AVISO

lunes, abril 19, 2010

Leyendas africanas

Caía el Sol fuerte y directo desde el cielo, y una familia senegalesa de Ouadene se refugió bajo la sombra de un baobab que crecía, solitario, en mitad del Sahel. Son momentos en los que el cuerpo humano necesita reposar, moverse lo menos posible para hacer más llevadera la carga insoportable del calor.

Tumbados sobre una tabla de madera levantada del el suelo por cuatro patas, para aislarles a todos del calor que desprende la tierra quemada, escuchan la leyenda que el más viejo de todos se dispone a contar una vez más. Son las palabras de consejo y guía que siglos y siglos atrás pronunciaron los más viejos del lugar, que a su vez lo habían escuchado desde que eran simples niños.

Llegará un día en que el hombre blanco, ése que viene de más allá de la tierra de arena, será capaz de retar en poder a las maravillas de la Naturaleza. Su fuerza y su inteligencia les harán ser más fuertes que cualquier animal, más rápidos que cualquier relámpago. Podrán vivir en el agua como los peces, podrán moverse rápidamente como las fieras. Podrán, también, volar por el aire como los pájaros.

Con su poder, dominarán el mundo entero. Todas las tierras y todas las razas que vivimos en ellas seremos sus súbditos y ellos nuestros señores. Nos dirán que somos parte de su Imperio, que no debemos rebelarnos sino cooperar con ellos porque sólo así podremos comprender la fuente de su poder, y porque sólo así ellos la compartirán con nosotros. Y colaboraremos, y construiremos su bienestar esperando ser dignos de tan altos dones, asemejarnos al hombre blanco y retar a la Naturaleza.

Y mucho tiempo después, cuentan los relatos, nos daremos cuenta de que somos nosotros mismos la fuente de su poder. De que ellos dominan porque nosotros nos dejamos dominar. De que sin nuestra colaboración, su bienestar ya no existiría. Y nos daremos cuenta, sí, pero será ya tarde. Para entonces el mundo blanco ya habrá penetrado entre nosotros y ya no habrá vuelta atrás... hasta que llegue el día en que la Tierra vuelva a dividir al hombre.

Ese día nosotros, los africanos, volveremos a estar solos en el mundo, sin tener que rendir cuentas a nadie, sin tener que perfeccionar nada para dignificarlo. Y nuestra tierra, nuestra África, será inaccesible para el hombre blanco, quien volverá a caer rendido en el paso de la tierra de arena. Volverá a serle imposible la incursión más allá de la costa. Y nosotros, los hombres negros, tendremos que volver a hablar entre nosotros como si el hombre blanco no existiera, dejando a un lado las diferencias que ellos quisieron ver en nosotros, y decidiendo, por vez primera en siglos, hacia dónde llevar esta barcaza que se llama África”.

Acabó de pronunciar el viejo sus palabras, los niños que escuchaban atenos y serios volvían a sonreír pensando en juegos. Sus padres, finalizado el momento del reposo, volvían al camino. Las madres torcían el gesto al ver tanta tarea y tan poco día. Y a miles de kilómetros, la Tierra decidía volver a dividir al hombre blanco y al hombre negro a través de una espesa nube de polvo, ceniza y furia.

martes, marzo 16, 2010

Mi carta más larga, de Mariama Bã

A la espera de que podamos echar mano a esta novela senegalesa, publicamos aquí la traducción del catalán de la reseña de Eva en el blog de libros A la vora del foc. Su particular visión de esta obra y, en general, de toda África es contagiosa.

Aïssatou, He recibido tu carta. Para responderte abro esta libreta, que será el punto de apoyo de mi desconcierto: nuestra larga experiencia me ha enseñado que la confianza suaviza el dolor. Tu existencia en mi vida no tiene nada que ver con el azar. Nuestras abuelas, que vivían en poblados separados por una valla, hablaban diariamente. Nuestras madres se peleaban para cuidar de nuestros tíos y tías. Y nosotras hemos desgastado las faldas y las sandalias por el mismo camino de piedras de la escuela coránica.

Ramatoulaye es senegalesa. Vive en Dakar, con su marido, o más bien vivía, porque el día en que empieza su carta es el día de su muerte. Es más, de hecho, ya dejó de convivir con su marido cuando éste se casó con su segunda esposa, Binetou, una niña de la edad de su hija mayor. Después de 25 años de matrimonio y 12 hijos, Modou ha elegido una segunda esposa, y Ramatoulaye ha sido ninguneada. El día de la muerte de Modou, Ramatoulaye empieza a responder a Aïssatou, una respuesta a una carta de la que nada sabemos, quizás con la esperanza de que sus palabras encuentren el camino que ella no es capaz de intuir.

