AVISO

martes, septiembre 11, 2007

Moolaadé, de Ousmane Sembene

Es raro que el cine africano llegue con asiduidad a las pantallas europeas. En el caso de la película de la que hoy hablamos podríamos decir que tuvo relativo éxito. Aprovechó el tirón comercial que tuvo Hotel Rwanda –película que llevaba incluso la recomendación de Amnistía Internacional- y, obviamente, la polémica de la película también ayudó a que las salas de cine independiente o directamente raro apoyaran la proyección de la película. A pesar de que estuvo bastantes semanas en exposición comercial, me fue imposible sacar tiempo para verla y he tenido que esperar a que la buena mula me ayudara.

La trama de la película es de un costumbrismo africano del que no estamos habituados a ver por estos lugares. La acción se sitúa en una aldea africana, da igual el país, da igual la región pues no pretende escenificar una realidad local, sino tratar el asunto en cuestión desde el mismo punto de vista que lo crea: la costumbre. Tenemos una aldea entonces donde existe una casa en la que residen las tres mujeres de un hombre cuya jerarquía consiste en la antigüedad de cada una. La que se casó primero manda sobre las demás, aunque lo hace respetando ciertamente las posiciones de cada una de ellas. A esta casa llegan varias niñas corriendo una mañana. Huyen de un grupo de mujeres entre las que se encuentran sus mismas madres y que pretenden practicarles la ablación. Este rito es considerado por estas mujeres como algo imprescindible para pasar a la edad adulta, para poderse casar y encontrar marido. “Es una tradición” y por tanto hay que cumplirlo. Pero las pequeñas están asustadas, naturalmente, y acuden a esa casa en busca de la protagonista, la segunda de las tres esposas. Ella será quien escuche sus plegarias y decida socorrerlas. Así que atando una cuerda al marco de la puerta de la casa, invoca el Moolaadé, o protección. Con esta costumbre -¿si fuera en occidente diríamos norma?- nadie estará autorizado a entrar en la casa sin permiso ni mucho menos a dañar a la gente que en ella permanece. La protección es tan fuerte que incluso los sabios del pueblo tienen la obligación de respetarla. Sólo puede ser desconvocada por aquella persona que la ha convocado. Se produce entonces una pequeña revolución en el pueblo. Todo el mundo habla de ello y las tramas secundarias de la película se verán afectadas por ésta.

Sirviendo la protección como excusa todo el que se siente a ver esta película podrá tomar nota de cómo se vive en África. Tenemos ante nosotros una película de carácter costumbrista, ese adjetivo para muchos deplorable por muy visto pero que en este caso resulta absolutamente revelador. ¿Se puede vivir en África? Parece ser la pregunta a la que quiere responder el costumbrismo. Sí, claro, en África se vive y se vive además feliz. Aquellos quienes tengan en la mente una vida complicada, sin descansos, sin treguas en la lucha por la supervivencia podrá comprobar que no todo es tan dramático como nos lo han pintado. Que no siempre hay catástrofes al acecho. Que las tinieblas no alcanzan cada rincón de la vida africana.

Claro que esto puede parecer una contradicción. Hablamos de una película que habla abiertamente de la ablación y, al tiempo, de un optimismo vital que provoca, al menos a mí me lo provocó, el pensamiento de qué hacemos en África. ¿Sería posible no hacerla nada, dejarla vivir a su manera sin decirle qué tienen que hacer y cómo? ¿Se acabaría África porque dejáramos, por ejemplo, de cooperar con ellos? ¿Por qué dejáramos de enviar expertos en gestión, en sanidad, en economía? ¿O acaso son los africanos y las africanas tan valientes como para poder vivir prescindiendo de esto? ¿Se atreverían a desaparecer de la tierra? Insensatos.

La película desprende un aroma de vitalidad inmenso. Son muchas las cosas que pasan en esa aldea, buenas y malas, pero ninguna de ellas hacen imposible la felicidad de los protagonistas. Los problemas que tienen son resueltos dentro de sus mismas redes sociales. Si es la mujer quien no quiere deshacer el Moolaadé, los ancianos del pueblo animarán al marido a que la obligue a esto. Aquí obtendrán las compañeras del género tema de donde sacar, sin duda –si es que no lo han hecho ya con el asunto de la ablación. Pero a toda estructura uno, o en este caso una, puede resistir y transformar. Por dura que parezca y por daño que provoque no hay nada contra lo que no se puedan buscar fórmulas. Y lejos de esos criterios occidentales del rompimiento de reglas culturales, de transformación y de occidentalización –no quiero hablar de modernización porque me emociono entonces- el autor de la película nos demuestra cómo se puede hacer a la africana. Es muy fácil, si lo intentas.

