AVISO

miércoles, enero 21, 2009

Mozambique, de Roberto M. Della Rocca

El libro de Della Rocca es un relato de los acontecimientos en el proceso que llevó a pacificar Mozambique. De dicho relato se pueden extraer varios elementos de análisis de las situaciones conflictivas y de cómo una estructura flexible puede ayudar a poner punto y final a dicho conflicto. Desde un principio ya advierte el autor que los acontecimientos que llevaron a poner fin a la lucha armada entre el FRELIMO y la RENAMO son sólo válidos para la situación de Mozambique. No se pueden extrapolar a otro conflicto ni son susceptibles de ser sintetizados en un modelo.

Aunque desde aquí se está de acuerdo en esta afirmación, así como en aquellas visiones que afirman que los modelos de resolución de conflictos estructurados fuertemente no funcionan, se disiente con el autor en distintos aspectos. Los acontecimientos de Mozambique tienen una serie de características que provoca que haya que tenerlos en cuenta en cualquier estudio de resolución de conflictos en un continente como el africano. El conflicto mozambiqueño surge del proceso de descolonización tardío emprendido por Portugal tras la Revolución de los claveles. La metrópoli europea fija un día en el calendario tras el cual la soberanía le pertenecerá al pueblo mozambiqueño. Durante los anteriores, Mozambique había sufrido una guerra de independencia elaborada por el Frente de Liberación de Mozambique, el FRELIMO. De inspiración marxista, el FRELIMO quedó como único responsable mozambiqueño tras la marcha de toda la estructura colonial portuguesa.

Frente al FRELIMO surgió la RENAMO, Resistencia Nacional Mozambiqueña. Estas fuerzas se opondrán al programa ideológico del FRELIMO y, según varios autores aunque nadie ha podido constatar vínculos, su formación estuvo promovida por la Sudáfrica racista, que sumida en un contexto de sanciones internacionales, utilizará el puerto de Maputo como punto clave para su comercio exterior. Existían pues dos agentes ideologizados y alineados con ambos bandos de la Guerra Fría, aunque si bien, Estados Unidos jamás llegó a dar un apoyo definitivo a la RENAMO en la región.

En este contexto, cuando la Guerra Fría termina, Mozambique es un país literalmente partido en dos. El FRELIMO ha visto reducido su poder a las zonas urbanas, la RENAMO se encuentra aislada en las zonas rurales y, de hecho, su cúpula se encuentra recluida en la selva. Además, existen en la zona soldados de Zimbabwe, quienes protegen el corredor por el que circulan sus mercancías hasta el mar. Con la situación militarmente bloqueada, los contactos de un tercer agente verá abonado su camino, si bien no será fácil. Las primeras dificultades con las que se encontró el proceso de pacificación fueron el no reconocimiento mutuo entre las partes. La situación estaba también en este terreno bloqueada debido a que el FRELIMO consideraba a la RENAMO como unos simples bandidos, mientras que éstos a su vez, no reconocían como legítimo el gobierno del FRELIMO.

La figura de la Iglesia, o en concreto de un obispo, será fundamental en el proceso de inicio de las conversaciones de paz. Implicando al Ministerio italiano de Asuntos Exteriores, y con la fundamental ayuda de la Comunidad de Sant´Egidio, se dará lugar a lo que Burros-Ghali dio en llamar “la fórmula italiana”. Dicha fórmula se basó en unos mediadores de carácter débil, cuyos intereses en la zona no existían, y con una idea básica en la mente: buscar aquellas cuestiones en las que ambas partes podían estar de acuerdo olvidándose de agendas fijas y programadas que impidieran una cierta agilidad.