Aïssatou, la destinataria de la carta, también tiene historias para explicar, aunque la voz que nos las relata será siempre la de Ramatoulaye. Historias parecidas, pero no idénticas, que explican la poligamia y la situación de la mujer en Senegal. Situaciones complejas y delicadas, afrontadas de formas diferentes. Cada mujer es un mundo, en Senegal también. La tradición ordena 40 días de reclusión a las viudas, y durante la suya, Ramatoulaye va mudando su forma de verse a sí misma, la forma de ver a sus hijas, la forma de pensar en su futuro. Incluso la forma de ver su país, y de ver su vieja amistad con Douanga, representante en la Asamblea Nacional.

- ¡Llevamos casi veinte años de independencia! ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para poder ver a la primera mujer ministra [...]? I sin embargo, ya han quedado más que demostradas la militancia y la capacidad de las mujeres y su compromiso desinteresado [...] - ¿A quién dices todo esto, Ramatoulaye? Eres como el eco de mis intervenciones en la Asamblea Nacional, donde me tachan de "feminista". No soy el único que insiste en cambiar las reglas del juego e introducir aire fresco. La mujer debe dejar de ser un accesorio que adorne, un objeto que se cambie de puesto, una compañera a la que adulamos o calmamos con promesas. La mujer es la raíz primigenia y fundamental de la nación, a partir de la cual todo el resto nace y florece. Es necesario incitar a la mujer a interesarse más por el futuro de su país. Incluso tú, Ramatoulaye, que ahora protestas, has preferido un marido, hijos y una buena situación social a la cosa pública. Si en los partidos sólo militan los hombres, ¿por qué deberían pensar en las mujeres? No es sencillo hacer crecer un país [...] Hace falta dinero, un montón de dinero, que hemos de encontrar en los países extranjeros a base de ganarnos su confianza. Con una única temporada de lluvias y un único cultivo, Senegal no irá demasiado lejos, aunque no le falten ganas.
En Mi carta más larga la mayoría de personajes relevantes son mujeres, y está situada en Dakar, con lo que decir que es una novela acerca de la situación de la mujer en Senegal, o sobre la ausencia de derechos de las mujeres, de la poligamia y los matrimonios forzados es poco menos que una redundancia. Aún así, yo creo que no se trata de un libro de denuncia de una situación, ni de muestra de una realidad más o menos cruda. Creo que Mariama Bâ quería explicar una historia de valentía, de amistad, de dolor y de reconstrucción de un mundo personal desmoronado.

Y es que esta es una historia de situaciones personales y familiares concretas, de recuerdos de juventud, en una sociedad que se debate entre la modernidad y la tradición, apenas iniciando su camino independiente. Es una historia que habla de equilibrios delicados, frágiles, administrados con sabiduría por personajes casi exclusivamente femeninos. Yo he encontrado en él sentimientos que no puedo entender, pero que sin embargo se me hacen evidentes si me dejo llevar por los personajes. Sentimientos, claro, sobre la poligamia y los matrimonios forzados, y también sobre la maternidad, la confianza, la amistad, la tradición, las esperanzas y el futuro posible.

domingo, marzo 07, 2010

Cuestiones actuales de la política exterior española

Desde hace unos días ya está diponible en línea y de manera gratuita el número 13 de la Revista Académica de Relaciones Internacionales. El hilo conductor de los artículos ha sido la política exterior española, tan en boga en estos tiempos de presidencias europeas.

Podemos encontrar artículos sobre el liderazgo en la acción exterior española, la intervención en Líbano o Afganistán o las relaciones con Portugal. Además se analiza el nuevo Plan África y se expone el Plan Asia del Gobierno de España.

La Revista Académica de Relaciones Internacionales es editada por el Grupo de Estudios de Relaciones Internacionales (GERI) de la Universidad Autónoma de Madrid.

Relaciones Internacionales nº 13. Cuestiones actuales de la Política Exterior Española. Febrero 2010.

domingo, febrero 21, 2010

Letras africanas

"Ser poeta en nuestros días es querer con todas sus fuerzas, toda su alma y toda su carne, frente a los fusiles, frente al dinero que también se convierte en fusil y sobre todo frente a la verdad preestablecida sobre la cual nosotros, poetas, estamos autorizados a mearnos, que ninguna faceta de la realidad humana se vea empujada bajo el silencio de la Historia. He nacido para Justificar a ambos ladoscontar esa parte de la Historia que lleva cuatro siglos sin comer"
Sony Labou Tansi | República Democrática del Congo

De una boda sale otra boda. Como jugando con el refranero, en la última presentación de un libro a la que asistí me invitaron de manera indirecta a presentar no otro libro sino toda una literatura, la africana. Deformación profesional, todo aquél que ha sido librero en otra vida –y que se enorgullece de serlo- termina por aceptar encargos que, a todas luces, le sobrepasan. Y en ello estamos.

