AVISO

viernes, julio 16, 2010

El choque de los fundamentalismos, de Tariq Ali

No hay como que un evento o problema de política internacional salga a la escena de los telediarios durante un par de meses para que, en pocas semanas, las estanterías de las librerías se llenen de miles de obras sobre el tema. La inmensa mayoría son traducciones, hechas con mejor o peor suerte, de libros que en su idioma original ya no pintan nada.

El polvo de las torres gemelas aún no se había asentado, ni sabíamos qué nos estaría esperando al pasar la tormenta, cuando aparecieron millones de obras sobre el Islam, el fin de la Guerra Fría, el terrorismo internacional y cualesquiera cuestiones que mínimamente tuvieran que ver. Uno siempre tiene menos tiempo para leer del que le gustaría y realiza compras de libros sobre actualidad internacional que termina leyendo muchos años más tarde, cuando esa actualidad ya está putrefacta para los medios de comunicación tradicionales y lo único que persiste es el interés personal. Hemos de añadir que estas compras se han de realizar afinando mucho porque si se falla en la elección de los libros, terminas acumulando papeles y más papeles que podrían denominarse infumable. A veces se gana y a veces se pierde. En el caso que hoy nos ocupa, se gana, ya lo creo que se gana.

Titulado de manera provocadora El choque de los fundamentalismos, en clara referencia al Choque de civilizaciones de Samuel P. Hungtinton, el libro de Tariq Ali nos traslada a la historia de Pakistán y, en su conjunto, de aquella región de Asia del Sur que ha sido el punto de partida de los problemas de terrorismo internacional y que aún juega un papel no poco importante en la seguridad global.

La tesis de Hungtinton nos situaba en un mundo en donde las identidades están en conflicto. Finalizado el conflicto ideológico-identitario con la victoria del capitalismo sobre el comunismo, Hungtinton nos situaba en un mundo en el cual los bloques internacionales se conformarían a través de las civilizaciones o identidades, entendidas como conjuntos amplios e integradores que tenían la voluntad de diferenciarse de las demás. Esta tesis fue publicada en 1993 y permaneció dormida durante mucho tiempo por su incapacidad para explicar los cambios internacionales tras el fin de la Guerra Fría. Sin embargo tuvo un largo recorrido y se la consideró explicativa de los atentados del 11 de Septiembre. En realidad fue la Administración Bush la que recurrió a esta teoría para justificar su doctrina sobre política exterior y dar una explicación simple y sencilla a sus seguidores. Se convirtió en tal predicamento que incluso aquellos que dicen representar la otra orilla en la política internacional han terminado por abrazarla sólo para llevarle la contraria en otro error de estrategia política.

Sea como fuere, Tariq Ali escribió este libro para proporcionar otra explicación de lo que había sucedido el 11 de Septiembre en EEUU. Y lo hizo como cabría esperar del editor de New Left Review, analizando las relaciones de poder y la manipulación de la política interna de los Estados de Asia del Sur por parte de los gobiernos de Washington.

Siguiendo su profesión de historiador, Tariq Ali nos muestra las diferentes agrupaciones políticas y tensiones existentes en la región que, a finales de los años 40, se independizó de su colonizador británico. Ali nos dibuja una región siempre supeditada a los designios o controles realizados por la potencia de turno. Mientras en el mundo que surge en el siglo XIX, y hasta mediados del XX, Gran Bretaña controla directamente los territorios, es en la segunda mitad del siglo pasado cuando EEUU se convierte en el nuevo colonizador.

La diferencia, nos insinúa Ali, está en que el control que ejerce EEUU es un control policial. Establece normas para la creación de gobiernos e incluso de países enteros en la región y proporciona apoyos definitivos a los grupos políticos internos que más le favorecen en determinado momento. La construcción del país, de las libertades o la garantía de los Derechos Humanos son pasadas por alto a cambio de que el gobierno de turno se deje dirigir por Washington. En actitudes que recuerdan a las de la transición Española, donde el gobierno socialista terminó por ceder en los 80 en todas las cuestiones fundamentales a cambio de permanecer en el poder y ser él quien resituara al Estado tras la dictadura, los gobiernos de Pakistán han vivido rodeados de la presión interna de sus ciudadanos y unos señores con chaqueta, corbata y pasaporte para salir del país en cuanto quisieran que hacían señales con la cabeza para permitir o impedir cualquier reforma.