El punto fundamental en las negociaciones fue el hecho de lograr que cada parte reconociera a la otra. La RENAMO, en efecto, no tenía programa político. Era básicamente una estructura guerrillera, con la idea de terminar con el gobierno del FRELIMO, aunque tampoco eran simplemente unos bandidos, como éste quería mostrar ante la comunidad internacional. Ambas partes atribuían a la otra una serie de matanzas catastróficas de las que ambos eran responsables. Abrir por tanto el espacio político mozambiqueño a la RENAMO no fue tarea fácil. El FRELIMO seguía empeñado en calificarlos de bandidos y, como tales, no estaban capacitados para negociar. Los mediadores, no sólo no sometieron a presiones al FRELIMO, sino que le dejaron ver que su inmovilidad podría dar con el colapso del país, sumido en una gran crisis económica debido a una guerra que tácticamente ya no se podía ganar por medios militares. Al tiempo, la RENAMO, también fue reticente a aceptar ese espacio político que la negociación de paz le ofrecía. Renunciar a las armas significaba ceder todo el poder a la voluntad constituyente del FRELIMO y, por tanto, hacerles ganar una guerra que estaba empatada. Finalmente, los mediadores hicieron ver a ambos bandos que la competición pacífica por el dominio político era la única solución. Incluso llegaron a frenar una iniciativa del FRELIMO cuando, en la constitución que estaba redactando, trató de olvidarse de los acuerdos de paz.

El último punto clave de este proceso de pacificación vino con las primeras elecciones. Llevada a cabo por observadores de la ONU, la certificación de que fueron unas elecciones limpias se cumplió, sin embargo el líder de la RENAMO y candidato a la presidencia Dhlakama, amenazó en última instancia con retirarse. Habían sido unos meses muy duros, donde la RENAMO había visto como su dificultad por desarmarse era correspondida por el FRELIMO mediante interpretaciones restrictivas de los acuerdos de paz. Sin embargo Dhlakama acepta el resultado que, por mayoría simple, da el gobierno del país a Chissano. Entre los agentes a destacar en este proceso de paz está la imagen de una figura mediadora antes mencionada, una ONG cuyos intereses en la región habían sido los proyectos de desarrollo y cuya sede en Roma terminó por convertirse en la plaza donde se firmarían los acuerdos.

El libro de Della Rocca ofrece una buena retrospectiva de los acontecimientos que condujeron a la pacificación de Mozambique, pero obvia otros aún si cabe más importantes. El papel de la RENAMO en la vida política no hubiera sido posible sin la intervención de la comunidad de donantes. En un estado dominado por líderes locales que pertenecen a uno u otro bando, la lealtad de éstos se ve recompensada con acceso a recursos. Una vez que la RENAMO termina de dominar esos recursos, se encuentra sin vías para alimentar esas redes. Es aquí cuando el dinero, donado en bastante cantidad por diversos países, formó parte esencial del proceso que impidió que Mozambique se convirtiera en Angola. Al mismo tiempo, el FRELIMO fue capaz de ver que de no ceder una cierta cuota de poder a la RENAMO ésta terminaría haciendo lo que la UNITA en Angola, y el conflicto volvería a surgir.

sábado, enero 10, 2009

Modern Africa

Foto: Eva

"La mayoría de los africanos están tan lejos hoy de parecerse a los norteamericanos como lo estaban en 1960. ¿Se debe a que no han conseguido "desarrollarse" o, dicho de un modo más exacto, a que se modernizan de un modo diferente? ¿No está determinada, en efecto, la modernización por los modos complejos y contradictorios en los cuales las tradiciones sociales y culturales evolucionan y se transforman, en África como en cualquier otra parte?"

Patrick Chabal & Jean-Pascal Daloz
África Camina. El desorden como instrumento político

lunes, diciembre 29, 2008

Africanadas de los africanistas


"La introducción de transporte moderno, de armas complejas y de ordenadores en el África subsahariana ha hecho posible [...] un incremento extraordinario del control social: los gobernantes nunca habían poseído medios tan poderosos para vigilar, controlar y persuadir a los gobernados."