Para comenzar habría que detenerse un segundo a comprender la realidad cultural africana, en términos generales, claro. África Subsahariana está compuesta por multitud de diferentes identidades y miles de lenguas que, con los procesos políticos de la colonización, se agruparon aparentemente en complejos políticos estatales. La estatalización de la política africana fue posible, en parte, gracias a la vehiculización de la lengua colonizadora. Allá donde el europeo impuso el inglés, el francés, el portugués o el castellano, hoy aún perdura. Esto quiere decir que debemos considerar a los autores africanos como escritores en una lengua extranjera, pensada para representar otras realidades distintas y que, por tanto, han tenido que hacer el recorrido de adaptar el medio de comunicación a una muy distinta representación del mundo. Y cada autor lo ha realizado según la base de sus realidades lingüísticas, ya sea desde el malinké, yoruba, diola, kikuyu u otra de las lenguas del continente.

Esto implica también que el autor africano ha de realizar la difícil elección entre expresarse en la lengua que le es más suya aún enfrentándose a no ser publicado por falta de medios editoriales y/o mercado, o escribir en la lengua colona, con todas las implicaciones que ello conlleva, tales como solicitar el reconocimiento a una sociedad que no es la propia. Además, cualquier autor africano corre el riesgo de no ser estudiado o entendido en las academias de la lengua colona. Tal como le sucedió a Léopold Sedar Sengor, poeta, quien era estudiado por los lingüistas franceses hasta que, llegada la independencia del Senegal y proclamado primer presidente del país, se suprimió de cualquier programa académico por ser considerado un literato extranjero.

Otro peligro que, en lo que se refiere al estudio de la literatura, enfrentan los autores africanos, consiste en la clasificación nacional. La tendencia general-y este blog también sucumbe-agrupa a los autores por Estados, creando así una bien definida red de escritores polacos, checos, estadounidenses o franceses, todos con unas características similares o comunes. Sin embargo en África esta clasificación muchas veces no tiene sentido. El diola se habla a los dos lados de la frontera entre Senegal y Guinea-Bissau. Los escritores que partan de esa lengua, sin embargo, optarán por expresarse en francés o portugués, según de qué lado vivan, y por tanto sus innovaciones literarias, sus espacios y sus mundos, que podrían estar claramente en comunicación, terminan por ser subdivididos en el estudio al categorizar a unos de autores senegaleses o en lengua francesa y a otros de guineanos o en lengua portuguesa.

En España, la literatura africana a la venta casi no da para un par de estanterías bien ordenadas. Las librerías que tratan autores africanos quizás podrían tener un fondo bastante amplio, sin embargo jamás llegarán a ser grandes arsenales de éstos debido a la falta de público potencial. Y esto se dice con la experiencia de haber sufrido varias decepciones libreras.

Si se tuviera que recoger a un autor africano que estuviera bien editado en castellano, sin dudarlo nos referiríamos a Ahmadou Kourouma. De él, la editorial Alpha Decay tiene dos de sus más importantes obras. Cuando uno rechaza dice no, novela póstuma sobre la guerra en Costa de Marfil, y Los soles de las independencias. Además, también se puede encontrar el ya leído y comentado aquí Esperando el voto de las fieras (El Aleph) un relato del genuino paso de un dictador africano por el mundo.

En Alpha Decay también encontramos las obras de Alain Mabanckou, como la divertida Vaso Roto o Memorias de puercoespín, o del centroafricano Théo Ananissoh, a quien el año pasado le publicaban Un reptil por habitante.

Otro de los bienafortunados que podemos encontrar en castellano con relativa facilidad es el nigeriano Ben Okri. Con Belaqva encontramos sus recomendables Canciones de encantamiento y El mago de las estrellas y también El camino hambriento, novela por la que recibió el Premio Booker en 1991. Además, la editorial española que mejor trata las novelas africanas, Ediciones del Cobre, tiene en su catálogo Riquezas infinitas.

La página web de esta editorial es todo un catálogo de letras subsaharianas, hasta el punto de que distribuyen los autores por nacionalidad. Por destacar alguno de entre todos los autores de su catálogo hablaremos de Amadou Hampâté Ba, quien ha logrado colocar su novela Amkullel, en niño Fulbe en un lugar importante de las estanterías de toda librería que se precie. También, y por hablar un poco de la presencia española en África Subsahariana, se puede destacar a Donato Ndongo, guineano ecuatorial, quien escribe en castellano y que hace unos años tuvo una cierta notoriedad en los círculos africanistas españoles con su novela sobre inmigrantes titulada El metro.

