No me pararé aquí a
analizar, de nuevo, si
África importa o no importa a los medios de comunicación españoles. Tampoco
me pararé para enfadarme ni frustrarme sobre si la (mínima) cobertura mediática
se hace
contextualizando los conflictos, analizando sus causas y sin asquerosas
herencias de alianzas políticas, económicas y mediáticas –Kabila, nuestro
gran pacificador; Etiopía, nuestro nuevo mercado emergente-, o si se cubre la
noticia de la manera más morbosa y tópica posible. Y no haré nada de esto
porque este no es un artículo sobre cómo se cubre África ni sobre las causas
–políticas, internas e internacionales- de cada uno de estos conflictos. Hoy,
los periodistas no son los protagonistas de este blog. Lo son las ONGD y los
movimientos sociales por el desarrollo internacional.
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jueves, septiembre 22, 2016
Arde Congo, arde Etiopía… ¿dónde está la nueva política?
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Fernando Díaz | elsituacionista
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viernes, junio 12, 2015
África made in China
La
presencia china en África Subsahariana
se está convirtiendo en el tema por excelencia de los comentaristas sobre
África. El interés de Pekín por los países al sur del Sahara no es nuevo, y sus
relaciones han pasado por las mismas etapas que la política exterior
china en general.
Pero la intensificación de las relaciones
chino-africanas durante la última década, logrando desbancar a EEUU como
primer socio comercial en el continente, han atraído la atención de muchos
observadores por lo interesante del fenómeno y el cambio del modelo de comercio
y cooperación.
Cada
tres años, desde el 2000, y con sedes alternas entre China y el continente
africano, se celebran los Foros China-África (FOCAC), el mayor exponente de
estas relaciones. Que China tiene una manera diferente de entender las
relaciones diplomáticas y comerciales se evidenció en uno de los Foros
China-África que se consideran clave a la hora de atender estas relaciones, el
de 2006. Hasta allí llevó, con todos los
honores, a un Robert Mugabe que por entonces estaba siendo arrinconado en la escena
internacional. El discurso de Mugabe se
endulzó con las palabras que a China le gusta recordar en cada relación
diplomática con África: cooperación mutua, desarrollo común, asociación
estratégica.
Foto de Jimmy Baikovicius
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Fernando Díaz | elsituacionista
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martes, noviembre 12, 2013
La cooperación catalana y la emergencia en Filipinas
![]() |
| Foto de G. Willians |
Probablemente
a estas alturas ya sepas que ha habido un tifón que a su paso por Filipinas se
ha llevado por delante diversas ciudades, incluida Tacloban, de 400.000
habitantes. Hoy la tragedia aún aguanta en los lugares privilegiados de las cabeceras
periodísticas de Occidente. Todos los mecanismos de emergencia se han activado
en aquel país, y la ayuda internacional ya ha comenzado a llegar. Tanto de
otros Estados como de ONGD especializadas en la gestión de desastres. En un
acontecimiento como éste las primeras horas son fundamentales. Son, también,
las únicas horas en las que escucharás hablar de lo que está pasando. El lunes
que viene, si los jefes de redacción no tienen alguna foto impactante o una
historia humana que contar, dejaran
de hacerle caso. Ser pobre y (sobre)vivir míseramente tras haber desaparecido
tu ciudad no tiene valor periodístico si no viene acompañado de una historia humana diferente de la que tenga el
diario de la competencia.
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Fernando Díaz | elsituacionista
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viernes, junio 29, 2012
El fin de la cooperación catalana
![]() |
| Foto de Perrimoon |
Ayer, cautivo pero no desarmado el ejército social de la cooperación catalana, el Gobierno de la Generalitat de Cataluña escenificó su punto y final a una política pública que ha costado más de 25 años en levantar. En tan sólo dos años, sin dar explicaciones y promoviendo el fin de las entidades sociales de cooperación, el Govern de Artur Mas ha logrado finiquitar la cooperación catalana.