Jean-François Bayart
La greffe de l'État, 1996
Africanista y futurólogo de gran prestigio

miércoles, noviembre 26, 2008

Vidas desperdiciadas, de Zygmunt Bauman

Poco académico pero tremendamente provocador. Así podíamos resumir este libro de Bauman que, en el año 2005, apareció encima de mi mesa una noche de primavera. La verdad es que no iba buscándolo precisamente a él. A Bauman se le reconoce el mérito de haber sabido reconocer ciertas dinámicas de nuestro estado postmoderno y, al tiempo, haber desgranado la Modernidad hasta límites insospechados. Su tesis sobre el nazismo, que refleja en el muy recomendable Modernidad y holocausto –libro que buscaba cuando me topé con Vidas desperdiciadas- aporta una luz capaz de descifrar las dinámicas del terror de ayer y de hoy. No era cosa de ellos, sino de nosotros.

Sea como sea, el libro comienza con otro libro, cosa que me encanta. Bauman habla de Las ciudades invisibles, de Italo Calvino. Para quien no lo haya leído o no lo conozca, es ése un libro de poesía en prosa. Calvino se dedicó durante muchos años a redactar pequeños fragmentos, de dos, tres o cuatro párrafos, sobre ciudades que contenían sólo una cualidad paradójicamente especial. Todas ellas llevaban nombre de mujer y su cualidad se convertía invariablemente en su virtud y en su defecto. La ciudad invisible que inspira a Bauman consiste en una que se muestra tremendamente limpia, pura. Sus calles son inmaculadas y jamás existe el menor desorden. Esto es posible porque encuentra, a sus espaldas, el terreno necesario para deshacerse de su basura y de sus cosas inservibles. Cientos de desperdicios se acumulaban tras de sí impidiéndola crecer y ahogándola en su modo de vida.

La bella referencia de Bauman a Calvino y el diálogo que esta ciudad le sugiere nos invita a hablar de la Modernidad y de su proceso migratorio y productivo. Para Bauman, parece claro que hablar de Modernidad hablamos del proceso productivo que conllevó el capitalismo. Su tesis consiste en que durante su formación, el capitalismo necesitó expulsar a los grupos de personas que le resultaban inservibles en su propio espacio físico. Europa, cuna de la Modernización, sacaba por mar y tierra a todos los indeseables y fundaba así mitos de progreso personal en los nuevos paraísos terrenales. América, Australia, Asia y también África, se mostraban como lugares en donde la pobreza vivida al arroyo de las fábricas podía dar paso a una riqueza inabarcable. Por supuesto, esto no era más que un mito, pero acompañaba el proceso inmigratorio de los europeos sobrantes y aligeraba la pobreza y la incubación de las enfermedades en un continente que necesitaba de la mano de obra justa para poder realizar sus sueños de expansión.

Con el asentamiento del proceso modernizador en Europa, nos enseña Bauman, el siguiente paso consistió en la expansión del modelo más allá de las fronteras físicas y de la conformación de un bloque occidental que por entonces abarcaba Europa –en mayor o menor medida desde los Pirineos hasta los Urales-, América del Norte y América del Sur. Particular casos estos dos últimos, hijos de la Modernidad fecundada por sus padres europeos que, si bien abrazaron los preceptos de libertad, igualdad y fraternidad, terminaron por tener Historias divergentes debido en parte a que la herencia de la división de poderes de los hermanos del norte no tuvo nada que hacer frente a la herencia caudillista de los hermanos del sur. Modernizados por tanto los países europeos y en parte también las Américas, el proceso de colonización de África y Asia sirvió, para Bauman, para seguir aligerando la presión de una población creciente que no quería más que comer y alimentarse en lugar de morirse y dejar ganar al rico lo que le pertenece.

Inmigrando a zonas donde ellos mismos podían ser los capitalistas, terminaron por crear los sistemas coloniales que ya son de sobra conocidos. Pero la Modernidad pareciera que es de todos y también los colonizados decidieron abrazarla. Con la independencia, todos querían su parte de Desarrollo –ese gran desconocido- y exigían su parte del pastel. Sin embargo, si el proceso Modernizador requiere de la eliminación de la población superflua del territorio a desarrollar, y no quedando ya ninguna zona del planeta sin modernizar previamente, ¿hacia dónde podrían esos nuevos procesos modernizadores expulsar a sus sobrantes?