No nos engañemos, el muy interesante libro de Ali pudiera parecer la historia de un solo país, de Pakistán, y como tal estaría muy bien explicada. Incluso, por momentos, pareciera la historia pakistaní contada desde su punto de vista y a base de experiencias personales. Sin embargo, lo que trasciende a la obra, la tesis del autor, consiste en la explicación de cómo EEUU ejerce un control sobre gobierno y oposición que modula a través de la concesión de su definitivo apoyo o repudio de según qué programa. Así, han sido los gobiernos de Washington, afirma Ali, los que terminaron apoyando a unos políticos que refugiaban en la identidad religiosa sus programas políticos de enfrentamiento y lucha armada a los políticos de carácter moderado pero reformistas. Fue el apoyo de Washington el que mantuvo a Pakistán como un Estado Feudal, el que jugó a dar espacios políticos a los clérigos radicales o al clan familiar de los Butho –cuyo control de la tierra cultivable en el país nada tiene que envidiar al de los Virreyes de las Américas de los siglos del Imperio Español. Han sido los mismos norteamericanos, en definitiva, quienes han ayudado a crecer a los grupos radicales que, organizados, han perpetrado acciones terroristas contra intereses económicos y ciudadanos estadounidenses.

Por último, Tariq Ali ve en esta forma de actuar una continuación de las tácticas capitalistas de utilización de los recursos del Estado en pos del mantenimiento comercial. Como si hubiera querido poner esta tesis de actualidad, el ya expresidente de la República Alemana, Horst Köhler, tuvo que dimitir por un comentario sobre la justificación económica de la presencia de tropas alemanas en Afganistán. Es todo esto lo que está consiguiendo el modo de actuar del capitalismo histórico, nos dice Ali, y es todo esto lo que provoca los problemas de seguridad que, a base de cañonazos y bonitos discursos, tratan de camuflar.

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Tariq Ali, pakistaní nacido en 1943, es historiador, aunque también se ha dedicado al cine y a la escritura de novelas. Habitualmente escribe en The Guardian o London Review of Books. Además, es editor y colaborador de New Left Review, una revista de carácter científico-social inspirada en la ortodoxia marxista. Su libro El choque de los fundamentalismos. Cruzadas, Yihad y Modernidad fue escrito en 2002 y publicado en España en el mismo año por Alianza Editorial.

lunes, julio 05, 2010

Cumbres de poder

En 2005 aparentemente el futuro de África Subsahariana se jugaba en una localidad escocesa que estaba situada a 6.500 Km. En Gleneagles se celebraba, en junio de ese año, una cumbre del G8. Pero lo que podría haber parecido una cumbre más, se presentaba como un punto de inflexión en la política de ayuda al desarrollo.

Toda cumbre internacional viene precedida de sus respectivas reuniones donde verdaderamente se negocian los acuerdos que más tarde se anuncian. Cuando los líderes políticos de los ocho países más influyentes del mundo se reunieron en Gleneagles los comunicados de prensa ya estaban escritos: rotundo éxito de la gestión internacional. El principal caballo de batalla de esta cumbre fue la condonación de la deuda externa para los 18 Países Pobres Muy Endeudados (HIPIC por sus siglas en inglés). La lógica de esta solución para el desarrollo de los HIPIC y la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos consistía en la cancelación de su deuda contraída con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Africano de Desarrollo, combinado con el aumento de la Ayuda Oficial al Desarrollo y la inversión en salud y educación. O mejor dicho, con la duplicación del monto total destinado por el G8 para este fin, de 50.000 millones a 100.000 millones de dólares.