La escenificación del fin de la política pública de cooperación vino
acompañada de una acampada delante (y en el interior) del edificio de
Presidencia de la Generalitat de Cataluña, en Vía Layetana nº 14. Desde las 11
de la mañana, y hasta las 4 de la madrugada, varias decenas de trabajadores y
trabajadoras de ONGD catalanas se presentaron allí demandando una entrevista con
el President que ya llevaban
reclamando hace tiempo por carta. El motivo de tal acción es doble. Por un lado
la Generalitat de Cataluña debe 15 millones de euros a las ONGD catalanas. Esta
deuda, contraída mediante concurso de subvención pública, ha obligado a las
organizaciones a ejecutar los proyectos para los que fueron concedidas las
subvenciones sin cobrar el dinero de éstas. Se han visto obligadas a contraer
préstamos con entidades financieras para cubrir los fondos comprometidos por la
Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD).
El otro motivo de la movilización es el ataque del Gobierno de la
Generalitat hacia el mundo de la cooperación. Desde la entrada del ejecutivo de
Artur Mas, la ACCD ha visto cómo era la primera agencia pública en realizar un
ERE. Además, el presupuesto de la Generalitat en cooperación ha descendido un
81%, de 49 millones de euros en 2010 a 9,5 para 2012. Este porcentaje aumenta
al 93% si nos fijamos en el monto dedicado a subvenciones para ONGD.
Además, la ACCD dirigida por el equipo de Artur Mas ha modificado la
política de cooperación que se tenía hasta ahora. Se continúa sacando
convocatoria de subvenciones –aún a pesar de la deuda contraída- para
justificar su existencia presupuestaria y su existencia física. Sin embargo,
desde la primera convocatoria de la “era Mas”, la ACCD ha fijado como criterio
de valoración que las ONGD concurran a la subvención auspiciando a una empresa
privada catalana. Es decir, se utiliza la cooperación al desarrollo como una
herramienta directa de financiación para la internacionalización de la empresa
catalana. Pareciera que el Gobierno de la Generalitat se haya olvidado que las
ONGD son en realidad entidades privadas, exactamente igual que las empresas, pero
que en realidad cumplen una función social de manera activa y que, al no tener
ánimo de lucro, reinvierten sus beneficios en su proyecto social y
organizacional, no mediante beneficios a los accionistas.
El ataque pormenorizado hacia las ONGD catalanas ha llevado a que, según la
Federació Catalana d’ONG per alDesenvolupament (FCONGD), al menos dos tercios de éstas tengan un grave
problema de liquidez que se está llevando por delante puestos de trabajo y
proyectos, así como la imagen catalana en muchos países del Sur. La misma FCONGD
se ha visto obligada a despedir a la mayor parte de su plantilla debido a la
quiebra de ONGD federadas.
La situación en el sector es crítica. Pero el Gobierno de la Generalitat no
quiere verlo, y con la excusa de la falta de financiación va abriendo brecha en
el tejido asociativo catalán. Una falta de financiación que no ha impedido a
los poderes públicos abrir una convocatoria de 10 millones de euros para que
empresas catalanas puedan participar en bolsa, o gastarse la friolera de 23
millones en licencias informáticas de Microsoft –que alguien instale Ubuntu en
el ordenador del Molt honorable, por
favor- o nada más y nada menos que 35 millones de euros en financiar el Circuit de Catalunya para que corran
Fernando Alonso, Marc Márquez, Dani Pedrosa y otras personalidades patrocinadas
por los bancos y cajas rescatados por los ciudadanos y ciudadanas.
La ruptura de la cooperación catalana deja en manos de las empresas del
país la representación internacional. Y mientras al President se le llena la boca al hablar de solidaridad
internacional en actos sobre Japón, otros terremotos de otras latitudes dejarán
de contar con la ayuda catalana tan valorada hasta el momento. Adiós
Cooperación al Desarrollo. Adiós Ayuda Humanitaria. Adiós sector social.
Bienvenidos al neoliberalismo por la gracia de Sant Jordi.
PD. Puedes seguir el debate sobre la cooperación catalana desde Twitter, a través de la etiqueta #MasNoPaga.
PD. Puedes seguir el debate sobre la cooperación catalana desde Twitter, a través de la etiqueta #MasNoPaga.