Las puertas del movimiento poblacional no han estado abiertas para las dos direcciones nunca, y eso impediría, en la tesis –ya hemos advertido que nada académica y más bella que firme- de Bauman la creación de un verdadero Estado moderno en África y justificaría la necesidad de la inmigración misma. Las vidas desperdiciadas serían los totales de la población africana, asiática y, ahora, sudamericana, que ven cómo sus tierras son convertidas en el vertedero poblacional del Occidente moderno. Obligados a ser subdesarrollados porque hay subdesarrollantes en palabras de Vázquez-Montalbán.

El libro de Bauman es de esos que se recuerdan y que salen a colación en cualquier reflexión seria sobre los procesos migratorios o de desarrollo aún a pesar de sus dificultades académicas. Hay muchos hilos desde los que ir tirando como, por ejemplo, pensar a los cooperantes occidentales en los países del sur, como aquellos viejos pobres del estado moderno europeo, obligados a vivir fuera de Europa y a irse a la aventura, bajo mitos sociales tales como la solidaridad y el cosmopolitismo, por el simple hecho de que su sociedad moderna, espejo de la sociedad subdesarrollada a la que van a ayudar, no produce suficientes puestos laborales para una población con formación superior como la suya.

domingo, octubre 19, 2008

Camino del Norte

[Leído en el diario El País, domingo 19 de Octubre de 2008]

Javier Sampedro.

Que la humanidad proviene de África es un hecho bien establecido, pero por dónde salió de allí es una conjetura. Como casi todos los accesos están bloqueados por el desierto del Sáhara, los expertos han supuesto hasta ahora que los primeros humanos sólo pudieron migrar hace 120.000 años por el corredor del Nilo. Pero geólogos británicos y libios acaban de demostrar que el Sáhara disfrutó en esa época de dos enormes ríos. Y nuestros ancestros estuvieron en la zona.

Había evidencias de que las lluvias aumentaron en el sur del Sáhara en el último periodo interglacial, entre 170.000 y 130.000 años antes del presente. Pero el equipo encabezado por Anne Osborne y Derek Vance, de la Universidad de Bristol, ha descubierto ahora que las condiciones fueron más húmedas, y alcanzaron mucho más al norte.

"Las imágenes por satélite muestran canales fluviales fósiles que cruzan el Sáhara en Libia", explica Osborne, "que fluyen desde la cuenca central sahariana todo el camino hacia el norte hasta el Mediterráneo. Nuestros análisis geoquímicos demuestran que esos canales eran ríos activos durante el último periodo interglacial, un importante flujo de agua en esa zona por lo demás tan árida". Los datos se adelantan en la edición electrónica de Proceedings of the National Academy of Sciences.

La cuenca central a la que se refiere la geóloga británica incluye la más alta cordillera del Sáhara, las montañas volcánicas del Tibesti, entre Chad y el sur de Libia. Los científicos han extraído conchas de moluscos que vivieron hace 120.000 años en los cauces saharianos para analizar su composición de isótopos, los distintos sabores en que vienen los átomos, que permiten inferir muchos datos sobre el medio en que vivieron aquellos animales.

El resultado es nítido. Las conchas de los canales tienen una composición isotópica muy distinta de las recogidas fuera de ellos. Pero llevan la marca inequívoca de su origen volcánico: vivieron en aguas emanadas de los manantiales del Tibesti, cientos de kilómetros al sur. También se parecen mucho al plancton fósil extraído junto a la costa Libia: la desembocadura de los antiguos ríos.

"Estas evidencias muestran que las lluvias monzónicas alimentaron ríos que se extendieron desde las montañas del Tibesti, a través del norte del Sáhara y hasta el Mediterráneo", afirma Vance. "Estos corredores rivalizaron con el Nilo como posibles rutas para las migraciones de los humanos modernos hacia las costas mediterráneas".