Toda una declaración de intenciones la de esta película que tuve el gusto de disfrutar en tan grata compañía, nadie la va a desperdiciar si se atreve con ella. Sin duda cambiarán muchas cosas sobre cómo ver África y, quizás, con la próxima película que Occidente haga sobre África no seremos tan condescendientes.






martes, septiembre 04, 2007

Gestión por objetivos

La Oficina de Trabajo le dice al jefe superior: “Tienes que darme cuarenta hombres”. Con mirada fulminante, llama a los jefes de poblado y les comunica la consigna: “Me han pedido sesenta hombres, dádmelos enseguida”. Los jefes de poblado deciden entre ellos cuántos debe aportar cada uno para sumar los sesenta pedidos. “Yo puedo dar diez”. Llama a sus mensajeros y les dice en secreto: “Dadme quince hombres”. Los mensajeros, provistos de su temible látigo, se abaten sobre los poblados y capturan a todos los que encuentra, de día o de noche. Por supuesto, el jefe de poblado les ha indicado a sus enemigos, y ellos también tienen los suyos, y saben dónde encontrarles. En las cabañas, en los campos, se dedican a la caza del hombre. Hieren y golpean sin piedad, tanto mejor “¿Quieres librarte? Dame una gallina, dame cinco francos. ¿Qué no los tienes? Peor para ti.” Capturan a todos los que pueden para poder soltar a un buen número a cambio de regalos remuneradores. ¡Menuda bicoca son para ellos los períodos de reclutamiento! Se apresuran a llevarle al jefe del poblado a los que no han podido rescatarse, muchas veces sin haberles permitido pasar por su cabaña o despedirse de su mujer. Les encierran con llave para se entregados al escalón superior al día siguiente. El jefe ya tiene a los veinte hombres que había pedido. Pero entonces le llega su turno: “Los que quieran librarse, que me hagan un regalo. ¿Quién quiere pagar rescate?”. Uno promete dos pollos, otros dos se unen para dar una cabra, aquél dará diez medidas de maíz, aquel otro una gran calabaza de aceite. ¡Qué fácil es entenderse! Cinco se libran. Los otros quince serán enviados al jefe superior. Pero los cinco que se libran ¿pueden volver a casa? No es tan sencillo. “Si de verdad quieres librarte, haz que tu mujer me traiga el regalo prometido, pero antes trabajarás una semana para mí.”

Mientras tantos llevan a sus quince compañeros en presencia del jefe superior. Durante varios días dispone de sesenta hombres. Otra vez la misma comedia del rescate. ¿Quién quiere hacerme un regalo? El que me dé una cabra podrá volver a su casa”. Aunque el sacrificio es enorme, es mejor aceptarlo que reventarse a trabajar en una plantación. “Yo te doy una cabra”, dice uno. “No quiero tu cabra”, contesta el jefe, que hace tiempo le ha echado el ojo a la mujer del desdichado. Sabe de antemano quiénes van a partir pase lo que pase, es preciso que sean ellos, y si el jefe lo tiene decidido no hay más que hablar. Alguno estaría tentado de abogar por su causa al pasar a la subdivisión, para tratar de quedar libre, pero no puede hacerlo, porque se expone a toda clase de persecuciones del jefe superior, de su jefe de poblado y de todos los mensajeros.

[…]

Los enrolados ya están en la subdivisión. Pasan un reconocimiento médico. El médico, si no tiene escrúpulos, ve llegar a los hombres con un profundo disgusto y se dice: “Que hagan el trabajo los enfermeros”. ¡Los enfermeros están de enhorabuena! Porque así ellos también pueden decir: “Si me das un pollo te declaro inútil”. Otro recibirá la visita de su concubina: “Éste es mi hermano, suéltale, pon en su lugar a un enfermo al que hayas dado de baja”.

[…]

Por último, cuando se ha completado el contingente, pueden ir a las plantaciones, bajo la atenta mirada de los policías. “¿Y nosotros, vamos a hacer el primo? Si me das dos francos esta noche te sustituyo por otro”.

Testimonio de la señora Dugast, Yaundé, Camerún, 1942.