Sin embargo, lo que aparentaba ser la cumbre del poder más solidaria de la historia se veía amenazada por la sociedad civil global. Diversos grupos de presión reclamaban un cambio de sistema con un mensaje político directo a la mandíbula del poder internacional. Hacer que la pobreza pase a la Historia fue una campaña a nivel global que pretendía movilizar en dos manifestaciones, una en Edimburgo y otra en la misma Gleneagles, a cientos de miles de personas en pos de reclamar el cambio del sistema internacional de cooperación al desarrollo.

Sus pretensiones consistían en cambiar el sistema de comercio actual por uno en el que los países pudieran decidir libremente su política comercial sin restricciones impuestas por la OMC. Exigían una verdadera cancelación del 100% de la deuda, que impide levantar la pobreza extrema y que ahoga a los países más pobres, además de una reestructuración en las relaciones políticas y económicas. En definitiva, proponían un nuevo modelo de ayuda al desarrollo que permitiera la erradicación de la pobreza frente a los modelos imperantes en la actualidad, que no hacen más que tapar de buenas intenciones las artimañas empresariales de multinacionales y que fortalecen las relaciones de riqueza-pobreza existentes. Exigían que la cumbre no fuera una casa más, sólo armada de fachada, en esta estructura internacional de la post-guerra fría.

Ambas manifestaciones fueron todo un éxito. Reunir a cientos de miles de personas por las calles de Edimburgo un 2 de Julio era un mensaje claro hacia los políticos: estamos aquí y no nos moveréis hasta que algo cambie en la política global. Sin embargo, la pelea entre el inmovilismo y el cambio no se jugó ni en las calles ni en los despachos. Se jugó en la televisión.

Para que el mensaje de la campaña tuviera éxito, se multiplicara y llegara a agobiar a los líderes políticos era imprescindible contar con repercusión en los medios de comunicación británicos, por ser los anfitriones. Fue aquí cuando surgió la figura de Bob Geldof. Este ex-cantante irlandés había reunido en 1985 a varios artistas de la élite del pop con el fin de realizar un concierto que recaudara dinero para paliar la hambruna en una Etiopía arrasada por la guerra. Utilizando como icono la imagen de una niña etíope, Geldof movilizó las conciencias de cientos de miles de personas y envió el dinero a través de la ayuda humanitaria internacional. Una campaña que fue vendida como un éxito.

En 2005, cuando se cumplían 20 años de la campaña y el G8 se iba a reunir con este tema estrella sobre la mesa, el gobierno del británico Tony Blair, a través de su jefe de prensa, íntimo amigo de Geldof, le propuso realizar un nuevo concierto solidario. Vendiendo una imagen de éxito a través de casos como el de la niña etíope utilizada en la campaña del 85, de la que se dijo que había sobrevivido y estudiado gracias a estos conciertos -cuando en realidad fue el fotógrafo que realizó la famosa imagen quien pagó su tratamiento y sus estudios-, se reunieron esfuerzos económicos, sociales y se vencieron resistencias artísticas -juntando a los Pink Floyd de nuevo. Todo por el bien de África, decían.

Los conciertos se celebraron, en concreto el primero coincidió con la manifestación de Edimburgo. Mientras 250.000 personas se manifestaban exigiendo a los políticos un cambio de sistema, todas las cámaras y focos atendían a un concierto de grandes estrellas del pop que reclamaban dinero de los ciudadanos para solucionar lo que los políticos rompen. La segunda manifestación, la de Gleneagles, coincidió también con el segundo concierto, acaparando éste a los medios de comunicación y volviendo a rebajar la tensión política sobre el G8.

Y así, mientras U2, Coldplay, Dido, Pink Floyd, REM o Madonna incrementaban hasta en un 120% las ventas de sus discos a causa del concierto, los políticos se refugiaron de las exigencias políticas de la ciudadanía global a través de una campaña dirigida por el 10 de Downing Street.

martes, mayo 18, 2010

África debe unirse

Parece que África sigue estando de moda. Otra novedad más, de los libros históricos que se están rescatando estos días, es el ensayo de Kwame Nkrumah, África debe unirse, publicado por Bellaterra.

Nkrumah fue el líder político de la recién independizada Ghana. Su programa político estaba basado en la unidad de los pueblos africanos tras la obtención de la independencia de los países europeos que les colonizaban. Una obra llena de sentimiento de libertad y lucha propios de esa época y que después, tras los fallidos intentos de democratización, desarrollo e independencia de las potencias económicas, perdió su fuerza.