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Fernando Díaz | elsituacionista
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viernes, junio 22, 2012
La cooperación de Japón en África Subsahariana
Son tiempos estos en donde la cooperación al desarrollo de los países de la OCDE se reduce presupuestariamente y en los que hablar en la Unión Europea de pobreza mundial es poco menos que predicar en el desierto. Son tiempos en los que los intereses de quienes estudian las dinámicas de la ayuda se están centrando tanto en la presencia china e india en el continente africano como en los flujos de cooperación sur-sur. Aparece así la imagen de una África Subsahariana como refugio de capitales, algo insospechado hace no más de 5 años. Del concepto de ayuda se ha pasado al concepto de oportunidad para las inversiones españolas, europeas y mundiales.
En todos los análisis que estudian estas dinámicas, un actor pasa desapercibido, quizás camuflado aún en esa categoría de Estado pasivo (Reactive State) que en los años 80 acuñó el politólogo Ken Calder. Se trata de Japón, un actor a medio camino entre los donantes del norte y los nuevos actores de la cooperación del sur y que actualmente es el cuarto donante en África Subsahariana.
La política exterior de Japón vino marcada desde el final de la Segunda Guerra Mundial por las consecuencias de ésta. Apartada de la diplomacia internacional y con las consiguientes reparaciones económicas que realizar a sus vecinos asiáticos, la política exterior japonesa terminó por estar encaminada a la reconversión de las éstas hacia la política de expansión comercial.
Sin embargo a comienzos de los 70 la relación entre Japón y el África negra comienza a estrecharse. Por una parte Tokio siente la necesidad de diversificar su suministro petrolífero a raíz de la crisis del 73, y por otra los jóvenes estados africanos significan votos para Japón en el seno de Naciones Unidas, en donde se encuentra aislado por sus vecinos asiáticos, en su intento de lograr un asiento permanente en el Consejo de Seguridad.
Desde entonces Japón se ha puesto manos a la obra en la cooperación al desarrollo con África Subsahariana, y lo ha hecho desde los mismos principios que le condujeron a iniciar la cooperación en Asia desde 1956, cuando aún recibía ayuda del Banco Mundial: prioridad del préstamo frente a la ayuda; cooperación sólo a demanda; y principio de autoayuda.
Los porqués de la aplicación de estos principios se pueden encontrar en la misma historia de desarrollo de Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Tokio marca el mismo camino de disminución de la dependencia y de condicionalidad de la ayuda que le llevaron a ser una superpotencia económica 40 años después del desastre de la contienda. Por eso sólo se implica en proyectos que hayan sido presentados por los gobiernos de cada país (a demanda) y sólo asume el compromiso en la financiación inicial del mismo, asumiendo el país receptor toda la gestión y financiación en el desarrollo del proyecto (autoayuda). Sólo el principio de priorización de préstamos sobre la ayuda directa ha sido modificado en el desembarco de la cooperación japonesa en África Subsahariana. En términos históricos, la relación Japón-África ha visto incrementar la AOD japonesa gracias a la implicación nipona en la Ayuda Humanitaria, sector que no se adapta a la política de préstamos. Fuera de este sector, Japón se ha convertido en un actor importante en el ámbito de infraestructuras y del sector comercial.
La agencia de cooperación japonesa, JICA, ha abierto hasta 31 oficinas en África Subsahariana. Y aunque África Oriental es la zona de mayor presencia, el enfoque territorial japonés se basa en la colaboración con países, y no con regiones. Son Kenia, Tanzania y Sudán sus socios más importantes en el continente. E incluso ahora que Sudán se ha dividido en dos, su colaboración con el nuevo Sudán del Sur se ha materializado con la reconstrucción del puerto de Juba por parte del ejército japonés.
Japón se sitúa por tanto a medio camino entre los agentes del Norte y los agentes del Sur tan interesados en cooperar con África Subsahariana. Sus principales intereses en la región son de seguridad y de suministro de recursos y a pesar de las críticas que siempre se le han hecho de buscar un interés cortoplacista en su relación con los países subsaharianos, Japón está demostrando una visión más a largo plazo. Sólo así se explica la creación de las Conferencias Internacionales para el Desarrollo de África realizadas en Tokio, TICAD por sus siglas en inglés, que nacidas en 1993 están a punto de celebrar su quinta reunión. O la posterior creación del Foro África-Japón, asociado a las TICAD.