“El estado en África”

Jean François Bayart

lunes, agosto 27, 2007

Una dama llamada Historia y África



"[África] no es interesante desde el punto de vista de su propia historia, sino por el hecho de que vemos al hombre en un estado de barbarie y salvajismo que le impide formar parte aún de la civilización. África, por mucho que nos remontemos en la historia, ha permanecido cerrada, sin vínculos con el resto del mundo. Es el país del oro, encerrado en sí mismo, el país de la infancia que, al margen del día de la historia consciente, está envuelta en el negro color de la noche."


La Razón en la historia

viernes, agosto 10, 2007

Jerarquías


"Una especie de manía, amigo mío, se apoderó de este mundo loco e impredecible, la manía del desarrollo. ¡Todo el mundo quería desarrollarse! Todos pensaban en cómo desarrollarse, pero no de una manera natural, acorde con las leyes divinas, eso de que el hombre nace, se desarrolla y muere, sino en cómo desarrollarse de una manera espectacular, dinámica y potente; en hacerlo de forma que todos lo admirasen [...] se percató [de esto] el Emperador, viendo las ventajas y los atractivos de la costosa novedad, y como siempre había mostrado cierta debilidad por todo progreso, más aún, como le gustaba el progreso, en aquella ocasión también se revelaron en él un bondadoso deseo de actuar y una manifiesta ambición de, transcurridos unos años, oír gritar a un pueblo saciado, agradecido y lleno de gracia: <<¡Vítor! Éste sí que nos trajo el desarrollo>>"

"El Emperador"
Ryszard Kapuscinski

martes, julio 24, 2007

Desarrollismo exterior


"Nuestro problema en África son las diferentes etnias que no hablan la misma lengua: tenemos el Banco Mundial, la Cooperación Francesa, el Fondo Monetario Internacional, La USAID..."

Jefe de Tribu
Malí

viernes, junio 22, 2007

Rumble in the Jungle

El mundo era otro, naturalmente. Cada acción, cada gesto que se hiciera en público contribuía a posicionarse ideológicamente en cualquier bando. Porque entonces los bandos se llevaban. Cada uno con su lucha, todos en el campo de batalla que le tocara y sólo la victoria absoluta como meta.

Un joven de Lousiana crecía en ese mundo, tratando de sobrevivir y de buscarse la vida con lo que mejor sabía hacer, pelear. El boxeo apareció en su camino y su genio sólo pudo obligarle a ser el mejor de todos los tiempos. Decidido a conquistar el mundo, Cassius Marcello Clay, que así se llamaba el muchacho, logró derribar una torre que parecía demasiado alta para ser derribada. Sonny Liston besó la lona y nada excepto el Sol estaba más alto que Clay.

Sin embargo, al bajar del ring le obligaron a cambiar de campo de batalla. EEUU estaba metido en una guerra sin sentido, y él era el elegido para demostrar al mundo que todos estaban en la obligación de participar en ella. La misma lucha que demostró Clay encima de un ring le hizo rebelarse contra el sistema y en lugar de luchar en la selva vietnamita decidió luchar en lo social y en lo político. “Nada tengo contra el Viet Cong, ningún Viet Cong me ha llamado negro”.

Para entonces ya había cambiado su nombre de esclavo por su nombre de hombre libre y africano: Muhammad Ali. Había cambiado de religión uniéndose a los Hermanos Musulmanes Negros, la religión que decía ser la suya, la de un hombre africano secuestrado por el blanco en un continente que no era el suyo.

Este hermano en el Islam fue condenado con 5 años de cárcel y una multa económica por negarse a acudir a la llamada a filas. Nada era nuevo para él, si el hombre blanco ya le había secuestrado una vez bien podía volver a hacerlo ahora. Pero lo que más le dolió fue que le retiraran aquello que había conquistado con pleno derecho: el Título de Campeón del Mundo de los Pesos Pesados. Liston había caído en la lona para nada, para que luego los hombres blancos de la corbata decidieran quitárselo.

Su licencia pugilística le había sido retirada por la Federación Norteamericana de Boxeo y, por tanto, se le impedía luchar dentro de los EEUU. No hubo problemas, si quería reconquistar el título lo haría en otro lugar que no fuera EEUU. Apareció Mobutu Sese Seko, dictador zaïreño, y ofreciendo una bolsa a repartir entre los dos púgiles de una cantidad incalculable para la época, el combate se llevó a Kinshasa.

Rumble in the Jungle. El slogan del combate lo decía todo. Ali, que ya peinaba 32 años, se enfrentaría al campeón George Foreman, con sus insultantes 25. La lucha estaba servida. Ali tenía la oportunidad de demostrar que su lucha era legítima, que su honor seguía intacto y que la raza negra seguía de pié, esperando a que el esclavista volviera sobre sus pasos para lograr le revancha.