Quizás hoy, con las nuevas oportunidades de lucha que existen, haya recuperado su actualidad. En cualquier caso, nunca dejará de ser una obra interesante para comprender la lucha de un continente y de una idea: el panafricanismo.

miércoles, mayo 12, 2010

Biblioteca Chinua Achebe


A veces las editoriales españolas tienen verdaderos aciertos. Random House Mondadori acaba de publicar, este mes de Mayo, la Biblioteca Chinua Achebe. Sale con tres títulos La flecha de Dios, Me alegraría de otra muerte y la histórica Todo se desmorona. Esta última llevaba años sin estar disponible para el lector español -yo llevo un par de años buscándola en la librería de lo viejo y tampoco la encontraba. Ahora, en formato bolsillo y con portadas muy adecuadas, han salido a la venta.

martes, abril 27, 2010

Fred Halliday, 1946-2010

Ayer, 26 de Abril de 2010, falleció Fred Halliday, profesor de Relaciones Internacionales del Institut Barcelona d'Estudis Internacionals y de la London School of Economics. El profesor Halliday fue un renovador de la disciplina de las Relaciones Internacionales, proponiendo en su libro Rethinking International Relations [Las relaciones internacionales en un mundo en transformación] una nueva manera de acercarse a la realidad internacional en el mundo de la post-Guerra Fría. Desde una reinterpretación marxista, y sin miedo a traspasar el límite con la sociología política, muchos de sus planteamientos han sido abrazados por nuevos estudiantes y viejos profesores.

Además, Fred Halliday fue también un experto orientalista. Sus análisis de Irán y su Revolución, así como sobre los mitos orientales que tenemos en occidente, ayudan a interpretar la realidad de la región con una claridad de posiciones asombrosa. Interesante es también su obra traducida al castellano El Islam y el mito del enfrentamiento.

Hoy la disciplina, los interesados en la política internacional y, en general, la comunidad académica, está un poco más huérfana. Desde El Señor Kurtz, en nuestra vertiente de relaciones internacionales, os invitamos a conocer su obra, especialmente el ya mencionado Las relaciones internacionales en un mundo en transformación, colección de artículos en los que analiza diferentes posturas políticas del mundo internacional.

lunes, abril 19, 2010

Leyendas africanas

Caía el Sol fuerte y directo desde el cielo, y una familia senegalesa de Ouadene se refugió bajo la sombra de un baobab que crecía, solitario, en mitad del Sahel. Son momentos en los que el cuerpo humano necesita reposar, moverse lo menos posible para hacer más llevadera la carga insoportable del calor.

Tumbados sobre una tabla de madera levantada del el suelo por cuatro patas, para aislarles a todos del calor que desprende la tierra quemada, escuchan la leyenda que el más viejo de todos se dispone a contar una vez más. Son las palabras de consejo y guía que siglos y siglos atrás pronunciaron los más viejos del lugar, que a su vez lo habían escuchado desde que eran simples niños.

Llegará un día en que el hombre blanco, ése que viene de más allá de la tierra de arena, será capaz de retar en poder a las maravillas de la Naturaleza. Su fuerza y su inteligencia les harán ser más fuertes que cualquier animal, más rápidos que cualquier relámpago. Podrán vivir en el agua como los peces, podrán moverse rápidamente como las fieras. Podrán, también, volar por el aire como los pájaros.

Con su poder, dominarán el mundo entero. Todas las tierras y todas las razas que vivimos en ellas seremos sus súbditos y ellos nuestros señores. Nos dirán que somos parte de su Imperio, que no debemos rebelarnos sino cooperar con ellos porque sólo así podremos comprender la fuente de su poder, y porque sólo así ellos la compartirán con nosotros. Y colaboraremos, y construiremos su bienestar esperando ser dignos de tan altos dones, asemejarnos al hombre blanco y retar a la Naturaleza.