Las novelas de género también tienen su representación en la literatura africana. Y no nos estamos refiriendo a truculentas historias de lucha contra la mujer o relatos precisos sobre lo que es ser mujer en África. Nos referimos, claramente, a la novela negra pues no sólo de detectives escandinavos vive el género. Abasse Ndione, con Ramata (Roca Editorial), ha cosechado éxito hasta el punto de lograr salir en formato bolsillo –un milagro para el resto de autores africanos.

El lector avezado habrá notado que no se ha hecho referencia a ningún escritor blanco. No hay racismo de ningún tipo en esta selección, sencillamente pasa que, como todo el mass media que trata el asunto de los libros, escritores como Mia Couto, Coetzee y demás son de sobra conocidos. Quizás sus historias sean más vinculables con la realidad occidental en la que nos movemos, o quizás son los autores blancos los que se muestran más accesibles a los criterios comerciales, pero el caso es que biografías de éstos abundan, mientras que los geniales autores negros africanos se ven ninguneados en cualquier suplemento dominical. Cabe fijarse en cómo resulta casi un milagro encontrar en una librería de lo viejo la magistral Todo se desmorona de Chinua Achebe, descatalogado hace tiempo aun a pesar de que existe una masa crítica universitaria que lo tiene de lectura de obligado cumplimiento, para darse cuenta de que aquí, todo lo que no venga más allá del Mediterráneo pasa sin pena ni gloria.

Si te ha interesado esta entrada quizás también te interesen estas otras:

- Contadores africanos.
- Esperando el voto de las fieras, de Ahmadou Kourouma.
- Vaso Roto,
de Alain Mabanckou.
- Aya de Yopougon, de Margarite Abouet.


[La foto que ilustra la entrada es de Eva. Te recomendamos hacer click en ella y seguir la historia tras la que se esconde]

viernes, enero 29, 2010

Petróleo en Casa África

La diplomacia española hace años que se fijó en África Subsahariana y comenzó a desarrollar un plan para posicionar al gobierno en la política del continente. Las relaciones de España con los países al sur del Sahara no son muy longevas pues, aunque se tuvieron colonias, la historia y al desinformación han categorizado a la región como un ente alejado y ajeno al contexto español. Dentro de lo que se llama la diplomacia pública, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España promovió la creación de Casa África. Una institución dedicada a vehiculizar las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales entre España y África Subsahariana.

Pues bien, dentro de esta Casa África surgen los premios para ensayos africanistas de diversos tipos, de cuya convocatoria de 2008 nos hicimos eco. Ahora sale la noticia de la resolución de los premios de 2009 y para mi sorpresa lo ha ganado un ensayo titulado Olibri. La paradoja petrolera en el estado postcolonial nigeriano, de la periodista y africanista Aloia Álvarez Feáns, con quien coincidí en un tribunal académico hará unos meses. Supongo que la base de este ensayo será aquel trabajo que presentaba en la misma convocatoria que yo y que realmente me pareció muy interesante. A ver si Casa África nos anuncia pronto su publicación para que lo podamos leer a fondo e incluso reseñarlo en este espacio.

Por último, un dato curioso. Tanto en la edición de 2008 como en la de 2009, el tribunal ha declarado desierto uno de los dos premios de ensayos. Creo -de memoria- que el año anterior fue el convocado sobre las relaciones África-España-Canarias y en la presente edición el de las relaciones económicas España-África Subsahariana. Quizás habrían de replantearse la temática de los premios, pues no es normal, y además resulta contraproducente, que se convoquen en áreas en las que no se investiga en España. Una lástima, habiendo tantos y tantos temas relevantes sobre los que sí se investiga, como la agricultura o la antropología, que se quedan fuera. Estaremos atentos a la edición de 2010.

Actualización a 7 de Mayo de 2010.

La editorial Catarata, en su colección Casa África, ha publicado el ensayo de Aloia Álvarez Feáns bajo el título Nigeria. Las brechas de un petroestado.

lunes, diciembre 21, 2009

In the Loop, de Armando Iannucci

La tendencia actual de la política internacional está claramente marcada por una necesidad o impulso irrefrenable a legislarlo todo. Sí, es cierto que el término legislar no es estrictamente correcto, pero la temática de lo internacional está resultando tan compleja que, si pensamos en el establecimiento de un supuesto gobierno global sus competencias legislativas abarcarían cualquiera de esos asuntos sobre los que líderes y técnicos se reúnen tan concienzuda y públicamente. Los partidos políticos, el agua, la gestión medioambiental, la administración pública… actualmente todo es susceptible de ser racionalizado desde el ámbito internacional.