Las excavaciones arqueológicas de los últimos años apoyan las tesis de los investigadores británicos y libios. Fósiles humanos modernos y herramientas de piedra han aparecido a lo largo de toda la costa mediterránea africana, incluido el Sáhara. Algunos de estos yacimientos han sido datados en 90.000 años de antigüedad, o antes. Los estudios paleoclimatológicos recientes también indican que el Sáhara fue húmedo en el mismo periodo.

Sobre los orígenes de los humanos modernos quedan muchos puntos por aclarar. Los signos arqueológicos de una inteligencia humana plenamente actual -arte, rituales, pericia técnica, gran diversidad de herramientas- sólo tienen 50.000 años. Pero el soporte de toda esa creatividad, el cráneo humano moderno, ya existía hace 195.000 años en la actual Etiopía. Los científicos suelen denominar a estos y otros fósiles similares (con forma moderna pero más antiguos de 50.000 años) "humanos anatómicamente modernos". Las primeras evidencias de Homo sapiens fuera de África son unos esqueletos fósiles hallados en cuevas en el sur del actual Israel, datados entre 120.000 y 90.000 años antes del presente.

La idea de que los mecanismos cerebrales del lenguaje fueron responsables de la evolución de la humanidad moderna ha sido defendida por antropólogos como Richard Klein y lingüistas como Alec Knight, ambos de la Universidad de Stanford. Knight incluso ha presentado indicios de que ese habla ancestral de la humanidad pervive en los lenguajes click de los actuales bosquimanos del oeste y el sur de África, en los que muchas consonantes se pronuncian como chasquidos de la lengua y los labios.

Estos lenguajes se conocen genéricamente como Khoisan. Sus hablantes incluyen poblaciones tan separadas y aisladas entre sí como los Hadzabe de Tanzania (este de África) y los San de la región suroccidental del continente. La razón más probable es que el Khoisan fuera la lengua hablada por un antiguo pueblo que se extendió por toda África, y que otras expansiones de población muy posteriores colonizaron todo menos las regiones aisladas y dispersas en las que se sigue hablando hoy la lengua ancestral.

Según los datos de Knight, los Hadzabe y los San "están tan alejados como lo pueda estar una población humana de otra". La interpretación más simple de esos datos es que el Khoisan es heredero del lenguaje más antiguo de la historia de la humanidad. De ser así, se debió hablar junto a las riberas del Sáhara en el despertar de los tiempos.

lunes, septiembre 08, 2008

El dia del cooperante

8 de Septiembre, el día del cooperante. Todo el mundo tiene un día ¿verdad? Y el que no lo tiene, algo habrá hecho. O no, claro. El caso es conmemorar a alguien cada día. Y hoy, que es 8 de Septiembre, se conmemora, se entrevista y se aplaude al cooperante –y no cooperanta, que no existe.

Esa es una profesión, la de los y las cooperantes, que consiste en irse lejos de donde vivieron sus acomodadas vidas para ayudar a unos absolutos desconocidos a desarrollarse. Bonito ¿verdad?

La profesión es, por tanto, algo propio de los occidentales. O, cuanto menos, de aquellos que poseen un nivel de vida mínimo y que estiman que es necesario ayudar a todo el mundo a mejorar el suyo –que por supuesto, es más bajo. Una profesión unidireccional, claro. Y esto que se dice no deja de tener cierta polémica.

Pero no es una profesión nueva. No, no lo es. Es cierto que ahora se ha hecho de la palabra cooperante algo profesionable. Se lo explicamos. Con los diferentes caminos recorridos por el concepto de Desarrollo –que es un señor con chaqueta y corbata que se pasea por doquier lo llaman menos cuando es tremendamente necesario, al contrario que la señora muerte- se ha pasado de una cooperación ahora calificada de técnica, ejercida por profesionales de reconocido prestigio en sus países –ingenieros, médicos, enfermeras- que acudían a solventar los problemas diarios de la vida en un país del Tercer Mundo –de este bonito nombre otro día hablamos, si quieren. Y de esta concepción de Desarrollo y de Cooperación, se movieron los que piensan en estas cosas a otra en donde para poder cooperar, había que saber otras muchas cosas. Tantas que, hoy día, ya no hace falta saber de nada técnico, sólo de cooperación para poder ser cooperante. Parece lógico ¿verdad? Será por eso que el Señor Kurtz desconfía tanto de esto. Porque suena demasiado lógico.