Los ámbitos político y deportivo se identificaron. Ali era el representante del pueblo africano, del pueblo colonizado. Foreman se defendió: “Soy más negro que Muhammad Ali”. Pero de él ya no se creía nada. Había aparecido en el podio de México 68 con una bandera de los EEUU y esa imagen contrastaba con la de los puños negros de los atletas. Foreman era blanco y Ali era negro. El esclavista frente al esclavo. La dignidad de un pueblo frente a la dominación del mundo.

Para terminar de arreglarlo, Foreman llegó al aeropuerto de Kinshasa con un pastor alemán de la mano. El mismo tipo de perro que el colonizador belga llevaba durante sus represiones. No contento con ello, Foreman se instaló en el hotel más caro de la ciudad, aislado del pueblo africano. Por el contrario, Muhammad Ali salía a entrenarse por las calles de Kinshasa, donde se le unían cientos de congoleños y le acompañaban en su carrera diaria. Vivía en un barrio modesto de Kinshasa, se paraba a hablar con todo aquel que le reclamara. Era el hombre del pueblo, el que les defendería de los ataques coloniales.

Comenzó la pelea. Era el 30 de Octubre de 1974 y todo el planeta estaba observando aquello que ocurría en el corazón de África, en el corazón de las tinieblas. Ali rompió sus esquemas. Ya no “volaba como una mariposa y picaba como una abeja”. Se quedaba quieto en las cuerdas y Foreman sólo tenía que golpearle. Ali apenas se defendía a pesar de los gritos de su entrenador desde la esquina. África estaba siendo golpeada por el hombre blanco otra vez y el público asistente que se dio cuenta de ello se puso a decirle a Ali lo que tenía que hacer: “¡Ali bomaye! ¡Ali bomaye! -¡Ali, mátalo! ¡Alí, mátalo!

Foreman no castigaba a Ali de la manera normal, golpeando la cara, sino que buscaba su cuerpo. El objetivo estaba claro: había que inmovilizarle, dejarle a su servicio, doblegar su voluntad. Ali lo sabía pero no hacía nada para evitarlo. Se daba cuenta de que, poco a poco, los golpes de Foreman llegaban con menos fuerza hasta que al final del séptimo asalto éstos ya carecían del ímpetu que debían. Comenzó el octavo, y Ali pudo culminar su estrategia. El contrincante se había cebado, estaba lleno de su propio desgaste y sólo quedaba descargar contra él su ira. La ira y la venganza de todo un pueblo ultrajado. Ali comenzó a golpear y pronto, más pronto de lo que él mismo se esperaba, el cansado Foreman calló a la lona en una de los knock-out más espectaculares de la Historia del Boxeo.

No sirvieron excusas, el hombre negro había derrotado al hombre blanco tras esperar que éste le vejara y consintiera. La metáfora se había cumplido. Foreman volvía a ser negro, también él podía alegrarse.

miércoles, junio 20, 2007

Fantasmas Balcanicos (III)

Tras las pesquisas diplomáticas y la decisión de intervenir militarmente, la visión estadounidense del asunto se presumía sencilla, como tantas otras veces. “Llegamos allí con los aviones, bombardeamos los puntos clave, dejamos algún recado a la población local –para que aumente la presión sobre el gobierno serbio- y en 10 o 15 días todo está acabado”. Esto sí que era cirugía y no lo del Cambio Radical.

Sin embargo se equivocaron. El empecinamiento de Milosevic a no darse por rendido obligó a EEUU –OTAN entremedio- a bombardear hasta el punto de que el jefe militar de la operación tuviera que confesar ante las cámaras de que ya no tenían nada más en la lista de objetivos. Los planes se habían hecho para una docena de días bombardeando de manera que, al igual que el borracho en la pista de baile tras soltarle las frases hechas a la presa de turno, se quedó donde estaba, haciendo como que hacía algo. La idea de intervenir por tierra sobre unos terrenos tan complejos como lo son los Balcanes estaba de antemano totalmente descartada –cosa que contribuyó a hablar de la cobardía de occidente frente a los serbios.

La búsqueda de nuevos objetivos bombardeables terminó con la paciencia de los militares. Absolutamente cualquier objetivo era discutido por los representantes políticos de la OTAN, con las filtraciones de costumbre y los reproches habituales. No era manera seria de hacer la guerra. Además, en pleno campo de batalla ­–aéreo- se producían situaciones ridículas como las de aquellos cazas españoles que, tras observar en el radar a dos MIG de fabricación rusa y dar la voz de alarma solicitando permiso para abrir fuego, se dieron cuenta de que los pilotaban miembros de la aviación húngara, miembros de la OTAN desde pocos días antes de comenzar los ataques.