Si continuamos con esta lógica, escribir una serie de entradas sobre Cine y Relaciones Internacionales resultaría extremadamente vacuo precisamente por el excesivo contenido de ésta. La lógica de la clasificación consiste en depositar en contenedores fácilmente reconocibles las cosas o sujetos a ordenar con el objetivo de que sean fácilmente encontrados para su uso. Siguiendo así, muchas habrían de ser las películas que pasaran por las páginas de esta serie, desde las redes de prostitución hasta las mismísimas chaladuras de cuatro informáticos.

Sin embargo, si existe un tema clásico en el mundo de las Relaciones Internacionales, ése es la Guerra. Cientos de hojas se han escrito sobre la misma. Da igual de qué guerra se hable, siempre que se trate de una entre naciones o Estados. Y aun cuanto se ha dicho de todo, siempre hay cosas sorprendentemente interesantes a contar sobre ella. Como esta película.

In the Loop –algo así como “En el bucle”- es una película sobre la guerra. No nos enseñará terribles escenas de soldados mutilados y muertos de miedo justo antes de desembarcar. Pero nos enseñará por qué se desembarca y qué tipos de personajes lo deciden. El cartel la vende como la ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú de nuestros tiempos. Sin embargo se sale del cine más con la sensación de haber visto Yes, Minister en pantalla gigante, con más tacos y hablando de la política del siglo XXI.

Es una película brillante de principio a fin que no deja respirar al espectador en ningún momento. Posee esas dosis de genialidad en la mezcla de humor y política que acaba con cualquier argumento en su contra. Su director, Armando Iannucci, da a la cinta un aire de documental con el estilo de cámara en mano y de persecución del personaje que provoca tensión en el espectador y convierte a dicho estilo en una parte más del elemento narrativo. Los planos se mueven aceleradamente transmitiendo una sensación de importancia y de trascendencia a cada momento.

El proyecto de la película es la continuación de una serie de televisión británica, de la BBC por supuesto. Thick of it comenzó sus emisiones en 2005 y, además de una futura adaptación estadounidense, cosechó grandes críticas. La serie surgió como una respuesta a la antes mencionada Yes, Minister y varios de sus personajes-actores repiten en el largometraje. El protagonista es Malcom Tucker, Director de Comunicaciones del Primer Ministro británico. El hombre que decide qué sale en los medios por parte de cada miembro del gobierno inglés, el vasallo de confianza del Primer Ministro y, en el fondo, quien maneja los hilos de ese mecanismo anteriormente conocido como gobierno británico. Interpretado por un excelente Peter Capaldi –uno de los que repite de la serie-, el Sr. Director de Comunicaciones parece preso del síndrome de Tourette por la cantidad de oprobios que suelta a cada paso. De hecho, repasando mentalmente la película, sólo se intuye que no pronuncia taco alguno en la segunda escena, justo hasta que escucha por la radio a Simon Foster, Ministro de Desarrollo Internacional, apoyando veladamente una guerra que aún no ha sido declarada y sobre la que el gobierno, es decir Tucker, no quiere mostrar una postura clara.

Interpretado por el correcto Tom Hollander, el Ministro es preso de su incapacidad para responder a los medios de comunicación de su país de una manera acertada. Cabría preguntarse qué clase de político es tan incapaz de gestionar respuestas sencillas a preguntas fáciles si no hubiera cientos y cientos de ejemplos documentados en cada país. Las relaciones de Simon Foster con la prensa dinamitan el discurso público del 10 de Dwoning Street y precipitan la sucesión de acontecimientos al otro lado del Atlántico.

El otro escenario que se muestra es el de unos Estados Unidos atrapados entre dos Secretarios de Estado y un General. Por un lado, el Secretario de Estado Linton Barrick, un maníaco asesino con relaciones con el lobby armamentístico que utiliza como sujetapapeles una granada de mano cargada con anilla. Su política, y la de su equipo, consiste en sostener la necesidad de una guerra que aparentemente es militarmente inabarcable y políticamente inasumible. Por el otro bando, el del no a la guerra, se sitúan la Secretaria de Estado Karen Clarke, con su equipo adjunto, y el General George Miller, quien nos devuelve después de Los Soprano al genial James Gandolfini.