Si durante los 80 Japón pasaba por jugar un rol pasivo en las relaciones internacionales y en la política de cooperación con África, el cual tuvo su punto álgido cuando sólo las fuertes presiones internacionales lograron finalizar el apoyo de Tokio al régimen sudafricano del apartheid, en la actualidad su compromiso con el sistema de cooperación está resultando mucho más fuerte en el continente. África Subsahariana sigue siendo la segunda región mundial con presencia de la JICA, pero programas importantes de la cooperación japonesa, como el programa de Japoneses Voluntarios de Cooperación en el Extranjero (JOCV), ya cuentan con más presencia en África Subsahariana que en Asia.
En la medida en que Japón logre agilizar su burocracia ministerial –que constituye un grupo de poder interno de gran fuerza- en su relación con los gobiernos su presencia en África Subsahariana será más importante. Lo que en los 80 se interpretó como pasividad internacional del país nipón se está transformando en una cooperación y una diplomacia con los países de África Subsahariana silenciosa pero estrecha y efectiva. Las consecuencias de la recuperación del país tras el terremoto y el tsunami de 2011 pueden hacer bajar la capacidad japonesa de vincularse con los países africanos, pero sólo de manera temporal. El puente entre ambas regiones parece tendido y viendo los estrechos vínculos económicos y sus consecuencias que Japón ha logrado establecer con muchos países de Asia a través de su cooperación internacional, convendría no perder la pista a la aventura nipona al sur del Sahara.
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Fernando Díaz | elsituacionista
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martes, octubre 18, 2011
Relaciones Internacionales descentralizadas y agua
| Foto de Eva |
El agua, además, tiene claras referencias en la política internacional a través de la gestión de cuencas compartidas, la llamada agua virtual, el mercado internacional de servicios del agua o la necesidad de un acceso al agua potable y al saneamiento para poder disponer y avanzar en el desarrollo de los países empobrecidos. El agua es, por tanto, objeto de trabajo del sistema internacional y generador de dinámicas diplomáticas, comerciales y de cooperación internacional.
No son muchos los gobiernos que se muestran activos en la diplomacia del agua internacional, y muchas veces lo hacen en función de unos intereses geopolíticos o comerciales muy evidentes. Sin embargo las oportunidades de incorporarse al sistema internacional también están presentes a través de la diplomacia del agua.
El Gobierno de Euskadi se dio cuenta de ello hace unos años, cuando animado por la sociedad civil vasca –la importante labor de UNESCO Etxea en este caso no será nunca lo suficientemente reconocida-, incorporó al 2º Informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo un estudio de caso sobre las aguas del País Vasco. Este fue el pistoletazo de salida para la elaboración de una estrategia internacional que tuviera como elemento catalizador el agua. Así, durante el proceso de creación de la Agencia Vasca del Agua se le concedió a ésta un mandato internacional acorde con las iniciativas que en el ámbito del desarrollo ya había puesto en marcha el gobierno de Juan José Ibarretxe. A través de la creación de la Dirección de Relaciones Institucionales de la Agencia se pretendía colaborar con el desarrollo internacional y se decidió crear un instrumento nuevo para dicha colaboración, en el que personalmente estuve implicado desde diferentes ámbitos.
El instrumento en cuestión consistió en la vinculación del gasto de agua en el País Vasco con la contribución a proyectos de desarrollo en países empobrecidos. Se creó de esta manera un nuevo impuesto, de carácter solidario, sobre el agua vasca. Anunciado en Julio de 2008, el impuesto solidario de la Agencia Vasca del Agua permite que ésta dedique un pequeño porcentaje del monto recibido por los impuestos a colaborar en un proyecto del PNUD en África Subsahariana. Este instrumento aún no ha producido resultados efectivos en tanto en cuanto que el primer monto económico está siendo repartido en estos días hacia el proyecto del PNUD. Sin embargo sí que ha contribuido a la identidad vasca en la política internacional. Euskadi ha obtenido beneficios y reconocimiento al haber sido capaz de instalar un mecanismo de novedad en el ámbito internacional para la financiación de proyectos sobre agua y saneamiento. Ha contribuido a crear una serie de actores nuevos –las agencias de agua- en el marco de la cooperación internacional para el desarrollo. Está logrando cambiar su imagen exterior, fuertemente dañada en temas de agua tras diversos fracasos en la gestión privada del agua en el cono sur. Y también su imagen interior, promoviendo valores como el Derecho Humano al agua entre su población. Como consecuencia de este cambio de imagen y de un compromiso solidario real y no sólo cosmético, el País Vasco –tanto su iniciativa privada como pública- está comenzando a ser visto como un actor capaz de reforzar los elementos positivos de los proyectos de agua y saneamiento en el mundo.