Dispuestas así las cosas, los políticos tuvieron que lidiar con las incompetencias militares varias. Surgió el llamado efecto colateral o, lo que es lo mismo, el bombardeo de camiones atestados de refugiados serbios o kosovares por error. Se bombardeó la embajada china, con todos sus trabajadores muertos y que, obviamente, introdujo el factor China dentro del conflicto diplomático cuando precisamente eran los asiáticos la única potencia que se limitaba a decir “hagan lo que les de la gana que no es problema mío”. Y, por último, se decidió bombardear el edificio de la televisión serbia en Belgrado y mandar un previo aviso para que nadie estuviera allí trabajando. En plan Guerra de Gila.

El bombardeo de la televisión produjo muchos efectos tanto en uno como en otro bando. La OTAN, como decía, avisó para que todo el mundo saliera de allí tratando de mejorar la visión causada con los efectos colaterales. Milosevic decidió forzar la maquina y asegurar a sus trabajadores que nada le ocurriría al edificio, que en todo caso las baterías antiaéreas les salvarían. La OTAN bombardeó, Milosevic no desalojó y el resultado fueron varios trabajadores muertos y el edificio de la televisión como símbolo de todo aquél que se oponía a la guerra.

La OTAN aprendió que, si en una guerra –como cabe suponer- no se cuenta con el respaldo unánime de las sociedades, matar periodistas del bando contrario contribuye a que los periodistas de tu bando se mosqueen bastante. Milosevic, por su parte, que utilizar escudos humanos contribuye a perder el mucho o poco apoyo de tu población. Más tarde, cuando la televisión serbia siguiera emitiendo a pesar de haber sido bombardeada, muchos preguntarían a la OTAN por la necesidad estratégica del ataque. La callada por respuesta.

El affaire televisivo contribuyó además a que los medios occidentales se hicieran eco de la tremenda oposición que los serbios hacían a Milosevic. El régimen de éste se vendía como una nación yugoslava tremendamente unida. Por entonces aún existía el ente llamado Yugoslavia y estaba formado por las Repúblicas de Serbia –incluida la región de Kosovo- y Montenegro. Sólo ésta última era capaz de inhibirse de la política de autodestrucción de Milosevic y, por lo tanto, se salvó de ser bombardeada. Los serbios y las serbias tenían entre ceja y ceja a un Milosevic endiosado, que se pensaba capaz de superar cualquier eventualidad que le saliera al paso en su política internacional y que tenía dominada la política nacional mediante un discurso enteramente nacionalista, alegando que Serbia había sido vilipendiada por todas las naciones europeas durante las Guerras en Bosnia y que ahora era privada de su capacidad de decisión sobre un asunto interno: la serbialidad de Kosovo.

Los serbios ajenos a la política, es decir la inmensa mayoría, sólo interpretaban una cosa. Milosevic les había llevado de ser el país más próspero del Este de Europa, con becas universitarias que cubrían desde los estudios hasta la vivienda, con transportes públicos eficaces, poder adquisitivo y unas cooperativas de trabajadores que realmente conseguían sacar beneficios espectaculares que se revertían en la propia ciudadanía a ser el agujero negro, el desagüe de Europa. Ellos querían quitárselo de encima, limpiarse de políticos como los que tenían que prestaban su apoyo incondicional a la política nacionalista y en lugar de recibir ayuda de los países occidentales, les bombardeaban en nombre de los Derechos Humanos.

Como era inevitable la resolución del conflicto no vino por la vía militar, sino por la diplomática. Rusia, durante todo el conflicto, se mantuvo alejada de mostrar intención de ayudar en la defensa de su hermano eslavo –paneslavismo, decían entonces- y sólo hacía declaraciones condenando las acciones de la OTAN. A su vez buscaba soluciones diplomáticas que le permitieran salvar el honor de Gran Potencia perdido. EEUU había bombardeado a pesar de su oposición y el final de la contienda debía incluir un papel de protagonista principal de Rusia.