Las luchas internas en el Gobierno de Estados Unidos hacen que parezca que exclusivamente ellos se toman en serio la posibilidad de no acudir a la guerra, sin embargo la película va dando muestras de que sólo son posturas que, aunque aparentemente irreconciliables, son maleables, y que los intereses personales de cada uno de los personajes están muy por encima de las decisiones políticas. Más aún si la carrera profesional no estaba más que comenzando a andar.

No se podría hacer una crítica de esta película sin hablar de otro de los actores que repite de la serie. Se trata del cómico británico Chris Addison que, interpretando al técnico de comunicación política Toby Wrigth, recién llegado al Ministerio de Desarrollo Internacional, destrozará cualquier plan para mantener el camino de la guerra alejado de la prensa.

La película muestra una política marcada por los egos de los personajes. Pequeñas afrentas son solucionadas a golpe y porrazo de declaraciones políticas y amenazas de fin de carrera como si en el patio del colegio se estuviera. Todo rodeado de un humor negro y brutal, sostenido por el inconmensurable Peter Capaldi. El juego de hilos que, como en el estupendo cartel promocional, conectan el eje norteamericano-británico permite que la comedia de situación sobre política se disfrute a la vez que despierte sentimientos de vergüenza ajena. Los personajes, políticos y técnicos de las dos administraciones, son claramente esperpentos de lo que se supone en la realidad. Sin embargo en cada uno de ellos podemos encontrar al pequeño dictador –o grande, según el caso- que llevan dentro y que, al fin y al cabo, terminan por manipular los consensos de política internacional inclinando la espada de Damocles hacia uno u otro lado. Es la política de la víscera arrastrada por el interés, que mueve a los supuestos organismos bien intencionados y manipula las conciencias de Occidente. Porque las de sus siervos las dio por perdidas en el momento que sintieron el frío acero del cañón de la Justicia Internacional en el calor de su nuca.

miércoles, diciembre 02, 2009

El léxico del cooperante

Hacer de Coco, o Grover es algo que detesto, pero ha llegado la hora de decirlo, aunque nos tengamos que poner un poco pedantes. Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, el verbo cooperar consiste en "obrar juntamente con otro u otros para un mismo fin". El diccionario, por tanto, no atribuye ningún tipo de bondad al hecho de cooperar. Este es un error muy común en quienes se acercan por primera vez al mundo de las relaciones internacionales -donde la palabra cooperación es de uso habitual. El error consiste en atribuir a la palabra cooperación una categoría moral de bondad y, por tanto, hacerla deseable. También es común entender cualquier actividad del Norte relacionada con países del Sur como cooperación, y por tanto intrínsecamente buena. Errores éstos que cada vez es más necesario saber evitar.

martes, diciembre 01, 2009

Las trampas de la salud africana

Uno de los mitos comunes asociados cuando se habla de África Subsahariana se refiere a la Salud. Cualquiera que planifique un viaje hacia zonas de la región recibirá de golpe y de manera formal e informal diversos tipos de información relacionada con la protección de la salud personal que seguramente le hagan replantear su viaje.

La Conferencia Internacional sobre Atención Primaria celebrada en Alma-Ata definió la salud como la ausencia de enfermedades y la presencia de bienestar físico o social. Esto es, como la ausencia de riesgos y peligros sanitarios. Actualmente en África los principales problemas sanitarios que podemos encontrar son la mortalidad materno-infantil, las enfermedades infecciosas y las no transmisibles. Para el occidental, en especial el europeo, existe la sensación de que, nada más bajar del avión, se verá sumergido en un continuo ambiente de amenaza hacia su salud. Cualquier cosa que coma/beba puede estar hecha para matarle. O esa es la sensación que tiene. Y frente a esto, los africanos y las africanas viven sin ningún tipo de miedo, son riesgos que están presentes en su vida diaria que carece de ese velo irreal de seguridad en torno al que hemos creado nuestro día a día.

La automedicación es una de las armas africanas, habiendo establecido por tanto una manera de autodiagnosticarse –si se tiene fiebre hoy, se toma paracetamol: si la fiebre se va pero a los pocos días vuelve, es paludismo. Proliferan las farmacias ilegales con medicamentos caducados o falsificados y que no conocen qué están recetando a sus enfermos. Y, por supuesto, surge la medicina tradicional como elemento alternativo a los inaccesibles –por razones económicas o de distancia- hospitales.