La experiencia vasca puede ayudar a entender cómo un cambio de actitudes, seguido de un compromiso financiero fuerte –aunque no necesariamente elevado en el gasto- puede llevar a aumentar las oportunidades en tiempos de crisis. Es una experiencia de gran interés para gobiernos como el catalán que actualmente se encuentran en un intento de reformar la estructura impositiva del consumo del agua.
La necesidad de reformar el impuesto sobre el agua y encarecerlo viene derivada de la fuerte deuda en la que ha caído la Agencia Catalana de l’Aigua, empresa pública que gestiona el agua en todo el territorio catalán. Las negociaciones parlamentarias apuntan a la subida de un 9,5% del canon del agua en este mismo año. Algo que, según la prensa, se traduciría en un cargo de aproximadamente un euro en la factura del agua de los ciudadanos.
La generación de un mecanismo solidario en torno al agua que vinculara el consumo interno con la elaboración de proyectos para el desarrollo en zonas de prioridad estratégica para la cooperación catalana podría ayudar a la ciudadanía a comprender la subida de su factura del agua, contribuiría a la generación de una conciencia solidaria y a la imagen internacional de Cataluña y reforzaría el compromiso de las instituciones catalanas con el Derecho Humano al Agua, consideración presente en el Plan de Cooperación de la Agencia Catalana de Cooperación para el Desarrollo (ACCD). Además, en el caso catalán, si no se dedicara ese dinero a organismos internacionales, como en el caso vasco, se podría reforzar el sector social de la cooperación en un momento en que los recortes públicos comprometerán los proyectos y programas de muchas ONGDs catalanas.
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Fernando Díaz | elsituacionista
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jueves, febrero 17, 2011
Derechos Humanos, cooperación internacional y el Mayo del 68 árabe

Días de protestas en los países árabes. La crisis económica, combinada con los abusos de poder de las élites políticas han llevado la expresión de malestar y la voluntad de cambio en los estados árabes. Y, como muchas otras veces a lo largo de la Historia, el origen de la revuelta surge de lo anecdótico y casi cotidiano. Mohamed Bouazizi, comerciante tunecino a quien la policía de la dictadura había confiscado su puesto y humillado públicamente, se inmoló en señal de protesta. Su desesperación y sacrificio hizo levantar el ansia de cambio de la juventud tunecina y sus protestas derrocaron al presidente Ben Ali.
El presidente Ben Ali era un miembro del ejército formado por la antigua metrópoli, Francia, que había llegado al poder a través de unas elecciones. Modificando la ley a su antojo para poder seguir presentándose ilimitadas veces a la reelección, Ben Ali además había prohibido a partidos políticos contrarios al régimen -de izquierda o islamistas-, y disfrutaba del prestigio internacional de ser un aliado de occidente. Su partido político formaba parte de la Internacional Socialista –de la que ha sido expulsado a raíz de los levantamientos populares- y constituía la única fuerza a la que Europa y Estados Unidos ofrecían legitimidad y apoyo. En todas sus reelecciones como presidente de Túnez, la sospecha de fraude electoral era muy elevada.
Tras Túnez, cayó Egipto. El efecto contagio ha hecho que lo impensable, sucediera. Hosni Mubarak renunció a su cargo de presidente el pasado día 11 de febrero y a día de hoy el país es gobernado por una junta militar, la cual ha anunciado que renunciará al poder en el momento en que se celebren las elecciones libres. A la espera de lo que suceda con el futuro democrático de El Cairo, la caída de Mubarak anuncia tiempos de cambio para los países árabes. Mubarak era el prototipo de dictador militar árabe, hijo de su tiempo –formado en la URSS y sin embargo apoyado y legitimado en el poder por EEUU e Israel- y fuertemente anclado en el escenario internacional que su salida se veía impensable, hasta que sucedió.
