parásitos que vivían de ella. En ese trayecto de regreso, África recibió los cantos de sus antiguos emigrados, un regalo de aquellos que tuvieron que salir de sus casas obligados. El Jazz y el Blues volvían a casa para regalarse a quienes quisieran recogerlos.

En el África Occidental alguien quiso tomarlos, hermanarlos junto con su música tradicional y hacer del encuentro algo que nadie podía imaginar. No era otro que el genial artista nigeriano Fela Kuti, del que este año 2008 se cumplen 70 años de su nacimiento y 11 de su muerte. Mezclando la música de los Yorubas, el Jazz, el funk y todo aquello que viera que le valía, Fela logró crear un estilo propio, el Afrobeat, capaz de convertirse en símbolo de las luchas políticas del África de 1970. Cantaba primero en lengua yoruba pero, cansado de ver cómo los dirigentes africanos del momento no contentaban a sus pueblos sino que se rascaban la espalda unos a otros, Fela giró su lengua hasta el inglés –para que todos los africanos y las africanas le entendieran- y sus letras hacia la lucha. No hacia la protesta. Hacia la lucha por el socialismo y la unidad africana.

Armado con un sinfín de músicos, el Afrobeat de Fela logró llevar el mensaje de los Derechos Humanos a través de todo el continente. La simbología de sus frases y la lucha encarnizada que mantenía con la dictadura del país del que provenía, Nigeria, le provocaron no pocos problemas. Fueron 356 las veces que tuvo que declarar ante la policía. Fueron cuatro las que pisó la cárcel. El ejército nigeriano trató de destruirle por una canción, Zombie, que ridiculizaba a sus soldados.

Fela mantuvo un estrecho contacto con los músicos de su país. Siendo él quien más lejos había llegado, montó la discográfica Kalkuta Republic bajo un régimen de cooperativa. La discográfica suponía un punto de encuentro para los músicos nigerianos así como un cúmulo de discusiones políticas que, traducidas en letras cada vez más reivindicativas, recorrían más tarde el continente de las radios. La dictadura militar no podía tolerar tal concentración de arte y política y terminó por irrumpir en los locales de la discográfica fusil en mano. Fela quedó gravemente herido, aunque se recuperaría. No así su abuela, fallecida tras tirarla un soldado por la ventana.

No habiendo acabado con él físicamente, el gobierno necesitaba una excusa para encarcelarlo. Le detuvieron y alegaron encontrar marihuana en su chaqueta. La única manera de salir de la cárcel era pues pasar el análisis de consumo de drogas. Si resultaba positivo, Fela terminaría siendo juzgado y condenado. Si resultaba negativo, libre. No se sabe bien cómo, pero Fela se las arregló para que las heces sobre las que hicieran el análisis no fueran suyas, sino de otro preso. El resultado salió negativo y Fela nos regaló una divertidísima canción explicando lo ocurrido, llamada Expensive Shit, que ha ido pasando de mano en mano hasta llegar a hacer versiones realmente increíbles.

El personaje músico terminó derivando en el personaje político que en la década de los 80 se fagocitara a sí mismo. Una vez finalizada la dictadura militar de Nigeria se presentó varias veces a las elecciones a Presidente, no pasando nunca la primera de las rondas electorales. Esto no fue óbice para que Fela se casara con 27 mujeres a la vez para celebrar el aniversario del ataque a Kalkuta Republic y que, años más tarde, se divorciara de al menos 20.

Finalmente muerto en 1997, muy probablemente de SIDA, Fela Kuti se convirtió en un mito por la defensa de los Derechos Humanos en África a través de sus canciones. Una de las mejores, por resumir los estilos del Afrobeat por él creado y, a su vez, por responder a su necesidad de lucha por los africanos y las africanas, es Water no get enemy. Una canción, cantada medio en yoruba medio en inglés, como a Fela le gustaba hacer, donde el agua simboliza a un pueblo africano al que no es bueno taponar en su fluir, al que es necesario para vivir y respirar. En definitiva, un pueblo que no es enemigo de nadie, pero que a nadie le interesa tener como enemigo.




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