Esta medicina africana, basada en la experiencia propia y el sentido común, no le sirve al occidental. Ni le sirve ahora ni le servía hace un siglo, cuando era el colono. Fue entonces cuando se estableció una doble sanidad. Por un lado un sistema para los colonos y por otro, coexistiendo, uno para la población local que consistía más en temas de higiene y mantenimiento del prolatariado. A partir de 1920, y hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, quizás debido a que los africanos combaten con los europeos en la Gran Guerra, se comienza a establecer un verdadero sistema sanitario que es el que heredarán los países independientes y el que destrozarán los Programas de Ajuste Estructural del FMI y del Banco Mundial al proponer su privatización y el fin de los subsidios estatales al sistema.

Pero a día de hoy, si hablamos de Salud y de África podremos comprobar cómo la mayoría de los occidentales asocia a la relación una palabra: VIH/SIDA. Asociados al Sida hay infinitos puntos mal explicados que, de manera muy sencilla, todo el mundo puede ver resueltos. Pero en este blog, que no es absoluto un consultorio sanitario aunque algo de terapéutico sí que tiene, lo que nos interesa es resolver mitos en torno a las políticas de Sida en África y sus consecuencias.

De primeras hay que considerar la gran presencia del virus en la zona. Se calcula que al menos un cuarto de la población total del continente es positiva. Para muchos expertos en Relaciones Internacionales, hablar de Sida en África, con estas cifras en la mente, equivale a hacer llamamientos para la prevención de conflictos y revoluciones. Con una obtusa visión sobre la formación de los conflictos, estos expertos cridan apelando que cuanta más importancia cobre la pandemia, más virulentas serán las sacudidas políticas. Pero lo cierto es que no está ocurriendo así.

En África Subsahariana, las relaciones sociales están hechas para aguantar el peso de los fallos del gobierno. Las políticas públicas en torno al Sida son, en muchos casos, ineficaces o inexistentes. Paradójico era el caso del ahora ex–Presidente de Sudáfrica Thabo Mbeki, quien en un congreso internacional sobre la enfermedad realizado en su propio país negaba la existencia de ésta. O la de su Ministra de Sanidad, Manto Tshabalala-Msimang, quien recomendaba ajos y vitaminas como remedio para combatir la enfermedad. Estos casos, caricaturizados por la prensa internacional debido a su incapacidad para analizar lo que pasa más allá del Mediterráneo, nos dejaban entrever que existían diversas maneras de acercarse a la enfermedad en el continente.

Las formas de resistir o de rebelarse en África no son necesariamente las mismas que en occidente. África Subsahariana, para suerte o para desgracia, está acostumbrada a convivir con otro tipo de pandemias que esquilman la población y hacen estragos en sus relaciones sociales. Sin embargo, ninguna de éstas han conseguido acabar con su estructura ni con su fortaleza. En un momento en el que África tiene más líderes elegidos democráticamente que en toda su Historia, las políticas públicas de salud siguen siendo pequeñas aportaciones y el peso real sobre la gestión de las consecuencias de las pandemias así como sobre su control, recae en las redes sociales de autoayuda.

Un vistazo por uno de los problemas sociales derivados del Sida son los huérfanos. Aproximadamente 12 millones de niños y niñas en África Subsahariana han perdido al padre o a la madre a causa de la enfermedad. Cabría pensarse que sobre aquellos niños que han perdido a los dos padres se cierne la desprotección, sin embargo la red familiar, de carácter extenso, acoge a éstos y termina por reconducir su situación personal.

Como con todo en África, los líderes mundiales –o cabría más decir imperiales- opinan libremente sobre qué hacer o no hacer para solucionar la pandemia del Sida en el continente. En días como hoy, en donde internacionalmente se guarda un emotivo momento para charlar de la enfermedad, merece la pena lanzar un grito contra todos aquellos que, a través de su profunda ignorancia –como la del video que a continuación les dejo- siguen pensando que África es un continente-laboratorio en donde aquello en lo que ellos creen “tiene que funcionar”, aunque sea a la fuerza.




miércoles, noviembre 11, 2009

¡Oh capitán, mi capitán!

Los periódicos de hoy no llevan ya casi ninguna opinión sobre el secuestro del Alakrana, ese barquito sin bandera, para no pagar impuestos, que surcaba tranquilamente las aguas de Somalia cuando fue apresado por unos piratas muy modernos. Debe de ser que los familiares han tenido la ocurrencia de no hablar en los medios y que, por tanto, una vez acallada la voz discordante del PP, ya nadie tiene nada que reprocharle al PSOE. Ni tan siquiera Nuñez Feijoo.

Pocos, eso sí, se han parado a pensar qué hacía allí un barco presuntamente español –aunque sin bandera para no pagar impuestos. Pocos incluso han comparado el caso con la retención del Fabel III en Guinea Bissau, casi por las mismas fechas. Mientras en el primero el Gobierno asume responsabilidades, con el segundo se puede limpiar las manos. ¿Y todo por qué? Pues por la soberanía.