Y mucho tiempo después, cuentan los relatos, nos daremos cuenta de que somos nosotros mismos la fuente de su poder. De que ellos dominan porque nosotros nos dejamos dominar. De que sin nuestra colaboración, su bienestar ya no existiría. Y nos daremos cuenta, sí, pero será ya tarde. Para entonces el mundo blanco ya habrá penetrado entre nosotros y ya no habrá vuelta atrás... hasta que llegue el día en que la Tierra vuelva a dividir al hombre.

Ese día nosotros, los africanos, volveremos a estar solos en el mundo, sin tener que rendir cuentas a nadie, sin tener que perfeccionar nada para dignificarlo. Y nuestra tierra, nuestra África, será inaccesible para el hombre blanco, quien volverá a caer rendido en el paso de la tierra de arena. Volverá a serle imposible la incursión más allá de la costa. Y nosotros, los hombres negros, tendremos que volver a hablar entre nosotros como si el hombre blanco no existiera, dejando a un lado las diferencias que ellos quisieron ver en nosotros, y decidiendo, por vez primera en siglos, hacia dónde llevar esta barcaza que se llama África”.

Acabó de pronunciar el viejo sus palabras, los niños que escuchaban atenos y serios volvían a sonreír pensando en juegos. Sus padres, finalizado el momento del reposo, volvían al camino. Las madres torcían el gesto al ver tanta tarea y tan poco día. Y a miles de kilómetros, la Tierra decidía volver a dividir al hombre blanco y al hombre negro a través de una espesa nube de polvo, ceniza y furia.

martes, marzo 16, 2010

Mi carta más larga, de Mariama Bã

A la espera de que podamos echar mano a esta novela senegalesa, publicamos aquí la traducción del catalán de la reseña de Eva en el blog de libros A la vora del foc. Su particular visión de esta obra y, en general, de toda África es contagiosa.

Aïssatou, He recibido tu carta. Para responderte abro esta libreta, que será el punto de apoyo de mi desconcierto: nuestra larga experiencia me ha enseñado que la confianza suaviza el dolor. Tu existencia en mi vida no tiene nada que ver con el azar. Nuestras abuelas, que vivían en poblados separados por una valla, hablaban diariamente. Nuestras madres se peleaban para cuidar de nuestros tíos y tías. Y nosotras hemos desgastado las faldas y las sandalias por el mismo camino de piedras de la escuela coránica.

Ramatoulaye es senegalesa. Vive en Dakar, con su marido, o más bien vivía, porque el día en que empieza su carta es el día de su muerte. Es más, de hecho, ya dejó de convivir con su marido cuando éste se casó con su segunda esposa, Binetou, una niña de la edad de su hija mayor. Después de 25 años de matrimonio y 12 hijos, Modou ha elegido una segunda esposa, y Ramatoulaye ha sido ninguneada. El día de la muerte de Modou, Ramatoulaye empieza a responder a Aïssatou, una respuesta a una carta de la que nada sabemos, quizás con la esperanza de que sus palabras encuentren el camino que ella no es capaz de intuir.

Aïssatou, la destinataria de la carta, también tiene historias para explicar, aunque la voz que nos las relata será siempre la de Ramatoulaye. Historias parecidas, pero no idénticas, que explican la poligamia y la situación de la mujer en Senegal. Situaciones complejas y delicadas, afrontadas de formas diferentes. Cada mujer es un mundo, en Senegal también. La tradición ordena 40 días de reclusión a las viudas, y durante la suya, Ramatoulaye va mudando su forma de verse a sí misma, la forma de ver a sus hijas, la forma de pensar en su futuro. Incluso la forma de ver su país, y de ver su vieja amistad con Douanga, representante en la Asamblea Nacional.