Sin embargo, como en esas películas malas donde se da más papel del debido a actores que deberían estar ya jubilados, EEUU aceptó de buen grado que Rusia jugara al juego de Gran Potencia. Necesitados los americanos de una salida airosa, pensó que la UE podría hacerse cargo de una fuerza militar de interposición -la KFOR- y al tiempo de la organización de un gobierno civil autónomo de Kosovo –compuesto por representantes kosovares, representantes de la minoría serbia de Kosovo y consejeros de la UE.

Había que escenificarlo todo y para eso todos tenían que ganar, como en una noche electoral cualquiera. EEUU, y la OTAN, se declaró victoriosa del conflicto por haber conseguido el establecimiento de un cuerpo militar y de un gobierno autónomo en Kosovo. Rusia, por su parte, fue la encargada de intervenir por tierra, de ocupar la capital de Kosovo, Prístina, y representar una farsa de defensa del hermano eslavo. Milosevic seguía en el poder –ya veremos que no por mucho tiempo-, había conseguido aguantar los bombardeos, logrado que Rusia se movilizara en su ayuda y, en lugar de declarar a Kosovo como República Independiente, el conflicto había impuesto una fuerza europea de interposición y dejaba los aspectos constituyentes de la región como algo a negociar políticamente en el futuro. Además, como no había habido declaración de Guerra alguna, pues no había acuerdos de Paz ni restituciones y todo se dejaba al buen hacer del gobierno autónomo de Kosovo y sus peleas internas.

martes, junio 05, 2007

El agua en Sudáfrica

En el día Mundial del Medio Ambiente hoy volveremos hablar en este blog de Agua y África. Tras el ejemplo de Ghana y su gestión organizada por el Banco Mundial necesitábamos comentar un proyecto de gestión de aguas en África que sirviera como ejemplo de que las cosas, si se quiere, pueden funcionar bien para todos.

En Sudáfrica, la constitución surgida del derrocamiento del Apartheid garantiza el derecho al agua. En una localidad sudafricana, Harrismith, la gestión de aguas estaba en quiebra. El río fluía lleno de aguas residuales y la solución que se vio desde la municipalidad fue la de buscar un operador privado que les enseñara o ayudara a mejorar el sistema.

Las primeras prospecciones indicaron que ningún operador privado quería invertir en una localidad tan sumamente pobre, hasta que una Junta de Aguas, llamada Rand Water, ganó la licitación. La Junta se sentó a negociar los términos del proceso con todos los sectores sociales, económicos y políticos de la zona de Harrismith. Se cuestionaron asuntos técnicos, financieros, legales, humanos, institucionales e incluso de comunicación. Este largo proceso resultó costoso pero a la postre se mostró muy beneficioso para todas las partes.

Los resultados de las negociaciones emprendidas en 1999 terminaron por desembocar en la creación en 2001 de una unidad empresarial integrada en el departamento de agua y saneamiento y que ese encargó de la gestión del agua. El contrato resultó un éxito por poseer una serie de cláusulas que garantizaban la buena gestión del servicio. Por un lado la empresa tenía una sanción de un millón de rands en caso de abandonar el proyecto, sus beneficios estaban limitados a un 5%, con lo que las tarifas no aumentarían, además otro 5% de los beneficios iría a un fondo social del ayuntamiento.

Otro elemento importante para la buena solución de este proyecto fue que la comunicación se realizó de manera efectiva con la población. Los mismos concejales fueron los agentes de comunicación y llevaron puerta a puerta los beneficios del programa de asistencia a pobres, creando la lista de familias que sí necesitaban asistencia de suministro de agua.

El proyecto ha tenido alguna crítica como la insuficiencia de la asistencia a los pobres o la poca formación recibida por parte de los funcionarios del ayuntamiento, con lo que la municipalidad sigue dependiendo de la empresa privada, pero en términos generales se valora al proyecto como una buena salida, consensuada y establecida desde la necesidad de aliviar la pobreza.


viernes, mayo 04, 2007

Vaso Roto, de Alain Mabanckou.

Hacía tiempo que buscaba la oportunidad de comentar literatura africana. El blog, sin duda, comenzó por los politiqueos que tanto gustan a este que escribe, pero El Señor Kurtz tiene una inevitable referencia literaria –que no africana- y por tanto había que saldar deudas. Aún coleando en mi estantería están otros títulos africanos, leídos y no leídos, que esperan comentario. Pero actualidad llama y como hace bien poco salió el último africano que me he leído empezaremos por el final, que siempre es una bonita manera de empezar.