Guinea Bissau es un Estado soberano. Pobre, pero soberano. Su gobierno puede acogerse a la legalidad internacional e interna para imponer multas o incluso retener a los delincuentes. Si la cosa se complica en exceso, como en el caso de los niños de Chad que unos franceses pretendían secuestrar, no pasa nada. Occidente se pasa los tribunales “del Tercer Mundo” por las narices y, con gran despliegue mediático, se trae a los responsables del secuestro –haciendo escala en Madrid- “sanos y salvos”. Y los juicios se dejan para otro día.

A un Estado sobreano se le puede respetar –hasta cierto punto, como vemos- pero hay otros, como Somalia, que ni interesan ni importan. La comunidad internacional ya ha salido de un país que, en realidad, está dividido en tres partes. Somaliland, al norte, con constitución, bandera, moneda y gobierno propios, funciona de hecho como un Estado independiente pero sin que sea reconocido por el resto de países. Puntland, en el centro del territorio somalí, pugna por la conversión de Somalia en un Estado Federal. Y al sur, encontramos el resto del territorio somalí, repartido por lo que se llama mediáticamente “señores feudales de la guerra”, y que históricamente se podrían denominar “clanes”. Con esta mezcla de autoridades, y aun existiendo un presunto gobierno somalí dirigido por Cheikh Ahmed, España no mantiene relaciones diplomáticas ni de ningún otro tipo y, por tanto, se desentiende en cierta medida de lo que allí ocurra.

Desentenderse de lo que ocurre allí no es malo. España no tiene, como ningún otro país, la obligación de liderar procesos de trabajo dentro de la comunidad internacional ni de participar en ellos más allá de los caminos trazados por las organizaciones internacionales en las que participa. Pero resulta que este desentendimiento es sólo y exclusivamente de iure, que no de facto. Porque la realidad es que el gobierno consiente que empresas españolas trabajen en aguas somalíes, echando las redes de pesca en un mar para el que no tienen permiso. Aprovechándose de este vacío legal y de la ceguera voluntaria de las autoridades españolas, barcos como el Alakrana recorren millas y millas buscando esquilmar los mares ajenos de peces.

Lejos de impedirlo, y tras el anterior secuestro de otro barco, las autoridades españolas envían fragatas del ejército a realizar operaciones –más o menos efectivas- de protección de estos barcos. Francia incluso ha cambiado la legislación para permitir en sus pesqueros la presencia de hombres armados. Es decir, la comunidad internacional se desentiende de todo aquello que ocurre en Somalia, pero se moviliza militarmente para que sus nacionales puedan robar pescado aprovechando que el país africano no tiene capacidad naval.

Los somalíes han llevado su guerra en forma de red hacia las aguas del mar, viendo en este campo de batalla una importante fuente de ingresos. Armados con jóvenes desubicados en la sociedad somalí, que no tienen oportunidades para desarrollar sus capacidades –ahora que está tan de moda las ideas de Sen-, y movilizando despachos de abogados londinenses –que ya cobrarán su tanto por ciento-, surca los mares una nueva flota naval somalí, desestructurada y desmilitarizada, pero no desarmada que, sin mediar Tratado internacional, ya que nadie les reconoce como sobreanos, defienden las aguas propias con un peculiar y peligroso estilo: “si quieres mi pescado, pagas”.

Y es aquí cuando el Estado rico en cuestión, ha de poner dinero encima de la mesa, saltarse su ordenamiento jurídico propio y también soberano al liberar a unos detenidos y todo para rescatar a unos empleados por cuenta ajena que han sido enviados allí por el empresario de turno que, habiendo obtenido pingües beneficios de estos caladeros ilegales, ahora se queja de su desprotección. Bonita manera de enseñarnos que el Estado Capitalista está para defender a la Empresa nacional que escaquea impuestos a la que puede.

A continuación un pequeño reportaje desde Kenia en donde se muestra la influencia de este problema en la economía de las zonas costeras. Bien interesante para relacionarlo con el problema de la cooperación al desarrollo. Lástima que aquí, en España, no se hagan cosas por el estilo.




lunes, noviembre 09, 2009

Llevar la contraria

Hoy es 9 de Noviembre de 2009 y, aunque resulta muy tentador para un blog sobre Relaciones Internacionales, no se va a hablar de la caída del Muro de Berlín, ni del fin de la Guerra Fría ni de por qué El País ahora nos dice que el único líder europeo de la época que apoyó la reunificación de Alemania desde el comienzo fue Felipe González.