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sábado, enero 21, 2012

Canalizando las remesas hacia el codesarrollo

Fotografía CC del Flickr de Daquella Manera
Mientras todos los Estados occidentales tratan de controlar los flujos migratorios a la fuerza, con proyectos como el FRONTEX de la Unión Europea, los bancos occidentales se pelean por acceder al tentativo pastel de las remesas.

Durante la década pasada asistimos a una reconfiguración del posicionamiento de la Administración pública y los gobiernos locales respecto a la inmigración, lo que tuvo su repercusión en las herramientas de cooperación. Con la creación del concepto de codesarrollo por parte de las administraciones francesas se pretendía incidir directamente, a través del ámbito de la cooperación, en los flujos migratorios –reduciéndolos- a la vez que acceder e institucionalizar el envío de remesas de las poblaciones migradas hacia sus países de origen. Y aunque el desarrollo del concepto y de las herramientas del codesarrollo fueron retomados por la sociedad civil y dotadas de nuevos significados que las alejaran de la idea de controlar a la población migrada, no pasó lo mismo con la institucionalización de las remesas.

Con una banca privada cuyo modelo de negocio está orientado en exclusiva hacia la generación de deuda y la creación de comisiones, el marco de las remesas consistía un campo a explotar por ella de potenciales beneficios. La banca privada comenzó así a dirigirse al cliente migrante, ofreciendo productos que combinaban los servicios habituales en el país receptor con servicios extras en el país de origen. Todos ellos adornados con una comisión que, en el caso de las remesas, puede alcanzar entre el 12 y el 25 por ciento del monto enviado.

África es en el ámbito del envío de las remesas un alumno destacado. Se estima que el continente recibe entre el 30 y el 40 por ciento del volumen global de remesas. Y si se analiza el flujo de éstas que fluye a África son más importantes las remesas intraafricanas que las que provienen de fuera del continente. Según el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de Naciones Unidas (IFAD por sus siglas en inglés), la mayoría de la población africana utiliza las remesas para gastos de emergencia o del día a día, generando un muy escaso ahorro e impidiendo de esta manera la generación de flujos de inversión propios. 

El mismo IFAD analizó en 2009 el mercado africano de envío de remesas. En su informe Sending Money Home to Africa, el IFAD destaca que dicho mercado tiene las características propias de los mercados jóvenes: es altamente poco competitivo, tiene una escasa innovación tecnológica y asume unos muy elevados costes de transacción.

El  65% del mercado de las remesas se lo reparten dos compañías, MoneyGram y WesternUnion. Estas dos empresas tienen acuerdos de colaboración con multitud de bancos por todo el continente hasta el punto, afirma el informe, que muchos bancos africanos tienen el convencimiento de que sólo estas dos compañías ofrecen el servicio de envío de dinero desde el exterior. Sin embargo la realidad es que existen otros actores económicos que realizan esta función y que además producen beneficios sociales.

Estas instituciones sociales que juegan un papel importante son principalmente cooperativas o instituciones de microfinanzas que más allá del objetivo comercial son capaces de entender las necesidades sociales y reinvertir sus fondos en ellas. El IFAD ve en ellas el principal punto de apoyo de un sistema alternativo de envío de remesas, más cercano a las poblaciones rurales y más pobres, y en el que también jugarían un papel muy importante las oficinas de correos. Estadísticamente, los usuarios de estas cooperativas que ya reciben remesas en África tienen más al ahorro que aquellos que las reciben a través de los bancos comerciales. La mayor capacidad de ahorro permite establecer un sistema de inversiones que, por otra parte, al ser más cercana a las necesidades sociales repercute directamente en la mejora de la vida de las personas, así como una mayor resiliencia frente a los eventos inesperados.

Sin embargo no siempre esto es posible. El mismo IFAD se encarga de señalar que muchos países africanos tienen una legislación que sólo permite el envío de dinero a través de su sistema bancario, dejando de lado cualquier otra iniciativa organizada.

Quizás los ejemplos de buenas prácticas y de proyectos innovadores hagan cambiar estas legislaciones. En este sentido el IFAD tiene un programa de financiación de iniciativas que permitan acercar el sistema financiero de transferencias de remesas a las poblaciones migrantes y las poblaciones de países de origen.

Una de estas iniciativas financiadas por el IFAD es el proyecto AUXFAM. Liderado por la empresa holandesa AUXFIN tiene por objetivo facilitar el software de transferencias internacionales UMVA que han desarrollado en los Países Bajos y que reduce a casi 1 euro el costo o comisión a cobrar, sea el importe que sea.

El proyecto está siendo implementado en España, como experiencia piloto, centrándose en el corredor de remesas España-Senegal. Está por tanto dirigido a la población migrante senegalesa y de esta manera AUXFIN ha llegado a un acuerdo con la Coordinadora de Asociaciones Senegalesas de Cataluña (CASC) para comenzar a utilizarlo en las diferentes comunidades de senegaleses catalanes. En este caso -y sobre esto no tengo información objetiva sino que sólo me han comentado informalmente- el costo de la comisión por transferencia ascendería a 3 euros, repartidos de la siguiente manera. 1 euro de costo de transferencia, otro euro para invertir en proyectos de desarrollo en Senegal y otro euro más para invertir en proyectos o mantenimiento de las asociaciones senegalesas que se encarguen de centralizar el servicio. 