A día de hoy, Libia reprime con balas las protestas pacíficas de estudiantes, Yemen dispersa las reuniones de jóvenes en la plaza Tahir –libertad-, Barhein produce muertos entre sus manifestantes y Jordania ha cambiado de Primer Ministro, nombrando el Rey Abdullah a un ex general para así desviar la atención de las revueltas que se estaban organizando en Amman.
Muchos analistas hoy nos señalan la importancia de los medios de comunicación sociales en estas revueltas. Si bien no es del todo así. Lo que hoy se comenta por Twitter o Facebook, ayer se comentaba en los cafés árabes. Y sin embargo ninguna revuelta podría haber triunfado sin la atención de los medios de comunicación internacionales.
Éstos han prestado toda la atención que no dedican a los movimientos de protesta nacional a los jóvenes tunecinos o egipcios. Lo cual no significa que este supuesto cuarto poder haya cambiado gobiernos, sino que la emisión en directo de conductas pacíficas de protesta, en horario de máxima audiencia, en portada de papel y la explicación de unas demandas razonables o acordes con el discurso político global han atado de pies y manos a los gobiernos occidentales, verdaderos padres de la criatura.
Porque, no nos engañemos, Mubarak, Ben Ali, Gadaffi, Abdallah y tantos otros son “nuestros hijos de puta”. Aquellos líderes que occidente ha sostenido en relación a sus intereses económicos, políticos o geoestratégicos.
Justo en estos días coincide, además, que Human Rights Watch ha lanzado su informe mudial. En esta edición de 2010, HRW se cuestiona el modelo de promoción de los Derechos Humanos que tienen los gobiernos en general, pero particularmente los occidentales. Frente a las violaciones de Derechos Humanos, el informe señala que la práctica de los gobiernos se basa en una palabra: cooperar. Cooperar con los violadores para, teóricamente, convencerles de las bondades del respeto a los Derechos Humanos. HRW dice que esta cooperación es falsamente idealista. En la mayoría de las ocasiones, la cooperación basada en la buena voluntad de los gobiernos violadores sirve de parapeto y desvío de la atención para éstos y de falsa justificación para unos gobiernos occidentales interesados más en su geoestratégia y la buena diplomacia que en extender el régimen de protección sobre los Derechos Humanos.
Un reciente estudio –lo lamento, no encuentro el enlace- indicaba que criticar a China al respecto de la situación allí de los Derechos Humanos implicaba pérdidas en la balanza comercial durante, al menos, 5 años. Lección que han dado por aprendida Obama, Sarkozy o el premier británico, David Cameron, mudos en sus últimas reuniones políticas con Hu Jintao. Los Estados occidentales están primando la consecución de objetivos económicos o los intereses geoestratégicos por encima de la supuesta fórmula de gobierno global que estaban intentando implementar: Derechos Humanos + liberalismo económico + democracia liberal representativa. El proyecto de la Paz Liberal, para ellos, sólo ha de funcionar si eso implica beneficios económicos a corto o medio plazo.
HRW nos enseña en su último informe que la presión pública a un gobierno sobre el respeto a los Derechos Humanos no es incompatible con la diplomacia entre bambalinas y las conversaciones discretas entre gobiernos. Y que es precisamente esta estrategia la que ha favorecido el cambio pacífico y el desarrollo en diversos países. Todo lo que se desvíe de este punto sirve a los intereses particulares de cada gobierno, y no al establecimiento de un régimen sólido, estable e internacional de Derechos Humanos.
Hoy hay quien compara o sugiere que el mundo árabe está viviendo su 1989 particular. Sin embargo, todo esto se parece más a un 1968. Gentes humildes, solidarizándose unos con otros en búsqueda de cambios políticos y sociales que aumenten sus libertades políticas, y enfrentándose a unos demonios más grandes y más altos que los del comunismo: los demonios del liberalismo económico y de los intereses geoestratégicos mundiales.
Publicado por
Fernando Díaz | elsituacionista
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