Así pues, inauguramos los comentarios sobre literatura africana –léase, escrita por africanos y africanas, que no sobre África, de la que ya daremos buena cuenta. Y comenzamos con Vaso Roto (título original Verre Cassé), novela finalista del Premio Renaudot en el año 2005 y que casualmente firma Alain Mabanckou, ganador del mismo premio literario en 2006 –debe ser que le pasa como a Eduardo Mendoza. Como todo indica, título original y premios, está escrita originalmente en francés. Éste es un hecho que destaca de todas las obras de africanos y africanas. ¿Qué lengua elegir? El escritor africano se presenta siempre, en un momento u otro de su vida, ante este dilema. Puede seleccionar el idioma en el que fue criado, probablemente una lengua minoritaria en donde creció. Puede optar por otra lengua africana, la dominante en su región –ya sea Swahili o cualquier lengua Bantú. Con estas dos opciones reivindicaría su capacidad cultural para expresarse por escrito –algo que, desde Hegel, ya se le reprochaba a las lenguas africanas eran su incapacidad de ser traspasada a papel, carecer de historia escrita propia. El único problema de estas opciones es que con ambas su difusión queda impresionantemente reducida a causa de los problemas de analfabetismo en África o incluso de las dificultades de encontrar un editor en el extranjero. Sin embargo tiene una tercera opción. Ahí se presenta la lengua colonial, el inglés, el portugués o el francés –no hablemos del español, que en Guinea Ecuatorial no tienen el horno para bollos. Normalmente estas lenguas son co-oficiales en los Estados africanos, e incluso a veces los documentos legales han de ser redactados en ellas. Escribir en esta lengua abre las puertas a ser leído por mucha más gente de manera más directa, abre las puertas a editar directamente en la antigua metrópoli. Pero a mi juicio sigue proyectando el encuentro colonial en toda su magnitud. Quizá la opción de una lengua regional, seguida de un esfuerzo editorial desde África por publicar y distribuir las obras entre los swahiliparlantes, por ejemplo, podría ayudar a comenzar un circuito africano que las editoriales extranjeras –fuertes multinacionales- tuvieran que tener en cuenta.

En cualquier caso, y retomando lo que nos ha traído hasta aquí, el libro de Mabanckou es una serie de catastróficos relatos que reflejan a personajes hundidos en su humillación e incapaces de desear salir de ella. La estructura del libro es bien sencilla, todo nos sitúa en un bar de la capital Brazzaville, en la República del Congo, que se llama el Crédito se fue de viaje –permítanme decirlo, pero el nombre me parece todo un acierto, vamos, yo frecuentaría un bar con ese nombre… es inevitable. Allí, su dueño, Caracol Tozudo, anima a su más fiel y culto cliente, Vaso Roto, a escribir un libro que cuente las historias que les han sucedido a los clientes del bar. Vaso Roto, verdadero protagonista del relato y no el bar, no quiere escribirlo, pero lo hará debido a su amistad con el dueño. La desgana se dejará notar en la manera en cómo cuenta estas memorias suyas.

El estilo del libro roza lo vulgar. Al menos la traducción al español, que está cerca del fenómeno poligonero. Sin embargo éste no es óbice para que Mabanckou sepa usar a su culto africano para observar la realidad de los fracasados de un bar de Brazzaville. Como en todos los bares, los fracasados se sientan a beber. La peculiaridad de éste consiste en que además de tener clientes fracasados, éstos sienten necesidad de verse inmortalizados para la posteridad en el libro de Vaso Roto, y los méritos que todos van a alegar serán los mismos: nadie fracasó más que yo. Así se suceden los primeros relatos de tan dispar destino pues uno podrá leer verdaderas genialidades de ironía política y acontecimientos escatológicos que harán reír hasta la carcajada y, al tiempo, relatitos sin la menor importancia y con una fuerza más que relativa que, además, destilan un tufillo machista achacable a los personajes y no al autor.

La segunda parte decae en cuanto a reflejo de personajes variopintos, y se centra más en el narrador dentro de la narración; Vaso Roto. En primera persona, éste nos dejará un sucinto análisis de lo que hasta el momento ha sido su vida a través de miles de referencias literarias -especial mención para las memorias de Chateaubriand. Para alguien que haya leído bastante a los grandes de la literatura, en especial la francesa, ésta parte puede suponer todo un deleite. Para los que hemos leído menos algunas referencias se nos escaparán, pero disfrutaremos de las que encontremos y hará desear poder entender el resto.