- ¡Llevamos casi veinte años de independencia! ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para poder ver a la primera mujer ministra [...]? I sin embargo, ya han quedado más que demostradas la militancia y la capacidad de las mujeres y su compromiso desinteresado [...] - ¿A quién dices todo esto, Ramatoulaye? Eres como el eco de mis intervenciones en la Asamblea Nacional, donde me tachan de "feminista". No soy el único que insiste en cambiar las reglas del juego e introducir aire fresco. La mujer debe dejar de ser un accesorio que adorne, un objeto que se cambie de puesto, una compañera a la que adulamos o calmamos con promesas. La mujer es la raíz primigenia y fundamental de la nación, a partir de la cual todo el resto nace y florece. Es necesario incitar a la mujer a interesarse más por el futuro de su país. Incluso tú, Ramatoulaye, que ahora protestas, has preferido un marido, hijos y una buena situación social a la cosa pública. Si en los partidos sólo militan los hombres, ¿por qué deberían pensar en las mujeres? No es sencillo hacer crecer un país [...] Hace falta dinero, un montón de dinero, que hemos de encontrar en los países extranjeros a base de ganarnos su confianza. Con una única temporada de lluvias y un único cultivo, Senegal no irá demasiado lejos, aunque no le falten ganas.
En Mi carta más larga la mayoría de personajes relevantes son mujeres, y está situada en Dakar, con lo que decir que es una novela acerca de la situación de la mujer en Senegal, o sobre la ausencia de derechos de las mujeres, de la poligamia y los matrimonios forzados es poco menos que una redundancia. Aún así, yo creo que no se trata de un libro de denuncia de una situación, ni de muestra de una realidad más o menos cruda. Creo que Mariama Bâ quería explicar una historia de valentía, de amistad, de dolor y de reconstrucción de un mundo personal desmoronado.

Y es que esta es una historia de situaciones personales y familiares concretas, de recuerdos de juventud, en una sociedad que se debate entre la modernidad y la tradición, apenas iniciando su camino independiente. Es una historia que habla de equilibrios delicados, frágiles, administrados con sabiduría por personajes casi exclusivamente femeninos. Yo he encontrado en él sentimientos que no puedo entender, pero que sin embargo se me hacen evidentes si me dejo llevar por los personajes. Sentimientos, claro, sobre la poligamia y los matrimonios forzados, y también sobre la maternidad, la confianza, la amistad, la tradición, las esperanzas y el futuro posible.

domingo, marzo 07, 2010

Cuestiones actuales de la política exterior española

Desde hace unos días ya está diponible en línea y de manera gratuita el número 13 de la Revista Académica de Relaciones Internacionales. El hilo conductor de los artículos ha sido la política exterior española, tan en boga en estos tiempos de presidencias europeas.

Podemos encontrar artículos sobre el liderazgo en la acción exterior española, la intervención en Líbano o Afganistán o las relaciones con Portugal. Además se analiza el nuevo Plan África y se expone el Plan Asia del Gobierno de España.

La Revista Académica de Relaciones Internacionales es editada por el Grupo de Estudios de Relaciones Internacionales (GERI) de la Universidad Autónoma de Madrid.

Relaciones Internacionales nº 13. Cuestiones actuales de la Política Exterior Española. Febrero 2010.

domingo, febrero 21, 2010

Letras africanas

"Ser poeta en nuestros días es querer con todas sus fuerzas, toda su alma y toda su carne, frente a los fusiles, frente al dinero que también se convierte en fusil y sobre todo frente a la verdad preestablecida sobre la cual nosotros, poetas, estamos autorizados a mearnos, que ninguna faceta de la realidad humana se vea empujada bajo el silencio de la Historia. He nacido para Justificar a ambos ladoscontar esa parte de la Historia que lleva cuatro siglos sin comer"
Sony Labou Tansi | República Democrática del Congo

De una boda sale otra boda. Como jugando con el refranero, en la última presentación de un libro a la que asistí me invitaron de manera indirecta a presentar no otro libro sino toda una literatura, la africana. Deformación profesional, todo aquél que ha sido librero en otra vida –y que se enorgullece de serlo- termina por aceptar encargos que, a todas luces, le sobrepasan. Y en ello estamos.