El cooperante se mueve en un mundo –para los académicos diremos que en un régimen internacional- llamado de la Cooperación al Desarrollo. Así, con mayúsculas, sus dos oes y su acento. Este mundo, como tal, nace tras la Segunda Guerra Mundial –vamos, como todo, no les descubro nada nuevo- y es pensado por EE.UU.

Al acabar la contienda en Europa, Alemania, Francia, Reino Unido y otro sinfín de países están en la más absoluta ruina. Sus infraestructuras, así como sus mínimas condiciones de vida, han sido hechas añicos por los bombardeos y los saqueos propios del conflicto. EE.UU., único contendiente que no ha sufrido pérdidas en su territorio, se encuentra ante la tesitura de tener que decidir el futuro del continente hermano. Muchos de sus políticos piden la cabeza de Alemania, causante de las dos Guerras Mundiales -¿por qué será que los causantes siempre son los que pierden?- y trazan un plan para mantener a Alemania sumida en la hambruna y en la pobreza. Si la industria alemana no se rehace, si no les dejan tener ni ejército ni posibilidad de fabricar una pistola si quiera, pensaban estos estadounidenses, se evitaría la Tercera Guerra Mundial –por supuesto, también perpetrada por alemanes.

Frente a estos, otro grupo de norteamericanos observaron que quizás mantener a tantas personas juntas y con hambre no era la situación más ideal pensando en una paz duradera. Además, había que tener en cuenta que, unos muchachos y muchachas de origen germano con hambre podían ser muy bien engañados por los nuevos malos: los rusos.

De manera que se inventaron un concepto: la solidaridad internacional. O bueno, se lo adueñaron, porque el Internacionalismo estaba oculto tras los cascotes de los edificios derruidos. Con este ideal de solidaridad internacional surgió el Plan Marshall en honor al nombre del Senador norteamericano que firmó el papel redactado por otros. El plan consistía en regalar dinero a los europeos para la reconstrucción de sus países con una condición: que todo lo que necesitaran, lo compraran a los señores de corbata norteamericanos.

Cuando Europa se reconstruyó y, al tiempo, perdió sus colonias, había que idear un sistema que permitiera seguir siendo dueños de la tierra aunque fueran otros quienes firmaran los cheques. Bueno, era casi hasta mejor ¿no? De manera que surgió el régimen de Cooperación al Desarrollo tal y como lo conocemos hoy. Era, básicamente, retomar el Plan Marshall pero con una insignificante diferencia. A saber, en lugar de regalar el dinero, como se hacía con los hermanos europeos, a los nuevos Estados se les dejaba a préstamo. Para que asumieran que ahora eran independientes y tenían que vivir según sus posibilidades. Se acabó eso de llevar la colada a casa de mamá todos los viernes. Tanto tiempo a la sopa boba no podía ser bueno para nadie.

Así, a grandísimos rasgos, nos encontramos con un juego de “yo te presto tanto, de lo cual te regalo este poco, para que tú hagas lo que yo te digo que te va bien aquí –tú fíate, anda, ¿no ves lo bien que me va?- y me compras a mí todo el material, que lo tengo a buen precio”.

Y en esas andamos, más o menos, aún a pesar de las idas y venidas del señor Desarrollo, que lleva la corbata un tanto mal anudada debido al ajetreo al que le hemos sometido. Que si ahora prima el comercio, que si ahora la democracia, que si las teorías económicas neoliberales, que si los derechos humanos, que si las oportunidades de cada persona… Así no hay quien viva, oiga. Pero ¿se ha parado a pensar por qué cooperamos?