Una estrategia donde todos ganan y que, sumada la innovación tecnológica y el apoyo institucional del IFAD, puede llegar a cambiar el mapa del envío de remesas en esta década.

miércoles, noviembre 26, 2008

Vidas desperdiciadas, de Zygmunt Bauman

Poco académico pero tremendamente provocador. Así podíamos resumir este libro de Bauman que, en el año 2005, apareció encima de mi mesa una noche de primavera. La verdad es que no iba buscándolo precisamente a él. A Bauman se le reconoce el mérito de haber sabido reconocer ciertas dinámicas de nuestro estado postmoderno y, al tiempo, haber desgranado la Modernidad hasta límites insospechados. Su tesis sobre el nazismo, que refleja en el muy recomendable Modernidad y holocausto –libro que buscaba cuando me topé con Vidas desperdiciadas- aporta una luz capaz de descifrar las dinámicas del terror de ayer y de hoy. No era cosa de ellos, sino de nosotros.

Sea como sea, el libro comienza con otro libro, cosa que me encanta. Bauman habla de Las ciudades invisibles, de Italo Calvino. Para quien no lo haya leído o no lo conozca, es ése un libro de poesía en prosa. Calvino se dedicó durante muchos años a redactar pequeños fragmentos, de dos, tres o cuatro párrafos, sobre ciudades que contenían sólo una cualidad paradójicamente especial. Todas ellas llevaban nombre de mujer y su cualidad se convertía invariablemente en su virtud y en su defecto. La ciudad invisible que inspira a Bauman consiste en una que se muestra tremendamente limpia, pura. Sus calles son inmaculadas y jamás existe el menor desorden. Esto es posible porque encuentra, a sus espaldas, el terreno necesario para deshacerse de su basura y de sus cosas inservibles. Cientos de desperdicios se acumulaban tras de sí impidiéndola crecer y ahogándola en su modo de vida.

La bella referencia de Bauman a Calvino y el diálogo que esta ciudad le sugiere nos invita a hablar de la Modernidad y de su proceso migratorio y productivo. Para Bauman, parece claro que hablar de Modernidad hablamos del proceso productivo que conllevó el capitalismo. Su tesis consiste en que durante su formación, el capitalismo necesitó expulsar a los grupos de personas que le resultaban inservibles en su propio espacio físico. Europa, cuna de la Modernización, sacaba por mar y tierra a todos los indeseables y fundaba así mitos de progreso personal en los nuevos paraísos terrenales. América, Australia, Asia y también África, se mostraban como lugares en donde la pobreza vivida al arroyo de las fábricas podía dar paso a una riqueza inabarcable. Por supuesto, esto no era más que un mito, pero acompañaba el proceso inmigratorio de los europeos sobrantes y aligeraba la pobreza y la incubación de las enfermedades en un continente que necesitaba de la mano de obra justa para poder realizar sus sueños de expansión.

Con el asentamiento del proceso modernizador en Europa, nos enseña Bauman, el siguiente paso consistió en la expansión del modelo más allá de las fronteras físicas y de la conformación de un bloque occidental que por entonces abarcaba Europa –en mayor o menor medida desde los Pirineos hasta los Urales-, América del Norte y América del Sur. Particular casos estos dos últimos, hijos de la Modernidad fecundada por sus padres europeos que, si bien abrazaron los preceptos de libertad, igualdad y fraternidad, terminaron por tener Historias divergentes debido en parte a que la herencia de la división de poderes de los hermanos del norte no tuvo nada que hacer frente a la herencia caudillista de los hermanos del sur. Modernizados por tanto los países europeos y en parte también las Américas, el proceso de colonización de África y Asia sirvió, para Bauman, para seguir aligerando la presión de una población creciente que no quería más que comer y alimentarse en lugar de morirse y dejar ganar al rico lo que le pertenece.

Inmigrando a zonas donde ellos mismos podían ser los capitalistas, terminaron por crear los sistemas coloniales que ya son de sobra conocidos. Pero la Modernidad pareciera que es de todos y también los colonizados decidieron abrazarla. Con la independencia, todos querían su parte de Desarrollo –ese gran desconocido- y exigían su parte del pastel. Sin embargo, si el proceso Modernizador requiere de la eliminación de la población superflua del territorio a desarrollar, y no quedando ya ninguna zona del planeta sin modernizar previamente, ¿hacia dónde podrían esos nuevos procesos modernizadores expulsar a sus sobrantes?

Las puertas del movimiento poblacional no han estado abiertas para las dos direcciones nunca, y eso impediría, en la tesis –ya hemos advertido que nada académica y más bella que firme- de Bauman la creación de un verdadero Estado moderno en África y justificaría la necesidad de la inmigración misma. Las vidas desperdiciadas serían los totales de la población africana, asiática y, ahora, sudamericana, que ven cómo sus tierras son convertidas en el vertedero poblacional del Occidente moderno. Obligados a ser subdesarrollados porque hay subdesarrollantes en palabras de Vázquez-Montalbán.

El libro de Bauman es de esos que se recuerdan y que salen a colación en cualquier reflexión seria sobre los procesos migratorios o de desarrollo aún a pesar de sus dificultades académicas. Hay muchos hilos desde los que ir tirando como, por ejemplo, pensar a los cooperantes occidentales en los países del sur, como aquellos viejos pobres del estado moderno europeo, obligados a vivir fuera de Europa y a irse a la aventura, bajo mitos sociales tales como la solidaridad y el cosmopolitismo, por el simple hecho de que su sociedad moderna, espejo de la sociedad subdesarrollada a la que van a ayudar, no produce suficientes puestos laborales para una población con formación superior como la suya.