Para comenzar habría que detenerse un segundo a comprender la realidad cultural africana, en términos generales, claro. África Subsahariana está compuesta por multitud de diferentes identidades y miles de lenguas que, con los procesos políticos de la colonización, se agruparon aparentemente en complejos políticos estatales. La estatalización de la política africana fue posible, en parte, gracias a la vehiculización de la lengua colonizadora. Allá donde el europeo impuso el inglés, el francés, el portugués o el castellano, hoy aún perdura. Esto quiere decir que debemos considerar a los autores africanos como escritores en una lengua extranjera, pensada para representar otras realidades distintas y que, por tanto, han tenido que hacer el recorrido de adaptar el medio de comunicación a una muy distinta representación del mundo. Y cada autor lo ha realizado según la base de sus realidades lingüísticas, ya sea desde el malinké, yoruba, diola, kikuyu u otra de las lenguas del continente.

Esto implica también que el autor africano ha de realizar la difícil elección entre expresarse en la lengua que le es más suya aún enfrentándose a no ser publicado por falta de medios editoriales y/o mercado, o escribir en la lengua colona, con todas las implicaciones que ello conlleva, tales como solicitar el reconocimiento a una sociedad que no es la propia. Además, cualquier autor africano corre el riesgo de no ser estudiado o entendido en las academias de la lengua colona. Tal como le sucedió a Léopold Sedar Sengor, poeta, quien era estudiado por los lingüistas franceses hasta que, llegada la independencia del Senegal y proclamado primer presidente del país, se suprimió de cualquier programa académico por ser considerado un literato extranjero.

Otro peligro que, en lo que se refiere al estudio de la literatura, enfrentan los autores africanos, consiste en la clasificación nacional. La tendencia general-y este blog también sucumbe-agrupa a los autores por Estados, creando así una bien definida red de escritores polacos, checos, estadounidenses o franceses, todos con unas características similares o comunes. Sin embargo en África esta clasificación muchas veces no tiene sentido. El diola se habla a los dos lados de la frontera entre Senegal y Guinea-Bissau. Los escritores que partan de esa lengua, sin embargo, optarán por expresarse en francés o portugués, según de qué lado vivan, y por tanto sus innovaciones literarias, sus espacios y sus mundos, que podrían estar claramente en comunicación, terminan por ser subdivididos en el estudio al categorizar a unos de autores senegaleses o en lengua francesa y a otros de guineanos o en lengua portuguesa.

En España, la literatura africana a la venta casi no da para un par de estanterías bien ordenadas. Las librerías que tratan autores africanos quizás podrían tener un fondo bastante amplio, sin embargo jamás llegarán a ser grandes arsenales de éstos debido a la falta de público potencial. Y esto se dice con la experiencia de haber sufrido varias decepciones libreras.

Si se tuviera que recoger a un autor africano que estuviera bien editado en castellano, sin dudarlo nos referiríamos a Ahmadou Kourouma. De él, la editorial Alpha Decay tiene dos de sus más importantes obras. Cuando uno rechaza dice no, novela póstuma sobre la guerra en Costa de Marfil, y Los soles de las independencias. Además, también se puede encontrar el ya leído y comentado aquí Esperando el voto de las fieras (El Aleph) un relato del genuino paso de un dictador africano por el mundo.

En Alpha Decay también encontramos las obras de Alain Mabanckou, como la divertida Vaso Roto o Memorias de puercoespín, o del centroafricano Théo Ananissoh, a quien el año pasado le publicaban Un reptil por habitante.

Otro de los bienafortunados que podemos encontrar en castellano con relativa facilidad es el nigeriano Ben Okri. Con Belaqva encontramos sus recomendables Canciones de encantamiento y El mago de las estrellas y también El camino hambriento, novela por la que recibió el Premio Booker en 1991. Además, la editorial española que mejor trata las novelas africanas, Ediciones del Cobre, tiene en su catálogo Riquezas infinitas.

La página web de esta editorial es todo un catálogo de letras subsaharianas, hasta el punto de que distribuyen los autores por nacionalidad. Por destacar alguno de entre todos los autores de su catálogo hablaremos de Amadou Hampâté Ba, quien ha logrado colocar su novela Amkullel, en niño Fulbe en un lugar importante de las estanterías de toda librería que se precie. También, y por hablar un poco de la presencia española en África Subsahariana, se puede destacar a Donato Ndongo, guineano ecuatorial, quien escribe en castellano y que hace unos años tuvo una cierta notoriedad en los círculos africanistas españoles con su novela sobre inmigrantes titulada El metro.