¿Por qué el Estado de España gasta al año un total de 5.744 millones de Euros al año en Ayuda Oficial al Desarrollo cuando es un hecho que en España el 24% de los niños y niñas son pobres? ¿Qué hace que el Estado, cualquier Estado, invierta tanto dinero fuera de sus fronteras mientras sigue teniendo problemas graves –los mismos por los que ayuda fuera de sus fronteras- en su propia sociedad?

Uno, que es muy de Génesis, aunque no haya leído la novela, siempre se va a los orígenes de las cosas, allá donde parece haberlos, para tratar de encontrar explicación a los problemas de hoy mismo. Los de mañana, ya se verán.

Si hablamos de un régimen de Cooperación al Desarrollo surgido de la descolonización, nos encontramos en la tesitura de tener que echar un ojo a la colonización –esa gran desconocida- para ver qué dinámicas se sucedían entonces y se asemejan a las de ahora. Y, si hacemos esto, no podemos sino arrancar con una mano las tres imágenes clásicas de la colonización: la del militar conquistador, la del administrador que va a hacer carrera y la del misionero que salva almas.

Pongamos por caso, sólo supongamos, que estos tres individuos que campaban a sus anchas por los límites de la colonización, aún se reproducen por el mundo de hoy aunque camuflados en sus uniformes. ¿Quién sería quién?

El militar podríamos pensar que es fácil. Un militar es un militar aunque lo vistan de seda, y hoy podemos seguir viendo misiones de pacificación o reconstrucción que, en sus más casos, no hacen sino encubrir una invasión deliberada de tropas extranjeras. Sin embargo, ¿qué me dicen de la seguridad privada? ¿No es cada día más importante como negocio?

El administrador, claro está, sigue ahí. Ya no dirige centralmente las decisiones del territorio colonizado, ni tiene la prepotencia de pasearse en elefante o de construirse apartados barrios residenciales sobre los vestigios de una civilización más antigua que él, como hacían los ingleses en India. Pero la figura sigue estando ahí, en la imagen del administrador de Naciones Unidas, del burócrata de la Organización Internacional de turno, del diplomático de un país, todos ellos situados en sus puestos conforme al escalafón. Los lugares más peligrosos o más incómodos, como siempre, para quienes quieren hacer carrera. Los cómodos, bonitos y elegantes, para quienes ya la hicieron.

Y el misionero. ¡Qué haríamos del misionero! Siempre dispuesto a salvar el mundo con su fe cristiana. Culpabilizando al militar por su nefasto entendimiento de la sociedad de acogida. Criticando al administrador por su mala política. Teniendo, él solo, que resolver los problemas causados por los demás. Sabiendo que sólo y exclusivamente él conoce las mentalidades colonizadas. Las interpreta y, gracias a ello, puede hacerles ver su error, conducirle a la fe verdadera, que bien puede llamarse Cristo que Desarrollo, me temo. Cooperante y Misionero son dos instituciones sin las cuales no es posible entender el encuentro colonial.

Por eso el Señor Kurtz se pregunta, ¿para cuándo el Día del Administrador? ¿Para cuándo el del soldado? Precioso día se ha quedado hoy, sí.

domingo, agosto 31, 2008

El Derecho Humano al Agua, de Mikel Mancisidor (DIr.)


Una extrañeza en este blog, el hablar de novedades editoriales. En Septiembre llegará a sus librerías un libro que tratará sobre un tema necesario: el derecho humano al agua.

Como hoy no llevo tiempo en los bolsillos, les reto a que se hagan con su ejemplar, se lo lean y, otro día, nos lo discutimos. Sin duda vamos a polemizar. Pero es que si no la vida carece de sentido.

Sobre los editores.

Sobre los que apoyan.

Sobre los que editan/venden el libro.

Sobre su presentación.

Sobre su otra presentación.

Y ya basta por hoy.

miércoles, agosto 20, 2008

Análisis de políticas públicas


"Well, if you think Education is expensive... then try ignorance"
Mamphono Khaketla.
Ministra de Educación y Formación del Reino de Lesoto.

jueves, julio 31, 2008

Futuro


"El Agua que se ha mendigado no mitiga la sed"
Proverbio del pueblo Soga, Uganda