Ésta es, por tanto, una buena oportunidad para leer algo africano. Si no por la calidad, que no es abundante a raudales, sí por lo entretenido de algunos pasajes y por la facilidad de comprensión de la trama, por la credibilidad de los personajes más extravagantes y por la Gran Literatura que destila el libro. Eso sí, antes de correr a la librería más cercana en busca del mismo, les recomiendo acudan al catálogo de una biblioteca pública pues a 20€ el librito de 169 páginas ya les vale a los de Alpha Decay. Y si al abrirlo tras la compra les ocurre lo que a mí, que ven en sus páginas centrales un cartelito que indica que ha sido publicada con financiación pública gracias al Programa de Publicación de cooperación España-Francia, pues ni les cuento. Es de agradecer el esfuerzo de esta editorial en sacar a la luz una colección como Alfanaque, con títulos tan sugerentes, además de éste, como Los soles de las independencias o Quand on refuse on dit non, del añorado Ahmadou Kourouma, pero a estos precios sólo nos queda acudir al servicio público esperando que no se convierta de pago o, aunque no toque aquí, acudir a medios más justos [guiño, guiño, guiño, Teddy Bautista, guiño, guiño, guiño].

martes, abril 03, 2007

La gestión del agua en Ghana: ¿un asunto típicamente africano?

Tras la descolonización el gobierno ghanés fundó, al estilo de todos los nuevos gobiernos de la descolonización, una empresa pública de aguas llamada Ghana Water and Severage Corporation o GWSC. Esta organización estaba tremendamente burocratizada, lo que impedía la una gestión eficiente de los recursos. El Banco Mundial, a iniciativa del gobierno ghanés, propuso un plan de descentralización que se llevó a cabo desde los años 1970 hasta 1985. La descentralización no resultó adecuada y provocó que el servicio quedara en manos del gobierno militar, alejándolo aún más del ámbito ciudadano.

Durante el gobierno militar los Programas de Ajuste Estructural serán aplicados. La GSWC será reestructurara y terminará por asociarse, en el marco de dichos programas, con la compañía británica Thames. Para poder pagar a la compañía británica los servicios de gestión, Ghana tuvo que solicitar un crédito al Banco Mundial, y terminó por abonar a la empresa 13 millones y medio de dólares. El programa de gestión se puso en práctica hasta 1997, en que fracasó en su objetivo principal de suministrar agua potable a los ciudadanos.

En 1993 el gobierno, presionado por el Banco Mundial, decide poner en marcha el programa de privatización del agua. Con este programa las poblaciones rurales terminarán por verse desabastecidas al quedar establecida una tarifa imposible de pagar por ellos. En 1996, GWSC se pone en venta y está a punto de ser comprada por Azurix, filial entonces de Enron, pero se destapa un caso de corrupción en la negociación que implicaba a un ministro y el escándalo rompe la venta.

El siguiente paso será la creación de una Comisión de Recursos Hídricos, la cual se encargará de conceder derechos y permisos para la gestión del agua. En 1999 se crea la Ghana Water Company Limited GWCL, de responsabilidad limitada y que se hace cargo efectivo de 69 sistemas de suministro los cuales serán puestos a la venta por un periodo de 10 y 25 años.

Buscando una mayor financiación de la compañía, el Banco Mundial y el gobierno ghanés proponen la privatización de la GWCL. Sin embargo el mercado no es capaz de cubrir la oferta necesaria. Así las condiciones se van rebajando hasta que el Banco Mundial ofrece un contrato de arrendamiento por 5 años, donde los riesgos serán asumidos por las entidades públicas y los beneficios serán dirigidos a la empresa privada. La empresa podrá retirar el 100% de sus beneficios sin ninguna obligación de reinvertir en el sistema. Por lo tanto, independientemente de lo que ocurra el gobierno se endeudaría más y el sector privado recogería los beneficios. De esta manera la presión para recaudar el dinero necesario para la ampliación y mejora del sistema, si no sale de la compañía privada, es evidente que saldrá de los aumentos de las tarifas. Para que los ciudadanos acepten esta subida, el Banco Mundial está negociando con algunos jefes tribales ofreciéndoles préstamos de 30 millones de dólares. Estos jefes no poseen ningún mecanismo de rendición de cuentas y, por tanto, no deben dar explicaciones ante los ciudadanos, que verán aumentar su factura del agua hasta puntos donde no pueden aguantar.

La privatización de la GWCL ha sido catastrófica. Los cortes en el suministro son constantes y los verdaderos beneficiados de esto son los vendedores privados de agua que, transportándola de manera insalubre en camiones, la venden a un 600% más cara. Esto ha provocado un rebrote de una enfermedad como el gusano de Guinea que se creía ya extinguida.