Las novelas de género también tienen su representación en la literatura africana. Y no nos estamos refiriendo a truculentas historias de lucha contra la mujer o relatos precisos sobre lo que es ser mujer en África. Nos referimos, claramente, a la novela negra pues no sólo de detectives escandinavos vive el género. Abasse Ndione, con Ramata (Roca Editorial), ha cosechado éxito hasta el punto de lograr salir en formato bolsillo –un milagro para el resto de autores africanos.

El lector avezado habrá notado que no se ha hecho referencia a ningún escritor blanco. No hay racismo de ningún tipo en esta selección, sencillamente pasa que, como todo el mass media que trata el asunto de los libros, escritores como Mia Couto, Coetzee y demás son de sobra conocidos. Quizás sus historias sean más vinculables con la realidad occidental en la que nos movemos, o quizás son los autores blancos los que se muestran más accesibles a los criterios comerciales, pero el caso es que biografías de éstos abundan, mientras que los geniales autores negros africanos se ven ninguneados en cualquier suplemento dominical. Cabe fijarse en cómo resulta casi un milagro encontrar en una librería de lo viejo la magistral Todo se desmorona de Chinua Achebe, descatalogado hace tiempo aun a pesar de que existe una masa crítica universitaria que lo tiene de lectura de obligado cumplimiento, para darse cuenta de que aquí, todo lo que no venga más allá del Mediterráneo pasa sin pena ni gloria.

Si te ha interesado esta entrada quizás también te interesen estas otras:

- Contadores africanos.
- Esperando el voto de las fieras, de Ahmadou Kourouma.
- Vaso Roto,
de Alain Mabanckou.
- Aya de Yopougon, de Margarite Abouet.


[La foto que ilustra la entrada es de Eva. Te recomendamos hacer click en ella y seguir la historia tras la que se esconde]

viernes, enero 29, 2010

Petróleo en Casa África

La diplomacia española hace años que se fijó en África Subsahariana y comenzó a desarrollar un plan para posicionar al gobierno en la política del continente. Las relaciones de España con los países al sur del Sahara no son muy longevas pues, aunque se tuvieron colonias, la historia y al desinformación han categorizado a la región como un ente alejado y ajeno al contexto español. Dentro de lo que se llama la diplomacia pública, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España promovió la creación de Casa África. Una institución dedicada a vehiculizar las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales entre España y África Subsahariana.

Pues bien, dentro de esta Casa África surgen los premios para ensayos africanistas de diversos tipos, de cuya convocatoria de 2008 nos hicimos eco. Ahora sale la noticia de la resolución de los premios de 2009 y para mi sorpresa lo ha ganado un ensayo titulado Olibri. La paradoja petrolera en el estado postcolonial nigeriano, de la periodista y africanista Aloia Álvarez Feáns, con quien coincidí en un tribunal académico hará unos meses. Supongo que la base de este ensayo será aquel trabajo que presentaba en la misma convocatoria que yo y que realmente me pareció muy interesante. A ver si Casa África nos anuncia pronto su publicación para que lo podamos leer a fondo e incluso reseñarlo en este espacio.

Por último, un dato curioso. Tanto en la edición de 2008 como en la de 2009, el tribunal ha declarado desierto uno de los dos premios de ensayos. Creo -de memoria- que el año anterior fue el convocado sobre las relaciones África-España-Canarias y en la presente edición el de las relaciones económicas España-África Subsahariana. Quizás habrían de replantearse la temática de los premios, pues no es normal, y además resulta contraproducente, que se convoquen en áreas en las que no se investiga en España. Una lástima, habiendo tantos y tantos temas relevantes sobre los que sí se investiga, como la agricultura o la antropología, que se quedan fuera. Estaremos atentos a la edición de 2010.

Actualización a 7 de Mayo de 2010.

La editorial Catarata, en su colección Casa África, ha publicado el ensayo de Aloia Álvarez Feáns bajo el título Nigeria. Las brechas de un petroestado.